ABECEDARIO #CUENTOS I-M #minificciones

¿Valdrá la pena?

Las desveladas, las vueltas en carro, el sacrificio de tiempo, el llanto por hambre en medio del tráfico, la impotencia de mirar a través del espejo retrovisor el sufrimiento de su Antonio. A Isabel le daba pena propia pensar que un bebé no le resultara suficiente, querer hacer de su vida algo distinto a una madre. No se daba cuenta que cada día sus pasitos se borraban más suelo, cada vez se despertaba menos en las madrugadas, hasta que no abría los ojos si no la escuchaba junto a la cuna. Ya no había llantos ni sonrisas. Cuando entró a la recámara infantil y notó que podía ver a través de la cabeza de su hijo, lo tomó entre sus brazos y jugó con él hasta el momento de merendar. En la madrugada, un hombre llamó a los bomberos y la policía: su vecina, dueña de una casa editorial, hacía una hoguera en el jardín y aventaba cientos de libros a las llamas, que ya rebasaban la altura de la casa.

 

¿Mande?

Un viaje largo en taxi con los hijos pequeños de su hermana. Después de dos horas de regaños, gritos y peleas a ella le sorprende cómo el conductor maneja con toda tranquilidad, incluso hasta le sonríe con cierta sorna por el espejo cada cierta distancia. Cuando Julia ya no puede soportar un segundo más el escándalo, toda la tensión acumulada durante el camino sale disparada en forma de carcajadas: detrás de la oreja del taxista se asoma un pequeño aparato de sordera.

 

¿Sueños? ¡Ja!

Cansada de cumplir los sueños de otros, Karla decidió salir a dar un paseo en su automóvil de lujo para buscar sueños propios. Después de varias horas y muchas vueltas por diversos barrios de la gran ciudad, decidió preguntarle a una viejita que vendía chicles en un semáforo si ella creía que los sueños sí se hacían realidad. La mujer se quedó mirándola unos instantes y respondió: “¿tú crees que estar aquí, vieja, cansada, con mis hijos desaparecidos y durmiendo en una banqueta es lo que siempre quise en mi vida?”

Muda, miró cómo el espejo retrovisor se hacía enorme conforme el dedo medio levantado de la señora se alejaba, perdiéndose entre el humo de los mofles.

 

… Y punto

Se fueron de paseo en familia a un zoológico en las afueras de la ciudad, de esos que vas en tu automóvil y los animales caminan en relativa libertad.

Leonor y Enrique estaban al borde del divorcio, pero ella decidió ir al lugar donde se enamoraron para recordar por qué alguna vez creyó a su marido el hombre de su vida, antes de darle a firmar los papeles. Él por su parte, deseaba complacerla una última ocasión previa a anunciarle su salida de la casa conyugal.

El problema de ambos se resolvió cuando ninguno vio venir a un alce corriendo hacia su auto compacto rojo, que cayó sobre el techo en la jaula de los leones.

 

Hartazgo

Estimado decadente (póngase el saco si se siente aludido): le solicito atentamente voltear los ojos hasta que le queden en blanco, ¿ya? Ahora míreme de nuevo. ¿Se dio cuenta o no? Si puede reflejarse en mis ojos con el verdadero rostro que posee, más allá de un peinado de moda, unos anteojos de cliché, unos zapatos incómodos pero que lo ayudan a sentirse parte de un subgrupo social, déjeme decirle que no soy yo el detonante de sus problemas.

 


Estos cuentos forman parte de mi sección del libro Con las alas grandes, que publiqué junto con Ylianna Mercado y Fabiola Andrade en 2014.

One Comment

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  1. Maravillosos, felicidades

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