La muerte de Artemio Cruz #LibrosQueMeGustan

“Un hombre alto, lleno de fuerza, con unos ojos verdes hipnóticos y un hablar cortante. Artemio Cruz.”

Carlos Fuentes era un maestro para la creación de personajes entrañables: Felipe Montero en Aura, Félix Maldonado en La cabeza de la hidra. Pero sin duda uno de los  inolvidables es Artemio Cruz, protagonista de esta novela publicada por primera vez en 1962.

Esta historia narra los últimos días de Artemio Cruz exrevolucionario, expolítico, excorrupto cuando, recostado en la cama del hospital, moribundo, revive las memorias de su vida y describe las sensaciones que lo acompañan, todas desconocidas, que el autor describe con metáforas tan precisas y detalladas que es inevitable que tu yo lector se emocione: “Tengo la boca llena de centavos viejos.”

Este libro es sobresaliente, mi favorito de Fuentes, por la cantidad de frases memorables que tiene, que como aforismos, juzgan, juegan, evocan, explican: “Cuando cerró los ojos, se dio cuenta de la infinidad amorosa de ese cuerpo joven abrazado al suyo: pensó que la vida entera no bastaría para recorrerlo y descubrirlo, para explorar esa geografía suave, ondulante, de accidentes negros, rosados.”

Por fragmentos como ese y por el recuento histórico por el México de la Revolución y los años subsecuentes es que La muerte de Artemio Cruz es mi recomendación de este #ViernesDeLectura y #LibrosQueMeGustan.

Portada La muerte de Artemio Cruz

El chisme con Galletitas de Mónica Soto Icaza. Por Inés Récamier

Uno de los mejores chismes que he leído, tan intrigante que no lo solté hasta haberlo terminado. Treinta y cinco mujeres han sido invitadas al lecho de muerte de Salomón Andrónico, un hombre cuyo apellido nos incita a pensar en un ser andrógino. Y sí, porque a pesar de que Salomón no sea hermafrodita se beneficia de una femineidad que le facilita comprendernos —y conquistarnos—a muchas de nosotras: treinta y cinco para ser exacta.

Un montón de amantes seducidas de distintas formas; algunas de ellas han sido traicionadas, otras le guardan lealtad y agradecimiento y, por supuesto, no falta quien le odie. El mito de guardarnos para el hombre perfecto se destruye en este relato. Cada mujer cuenta una historia. Cada encuentro transmite diferentes sensaciones. Mónica tiene una pluma que describe con certeza la naturaleza de cruces inesperados, relaciones comprometidas y noches de esparcimiento. Su estilo es refinado y excitante. Las voces de sus protagonistas tienen personalidad y rostro. A través de ellas Salomón también se perfila, confirmando que no existe lo bueno ni malo, solo un hombre disfrutando al máximo su vida hasta el día en que sufre un derrame cerebral y todas ellas son invitadas a un último beso, única despedida, y las Galletitas que son importantes —porque hay para todas—.

Inés Récamier

Galletitas para un funeral #libro #novela #ficción

Un mensaje enigmático. Una esposa con mucha creatividad. Un hombre y 35 mujeres, pero no cualquier número de mujeres: mujeres con las que ha hecho el amor. Podría ser el sueño erótico de un maestro seductor y, sin embargo, también podría convertirse en el inicio de una pesadilla.

Parte del asunto de escribir una novela es qué historias quieres contar, y parte es cómo quieres contarlas. Desde hace unos diez años sabía cuál sería el hilo conductor para una posible narración (no lo cuento aquí porque arruino la sorpresa del final), pero después de empezar a escribirla varias veces y abandonarla el mismo número de intentos, decidí alojarla en ese sitio del pensamiento al que se van las ideas que necesitan madurar desde el inconsciente.

Hasta enero de 2019. Así como cuando conoces a la persona exacta en el momento preciso y resulta ser el amor de tu vida (o uno de ellos), así la empecé a escribir.

Estaba en un hotel de París, sin computadora y con el dueño de mis suspiros, cuando los distintos personajes (o las distintas personajas) empezaron a dictarme sus historias… fue así como surgieron las 36 mujeres y un hombre que dan vida a Galletitas para un funeral: con la fuerza de aquellos diez años acumulados en mi cabeza, que, sin titubeos y a una velocidad sorprendente, fluían entre la pluma y la hoja de papel.

Escribí durante nueve días, entre carcajadas, fotos en el Pont des Arts, más aviones, otras ciudades, transportes por tierra, dos libretas, tres plumas, muchas emociones, conversaciones para matizar la historia y quienes la contaban. Hoy confieso que cuando camino por la calle me voy encontrando a mi Salomón, Nadia, Lucía, Paola, Lourdes y otras más, ya sea hablando por teléfono, tomándose un café o simplemente esperando a que el semáforo se ponga en verde para cruzar hacia la otra acera.

Galletitas para un funeral es antes que nada una comedia. Es también un homenaje a todas las formas femeninas de amar. En ella exploro cómo la percepción cambia la experiencia que acumulamos en los recuerdos, cómo una misma persona puede ser tantas personas, dependiendo del marco de referencia del interlocutor; algo así como que nadie lee el mismo libro, aunque lea el mismo libro.

La novela cuenta la vida de un matrimonio: Nadia y Salomón, él un famoso actor de cine, ella una brillante economista, quienes desde el inicio de su relación decidieron incluir a otros compañeros sexuales. Los personajes principales no hablan jamás con su propia voz: son las mujeres con las que se acostó Salomón las que cuentan su versión de los hechos, por lo que la trama está plagada de amor y odio, de sexo y erotismo, de decepciones y sucesos gloriosos.

Escribir para mí es un acto de deleite, apenas comparado con la alegría que me causa que alguien lea y se emocione con mis historias. Gracias por ser mi cómplice y gozar conmigo de esta increíble aventura.


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Galletitas para un funeral

Un mensaje enigmático. Una esposa con mucha creatividad. Un hombre y 35 mujeres, pero no cualquier número de mujeres: mujeres con las que ha hecho el amor. Podría ser el sueño erótico de un maestro seductor y, sin embargo, también podría convertirse en el inicio de una pesadilla. Mónica Soto Icaza, la autora de Tacones en el armario, regresa a la carga con una historia de fino erotismo y sutil sentido del humor. Lea usted esta novela bajo su propio riesgo. “Cuando empecé a leer “Galletitas para un funeral” debo confesar que me excité, pero al terminarlo ya estaba profundamente aterrado.” Sergio Sarmiento

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