Venezuela, my love #palabrasalviento #ficción

Vivir implica rasparse las rodillas, estar siempre al borde del abismo, saber que puedes perderlo todo en cualquier instante, pero también recuperarte en un segundo.

Hoy quiero hablar de un viaje de hallazgos, de casualidades que rayan en la magia, de un hombre alto que desapareció detrás de las puertas automáticas de un aeropuerto con la mano en el pecho y fragmentos de mí, y que hace apenas una semana ni siquiera existía en marco de referencia alguno de mi experiencia.

Vine a Venezuela a obtener respuestas, y lo que más traigo de regreso en la maleta son preguntas, aunque también algunas certezas. Parte de mí se queda en Caracas y sus esquinas, en las yemas de unos dedos, en unos labios: en sus pupilas.

Cuando crees tener todo calculado resulta que la vida se vuelca de nuevo en vida, y no tienes más remedio que sentirla en cada átomo que te contiene, te rodea y te precede.

Mientras escribo es inevitable que en mis lagrimales brille esta nostalgia que apenas nace, y entonces también inician las negociaciones con mi corazón, para convencerlo de que este ligero dolor en los ventrículos vale la pena por el simple hecho de volver a sentir ese regocijo por el amor.

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