Abecedario. Cuentos A-H #minificción

Leer: no para ser más cultos o parecer más inteligentes.

Leer para ser más humanos, o parecerlo.

MSI

 

Nadie sabe para quién trabaja

Por más que Aurora, de niña, amara los disfraces, su mamá no la dejaba usarlos; le parecían fantasías estúpidas. En las fiestas infantiles veía desfilar Cenicientas, bomberos, mariposas; lo más que podía hacer era pedir prestado un atuendo cuando su madre se iba, y no olvidarse de devolverlo unas cuantas horas antes de que la celebración terminara.

A los 22 años empezó a vestirse de policía, de enfermera, de mucama, claro, a escondidas; era adicta a saberse el centro de las miradas al caminar por la calle.

Un día su mamá tuvo un accidente, y murió. Cuando en la funeraria le pidieron que llevara una muda de ropa para vestirla, Aurora les entregó un vestido de princesa.

 

Tiempos mejores

Beatriz se mira en el espejo de la sala todas las noches. Con un plumón dibuja las nuevas arrugas sobre el cristal. A veces las marcas de su vida son trazos hacia arriba, como sonrisas; en ocasiones son líneas hacia abajo, o rectas, cuando termina la jornada sin emoción. Una mañana, mientras la luz del sol inunda la estancia, Beatriz se asoma al espejo. Lo que ve la deja atónita: es una obra de arte.

 

Obsesión Incendiaria

Carola tenía obsesión por las ollas. No le gustaba cocinar, pero las cacerolas, sartenes y comales le parecían utensilios de una belleza arrebatadora. Su favorita era la olla chifladora, le encantaba llenarla de agua, ponerla al fuego, esperar y al fin, escuchar el glorioso silbido de vapor. Su esposo la amenazó con irse si compraba una más, pero ella no pudo evitarlo y las escondió abajo de las camas de los niños, hasta que el mango de una parrilla la delató y el marido cumplió su promesa.

Carola, desesperada por la incomprensión del mundo hacia su mirada estética, encendió el horno y se metió dentro. Todos se enteraron cuando los bomberos determinaron la causa del incendio.

 

Una serie de eventos desafortunados

Damiana vivió siempre según el significado de su nombre, era salvaje, segura, dominante. Tal vez demasiado: no había hombre que no la deseara ni mujer que no sintiera por ella esos celos mortales que suelen sentir las mujeres y que en más de una ocasión se han podido constatar. Desde que tuvo uso de razón supo que sería modelo y que se convertiría en un icono de la belleza. Así fue durante más años de lo que cualquiera hubiera podido humanamente lograr. Hasta que un día el tacón roto provocó el tobillo doblado que dirigió al cuerpo hacia el ángulo equivocado del borde de la pasarela terminó con el encanto.

 

Fantasía inoportuna

El hijo le preguntó cómo meten a los niños en las mamás. Eunice guardó silencio unos segundos para pensar bien la respuesta, pero no contestó: se quedó distraída recordando el camino a su orgasmo de ayer.

 

Despertares Húmedos

Fabiola creía en los unicornios, en las sirenas y en los príncipes de sus libros infantiles. Cuando supo que eran seres imaginarios se puso muy triste. Ya de adulta, a pesar de sentirse defraudada, aprendió a vivir en la realidad. La otra noche soñó que se había convertido en sirena y su príncipe azul llegaba por ella para huir juntos cabalgando en un unicornio tornasol. Despertó. Al abrir los ojos se dio cuenta que el agua del mar todavía chorreaba por sus piernas.

 

Brillo

Genoveva perdió su trabajo, la abandonó el marido, metieron preso a su hijo, y de todas formas, estrena a diario un brillo en los ojos distinto: lo compra en infomerciales en las noches de insomnio.

 

Correr el riesgo

Sonrió al principio de la caída libre. El viento en las mejillas, en el cuello, rompiendo un poco los labios, las comisuras de la boca, provocando un dolor placentero. Por fin Helena había logrado el sueño de varias vidas; por fin sabía lo que piensan los pájaros en pleno vuelo. Nadie le dijo que las alas se usan bajo el propio riesgo. Y esa madrugada no se abrió su paracaídas.

 


*Estos cuentos forman parte del libro Con las alas grandes, que publiqué hace cuatro años con dos amigas-hermanas-cómplices: Ylianna Mercado y Fabiola Andrade.

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