La pieza que me faltaba #LibrosQueMeGustan

Karol vuelve al orfanato en donde la criaron cuatro mujeres. Era un sitio exclusivo para niñas, pero su madre biológica decide abandonarla ahí: sabía que sería cuidada como en ningún otro lugar, incluso mejor que con ella misma. Después de unos años, ya casi adulta, nuestra protagonista vuelve a ese lugar para descubrir aquellos detalles que le faltaba conocer de su vida para lograr, al fin, vivir con libertad.

La pieza que me faltaba de Alejandra Inclán, es una novela que habla de un tema polémico y dificil: la transformación de un niño transgénero en una mujer hecha y derecha, que, como cualquier persona, se enamora y desea encontrar su propia identidad, con la idea inequívoca de ser quien siempre ha querido ser, como todo ser humano.

Esta novela fue escrita por Alejandra Inclán, autora veracruzana, independiente, para quien el tema de la identidad de género ha adquirido una importancia mayúscula bajo un principio fundamental muy claro e importante: que cada ser humano viva la vida que sueña… en la realidad.

Alejandra también es autora de “No era quien me dijeron ser”, publicado en España en 2016, que habla de la configuración de la identidad femenina de una mujer que debe aprender a serlo. Ahora, con su segunda novela, el tema madura y evoluciona para emocionar al lector, quien no puede quedar indiferente tras sus páginas.

Recomiendo este libro con toda la fuerza de las sonrisas y las lágrimas que me provocó al leerlo, estoy segura que gozarás cada fragmento de su historia.

Nos leemos el próximo #ViernesDeLectura con otra recomendación de #LibrosQueMeGustan

No se nace mujer. Se llega a serlo

Los seres humanos hemos perdido el instinto; ha sucedido de forma tan sutil, tan sencilla, que nos cuesta trabajo descubrirlo. Nuestro contacto con el mundo es artificial: miramos a través de un lente o una pantalla, en vez de respirar los instantes con presencia absoluta; nos ponemos perfumes y tantos productos encima, que nuestro olor real queda sepultado; nos depilamos el vello púbico, y junto con él eliminamos las feromonas que nos conectan sexualmente con otros olfatos; maquillamos la cara con colorete, las pestañas con rímel, teñimos el pelo, hasta acudimos a lentes de contacto de un color distinto al real. Tenemos tanta prisa que ya no nos detenemos a percibir la textura, el aroma y la geografía de las cosas. Simplemente damos por sentado lo que somos.

¿Pero qué pasa cuando encontramos un detonante que nos provoca recuperar esa conciencia del cuerpo? Puede ser una imagen, un sonido, un olor… un libro, algo que casualmente llega a los sentidos y provoca una modificación de nuestro pensamiento, una nueva idea.

En diciembre de 2016, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ese detonante acudió sin demora a la cita con mi destino. En un stand del área internacional, compré el libro No era quien me dijeron ser, de Alejandra Inclán, quien además me lo dedicó. Sabía de ella y el libro a través de las redes sociales.

El libro cuenta la historia de Valeria, una mujer transexual, nacida en México, que desde niña se dio cuenta que su cuerpo y su espíritu no cohabitaban en armonía. Conforme avanza el texto, el lector descubre los temores, anhelos, dificultades, falta de comprensión hasta de los más cercanos, angustia. Mientras el personaje resuelve las interrogantes de su vida, en la mente de quien lee van surgiendo más preguntas y sobre todo, más empatía.

La lectura inyectó una fuerte dosis de sensaciones a mi cuerpo: experimenté de nuevo como la primera vez el tacto de la piel del hombre que amo, la ligereza de las telas, el peso preciso de mis pasos en las banquetas, el deseo que me provocan otras personas y la percepción del que otras personas sienten hacia mí.

En el ensayo La segunda mujer, Simone de Beauvior sentenció: “No se nace mujer. Se llega a serlo”. Había leído  la frase en múltiples ocasiones, pero no fue sino hasta que tuve el libro de Alejandra Inclán en mis manos, que comprendí una nueva dimensión de las palabras de Beauvior, y me di cuenta que no podría continuar mi existencia como miembro del género femenino que habita en esta tierra de forma indiferente, sin encontrar un gran asombro cada día por mis formas femeninas, sin abrazarme ni agradecer el aprendizaje de cada día.

En la página 40 del libro se encuentra un texto absolutamente lúcido acerca del sentir de una mujer que ha nacido en el cuerpo de un hombre:

“Ser mujer es algo más que llevar un vestido. Es serlo en el corazón y los pensamientos.

“Es algo alejado a tener que maquillarse diariamente y lucir sexy ante los demás.

“Es mucho más que demostrar igual feminidad que una mujer biológica. Es vibrar en espíritu, alma, corazón y mente; con la convicción de que soy aquella que siento ser, aunque partes de mi cuerpo no encajen completamente con la armonía femenina.

“Muchas veces me pregunté por qué era diferente a los demás hombres. Ahora lo sé: porque soy una mujer, lo fui desde que nací, pero alguien lo reprimió. Eso último ya no importa, porque actualmente vivo esa intensidad de ser.

“¿Experiencia? No tanta. Las mujeres de mi edad han aprendido cómo ser una mujer desde que nacieron, así las enseñaron. A mí me lo prohibieron. Equivocadamente me enseñaron a ser un hombre, algo que no lograron nunca en su totalidad. Hoy vivo como mujer, pero sólo son instantes comparados con toda una vida. Aún tengo muchas cosas por vivir, para experimentar a profundidad, lo que es ser mujer.

“Soy mujer…”

Las páginas de No era quien me dijeron ser no son políticamente correctas ni siempre amables. Confrontan, cuestionan, narran injusticias y deleites por igual, dejan una profunda huella y una oportunidad para continuar paladeando la diversidad del mundo, de forma cercana, afortunada, y además, muy bien escrita.

El libro puede adquirirse en México en Profética Casa de Lectura y en Internet, con envíos a toda la República Mexicana: http://tiendaenlinea.profetica.com.mx/libro/no-era-quien-me-dijeron-ser_989367

Inclán, Alejandra. (2016). No era quien me dijeron ser. España: Edicions Bellaterra.