«¡Huevos!», Marcela Osuna #autorainvitada #escrituracreativa

En el cartón de 18 huevos sólo quedaban Blanquillo y su vecino:

—Adiós, amigo, ha llegado la hora. Serás tú o yo.

—Quizás los dos al mismo tiempo, carnal, ya ves que así se fueron los demás, de a dos en dos. No te me achicopales, para esto nacimos, vamos a cumplir nuestra misión de vida.

Levantaron la mirada, una mano se aproximó y tomó a Blanquillo.

«¡Hey, pérate! ¿A dónde me llevas si la estufa se quedó atrás? ¿Oye, para salir qué no me debes de cocer?¿Qué haces, por qué me metes en este lugar? Está muy oscuro.

«¡Ay, güey! Esto se mueve un buen, tranquila, recuerda que voy aquí adentro, sin cocer soy más frágil.

«¡Huy, no! Se reduce mi espacio, este libro se me está pegando mucho, hazte a un lado, cabrón, no quiero terminar revuelto con un labial, un rubor, una brocha, Kleenex, dos plumas, unos chicles, monedas y aplastado mi hermoso ovalado cuerpo por La peste, de Camus… pa´ peste la que voy armar si me olvidan aquí.

«Vaya, por fin esto dejó de moverse.

«Allá afuera huele a incienso, alcanzo a escuchar algo como rezos, a ver, silencio todos, déjenme escuchar:»

—Hola, Marianita, qué bueno que llegaste temprano, puedes quitarte tu ropa atrás del biombo, cuando estés lista te paras al centro del triángulo de sal que tracé en el piso.

—¿Me tengo que quitar todo, Don?

—Para que sea efectiva, así debe ser. ¿Traes el huevo?

«Por fin me va a sacar, ahora sí, alimentaré a un ser humano, qué labor tan digna la mía.

«Qué pedo con este tipo disfrazado de rey mago… oye, por qué me embarras en… bueno está bien, síguele. Estas montañitas están a toda madre de suavecitas, son como dos pastelitos esponjocitos con cerecitas duritas pero cafecitas, ¡no pinches mames!, ya sé dónde estoy, qué suerte me cargo, mi compadre no me lo va a creer.

«¿Ahora vamos a?, mmm huele a perfumito, este cuello está deli, jiji, me da cosquillas tanto pelo, ¡ah, caray! No me bajes tan rápido que me mareo, ¿neta para allá? Mi rey… ya no te tardes tanto aquí, no vaya a ser que se le salga un pedo.

«Qué pex, por qué te agachas, no manches, no manches, ay, no manches, qué asco, iu, por ahí no…

«Pinche rey mago, debería ser yo el que roza la piel, tus dedos no me están dejando sentir nada, güey.

«Huy, la Marianita se movió y casi me tira. Tan interesante que estaba.»

—¡Esto no es una limpia! Deme el huevo.

«Ups, creo que voy a volar…»

—¡Huevos, imbécil!

«¡No friegues! Ahí te voy, pinche rey mago, directito a tu jeta.

«Buen tino que tuvo la Marianita.»

Marcela Osuna


*Este es uno de los cuentos concebidos en la primera generación de mi Taller de escritura creativa. Fue publicado con autorización de la autora, a quien le agradezco profundamente.