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Escribí las historias de este Confesionario de una libidinosa irredenta con vocación de calentura, de travesura, de celebración del erotismo, de escándalo delicioso.
Los textos en los que te vas a sumergir, mis columnas publicadas en la legendaria revista Playboy, son obra de la ficción que nace de la realidad, algunas más recuerdos, otras más fantasías, todas ancladas en un suceso que sí, llevé a cabo por el puro placer de vivir para contar.
¿Cuál será cuál? Lo dejo a tu apetito e imaginación.
Siempre he dicho que, como editor, uno tiene una gran bendición que también representa una maldición: ser el primero en leer un texto. En el caso de aquellos que se escribieron con las patas, nos toca la insoportable misión de resucitar artículos que nacieron muertos. Pero en lo que respecta a la columna de Mónica Soto Icaza en Playboy, siempre consideraré un privilegio que mis ojos sean los primeros que disfrutan de sus relatos. Aunque reconozco, también, que resulta muy complicado vivir el resto de los días de entrega, con esas perturbadoras imágenes que me hacen hervir la sangre dándome vueltas en la cabeza.
Arturo J. Flores, editor en jefe de la revista Playboy México y América Latina
Descripción
Escribí las historias de este Confesionario de una libidinosa irredenta con vocación de calentura, de travesura, de celebración del erotismo, de escándalo delicioso.
Los textos en los que te vas a sumergir, mis columnas publicadas en la legendaria revista Playboy, son obra de la ficción que nace de la realidad, algunas más recuerdos, otras más fantasías, todas ancladas en un suceso que sí, llevé a cabo por el puro placer de vivir para contar.
¿Cuál será cuál? Lo dejo a tu apetito e imaginación.
Siempre he dicho que, como editor, uno tiene una gran bendición que también representa una maldición: ser el primero en leer un texto. En el caso de aquellos que se escribieron con las patas, nos toca la insoportable misión de resucitar artículos que nacieron muertos. Pero en lo que respecta a la columna de Mónica Soto Icaza en Playboy, siempre consideraré un privilegio que mis ojos sean los primeros que disfrutan de sus relatos. Aunque reconozco, también, que resulta muy complicado vivir el resto de los días de entrega, con esas perturbadoras imágenes que me hacen hervir la sangre dándome vueltas en la cabeza.
Arturo J. Flores, editor en jefe de la revista Playboy México y América Latina






