Oda a las tetas

Me deshice del brasier un jueves. Di una conferencia sobre paz interior para una universidad de normalistas en el Estado con más habitantes del país, ocasión para la que elegí un jumpsuit negro con la parte superior blanca, escote pronunciado y espalda abierta, a usar, obviamente, al natural.

Parecería una historia normal: alguien que se compra una prenda bonita para un momento especial, en el que deberá sacrificar algo de comodidad en pos de la belleza y de no perder el estilo. El sostén es ropa interior y prefería tener los pechos al aire, que dejarlo a la vista.

Meses antes me parecía algo impensable salir a la calle sin esa herramienta de seducción, por el simple hecho de que mis antes firmes y erguidas tetas, con la proporción adecuada con mi cuerpo, obedecieron a la ley de gravedad y sucumbieron ante las bocas de mis lindos hijos, quienes absorbieron de ellas leche, seguridad y vida, dejándolas en una posición de reposo y comodidad que yo tardé años en adoptar con el amor necesario para mirarme al espejo y sonreír sin pensar en inconformidades ni cirugías estéticas.

El camino hacia la recuperación del amor por mis hermosos pechos empezó en junio de hace muchos años. Me invitaron a un cocktail, para lo que me compré un vestido negro. Tenía la falda muy vaporosa, corta de enfrente, larga de atrás y una blusa transparente, con cierre en la espalda, los costados descubiertos. Lo vi colgado en la tienda y me lo probé, no con la intención de adquirirlo, sino de satisfacer mi curiosidad, pero en cuanto me miré en el espejo supe que debía llevármelo: era el más original que había visto en mi vida, y a mí siempre me ha gustado lo excéntrico.

El problema era que debía ir sin brasier. Entonces compré unas copas de gel color carne que se quedan sujetas a mis tetas con un potente adhesivo y en cuya etiqueta recomiendan usar un máximo de seis horas seguidas, para evitar “reacciones adversas en la piel”. Me puse las copas y el vestido, y soñada (expresión que usamos los mexicanos para decir que nos sentimos muy satisfechos con el resultado de nuestro arreglo personal o algún logro profesional) me dirigí hacia el lujoso y alto edificio donde daría lugar tal acontecimiento.

Claro que llamé la atención, parecía “un ángel muy sexy y muy negro”. Conversé, escuché los discursos correspondientes, tomé vino tinto, fui sintiendo conforme pasaba la noche cómo las copas pesaban cada vez más y la comezón aparecía.

Al llegar a casa lo primero que hice fue quitarme el vestido. Quedé parada frente al espejo de cuerpo entero. Lo que veía era mi cabello muy largo y muy liso, con algunos caireles que caían por aquí y por allá; mi rostro con los ojos enormes, maquillados con delineador oscuro; el cuello limpio, mis bragas de satín y encaje negros; mis piernas con el liguero donde coloqué el móvil y las llaves de la casa, y en mis pechos las copas de gel.

En ese instante descubrí lo que sobraba en la imagen, y eran esas dos cosas que intentaban emular la textura de mi piel debajo de ellas, pero a las que les faltaba el color café claro de mis pezones y sobre todo, el rastro de cada uno de los días que he disfrutado de estas dos tetas (*se pone las manos sobre ellas, con sutileza y fuerza*), sanas y perfectas, que claro que han cambiado con el tiempo, pero son las únicas que tengo.

Al liberarme del brasier me liberé de más que de un pedazo de tela, resorte y encajes. Entendí que un par de tetas son mucho más que fuente de vida infantil y por supuesto, mucho más que armas de seducción adulta, son también testimonios de miedos superados, de empatía y lucha femenina.

Me deshice de expectativas ajenas, ignoré convenciones sociales, entré en una fase en la que reconozco en mis transformaciones y cicatrices todos los milagros que han coincidido conmigo en el tiempo y el espacio y hacen de mi tránsito por la vida una historia única, maravillosa y divertida.


*La foto es de Carlos Sain.

Autofiesta literaria

Me autoinvité a la fiesta literaria de mi país. Es más, organicé mi propia fiesta. Me explico. Soy escritora independiente: no solicito becas del gobierno, no pertenezco a grupos artísticos, soy emprendedora cultural, autopublicar mis libros es mi actividad económica principal, por la que pago impuestos y genero trabajo para más personas. ¿Por qué? Como compusiera Candelario Macedo Frías Aréchiga para Paquita La Del Barrio en Tres veces te engañé, “la primera por coraje, la segunda por capricho, la tercera por placer”, aunque en mi caso fue la primera por capricho, la segunda por coraje y la tercera, y subsecuentes, por placer.


Sabía que mi vocación era ser escritora, quería tener un libro y me lo hice. Ignoraba el funcionamiento del mundo editorial, no vengo de familia de intelectuales o políticos, con la tía autora o el abuelo exgobernador, sino de una enfocada en la supervivencia cotidiana, como la mayoría; mi papá había quedado desempleado y un año antes inició su propia empresa, una pequeña fábrica y distribuidora de productos para la construcción, gracias al financiamiento de un ángel que decidió tenerle fe a la experiencia de toda una vida de mi papá en esa área laboral.


¿Me sirvió de ejemplo mi padre, quien empezó a trabajar en esa industria a los veintitantos como vendedor y llegó a director general para ser lanzado al desempleo a los 53 años, después de tres décadas de entregarse a los negocios de otros? Definitivamente. Si él ya había aprendido a la mala y dolorosa que, si tienes la posibilidad de gestar tus metas y no depender de la voluntad ajena, debes hacerlo, ¿por qué no me iba a atrever a fundar mi propio proyecto editorial?


Fundé una editorial independiente y empecé a publicar a otros autores, siempre cuidando de no aceptar financiamiento de gobiernos ni empresas que quisieran coartar la libertad de los contenidos. Quince años trabajé, aprendí, luché, lloré a aguaceros, hasta que decidí dedicarme solo a mis propios libros; el sueño de la editorial independiente era imposible de cumplir con las condiciones de respeto mínimas que yo deseaba para los autores; es muy precario que reciban regalías del 10% del precio de venta al público o que la editorial reserve los derechos patrimoniales de la obra por siete, diez, quince años y se venda el libro o no, esté en exhibición o en una bodega, el autor queda imposibilitado para moverlo por su cuenta. Y yo quería vivir de mi trabajo.


Total, terminé como autora autopublicada y tarde vine a enterarme de que ese es el pecado capital de un escritor con ínfulas de grandeza, porque de inmediato entras en una clasificación de “artista de segunda” que impacta en tu reputación, como si creer en ti y en tu trabajo e invertir en él fuera algo para avergonzarse. Marcel Proust, sin embargo, autopublicó su primera obra, Los placeres y los días; también Margaret Atwood, Edgar Allan Poe y hasta la mismísima Virginia Woolf optaron por tener la iniciativa de hacer sus propios libros.


La concentración de las propuestas literarias en pocas empresas limita la diversidad, los temas de discusión, la calidad de las obras; quienes denuestan a los escritores que no somos publicados por editoriales públicas o privadas se están perdiendo de un enorme fragmento de las expresiones culturales del mundo. Hay una manera distinta de hacer las cosas, una manera que roza la valentía y la imprudencia, pero funciona. Sé que funciona porque lo he demostrado, mi primera novela erótica, Tacones en el armario, ha vendido más de 30 mil ejemplares, he asistido a las ferias de libro más importantes del país con ventas de más de mil ejemplares en días, y aun así por ser independiente me marginan, por ejemplo, los medios de comunicación, porque no existe en mis portadas el nombre de una editorial famosa. Y esa es solo la punta del iceberg.


Hoy quiero decir que los escritores independientes existimos. Existimos creadores que optamos por la libertad y no por condicionamientos para ver nuestro nombre amparado por algún corporativo que avale la calidad que ya tenemos. No soy la única, conozco más de una historia como la mía.


Tengo 21 años dedicándome a este oficio y he visto ir y venir gobiernos de todos los partidos, funcionarios de todos los niveles, promesas rotas de todas las calañas, directores comerciales de editoriales, editores, y aunque ellos van y vienen, las personas como yo seguimos aquí. Por eso hoy, estimado lector, te quiero invitar a mi fiesta.


*Este artículo fue originalmente publicado en el periódico Reforma.

@monicasotoicaza
Mónica Soto Icaza es escritora. Ha publicado varios libros de literatura erótica y defiende la libertad personal de todos los individuos.

De libros abiertos

Amantes mutuos y amantes de los libros, cada martes a las cuatro de la tarde él y yo convertimos su biblioteca en parque de diversiones. La palabra es algo más que herramienta de descripción: es vida eterna, por eso me gusta leerla con la espalda desnuda y la sonrisa en la punta del apetito.

Él camina hacia el librero más cercano, estira el brazo, la mano aterriza en un lomo amarillo: El amor en los tiempos del cólera. Lo abre al azar: “Además, la clandestinidad compartida con un hombre que nunca fue suyo por completo, y en la que más de una vez conocieron la explosión instantánea de felicidad, no le pareció una condición indeseable.”

Suspiro. Nuestras miradas rebotan en las pupilas. Sabe de mi atracción hacia los hombres prohibidos, como él: argumenta que no tiene nada qué esconder, pero el noventa por ciento de su vida es un misterio. Para mí es perfecto. Recuerdo la idea de Esther Perel en su ensayo El dilema de la pareja: “En nuestros esfuerzos para protegernos a nosotros mismos de la traición íntima, demandamos acceso, control y transparencia. Y, sin saber, corremos el riesgo de erradicar el preciso espacio entre nosotros que mantiene al deseo vivo. El fuego necesita de oxígeno.” Él y yo somos hoguera, una hoguera con aire de seis días para alimentarse.

Antes de utilizar mi turno me acerco a su boca. Repito mi frase favorita, la única que me sé de memoria de esa obra de Gabriel García Márquez, con los labios sobre los suyos: “Le gustaba decir que aquel amor había sido el fruto de una equivocación clínica”.

Su espalda –y algo más que su espalda– se pone rígida. Intenta atraparme en un abrazo. Le digo que ya habrá tiempo para remediar la tiesura. Este es momento de jugar.

Me paro sobre el edredón para cazar uno de los libros sobre la cabecera. La casualidad elige La ridícula idea de no volver a verte. Rosa Montero me mira desde la contraportada. Cierro los ojos, siento el canto con las yemas de los dedos, elijo una página y leo en voz alta: “Sólo siendo absolutamente libre se puede bailar bien, se puede hacer bien el amor y se puede escribir bien. Actividades todas ellas importantísimas”.

Reímos al unísono. Como polos opuestos de pronto ya nos deslizamos por el piso de madera: los dos amamos bailar, amamos escribir y amamos hacer el amor.

Se detiene. La inercia me sienta a la orilla de la cama. Le toca a él. Lo toco para encaminarlo a la estantería de caoba y casi al llegar le coloco un antifaz. Me alejo de él no sin antes rozarle la cadera con las palmas de las manos.

Hace su selección, abre el tomo, me lo ofrece. Yo lo agarro y pronuncio las oraciones que señala: “una mujer podía tener relaciones sexuales y formar lazos íntimos con varios hombres (y mujeres) simultáneamente, y todos los adultos de la banda cooperaban en el cuidado de sus hijos. Puesto que ningún hombre sabía a ciencia cierta cuál de los niños era el suyo, los hombres demostraban igual preocupación por todos los jóvenes”.

Él abre los ojos. El volumen que yace en su poder es Sapiens. De animales a dioses: una breve historia de la humanidad. Yuval Noah Harari es el autor, quien ignora que acaba de formar parte un acto de magia literaria. Esta vez el regocijo se manifiesta con una carcajada.

Cuando voy por la siguiente cita sorpresa él decide que ya es tiempo de transitar a otro pasatiempo, uno que también provoca adicción y jamás te quita el hambre. Entonces nos engarzamos sobre las sábanas blancas para crear otro recuerdo que sí, probablemente trasmute en ficción.

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*Este texto fue originalmente publicado en la revista Vértigo Político.

Foto: Jorge Charcot

BESÉMONOS

Escribo este sábado #PorUnaVidaSexy a mediodía. El tema era una carta de renuncia a un enamorado tibio, de esos seductores intermitentes que te mensajean cuando coinciden con alguna publicación en redes sociales que les hace recordar que les gustas. Es la clase de hombre más aburrida para mí, la que me resulta menos excitante, confiable y sugerente.


De repente Él, mi novio semiclandestino, se acerca a mí por detrás, me rodea con ambos brazos y atrapa intempestivamente mis labios entre los suyos. El beso es largo y profundo, con el equilibrio perfecto entre dientes, humedad y paladares; perfecto, también, porque es Él. Se separa de mí y va al sillón de enfrente para darme espacio para terminar este texto. En cuanto lo veo sentarse las miles de mariposas en mi vientre revolotean de alegría y es cuando lo decido: la despedida al galán mediocre puede esperar. Hoy quiero hablar de los besos, de los soberbios, grandiosos, estupendos besos.


No de los besos de amor hacia hijos, padres, hermanos, sobrinos, tías, amigos, sino de los ósculos de pasión, esos que liberan oxitocina, serotonina, dopamina, las hormonas de la felicidad que son capaces de componer hasta el día más nublado –del cielo y/o del corazón– para provocar pasos más ligeros, sonrisas más auténticas y, por consiguiente, ese magnetismo que nos vuelve irresistibles al prójimo.


Hay besos de piquito, de belfos, de colmillos. Besos por obligación, rutina, espontaneidad. Besos de novedad, sorpresa, cotidianos. Besos como invitación a la lascivia y otros como resignación al adiós. Besos por consenso y besos robados. Besos entre los ojos, en la nariz, en el cuello. Besos en el plexo solar, los muslos, entre las piernas. Besos que terminan historias y besos que salvan vidas.


Son tan importantes los besos en el desarrollo de las relaciones de pareja, que existe una ciencia que los estudia: la Filematología. Gracias a ella se han hecho algunos hallazgos sorprendentes. Los besos con mucha saliva, por ejemplo, hace que los hombres transmitan testosterona y además, que midan la cantidad de estrógenos de una mujer, con lo que instintivamente saben si son sexualmente compatibles para procrear a la mejor descendencia.


Los besos también mejoran el sistema inmune, regulan la presión arterial, queman calorías, tonifican los músculos faciales (mientras más apasionados, mejor), previenen las caries, disminuyen el estrés, aminoran distintos tipos de dolores, como dentales, de cabeza, menstruales, y además generan una conexión más profunda entre los involucrados. Por eso vale la pena invertir unos minutos al día en este ejercicio de amor propio y al enamorado en cuestión.
Me distraigo. Voy hacia Él para, de nuevo, conseguir algo más de inspiración. Diana Krall canta Fly me to the moon, Él me abraza de nuevo, se balancea al ritmo de la música. Bailamos con los ojos cerrados y los labios tan adheridos como los ombligos. “In other words, please be true/ in other words, in other words/ I love you.” Termina la canción. Vuelvo a sentarme frente a la computadora y recuerdo que también existen los besos de colores, como el negro y el blanco. De esos hablaré en otra ocasión.


Por lo pronto, Él responde una llamada mientras yo tecleo con ímpetu las palabras finales de esta página y me preparo para soltar las amarras de la responsabilidad para arrastrarlo hacia la superficie de su cama. Lo miro. Me mira. Nos incendiamos. Suspiro y dejo aletear la palabra mágica desde mi garganta, hasta su piel: “¡Besémonos!”

☆ Columna originalmente publicada en la revista Vértigo Político.

Confesionario erótico de una libidinosa irredenta

1.

Soy una mujer excepcionalmente lúbrica. Me gusta el sexo desde muy joven. El reconocimiento al deleite que me causa inició como lo mejor de la vida: por azar. Tenía 12 años. Clase de educación física en la secundaria. El colegio se inscribió en el concurso interescolar de baile y tres días de la semana daban clases especiales de danza a las adolescentes seleccionadas, entre ellas yo.

La escena se desarrolló en el gimnasio. Dieciocho niñas acostadas en el suelo. Yo vestía los shorts del uniforme de deportes. Llegó la hora de las abdominales para fortalecer el bajo vientre. La maestra gritaba enérgica: Uno, dos, tres, cuatro. Estiren bien las rodillas. Cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once. No se detengan. Doce, trece, catorce. La que pare va a tener que iniciar de nuevo. Quince, dieciséis, diecisiete. Muy bien, ¡sigan así! Dieciocho, diecinueve. En el veinte mi audición se redujo como cuando en carretera cambias de altitud intempestivamente. Veintiuno. Veintidós (léanse con un sonido sordo y un suspiro ahogado en medio). Veintitrés y el lugar donde algunas veces había cólicos menstruales se contrajo con un impulso dulce que una triada de segundos después se liberó, dejando a su paso una humedad copiosa en el puente de algodón de mis calzones de púber. Las uñas clavadas en el suelo. Los ojos cerrados. Las rodillas se estiraron fuerte y luego se fueron doblando lento. Los pies en el piso. El ¡Mónica, empieza de cero! La sangre trepó a mi cara. El volumen habitual volvió a mis oídos. Perdí la cuenta de abdominales y me estiré como estrellita de mar sobre las tablas.

Esa mañana en el salón de gimnasia de la secundaria hallé una de las pistas del rumbo que habría de tomar mi vida, y claro, inició mi adicción al abdomen plano.


2.

Me decidí por la literatura erótica porque los libros y el sexo son lo que más me gusta, así que tenerlos juntos me resulta, por decir lo menos, orgásmico. Cualquier mediodía de cualquier época del año me sirvo un café, un tequila o un vodka tónic y me siento frente a la computadora a narrar una fantasía o un recuerdo delicioso. Lo primero que me asombra es la cantidad de universos que pueden crearse en las setenta y ocho teclas de mi ordenador rosa con pantalla retina de once pulgadas, mi pequeño capricho de escritora con pocas manías y una estabilidad mental y emocional inusitada para un artista. El segundo asombro proviene de la vista que miro desde mi ventana: un panorama mitad cielo, mitad síndrome de acumulación compulsiva de edificios, avenidas y jacarandas que es capaz de inspirar hasta al más insensible.

La secuencia acontece, teclazos más, minutos menos, así:

Los personajes, un hombre o una mujer, o tres hombres y una mujer, o dos mujeres y seis hombres, se ubican en un escenario que puede irse transformando conforme avanza el relato; cuando confeccionas una historia hay una gran posibilidad de que adquiera voluntad propia y el sorprendido sea quien se creía, Vicente Huidobro dixit, un pequeño dios.

En la narración de hoy habrá solamente una ella y un él. Ella cierra la puerta de la habitación con seguro. Se acerca a él, que la espera de pie junto a la cama. Se abrazan. Las manos de ambos viajan hacia las nalgas mutuas; los labios hacia los labios del otro. El beso es de lenguota, de esos que hinchan la boca y te dejan como Angelina Jolie. La blusa de ella y la camisa de él se desvanecen. Los torsos desnudos. Braguetas de los pantalones abiertas. De la de ella se escapa un calzón de encajes rosa fuerte; de la de él unos boxers negros de gran resorte con las letras de una marca de ropa cara. Los dedos de él muy abiertos aprietan las tetas de ella; los dedos de ella el pene erguido. Los pantalones se disipan. Él le quita los calzones a ella. Ella le quita los bóxers a él. Él la pone de espaldas, el tórax de ella se inclina hacia la cama, se sostiene con los brazos semiflexionados. Él le acaricia la espalda, el coxis, la cadera. Ase fuerte los costados de ella. Coloca el glande en la vulva. Se introduce lento. Ella cierra los ojos, sonríe leve, la separación de los labios suficiente como para que pueda escabullirse la rebeldía de un gemido.

En plena acción erótica en comunión de mis huellas dactilares en el teclado, las imágenes que se suceden en mi mente, la perspectiva de lo que causará el cuento en quien lo lea, de repente siento un hormigueo en el pubis, percibo un escurrimiento difícil de explicar con palabras en las paredes de mi vagina. Una de las dimensiones de mi mente desea seguir escribiendo hasta la extenuación, pero otra desea levantarme de la silla, encaminarme hacia el sillón de la sala o mi recámara y terminar con los dedos lo que inicié con el cerebro. Si no tengo prisa gana la segunda. Ya bien autoatendida regreso a concluir también lo que dejé iniciado.

Varias veces me han hecho una misma pregunta, dado que los creadores en su mayoría son propensos a consumir sustancias psicotrópicas.


—Mónica, ¿qué te metes para escribir?
—Hombres.

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*La foto es de Juan Carlos Rocha, Séptimo Pecado 🔥

La historia de mis dientes #LibrosQueMeGustan

Ya es #ViernesDeLectura y hoy les recomiendo una novela luminosa y divertida, ilógica y cuerda. Hablo de La historia de mis dientes, de Valeria Luiselli.

La historia de mis dientes cuenta la vida de Gustavo Sánchez Sánchez, alias “Carretera”, autobombrado “el mejor subastador del mundo” y su alucinante paso por la vida con los dientes como pretexto, gloria y desgracia.

La historia de Carretera es tan desfachatada como la manera en que está narrada, como catálogo de anécdotas donde objetos y personas son menos importantes que la narrativa alrededor de ellos: Luiselli eligió nombres de escritores que han ganado becas del Estado como los personajes incidentales de la novela (incluida ella) aunque si el espectador no los ha leído o escuchado, no significan nada.

Con una vuelta de tuerca estilo humor mexicano, ácido, burlón y sorprendente, quien entre en las páginas de esta novela pasará un rato de sonrisas y se quedará al final con la historia vagabundeando por la mente, porque hay libros cuyo desenlace no está en el papel y la tinta entre las manos, sino en la interpretación del lector.

Defender la seducción

Cuando alguien me atrae no soy inofensiva. Una vez conocí a un señor que me gustó desde que lo vi, sentado en la mesa de un restaurante, esperándome.


Soy una coqueta confesa. Por eso en cuanto lo saludé supe que lo quería en mi cama. No por eso le expuse mis intenciones de inmediato o le acaricié la pierna “accidentalmente”, claro que no, sino que tracé una estrategia para enamorarlo.


Tengo bien claro que el cuerpo ajeno es territorio tocable solo después de haber recibido autorización del poseedor. Si tomas de la mano a alguien que apenas conoces es romántico; si es la pierna o la cintura estás trasgrediendo su espacio personal. Ya de rozarle las nalgas ni robarle un beso hablamos. Aunque me moría de ganas.


Como el del erotismo y la pornografía, el límite entre seducción y acoso es muy difuso y se desdibuja fácil cuando entran en la ecuación el instinto, los impulsos, las hormonas trazando fuegos artificiales.


La comida transcurrió entre una plática con humor, inteligencia y muchas sonrisas, y sí, me dejó con deseo de más. Bien se sabe que en la seducción lo transparente y lo honesto es muy atractivo.


Pasaron las semanas. Seguíamos comunicándonos de vez en cuando, pero yo no veía claro. Tenía mil dudas: ¿le habré gustado? ¿Cómo me acerco para ser alguien agradable sin acosarlo? La literatura, como siempre, me dio el pretexto perfecto y le mandé un libro que acababa de publicar.
Le envié otro mensaje: “¿Ya recibiste mi libro?” Él respondió con un indiferente e impersonal: “Sí, gracias. Déjame ver en qué te podemos ayudar”.


A pesar de haberle escrito en la portadilla una dedicatoria sexy, el hombre no parecía haberse dado cuenta de mis intenciones. Eso me llevó a hacer el último intento; si después de lo que iba a redactar no me hacía caso dejaría el asunto como un instante de deleite unidireccional y lo borraría del mapa.


Mi filosofía es: si una persona me dice “no”, entonces es “no”. Si le digo a alguien “no”, entonces es “no”; muchos de los problemas entre hombres y mujeres radican en que a veces queremos que nos adivinen el pensamiento, y eso provoca equívocos incómodos o réplicas aleatorias.


Mi mensaje decía: “¿Y quién te está pidiendo ayuda? Yo lo que quiero es volver a verte”. Su respuesta tardó menos de un minuto en llegar; nos pusimos de acuerdo y una semana después ya estábamos sentados de nuevo en otro restaurante, con él diciéndome que lo anotara en la lista de los hombres que querían hacerme el amor y conmigo sonrojada y caliente.


Al terminar de comer me ofreció ir a su casa. Las palabras que pronuncié fueron las culpables no solamente de que consiguiera mi objetivo de llevarlo a la cama, sino de que se quedara pensando en mí siete días más: “Sí voy a ir a tu casa, pero no vamos a tener sexo hoy, sino hasta la próxima vez”. Así fue. Una semana tras otra, hasta convertirnos en pareja y tejer a diario un “fueron felices para siempre” muy a nuestro estilo.


Transitamos por un momento emocionante de la historia; un tiempo de feminidad renovada y masculinidad que es necesario repensar. Hombres y mujeres necesitamos recordar que vivimos en la misma contaminada y poco pacífica esfera flotante en el universo y sentarnos a explorar nuevas formas de interacción.


Utilicemos la nueva información disponible respecto a los temores y deseos de ambos sexos para unir y no para separar: la seducción y el erotismo son herramientas para la defensa y felicidad de nuestra condición de humanos. Por eso abogo por defenderlos desde la plenitud y la libertad.

La foto es de Juan Carlos Rocha, Séptimo Pecado.

Duelos, renuncias, lejanías…

“También el alma tiene lejanías…”

Francisco A. De Icaza

De eso está confeccionada la vida. De bocacalles con múltiples destinos que se borran en el mismo instante en que ponemos los pies en el camino de nuestra elección. Así, el tú que serías si hubieras tomado otro rumbo muere en ese instante, y nace otro tú, el que calza tus zapatos y responde al llamado de tu nombre.

Algunas renuncias están hechas con fuerza de voluntad, pero también existen los duelos impuestos, esos que por más que te resistes no son opción tuya. Esas lejanías suelen ser las más dolorosas, las que te hacen manejar tu corazón con pinzas al rojo vivo, las que al final de cuentas moldean tu experiencia en algo más fuerte y que se parecen mucho más a ti que cualquier otro de los esqueletos externos que vas desperdigando por donde pasas.

Eso me sucedió al divorciarme, cuando llegué a este departamento de piso de madera y paredes blancas, muy altas, construido el mismo año en que las bombas atómicas culminaron con la Segunda Guerra Mundial.

Por eso es tan importante esta noche, mi última aquí, en este sitio que me sirvió de refugio para volver. Por eso hoy imaginaré mi cuerpo en esos hombres que creyeron poseerme y terminaron siendo ficciones para deleite de mi memoria. Bien lo dijo alguien alguna vez: cuando me conoces no sabes si terminarás siendo uno de mis personajes.

Aquí dejo los torrentes que caían de la espalda de Tristán al agarrarme de la cadera para poseerme hasta hacerme gritar; se quedan también los dedos como pinzas de Bastián en mis pezones; Uriel y nuestros espasmos en el sillón de la sala y la forma en que corría al baño después porque le daba asco el semen, trauma legado de siete años en un seminario en Italia; Cillian y sus problemas matemáticos escritos con plumones de colores en la piel de mi espalda; las mordidas en la espalda del Limerente; los dedos de Oswaldo provocándome el primer squirt de mi vida; Yan y sus 1.60 y su enseñanza de que la correlación entre el tamaño del pie y el miembro viril es una leyenda urbana; la mirada enamorada de Brais, llena de dudas certeras y de tanto miedo; el coraje acumulado de Lisandro que se convirtió en lujuria; Cedric y su piercing y su lengua y su cuerpo caliente junto al mío; la ternura de Acfred, con la perfecta combinación de seducción; el arrepentimiento de Agni, con su olor a sudor y ropa limpia que pasó de provocarme deleite a causarme repulsión; la espontaneidad de Ulises, mi único one night stand; los músculos de Areu, que llegó con un líquido para provocarme estallidos y huyó despavorido de amor; el chorro de Colombia y la manera en que temblaba porque “nunca me lo habían agarrado así”; el “todavía estás en mi top three” de Catriel, que volvió a hacerme el amor para que yo quisiera que fuera la última vez; los músculos de Rímper, con sus reparos y su magia para convertirme en cascada; Axel y sus masajes de pies a cabeza, que me dejaban semi dormida y lujuriosa; y el último orgasmo que tuve sobre esta cama, confeccionado con las yemas de mis dedos y la voluptuosidad de mis recuerdos.

En mi bocacalle particular decidí no volver a ser la esposa, la mujer a la que los demás le tengan consideración especial porque es la pareja de alguien. Sé bien que en mis elecciones borré mis huellas de ese camino para siempre. Sé que habrá temporadas de soledad y otras de compañía, que el amor está conmigo de una manera distinta, pero con una certeza fuera de dudas.

Después de duelos, renuncias y lejanías reconozco a esa otra mujer de espíritu gigante que me habitó siempre y no me cabía adentro. Hasta hoy.

La foto es de Sinhué Villalobos 🌹

Carta sobre los ciegos para uso de los que ven #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomiendo Carta sobre los ciegos para uso de los que ven, de Mario Bellatín.

Isaías y su hermana son ciegos y sordos, aunque ella alguna vez sí escuchó y por eso es quien puede comunicarse con Isaías y con el mundo por medio de un implante coclear, aunque esa interacción es en realidad interpretación pura. Ambos se encuentran recluidos en la Colonia de Alienados Etchepare.

Un día llega al aula donde los alienados recluidos toman clases, una clandestina, según la narradora, un profesor de literatura, mediocre y narcisista, que tiene la intención de enseñarle fotografía a los ciegos y entonces esta historia sucede entre las palabras del maestro, las memorias, las confesiones eróticas, existenciales y las tristezas de la protagonista, que se comunica con su hermano a través de un teclado que le resulta agotador. Tiene como hilo conductor el terror que le causa las bestias salvajes que rodean la Colonia y que dejan muertos pestilentes por doquier.

Carta de los ciegos para uso de los que ven utiliza un lenguaje bello, casi poético, para narrar la angustia, la incertidumbre, la violencia que se niega a decir su nombre. El autor tomó el título de un ensayo que Denis Diderot publicó en el siglo XVIII acerca de la ceguera. Mario Bellatín quiso, además, evocar a la tradición japonesa del Moroa Monogatari, textos que tienen a discapacitados como protagonistas y estuvo de moda después de Hiroshima.

Recomiendo leer este texto como un recordatorio de empatía, de que las miradas son tan diversas como seres humanos existimos.

El túnel #LibrosQueMeGustan


Este #ViernesDeLectura voy a recomendarles una novela que me leí en una sobredosis de palabras, imágenes y sensaciones: El túnel, del escritor argentino Ernesto Sabato.

El túnel bien podría ser un manual aplicado para entender a un psicópata. Comienza así: “Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne” y a partir de esta sentencia el protagonista va explicando la razón de su crimen, uno pasional en contra de la mujer que tuvo la mala suerte de coincidir con su mirada y sus obsesiones.

En El túnel las emociones que no experimentan los personajes, las experimenta el lector. Escrita de manera que crea magnetismo entre las páginas y los ojos, a cada palabra la animadversión hacia Juan Pablo Castel crece, y el encanto de conocer la mente de un asesino desde la ficción.

Además, es un libro que hay que leer para ser testigo de la pulcritud para escribir de Sabato, también ensayista, pintor y físico, que trabajó sobre radiaciones atómicas en Francia en el laboratorio Marie Curie.

Los sueños de la niña de la montaña #LibrosQueMeGustan

A los cuarenta y tantos ya es una leyenda. Una leyenda viviente. Rebelde, decidida, descarada, miedosa valiente. Ella es Eufrosina Cruz, contadora pública, maestra, política mexicana, originaria de Oaxaca, un lugar donde aún hoy hacer mujer puede ser quizás, como una maldición… tanta violencia, tanta discriminación, tanta injusticia, tanta invisibilidad… hasta que alguien como Eufrosina nos cuenta su historia y entre lágrimas de rabia y orgullo descubres lo transformadora que puede ser la educación, vía los grandes maestros que a veces la vida pone en el camino de algunas personas.

Por eso hoy recomiendo su libro: Los sueños de la niña de la montaña, un testimonio necesario, contundente, emotivo, honesto, sincero, emocionante, para seguir teniendo fe en la lucha por los sueños y en la humanidad.

Tacones al vuelo

Tacones al vuelo es un libro-fetiche. Las anécdotas están contadas desde mis tacones, esos artefactos que han sido cómplices o protagonistas de múltiples aventuras para provocarme orgasmos o entretenerme en instantes de poco glamour. Contiene 33 textos, historias escritas en cuentos, relatos y listas desvergonzadas de mis intimidades, como la de mis primeros encuentros con el sexo, la lista de lo que me embelesa de los hombres y otra de mi ropa sexy favorita. Es mi mayor reto como escritora y como mujer.

Tacones al vuelo es una experiencia que trasciende a la literatura y desafía conceptos: si escaneas el código QR que aparece al principio entrarás a una dimensión distinta: la de mi voz y mis ojos leyéndote al oído.

Quiero hacer algo de justicia a esas mujeres que durante milenios tuvieron que callarse, reprimirse, soportar, por amor o por hacerse la vida más simple; a aquellas que trasladaron el amor hacia el bordado, las teclas de un piano o la adoración a los padres, en vez de revolcarse de piernas abiertas sobre colchones de dudosa limpieza en habitaciones de cuestionable reputación junto con otros seres que se reprimieron igual. A aquellas mujeres quemadas en hogueras, acusadas de ser brujas por pelear por su libertad.

Esta obra quiebra tabúes, regenera ideas, desafía a las convenciones sociales que pretenden convencerte de no gozar de tu existencia terrenal con el cuerpo, la mente y el espíritu.

Porque si la vida es un cuento, mejor que sea erótico.


Si lo quieres, lo encuentras aquí:

O si prefieres leerlo en tu Kindle, lo encuentras aquí:

Tacones al vuelo: Historias de sexo y otros libertinajes textuales eBook : Soto Icaza, Mónica: Amazon.com.mx: Tienda Kindle

Poética de la ansiedad #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura voy a recomendarles un libro especial y diferente, muy adecuado para los momentos de incertidumbre que vive nuestro planeta, como un voto de empatía, tan necesario en estos tiempos. Hablo de Poética de la ansiedad, de Magdalena Pérez Selvas.

Poética de la ansiedad es un conjunto de poemas que divide el tránsito de la autora por las profundidades de su mente, desde la conciencia de un funcionamiento desajustado a lo que se considera “normal”, pasando por la contemplación dolorosa de los fantasmas que la habitan, hasta los recordatorios a los que una llega después de zambullirse para danzar con los propios demonios.

Este libro de Magdalena, como las imágenes y el color de fondo de algunas de sus páginas, es una obra a la vez oscura y luminosa, un recordatorio personal y universal al mismo tiempo, un alarido urgente para hablar de salud mental, de alteridad, de recordarnos que somos humanidad, independientemente de la nacionalidad en el pasaporte, el color de la piel o de nuestros miedos.

Lo encuentras en Amazon para Kindle y en la página de la autora: pupiladilatada.com

Tal como eres #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura, contrario a mi costumbre de preferir los libros de ficción, quiero recomendarles un título de esos que te cambian la vida: Tal como eres, de Emily Nagoski.

Tal como eres es un ensayo. El motivo del libro es hablar sobre la vida sexual de las mujeres con las últimas investigaciones relacionadas con los órganos sexuales, el cerebro, el deseo, las reacciones corporales e intelectuales, pero en realidad va mucho más allá, todo bien documentado sin dejar de lado la parte vivencial, porque utiliza de ejemplo a tres de sus pacientes como terapeuta, con lo que entrega un libro intenso y con mucho sentido del humor.

Emily Nagoski dice: “El día que naciste, el mundo pudo elegir qué era lo que te iba a enseñar acerca de tu cuerpo. Podría haberte enseñado a vivir en tu cuerpo con confianza y alegría. Podía haberte enseñado que tu cuerpo y tu sexualidad son unos regalos muy hermosos. Sin embargo, te enseñó a sentirte crítica o insatisfecha con tu sexualidad y tu cuerpo. Te enseñó a valorar y esperar de tu sexualidad algo que no coincide con lo que realmente es. Te contó una historia acerca de lo que iba a suceder en tu vida sexual, y era una historia falsa. Te mintió.”

Es un libro que todas las mujeres deberíamos leer, mientras más jóvenes, mejor, porque tenemos en las manos la posibilidad de vivir una existencia más plena, más satisfactoria y más libre y no vale la pena dejar pasar más tiempo para conseguirla.

El guardián entre el centeno #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura les recomiendo El guardián entre el centeno, la novela más conocida del escritor estadounidense J. D. Sallinger, una historia de las andanzas, esperanzas y desesperanzas en dos noches y uno y medio días en la vida de Holden Caufield, adolescente enojado con el mundo en búsqueda de respuestas. Aunque lo que encuentre sea decepción tras decepción.

Cuando se publicó en 1951, esta novela fue un fenómeno editorial. Quizás en nuestros días muchos de sus planteamientos pasarían por la guillotina de los políticamente correctos, pero como su visión acerca de las mujeres, ha resistido el paso del tiempo. ¿Quién no recuerda las animadversiones adolescentes a todo lo que parecía falso, vulgar o exagerado?

Hay una anécdota alrededor de este libro que ha provocado múltiples hipótesis, ya que Marck Chapman, después de asesinar a John Lennon, sacó un ejemplar de este libro del abrigo y se puso a leerlo para esperar a la policía. Cuando lo detuvieron, en el libro el asesino había escrito: “Ésta es mi declaración”.

Vestido de novia #LibrosQueMeGustan

Laura enviudó hace más de diez años. El tiempo la llevó a hacer lo que hacen los vivos: seguir adelante y superar el pasado, así que se casó de nuevo y tuvo un hijo. Aún así, cada año se presenta en el cementerio para pagar el nicho donde reposan las cenizas de su exmarido.

La rutina es similar siempre y ella parece llevarla con facilidad y paz, hasta que en su última visita una mujer joven le ofrece comprarle el nicho, lo que la devuelve a las heridas aún no cicatrizadas del pasado.

Esta es la premisa de Vestido de novia, de la escritora mexicana Socorro Venegas, una historia donde los recuerdos se mezclan con los símbolos, las certezas con el miedo y el amor pretérito se entrecruza con el presente.

Es una novela muy bien escrita, con las palabras exactas, las ideas precisas y las emociones a punto de desbordarse.

Es el relato de un proceso de duelo contado ya con la perspectiva de los años, lo que deja ver detalles que seguramente en la vorágine de la sorpresa pasaron desapercibidos, como la culpa de creer que un vestido de novia pudo ser el causante de la muerte de alguien y luego descubrir que probablemente esa persona quería morir.

Dos espías en Caracas #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura es para recomendarles una historia de intrigas políticas, enamoramientos torpes y conspiraciones locales e internacionales en medio del ascenso, triunfo, transformación y deceso de uno de los hombres que cambió la configuración de América Latina y aún después de su muerte sigue influyendo a propios y extraños: Hugo Chávez. El libro se llama Dos espías en Caracas y es del periodista y escritor venezolano Moisés Naím.

En Dos espías en Caracas el autor retoma aspectos reales de la historia venezolana, empezando por el fallido golpe de estado en contra del presidente Carlos Andrés Pérez, en 1992 y hasta la muerte del militar y político, el 5 de marzo de 2013 y la mezcla con ficciones que tienen visos de posibilidad.

Dos espías en Caracas es un libro muy intenso, con un ritmo vertiginoso y seductor, logrado gracias al estilo periodístico del autor: párrafos breves, frases cortas y el suspenso necesario para mantener al lector enganchado a las páginas.

Es un libro que por igual interesa a los curiosos del fenómeno venezolano que llevó a la pobreza a una de las primeras economías latinoamericanas, que a los amantes de los contubernios políticos, entrelazados con amores imposibles entre dos espías espías enemigos.

Este libro de Moisés Naím tiene de todo para hacerte pasar un fin de semana entre el entretenimiento y el dicho popular mexicano “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

Historias de Clítoris 2

Hola. Soy Clítoris de Mónica y quiero contarte que ayer en la noche me consintieron mucho. Soy afortunado. Ella había tenido un muy mal día, de esos que suceden cuando decides trepar tu destino a una alfombra mágica y resulta que el viento era demasiado fuerte para mantenerla en pie y por poco se estrella contra el pavimento de una calle cualquiera. Entonces por fortuna encontró una lengua dispuesta a hacerla olvidar a través de mí. Ya sabes que esa es mi vocación y única meta en la vida: provocar placer, humedad y olvidos. Pero olvidos lindos, como de angustias, problemas o desamores.

La lengua de la que hablo pertenece a un señor de mirada brillante, voz indiscreta y piel cálida, uno de esos seres que tienen un cuerpo y bailan y brincan y corren; un corazón y comparten y aman y asombran; un cerebro y comprenden y provocan y ríen a carcajadas. Alguien fuera de este mundo viviendo una experiencia terrenal.

Antes de llegar a mí abrazó a Mónica, quien le puso la cabeza en el hombro y recibió como respuesta un beso en la frente y un suspiro. Después de un rato de conversación y algunos roces casi furtivos de labios, pasaron del pasillo iluminado en la estancia, a las sábanas blancas de la oscura recámara principal, de paredes de madera, ventana circular y el librero en donde por igual se encuentran fotos viejas, esculturas, libros y toda clase de objetos mágicos y muy personales, testimonios del sujeto que los posee.

Decía que se acostaron. No, no se desnudaron de inmediato, o bueno, sí, de otra manera. Se hicieron el amor con las palabras, con las pupilas, con complicidad naciente y tan sólida que hasta podía verse en las partículas del espacio entre la cama y las cortinas. Una vez alcanzados los acuerdos de pronto sentí cómo la ropa sobre mí desaparecía. Me saludaron con suavidad y lascivia. Los dedos de esa mano pueden ser delicados o fuertes, me tocan como si me conocieran desde hace años, aunque experimentamos nuestros primeros encuentros.

Mónica acercó más el cuerpo a él, buscando atrapar la erección entre los muslos para restregarme con ella; él se levantó rápido, pasó a saludarme con esos labios prodigiosos, que junto con los labios de Mónica han convertido en amor a la lujuria, y en indispensable a lo que podría haber sido la aventura de una noche. Ahí me besó con movimientos en vertical, horizontal, con círculos y succiones; me hizo crecer, endurecerme, y yo hice que mi dueña levantara la cadera y dirigiera al universo unos quejidos suaves que también lo excitaron más a él.

Este hombre me gusta. En mi vasto encuentro y reencuentro con individuos masculinos he conocido pocos que me miman así. Al parecer han podido convencer a las mujeres de que son más convenientes y poderosas si consiguen el clímax solo con penetración y así pueden obviar la escala por mí, como si el acto sexual nada más consistiera en llegar, besar los pezones, la boca, entrar por la vagina, explotar dentro y abrazarse después, o agarrar el celular. ¡Si supieran que quien me frota, manipula, orgasmea una, dos tres veces, se gana un sitio eterno en mi gloria personal!

Como él, que esa noche convirtió el cuerpo, el cerebro y el corazón de Mónica en un solo terremoto; en huracán, en tromba en pleno otoño. Y a mí, que soy algo difícil de comprender y con una alta dosis de capricho, me descifró con la sincronía de las gaviotas cuando vuelan al ras de las olas del mar.

*Columna originalmente publicada en la revista Vértigo Político.

Algo que quería contarte #LibrosQueMeGustan

Maestra en el arte de narrar los recuerdos cotidianos como extraordinarios, las aventuras de juventud e infancia, los chismes de barrio, con la precisión que es legado del gozo o del dolor, el libro que recomiendo hoy es Algo que quería contarte, de la premio Nobel canadiense Alice Munro.

Algo que quería contarte es un volumen con trece historias narradas desde la nostalgia. Los temas son el amor, la amistad, los anhelos, el erotismo, el desengaño, la lucidez que regala volver al pasado con la experiencia del presente y recordar algunos episodios que no parecían trascendentales para el futuro y, sin embargo, lo fueron.

Este título es la primera edición en español de los cuentos que contiene y lo recomiendo hoy como una invitación a la paciencia y la pausa en este mundo veloz y vertiginoso. Hay que leerlo despacio para hacerle justicia a los detalles capturados en letras por Alice Munro, producto de una poderosa curiosidad.

La vida sexual de Catherine Millet #LibrosQueMeGustan

Catherine Millet es una escritora “seria”, directora de la revista francesa Art Press, que escribió el libro de sexo más escandaloso que he recomendado aquí, incluso quizás el más escandaloso que he leído, no solamente por lo anatómico y explícito de la narrativa, sino porque habla de su propia vida sexual. La obra se llama así: La vida sexual de Catherine M.

La vida sexual de Catherine M se publicó en 2001, se tradujo a 40 idiomas y vendió tres millones de ejemplares. Es sorprendente por la franqueza con que cuenta detalles, perversiones y, lo que a mí más me gustó, porque hace una especie de análisis de sus predilecciones carnales con una lucidez absoluta.

Este libro es un ensayo combinado con la narrativa de sus diversas historias donde el sexo es el protagonista, el de ella y el de sus múltiples compañeros y compañeras, algunos con nombre de apellido, otros recuerdos difusos entre multitudes.

No sé si La vida sexual de Catherine M es un libro valiente o imprudente, lo que sí se es que su calidad literaria y la libertad que propone se agradecen infinitamente, más en esta época en la que parece que todos son angelicales, perfectos y célibes, y quienes no, entonces vivimos como locos, como si el erotismo no nos hiciera más humanos y nos diera un conocimiento más profundo de nosotros mismos. Y como si las industrias sexuales no fueran de las más rentables (doble moral descarada).

“Durante gran parte de mi vida, he fallado en la indeterminación absoluta del placer. En principio, debo conceder que para mí, que he multiplicado los compañeros, ningún desenlace es más cierto que el que busco en solitario.”

Diatriba de amor contra un hombre sentado #LibrosQueMeGustan

Este último #ViernesDeLectura, también último día del 2021, quiero recomendar un libro diferente de Gabriel García Márquez, el único texto teatral que publicó: Diatriba de amor contra un hombre sentado.

En esta diatriba, monólogo teatral en un acto, Graciela intenta conversar con su marido antes de su fiesta de 25 aniversario de matrimonio. Aunque decirle conversación a hablar sin encontrar respuesta es el triunfo de la esperanza contra la evidencia, porque él se ha convertido en un maniquí detrás del periódico del día anterior.

En las breves páginas del libro, entre acotaciones de gran belleza literaria, la protagonista reclama, recuerda, llega a nuevas conclusiones y da muchas vueltas para decirle a su esposo que no puede soportar más vivir en esa soledad acompañada y ha decidido irse.

Diatriba de amor contra un hombre sentado es una interpretación masculina acerca de la libertad femenina, de cómo algunas decisiones aparentemente simples terminan cambiándote la vida. Es una obra capaz de colocar un corazón palpitante a cualquier maniquí emocional.

¡Feliz 2022!

Nicolás y las prostitutas

El viento en Ámsterdam es delgado y travieso: voltea sombrillas, roba carcajadas y se graba en la memoria como en piedra de arcilla. Lo sé porque con sus calles, puentes y canales es una ciudad de hallazgos.

Uno especial para mí fue el que se encuentra en el número 73 de Prins Hendrikkade, justo donde inicia la famosa zona roja, emblemática por las prostitutas que desde vitrinas iluminadas de carmín seducen o rechazan a los turistas. Hablo de la Basílica de San Nicolás de Bari, dedicada al personaje histórico que sirvió de referencia para la creación del señor más popular entre los niños de todo el mundo, muy de moda en esta época del año: Santa Claus, también conocido como San Nicolás.

A estas alturas seguro tienes ya varias preguntas. ¿Qué tiene de hallazgo una vieja iglesia europea en una de las atracciones más visitadas? ¿Qué hay en común entre las mujeres de la vida galante y un santo? ¿Por qué el aire de un sitio hace diabluras? Y es que la angelical celebridad con la que cada año se fotografían millones de familias y es patrono del citado templo resulta ser de lo más interesante y políticamente incorrecta para los cánones actuales, sobre todo para la iglesia católica.

San Nicolás de Bari es el santo de marineros, pescadores, prestamistas, personas condenadas injustamente, niños y… prostitutas, como las que trabajan apenas a unos metros de ese lugar.

Sobre Nicolás se han escrito infinidad de historias, incluso en algunas versiones se duda de su existencia real. Por lo que sabemos, nació en el siglo IV en Patara de Licia, Asia Menor, y murió cerca del mar Mediterráneo, en Mira, lugar de donde fue obispo (sus reliquias descansan en Bari, Italia, de ahí su apelativo), por lo que es adorado tanto en oriente como en occidente. Es tan popular que en el mundo hay más de dos mil santuarios dedicados a él.

Está representado como un hombre de tez muy blanca, pelo escaso y barba abundante, ambos encanecidos. Usa túnica de obispo o capa roja con plateado y casi siempre está rodeado de niños, ¿coincidencia? Por supuesto que no.

Desde pequeño vivió con comodidades económicas. Al morir sus padres heredó una cuantiosa herencia, la cual utilizó para ayudar a todo aquel que lo necesitara, además de habituarse a repartir juguetes, dulces y otros regalos a los niños durante el invierno. Cuenta la leyenda que se convirtió en obispo en Mira por un golpe de suerte: resulta que el anterior falleció y cuando los demás sacerdotes y obispos deliberaban quién sería el sucesor dijeron: “el siguiente sacerdote que entre al templo será el elegido”; ya te imaginarás quién venía llegando tan campante a una reunión cotidiana y salió de ahí estrenando investidura.

Otra anécdota que se cuenta acerca de él es la de un padre que tuvo que prostituir a sus tres hermosas hijas para salir de la miseria. Entonces para ayudarlos Nicolás deslizó tres monedas de oro que de milagro cayeron en los calcetines que las chicas habían dejado secar cerca del fuego, dando origen a la costumbre de colocar botas de tela a la mano la noche de Navidad para recibir los presentes.

Por obvias razones en la tradición de la iglesia católica se omite el pequeñísimo detalle de que el mismo santo que regala cachivaches a los niños en Nochebuena en su existencia terrenal ayudó indistintamente hasta a féminas pecaminosas. Definitivamente es un hallazgo interesante de cómo a pesar de nuestras imperfecciones y más allá de religiosidades, ideas y dogmas, todavía podemos sorprendernos con este tipo de datos curiosos de la historia. Por lo menos a mí sí me devolvió un poco de fe en la humanidad.

Y ya que estamos en estos trotes y estas fechas aprovecho esta oportunidad para desearte estabilidad, asombro y profusión: ¡Felices fiestas!


* Columna publicada originalmente en la revista Vértigo Político.

Teoría King Kong #LibrosQueMeGustan

He escuchado a infinidad de hombres asegurar “es que quién sabe qué quieren las mujeres” con auténtica consternación. Pues bien, hay muchos libros escritos por mujeres que responden a esa pregunta desde diversos puntos de vista y criterios. El problema es que no los están leyendo.

Ese es el caso del libro que recomiendo hoy: Teoría King Kong, de Virginie Despentes, escritora y directora de cine francesa, más conocida por su novela Fóllame, que revolucionó, además, la narrativa de las mujeres acerca de la violencia sexual.

Teoría King Kong es un ensayo. En él Despentes analiza interpretaciones muy disruptivas acerca del porno, la prostitución, la violación, la represión del deseo, la maternidad y mucho más. No es el típico texto de mujeres contra hombres, sino una explicación contundente acerca de la fuerza mental, humana, independientemente del género, de las ideas y de los prejuicios.

Lo hace, además, desde la fuerza y la furia, sin florituras ni juegos de palabras, sino en sintonía con lo descarnada que puede llegar a ser la realidad.

Libera tus libros. El arte de hacer y vender libros en México

Una noche de lluvia, de contratiempos afortunados. Así era el escenario del momento más importante (hasta entonces) de la vida de una mujer con mil sueños, mi yo de 21 años, el 13 de junio de 2001 en el Centro Cultural Ágora del parque Naucalli. El suceso: la presentación de mi primer libro de poesía y cuento, Las lágrimas de todos son de sal.

Meses antes el mejor amigo del hermano de mi novio me regaló su recién publicado libro de poesía. Lo leí. Me gustó. Unos días después me desperté con una idea: necesitaba configurar mi propio libro.

Desde los 15 años elegí dedicarme a escribir. Estudié Periodismo. Gabriel García Márquez, Elena Poniatowska, Ernest Hemingway, Isabel Allende, Truman Capote me inspiraron la necesidad de experimentar el mundo con mis propios ojos, percibirlo en intensidad con mi propio cuerpo para convertirlo en ficción. No tenía amigos ni familia en ámbitos culturales, solo un profundo amor por los libros, mucha voluntad y este bendito carácter impulsivo e irreverente.

Ya con los textos seleccionados pedí ayuda a mi papá. Era un momento difícil para mi familia; el desempleo y la búsqueda de autonomía empresarial nos tenían viviendo al límite. Aun así, mi padre respondió: “Haz el diseño y dámelo, yo me encargo.” Él no tenía experiencia imprimiendo libros, trabajaba con un impresor de etiquetas para su recién inaugurada fábrica.

El 20 de abril llegó con los brazos en la espalda. “Cierra los ojos”. Al abrirlos vi que sus manos sostenían un ejemplar amarillo con letras azules, impreso con duplicador digital en papel blanco, engrapado. Era más bien rústico y existían 125 ejemplares. A mí me pareció el libro más hermoso y sofisticado del mundo.

El 13 de junio el destino chocarrero jugó conmigo. La convocatoria había sido a las siete, eran las 19:50 y mi presentadora no aparecía. La directora del centro cultural, Andrea García Esnaurrízar, sentenció: “si tu presentadora no llega a las ocho vamos a cancelar.” Yo era una joven tímida e insegura, casi me pongo a llorar de impotencia. Mi mamá le pidió a nuestra vecina hacerse cargo, ya había leído el libro y era Julieta Navarro, directora de la Royal Academy of Dance de Londres en México.

Esa noche Andrea y Julieta hicieron magia. Una a cada lado mío, me tomaron de las manos para crear un ambiente de sensibilidad desbordada, entre carcajadas y suspiros. Me recuerdo ahí sentada, con la certeza de que no me levantaría de esa silla siendo la misma, preguntándome cómo le haría para perpetuar esas emociones y, sobre todo, cómo podría provocarlas en más autores.

Lo demás es historia. Los libros me han quitado todo; también me han dado todo. Elegí, además, el camino de la independencia, y he pagado un alto precio por vivir al margen de instituciones culturales, mafias intelectuales, compadrazgos y élites editoriales en mi afán por conservar lo más importante: la libertad.

Por eso agradezco a quienes han reído conmigo, y a quienes se han reído de mí; a quienes piensan que no valgo igual que un autor financiado por empresas públicas o privadas; a quienes han creído en mí y se han convertido en mis cómplices de aventuras, y a quienes me han denostado por escribir erotismo y atreverme a posar en ropa escasa para acompañar mi trabajo. Y, sobre todo, agradezco a mis padres, sin ellos nada de lo que he construido hubiera sido posible.

Hoy, 20 años después, tengo más de diez libros publicados, de los que hay miles de ejemplares repartidos por diversos países; escribo tres columnas, una colaboración de radio y en mi propia página web, fiel a mi convicción de independencia, entre mucho más. ¡Ah! Y de aquella timidez e inseguridad no queda nada.

No hay día en que no agradezca por cada una de las oportunidades que he recibido. Por eso quiero compartir contigo este manual, como una celebración de hacer posible lo imposible; como un homenaje a todos aquellos locos creativos que se atreven a narrar los demonios y los ángeles en su cabeza: a hacer literatura de las ideas, la experiencia y los sentimientos.

Si quieres descargarlo de manera gratuita, haz click aquí:

Cuentos de amor, de locura y de muerte #LibrosQueMeGustan

Hoy recomendaré un libro que gusta a jóvenes y a adultos: Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga, el autor uruguayo que convivió de manera intensa con la muerte: mató a su mejor amigo por accidente, perdió a su papá y a su padrastro y su primera esposa se suicidó. Él mismo decidió hacerlo antes de los 60 años.

Cuentos de amor, de locura y de muerte son 15 narraciones de realismo crudo; en ellas igual encontramos amores tormentosos, que mujeres enfermas del cuerpo y el espíritu, que la metáfora de una gallina degollada.

El estilo del autor es crudo, lleva a sus personajes a situaciones límite de una manera feroz y sorprendente; simplemente no tiene ni límites ni caridad ni espacio para el sentimentalismo, y cuando existe esperanza siempre llega algo a destrozarla. Justo como la vida real.

Cuentos de amor, de locura y de muerte es un clásico de la literatura uruguaya y latinoamericana, uno de esos libros que nadie debería dejar de leer.

Carta a mi abuela

Querida Marcela,

Eres la abuela que no conocí, la que durante veinte años creí muerta en un accidente de auto. Eres la abuela de vacío estridente, de quien no se hablaba más que en los aniversarios luctuosos, justo un día antes del cumpleaños de mi madre, tu hija.

La noche de tu muerte supongo, según el todo que he armado con las múltiples piezas de tu biografía que he logrado descifrar desde diferentes interlocutores, tú sufrías en silencio y soledad, con el estoicismo propio de las personas que necesitan demostrar control absoluto sobre el juicio propio. El motivo no era nada original para las mujeres de este país: amores fallidos, el del padre de mi madre y el del padre de tu hija más pequeña.

Nunca había querido narrar tu ausencia, me sentía sin el derecho a decir cualquier palabra relacionada contigo; hasta ahora que, al fin, y después de años de trabajo interno y aceptación, de saber lo desgraciadamente común que es nuestra historia, puedo decir que soy nieta de un feminicidio. El tuyo, abuela, decenas de años antes de que el asesinato de una mujer por el hecho de serlo adoptara ese vocablo.

Tu homicida salió de la cárcel hace poco. Cuando me enteré las emociones fueron el ojo de un vórtice en lo profundo de mis vísceras: beneplácito, porque el crimen no fue uno más impune, fuera de las estadísticas, sino bien sentenciado, el culpable pasó varias décadas en el reclusorio; rabia, porque su mal manejo del alcohol y la furia condenaron a mi mamá a una adolescencia adulta y a un destino sin ti; tristeza, porque me robó el reflejarme en tus pupilas, me robó tus abrazos, me robó la sazón de tu comida, me robó tus gestos, me robó tu sonrisa al conocer a tu nieta y saber que se parece tanto a ti, me robó el tono de tu voz, me robó la textura de tus manos, me robó tu risa, me robó tu sentido del humor, me robó el color de tus uñas, me robó tus regaños, me robó tus consejos, me robó tu casa como refugio, me robó la existencia sin el hueco perenne que crea el saber que las personas amadas han sufrido, como mi mamá, que ha tenido que aprender a vivir con el recuerdo de ti respirando el último suspiro entre sus brazos sobre una ambulancia.

Por ti, abuela, por todas aquellas mujeres y hombres que han perdido la vida o que están muertos en vida en relaciones asesinas, por aquellos hombres y mujeres que no han aprendido a gestionar sus apegos, sus celos, sus inseguridades, sus miedos, su falta de empatía, el respeto a quienes piensan o desean distinto, su necesidad de dominar, su compulsión por tener la razón, su carencia de conciencia y autoconocimiento, no vuelvo a permitir un solo maltrato, un solo grito, un solo castigo de silencio, una sola palabra que desacredite mi inteligencia, mis ideas o mis decisiones, un solo sentimiento de desamparo por indiferencia.

Porque sí, con mucha vergüenza te confieso que he permitido todo eso en nombre del amor, y me he hecho añicos el alma en múltiples ocasiones y me he traicionado más de una vez para ser esa persona perfecta a quien quisieran con locura, sin saber lo fácil que es enloquecer en el proceso y lo degradante que resulta.

Hasta hoy, Marcela. Hoy que decidí que tus huesos en la tierra no tienen que ser solo restos mortuorios, sino semillas. Semillas de muerte a la culpa, semillas de muerte al síndrome del impostor, semillas de muerte a la resignación, semillas de muerte al miedo a la soledad, semillas de muerte a la dependencia, semillas de muerte a la necesidad de aprobación, semillas de muerte al temor a incomodar.

Tus huesos enterrados antes de tiempo son semillas de fuerza, semillas de valentía, semillas de franqueza, semillas de audacia, semillas de determinación.
Semillas de vida. Semillas de “Yo”.

@monicasotoicaza


Mónica Soto Icaza es escritora especializada en literatura erótica. Ha publicado varios libros y colabora en revistas, periódicos y programas de radio y televisión.

Metafísica de los tubos #LibrosQueMeGustan


Amélie Nothomb, autora del libro que recomiendo hoy, es una escritora sorprendente: escribe tres libros al año, de los que publica uno. Así, su obra es extensa, pero cada título posee identidad propia y te lleva del asombro, a la lágrima y la carcajada con la soltura de quien domina el oficio.

El libro de hoy, Metafísica de los tubos, narra los primeros tres años de vida de una niña fuera de lo común: por dentro es una sabia, de pensamientos profundos, vocabulario vasto y muy intelectual, mientras por fuera es como un vegetal… hasta que descubre el placer (no diré cómo, ya fue suficiente destripe).

Metafísica de los tubos es una de esas historias de apariencia simple, que conecta al lector con miedos e inseguridades recónditas, al mismo tiempo que acelera reflexiones y pensamientos. Posee gran carga filosófica acerca de la vida, de la adultez, del punto de vista infantil, que de pronto olvidamos en la prisa por sobrevivir. Y hace todo ello en solo 75 páginas.

Te quiero viva

Hay libros que no deberían existir, no por falta de calidad literaria ni intención, sino porque el tema que trata es desgraciada y absurdamente común. Hablo de Te quiero viva, una antología de cuentos publicada por editorial Té de Querer y que narra historias de violencia hacia las mujeres, algunas en primera persona desde la no ficción y otras desde la ficción.

Mónica Navarro y Marlene Corona, creadoras de Té de Querer, hartas de escuchar y escuchar acerca de asesinatos, desapariciones, maltratos hacia las mujeres, decidieron intentar combatir desde lo que mejor saben hacer: las palabras. Así, invitaron a diversos escritores a crear cuentos cortos sobre el tema para hacer un libro.

Para financiar el primer tiraje organizaron una rifa, la que apoyaron también diversos artistas. El libro se distribuye de manera gratuita con la idea de que cada ejemplar viaje de mano en mano: al final trae una sección en blanco para que cada lector escriba sus impresiones para después pasarlo a otro lector que hará lo mismo y seguirá la cadena.

También existe la opción de descargarlo sin costo desde la página de Té de Querer en tedequerer.com (Enlace directo: https://web.tedequerer.com/editorialtdq)

Al terminar de leer hay que compartirlo en las redes sociales con el hashtag #TeQuieroViva

Como este libro existe, así como existe la violencia, hay que nombrarla para que deje de repetirse.

El libro vacío #LibrosQueMeGustan

Todo creador experimenta el terror ante la hoja en blanco en algún momento de la vida, esa imposibilidad de escribir, trazar, poder escuchar, imaginar un “algo” que valga la pena compartir con los demás para justificar ese tiempo frente al cuaderno de notas, que para los demás podría ser tiempo perdido.

Esa es una de las premisas del libro que recomiendo hoy, El libro vacío, de la mexicana Josefina Vicens, una de las dos novelas que la autora publicó y bastaron para convertirla en un clásico.

José García, oficinista aspirante a escritor, adquiere dos cuadernos: en el primero escribirá apuntes, notas, ideas que después pasará el limpio en el segundo, cuando ya se hayan convertido en dignas de la historia que configure un libro que lo lleve a la fama, o por lo menos que satisfaga sus ganas de escribir.

Lo que José no puede controlar es su falta de ideas, o más bien, las tantas ideas que vienen a su cabeza y le atan la inspiración, y lo llevan a desear abandonar la empresa, con el problema de que, aunque no quiere escribir, quiere dejar de hacerlo, no nada más no hacerlo, lo cual es algo parecido, pero para nada lo mismo.

El libro vacío es una burla filosófica a los miedos, a las reservas, a tomarse tan en serio, al tiempo perdido entre esperas de mejores oportunidades. Un libro entrañable en el que podemos encontrarnos, porque en cada persona que existan deseos, también habita el miedo a fracasar en el intento, y Josefina Vicens lo retrató en palabras en este libro indispensable de la literatura mexicana.

Simón #LibrosQueMeGustan

Leí la última palabra del libro que recomiendo este #ViernesDeLectura y me sucedió algo inaudito: no supe dónde colocar en mi cuerpo y mi cabeza la emoción provocada por la historia. La razón es simple, no pude nombrar ni definir con exactitud el sentimiento.

Simón, del barcelonés Miqui Otero, es el libro de un héroe muy cotidiano en la vida real, pero uno extraordinario en el universo de la ficción. Es de esos seres poseedores de futuros que se proyectan brillantes y a fin de cuentas resultan tan comunes como cualquiera.

La narración está llena de símiles que dejan ver que el libro está escrito con un gran sentido literario, por eso creo que es una obra que hay que leer, posee la calma de otro tiempo, otras épocas, ubicada en la actual.

Simón, antihéroe memorable, estoy segura de que será uno de esos personajes que pasarán a la historia.

Piel y papel

Lunes. Me levanto diez minutos antes que el despertador. Mientras me lavo las manos después de descargar la vejiga y antes de revivir a mi cotidianidad, te veo en mi boca: tus labios permanecen en una pequeña hinchazón de mi bermellón inferior, carmesí intenso como huella de tus besos. Sonrío. Vuelves a hacerte presente en esa imagen que me devuelve el espejo del baño. Ahora no son tus labios lo que veo en mis labios, sino tus pupilas en mis pupilas, con ese movimiento veloz de ojos de cuando me hablas de tus recuerdos, del mapa vocal de tu deseo por mí, de algo que te emociona, y tu mirada trasmuta en la de un niño contando el más hermoso de los sueños. Cierro la llave del agua. Me dispongo a confeccionar el día. No sé cuándo volveré a verte. De pronto, al secarme las manos, descubro que también sigues en mi muslo izquierdo, bien aferrado en forma de un breve moretón con la morfología de tus dedos.

Domingo. Llego a tu casa con tu ropa de dormir puesta y el cambio con el que transitaré la jornada en las manos. Entro sin tocar. Te encuentro a un lado de la cama. Me abrazas de la cintura. Las palmas de tus manos comienzan a bajar hacia mis nalgas. Nos damos un beso de saliva desvergonzada. Dejo los jeans sobre el sillón. Me acuesto. El edredón de plumas es tan suave que me dan ganas de echármelo encima. Hace frío. No hablamos más de seis palabras cuando ya estoy pegada a tu cuerpo, restregándote las tetas en el pecho. Tú vuelves a estrujar mi derrier; activas la correlación entre esos apretones y mi humedad que resbala amenazante hacia tus sábanas de satín. Vuelvo a darte los buenos días, esta vez con el regocijo de mirar tu gesto de sexo, tus ojos entrecerrados, los latidos de tu corazón. Te cabalgo. Me anegas. Nos levantamos y abres la regadera. Vas hacia la cocina y rescatas los restos del café molido que reposan en tu cafetera. El agua está muy caliente. Quedo empapada, del cabello y entre los muslos. Me alcanzas. Incorporas al café el jabón líquido de coco que guardas en una botella de vidrio. Recoges con cuatro dedos lo que puedes y me acaricias completa. Mi empidermis se pinta de negro. Te beso de tanto en tanto. Pides que me enjuague. Desobedezco. Me restriego en tu espalda. Te agarro desprevenido. No puedo verte el rostro. Tengo la certeza de que sonríes. Me haces el amor de nuevo, empinada hacia el espejo de tu cuarto de baño. Amo mirarme rebotar, la imagen de tus pies junto a los míos en el piso. Me mareo. Te mareas. Apagamos la regadera.

Sábado. Las 16 horas que estaremos juntos inician a las 11:30 de la mañana. Nos encontramos en el vestíbulo. Tú con pantalón beige y chamarra café, botas de ante. Yo con vestido morado, medias negras, zapatos de charol. Caminamos de la mano mil seiscientos metros hasta el restaurante donde desayunaré unas enchiladas de mole y tú unos huevos a la mexicana con machaca. Lo más importante de mi vida ha sucedido frente a una mesa: propuestas indecorosas y de matrimonio (si no es que son la misma cosa), conversaciones que cambian rumbos, rompimientos liberadores. La comida y el vino como vehículos para la felicidad. Platicamos tanto que de pronto miramos el reloj: son casi las tres de la tarde. Emprendemos el regreso a tu casa. Nos sentamos en la sala a charlar. No decimos más de cuatro palabras y ya estoy desnuda de nuevo, con la espalda en el sillón y tus fauces en plena búsqueda de la piedra filosofal entre mis piernas. Miro hacia la ventana. Es una tarde anubarrada. Y las nubes brillan. Cierro los ojos, suspiro. Me deleito con el placer de escribir las páginas de esta nueva historia.

En el papel y en la piel.

Pandora #LibrosQueMeGustan

Mujeres en contra de su cuerpo, víctimas de la genética, del espejo, de las expectativas, las propias creencias, de la sociedad, del amor.

Pandora, de Liliana Blum, es la historia de Abril y Pandora, de sus familias. Dos mujeres que coinciden en la atención y el afecto del mismo hombre, Gerardo, ejemplar masculino que personifica la perfección y en realidad busca secretamente saciar su parafilia sin importarle el abuso hacia las mujeres que tuvieron la mala fortuna de coincidir con él, amarlo y desvivirse por complacerlo.

Pandora asquea, confronta, cuestiona, denuncia, juzga, sentencia, trata temas incómodos para una sociedad habituada a la violencia. También enternece, provoca empatía, movimiento de las ideas, todo entre metáforas construidas con profunda observación del mundo, como: “Los hombres hojeaban con enfado los periódicos sobre la mesita. Esas caras con la misma personalidad de un trozo de queso amarillo.”

Tuya #LibrosQueMeGustan


Una novela policíaca donde la protagonista no es un investigador ni un oficial de policía, sino una esposa engañada, este #ViernesDeLectura recomiendo Tuya, de Claudia Piñeiro.

Inés Pereyra es un ama de casa, madre de una adolescente de 17 años con un problema embarazoso encima, y esposa de Ernesto, un hombre aburrido de su matrimonio, quien comete un crimen accidental, accidentalmente frente a su esposa.

De ahí se desencadena una serie de hechos, la mayoría impulsados por Inés en una obra ingeniosa, divertida, con una narrativa muy sensorial, que te sitúa en las emociones, sentimientos y calles donde sucede el desgarro de la zona de confort de los involucrados en esta comedia de enredos algo involuntarios.

En Tuya el lector termina siendo testigo y detective al mismo tiempo. Es una historia sencilla, breve, que igual confronta, que provoca indignación y por qué no decirlo, una que otra carcajada.

Sexo y libros #PorUnaVidaSexy

Ante la pregunta: ¿por qué escribes literatura erótica? La respuesta es inminente: porque el sexo y los libros son lo que más me gusta en la vida. La justificación podría ser innecesaria, pero —supongo que en mi interior habita una exhibicionista— encuentro un deleite exquisito en contar mis intimidades.


Descubrí el sexo antes que los libros, por humanas razones. Me apasioné primero por los libros que por el sexo, por sociales razones. A los 14 años la voluptuosidad de las imágenes provocadas en mi mente por ese artefacto de tinta y papel encuadernado que tenía en las manos me hizo adicta al deleite de leerlo todo, desde las etiquetas del champú en la regadera, hasta las dos enciclopedias de casa (pasando por carteles, folletos, boletos de estacionamiento, instructivos). Todo.


Entonces llegaron mis 15 años. Primero de preparatoria. La profesora de literatura nos dejó leer Arráncame la vida de Ángeles Mastretta. Atrapada desde las primeras páginas, fueron unas cuantas palabras las que releí una y otra vez, intrigada: “Yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa.” El resultado fue humedad inminente en mi entrepierna.

Las primeras veces son acontecimientos importantes en la vida de toda persona. Para mí esa lo fue. Descubrí que toda pieza literaria es erótica, no solamente porque contiene algún capítulo con contenido sexual propio de la cotidianidad, sino por la cantidad de emociones y sensaciones que viven en el cuerpo, como si al leer te convirtieras en uno de los personajes.


El siguiente libro que me erizó los vellos de la espalda fue Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig, que sin contener sexo de pronto me sorprendió con los puños cerrados y las uñas enterradas en las palmas de mis manos.


Varios años después, ya adulta, tuve el hallazgo de un ejemplar que en la portada ilustra a cuatro personajes desnudos, entrelazados entre miembros viriles, lenguas y piernas: el Erotica Universalis de Gilles Néret, un compendio de imágenes sexuales que van desde el año 5000 a.C., hasta la década de los 70 del siglo XX. En él las escenas son un verdadero festín para el lector: algunas son tan alucinantes que provocan rubor en las mejillas.


Otro de los textos que me emociona hasta las lágrimas es La esposa joven, del italiano Alessandro Baricco. Uno de sus fragmentos memorables: “La Esposa joven se preguntó dónde había visto ya ese gesto y era tan nueva ante lo que estaba descubriendo que al final se acordó, y fue el dedo de su madre que buscaba en una caja de botones uno pequeño de madreperla que había guardado para los puños de la única camisa de su marido.” Erotismo puro.


Poseo una biblioteca personal de ejemplares, tanto físicos como electrónicos, que son mi espejo particular de pasiones y perversiones. Algunos títulos que viven en ella son: Historia de O, de Pauline Réage, regalo del periodista Ricardo Rocha; Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad, ganador del VIII premio La sonrisa vertical; uno de mis favoritos, que ha influido mucho el estilo de mis cuentos: La máquina de follar, de Charles Bukowski, y una cantidad más obscena que Filosofía del tocador del Marqués de Sade, de volúmenes.


Cómo no amar el sexo y los libros, si ambos son origen y destino de la historia particular de cada uno de los mundos que interactúan al interior de nosotros. Si quien ha leído no percibe más de su humanidad en esas ficciones que tire la primera piedra.


*Texto publicado originalmente en mi columna #PorUnaVidaSexy de la revista Vértigo Político 🙂

El país de las mujeres #LibrosQueMeGustan

¿Qué pasaría si un buen día las mujeres gobernaran un país? No que una mujer fuera presidenta, no; que las ministras, encargadas de despacho, jefas de área, burócratas, todas las integrantes del gobierno, absolutamente todas, fueran mujeres. Esta es la hipotética historia de El país de las mujeres, de una de mis escritoras favoritas de todos los tiempos, por el erotismo de su literatura combinado con una personalidad combatiente: Gioconda Belli.

Gioconda Belli es nicaragüense, poeta y novelista, exmilitante del Frente Sandinista de Liberación Nacional y miembro de la gestión de la Revolución Popular Sandinista.

El País de las Mujeres se desarrolla en Faguas, el país latinoamericano que Belli creó para sus novelas. Ahí acaba de vencer el Partido de la Izquierda Erótica (PIE) y su presidenta, Viviana Sansón, comienza a vivir en carne propia las consecuencias del triunfo. Muy pronto el recién creado gobierno de puras mujeres sufre de un complot de los hombres para derrocarlas, mostrando al lector una visión del comportamiento del hombre cuando la mujer tiene el poder: Sansón y sus ministras no están acostumbradas a esos niveles de juego sucio y deben actuar en consecuencia para demostrar que su victoria fue una buena idea.

Por este libro Gioconda Belli obtuvo el VI Premio de Novela “La otra orilla”. Es un título tremendamente feminista, con una narrativa entretenida, divertida, la anécdota está llena de humor, sarcasmo, crítica social, y en ocasiones lleva al absurdo esta guerra de sexo contra sexo en la que no ha habido, hay ni habrá vencedores.

Tacones, orgasmos y un funeral

¡Mis tres novelas eróticas juntas! Tacones en el armario, Galletitas para un funeral y Tus mujeres de mis orgasmos en el mismo libro. Tres historias llenas de amores y lujuria, en las que exploro temas polémicos como la infidelidad, el amor libre, el poliamor, las relaciones swinger, con personajes fuera de serie que divierten al tiempo que hacen temblar a las buenas conciencias y provoca deleite a los amantes de las aventuras de labios y piel… y de las sonrisas y carcajadas involuntarias.

Tacones en el armario es la historia de Ángela, quien le permite al lector vivir paso a paso con sus tacones de colores el proceso de la infidelidad, no como la víctima que hemos visto durante años, sino como una mujer que transforma el dolor en gozo y de paso obtiene venganza y mucho placer. Es la redención del sexo femenino llevada al extremo con mucho humor, erotismo e inteligencia.

Galletitas para un funeral es un homenaje a todas las formas femeninas de amar. En ella se explora cómo la percepción cambia la experiencia que acumulamos en los recuerdos, cómo una persona puede ser tantas personas, dependiendo del interlocutor.

Tus mujeres de mis orgasmos: La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar. En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo. Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua. Mónica Soto Icaza lee al oído la historia más intensa, explícita y erótica que ha escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad.

Si quieres impreso tenerlo entre las manos, lo encuentras aquí:

O si lo prefieres electrónico en Amazon para Kindle, lo encuentras acá:

Jamás pretendí ser inmaculada

Doscientas páginas de poemas eróticos y fotografías en blanco y negro, Jamás pretendí ser inmaculada es mi más nuevo deleite literario.

Entré a la escuela, aprendí a escribir, me enamoré, me rompieron el corazón, rompí algunos corazones, llené los márgenes de mis cuadernos con historias, todo ello mientras se afianzaba mi fascinación por el hallazgo más importante de mi vida: los libros y las infinitas maravillas que se encuentran entre sus páginas.

Así llegaron mis XV años. Era 1995 y yo decidí que escribir sería mi ocupación principal. Luego llegaron mis 29. Era 2009 y yo decidí que enfrentaría la vida con el sexo abierto y dispuesto, que estar aquí era un regalo y yo no podía ser ingrata: debía celebrarla con cada partícula de mí, hacerle el amor a través de cuerpos ajenos en territorios políticamente correctos y también algunos clandestinos.

Jamás pretendí ser inmaculada. De niña me soñé aventurera, alguien que bien pudiera ser el personaje de un libro, y con eso en mente he creado las situaciones que configuran mis recuerdos. Aquella quinceañera que deseaba comerse al mundo sigue sazonándolo desde esta mujer de 41 con incontables recetas para la lujuria entre los dedos.

Si quieres tener este libro único y especial para mí entre las manos, lo encuentras aquí:

Libera tus libros: el arte de hacer y vender libros en México

Empecé a editar a los 21 años, en el auge de mi época más rebelde y con total ignorancia acerca de todo lo relacionado con el mundo editorial. Mi ímpetu se debía a la absoluta pasión que he sentido por los libros desde la adolescencia, así que con intuición y a veces imitando, fundé Amarillo Creatividad Editorial, que más tarde se convirtió en Amarillo Editores.

En mayo de 2004 publiqué el primer título: Ficciones Fugaces, de Edgar Rodríguez. Con el paso de las semanas, meses años, ese primer ejemplar germinó en más de 250 libros de más de 300 autores.

En este punto del relato suspiro y recuerdo: como no tenía idea de lo que estaba haciendo como editora, tuve la oportunidad de trazar caminos nuevos, de atreverme a hacer locuras, de ser en ocasiones políticamente incorrecta. Dos ejemplos son el lanzamiento del “Primer libro-periódico del mundo”, 60 minicuentos y un rebelde, que hice para celebrar el cuarto aniversario, o la presentación de la antología de poesía y fotografía eróticas, Poesía del siguiente orgasmo, en la Erótica Love Store de Polanco, en la CDMX (entre muchos otros sucesos más).

Tras 16 años de aprender el ámbito editorial, desde el campo de juegos, con una editorial pequeña, desconocida y que aprendió a aprovechar cada uno de los recursos disponibles, decidí escribir Libera tus libros: el arte de hacer y vender libros en México, que es un manual con información paso a paso sobre la publicación de libros, cómo funcionan las librerías, para qué sirven las Ferias de libros, tips acerca del contenido de un contrato de edición, auto-publicación en plataformas digitales, recomendaciones para editores independientes y escritores, y mucho más.

Hoy ya no publico libros de otros autores, me dedico exclusivamente a escribir y promover mi trabajo literario y de divulgación acerca del sexo y el erotismo. Por eso decidí compartir con quien le interese mi aprendizaje como editora y escritora independiente.

Aquí está el libro íntegro para descarga gratuita: 

Grab my pussy! Cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito

Un genio de lámpara maravillosa, la mujer distraída de un hombre desesperado, el presidente del país más poderoso del orbe, personajes que podrían haber sido robados de la realidad y manipulados a mi antojo en la ficción es lo que encontrarás en las páginas de Grab my pussy!

Me gusta pensar en estos 17 cuentos como en travesuras literarias para recuperar el lado jovial e irreverente del sexo. En ellos rescato la ligereza de espíritu que permanece en el cuerpo después de un orgasmo, con textos en narrativa y prosa poética que buscan la carcajada y el asombro reflejado en comisuras de la boca torcidas o cejas levantadas.

Confieso que al escribir estos relatos el desafío fue permanecer frente al teclado; por eso reto al lector a terminar de leer con las dos manos sobre el papel…

¿Quieres leer algunos escritos del libro? Puedes descargarlos aquí: Grab my pussy! Mónica Soto Icaza. Adelanto.

¿Quieres un ejemplar físico del libro? Te lo mando impreso y dedicado especialmente para ti hasta la puerta de tu casa:

Si quieres leerlo, puedes encontrarlo en Amazon para Kindle aquí:

Tus mujeres de mis orgasmos

La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar.

En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo.

Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua.

Para este libro quise no nada más imaginar la historia más intensa, explícita y erótica que he escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad, sino leerla al oído de los lectores, quienes por medio de un código QR podrán acceder a contenido exclusivo: el Video-libro, interpretado por mí, que lo pondrá al filo de las emociones más deliciosas.

Si deseas comprar el libro impreso está disponible aquí:

Si deseas adquirirlo en ebook para Kindle, lo encuentras acá:

Galletitas para un funeral

Un mensaje enigmático. Una esposa con mucha creatividad.

Un hombre y 35 mujeres, pero no cualquier número de mujeres: mujeres con las que ha hecho el amor. Podría ser el sueño erótico de un maestro seductor y, sin embargo, también podría convertirse en el inicio de una pesadilla.

Mónica Soto Icaza, la autora de Tacones en el armario, regresa a la carga con una historia de fino erotismo y sutil sentido del humor. Lea usted esta novela bajo su propio riesgo.

Galletitas para un funeral es un homenaje a todas las formas femeninas de amar. En ella se explora cómo la percepción cambia la experiencia que acumulamos en los recuerdos, cómo una persona puede ser tantas personas dependiendo del interlocutor.

“Cuando empecé a leer Galletitas para un funeral debo confesar que me excité, pero al terminarlo ya estaba profundamente aterrado.” Sergio Sarmiento

“Mónica tiene una pluma que describe con certeza la naturaleza de cruces inesperados, relaciones comprometidas y noches de esparcimiento. Su estilo es refinado y excitante. Las voces de sus protagonistas tienen personalidad y rostro.” Inés Récamier


Puedes encontrarlo en libro electrónico para Kindle aquí:

O impreso, enviado directamente a tu domicilio y dedicado por mí, aquí:

Mujer esquirla #PorUnaVidaSexy

“Tu negocio no sirve para nada. Eres un fraude. Eres mala en la cama. Odio hasta tu peinado. No me gusta cómo eres con los niños. Eres un desastre en la vida. Eres una puta. Eres insuficiente, no te importa más que tu trabajo. Eres una loca. Eres tonta. Coges mal, no me gusta tu ritmo. Me molesta tu cara. Llévate todas tus cosas. No quiero ver ni una de esas mierdas aquí. Llévate nada más lo que tú te compraste. Después de años de matrimonio no te mereces nada por puta. Te voy a matar. Te voy a perseguir. Voy a hacer que vivas con miedo, con temor, con fracaso. Eres una perdedora. No haces nada bien. Solo sirves para gastar el dinero, para estirar la mano. No aportas nada. Eres mala para todos. Ni tu mamá cree en ti. Estás sola. La gente que amas siempre elige a otros. No eres suficiente, por eso no te eligen a ti. Eres problemática. No entiendes razones. Solo quieres hacer lo que se te da la gana. No puedes cumplir tus sueños. Tus metas no son importantes. Eres una mala mamá. Abandonas a tus hijos. Pierdes el tiempo. Vives en las nubes. Eres estúpida. Estás confundida. Tomas malas decisiones. No te vas a ir porque no puedes. Sin mí no eres nada. Sin mi ayuda te vas a morir de hambre. No tienes a dónde ir. No sabes ganar dinero. Con dos hijos nadie va a quererte. Tienes la nariz enorme. Ya ni siquiera conservas el buen cuerpo que tenías. Te vistes como prostituta. Escribes puras pendejadas. Nadie va a querer comprarte tus libros. Si te matara, te haría un favor…”

El hombre que amaba apretó el gatillo y yo me convertí en esquirlas de mujer. En fragmentos de ser humano con el único fin de sobrevivir el día. Porque en un país de machos a las mujeres libres hay que destruirlas. Hay que quebrarles la voluntad y las piernas; ensuciar su sexo y sus sueños. Porque a una mujer que goza del erotismo puedes maltratarla, convertirla en blanco de dedos índices purificados por la tibieza de vivir sin consecuencias.

Me convertí en una mujer débil. Una mujer fea. Una mujer triste. Una mujer sola. Metí la sonrisa en el sitio más seguro: las páginas de los libros, ese lugar en donde no había corazones rotos ni palabras equívocas, en donde podía ser libre a mis anchas. Ignoraba que cada tomo devorado configuraba en mí a una mujer rebelde. Una mujer idealista. Y poco a poco volví a ser una mujer con alas de papel y tinta, con tantas capas que alcanza a volar alto, y también con predisposición a caer desde esa altura. Soy una mujer que se ha raspado las rodillas. Una mujer que ha perdido todo para conservarse a ella. Una mujer que ha llorado a solas. Una mujer que ha dado la mano, aunque en el otro extremo no hubiera otra mano abierta. Soy una mujer puta. Una mujer ligera. Una mujer de libido desbordada. Una mujer de fotos atrevidas. Una mujer libre. Una mujer con suerte. Una mujer con el corazón de multifamiliar. Una mujer que quiere a más de un hombre y ama a uno. Una mujer que juega con sus hijos a escribir el mundo. Una mujer arrepentida. Una mujer rebosante de certezas. Una mujer de imaginación traviesa. Una mujer que ya no tiene miedo. Una mujer que ya no está triste. Una mujer multiacompañada. Una mujer joven. Una mujer guapa. Una mujer que sigue con la sonrisa metida en los libros. Una mujer metáfora. Una mujer personaje. Una mujer carcajada. Una mujer sarcasmo en la punta lengua. Una mujer energía de la naturaleza.

Soy una mujer hasta nunca. Una mujer hasta siempre. Una mujer en sus marcas, listos, fuera. Una mujer búnker. Una mujer meta. Una mujer hola. Una mujer adiós. Una mujer Yo.


*Este texto fue originalmente publicado en la revista Vértigo Político.

Tacones en el armario

En la primavera de 2009 viví una de las épocas más tristes de mi vida: la infidelidad de quien creí el amor de mi vida. Decepcionada, triste y furiosa, me desperté una madrugada con optimismo descontextualizado y empecé a confeccionar una venganza literaria, con dosis precisas entre fantasías y recuerdos y el ánimo explícito de incomodar a aquellos hombres amantes de las mentiras. Porque sí: la literatura es mi manera de reparar las deficiencias del mundo con la ficción.

Tacones en el armario está escrito desde la furia, el descaro, con la desfachatez de quien sabe que no tiene nada que perder. Por eso es erótico, sarcástico, con toques de humor negro e ironía.

Desde que lo publiqué por primera vez, en el 2010, me ha provocado deleite y más deleite; se convirtió en mi libro más vendido, existen de él miles de ejemplares repartidos por los cinco continentes.

La obra, entonces, trascendió a mi propia vida, me enseñó que los momentos defectuosos son temporadas propicias para sembrar sorpresas.

Tacones en el armario es una de mis mejores aventuras, una plagada de risas, lágrimas, incendios y tacones de colores. 

He presentado esta novela más de 40 veces en diversas ciudades de la República Mexicana y en las Ferias de Libro más importantes del país, como Guadalajara, Palacio de Minería, Zócalo de la Ciudad de México, Estado de México, Orizaba, Ciudad Obregón y muchas más.

La portada original es de la pintora mexicana Rigel Herrera y la foto de portada de la edición desvergonzada es del fotógrafo Sinhué Villalobos.

Al final de la novela puedes encontrar los Manifiestos #porunavidasexy.

Si quieres leer un adelanto, lo encuentras aquí:

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Doce cuentos peregrinos #LibrosQueMeGustan

El primer libro que leí de Gabriel García Márquez y me volvió adicta a sus historias y su manera de narrarlas fue Doce cuentos peregrinos. Tenía como dieciséis años y fue mi portal particular hacia este autor del realismo mágico que contaba su percepción de la realidad.

La introducción que escribió el propio autor es un mini manual de escritura de cuentos. En ella García Márquez cuenta el devenir de los doce textos en el libro y son la puerta de entrada perfecta a Me alquilo para soñar, Sólo vine a hablar por teléfono, María dos Prazeres y El rastro de tu sangre en la nieve (mi indiscutible favorito), entre otros.

Estos Cuentos bien podrían ser sueños, aunque situados en Europa, poseen la ilógica latinoamericana de desafiar a las emociones y la razón entre un sentido del humor algo negro, mucho sarcasmo y personajes entrañables.

Como todos los libros de Gabo, quien lee no termina incólume y las atmósferas de sitios y personajes permanecen gravitando en la mente incluso días después de haber cerrado la cuarta de forros tras el punto final.

La Venus de las pieles #LibrosQueMeGustan

Profundos son los misterios del placer. Lo que para unos podrían ser los peores castigos: el dolor y la esclavitud, para otros pueden resultar la manifestación más orgásmica del amor.

Ejemplo de esto es el protagonista de La Venus de las pieles, del escritor austriaco libertino y amante de las mujeres Leopold von Sacher-Masoch.

La novela cuenta la historia de Severin y Wanda, él mucho mayor que ella, y su interacción erótica entre latigazos y un contrato de esclavitud. El apellido del autor, Masoch, fue el vocablo que le dio nombre al masoquismo, ampliamente narrado en el libro.

En diversos momentos las disertaciones acerca del amor, el sexo, el matrimonio, la inmoralidad, la herejía, son dignas de tratados sociológicos, de análisis del comportamiento humano, por la magnitud de los diálogos entre los personajes, como: “—Creo que, para encadenar a un varón para siempre, lo que ante todo no debería una hacer nunca es serle fiel. ¿Qué mujer honesta ha sido nunca tan adorada como una hetaira?”

Ha sido adaptado para cine en diversas ocasiones, la más célebre es la película dirigida por Roman Polanski.

Es uno de los clásicos del erotismo, con la peculiaridad de tratarse de un hombre escribiendo y describiendo el amor y la sexualidad femenina, y más en una época (el siglo XIX), donde los personajes femeninos eran frágiles, enfermizos y llenos de sumisión.

¿Amar despacio?

No me gusta amar despacio,
prefiero ropa destrozada en el suelo
marcas de besos en el cuello
lenguas insolentes
dedos que conozcan el camino correcto.

Amo las caderas impulsivas
los deseos urgentes
la saliva que enloquece al torrente sanguíneo
las miradas que hacen cenizas los prejuicios.

Me encantan las palabras que humedecen
los pantalones marcados
las mordidas en las orejas que embriagan a los poros
y la imaginación.

Vamos a ponerle escenario a esta fantasía
y seamos nuestra propia ficción.

#poesíaMSI

Mónica Soto Icaza


La foto es de Érik Marvaz

* Este texto aparece en mi libro Jamás pretendí ser inmaculada.

Martes

Mis martes solicitan dueño:

busco a un compañero para practicar

la danza del vientre en su cadera.

Deberá ser un hombre que crea en la magia

para comprender a mis dedos

cuando se multipliquen por cinco.

Otro requisito es que sepa jugar al mudo

no me importa ser la primera, décima

o su mujer número 60,

quiero creer que mis caricias

son las mejores de su vida.

Mi hombre / compañero será halcón,

aroma de café tostado,

cama recién tendida

y silencio listo para tocar una primera nota.

Se reciben candidatos

los martes de nueve a una.

Los demás días de la semana

seré artífice de mis propias historias,

mi propio colibrí.

#poesíaMSI


Este poema aparece en mi libro Jamás pretendí ser inmaculada, más de 200 páginas de fotos y poesía. Lo encuentras aquí:

La foto es de Carlos Sain.

FENALEM 2021

Ha llegado septiembre de 2021 y con él la segunda edición de la FENALEM, la Feria Nacional del Libro de Escritoras Mexicanas, por eso este #ViernesDeLectura les contaré acerca de ella.

Será del 8 al 11 de septiembre, virtual, a través de la página de Facebook de Escritoras Mexicanas: EscritorasMX y además las actividades quedarán grabadas en la cuenta de YouTube de EscritorasMx.

Las transmisiones comenzarán a las 11 de la mañana y terminarán a las 9 de la noche todos los días para dar cabida a las 36 mesas donde participarán más de 100 escritoras. Los géneros literarios de los que se hablará son tan diversos como diversas son las plumas de las mujeres autoras: poesía, novela, cuento, ensayo, minificción, además de presentaciones de libros, debates de literatura en la era digital y periodismo cultural. Las lenguas originarias y la literatura infantil y juvenil también tendrán su espacio.

En esta segunda entrega la FENALEM sigue con su objetivo de visibilizar la literatura escrita por mujeres en México, mexicanas adoptivas y también radicadas en otros países, con lo que mostrará un panorama muy completo de la creación literaria mexicana de la actualidad.

Escenarios para el fin del mundo #LibrosQueMeGustan

Con una mezcla de crítica social y política con sentido del humor ácido que roza el cinismo con comedia, el libro que recomiendo hoy es: Escenarios para el fin del mundo, de Bernardo Fernández, mejor conocido en los altos y bajos barrios y galaxias circunvecinas como Bef.

En esta selección de textos el narrador, monero y artista pone al alcance del lector personajes como una sirena muerta convertida en influencer (antes de la era de los influencers, claro), una plaga de leones, un exterminador de vidas interestelar y hasta un Benito Juárez cibernético, entre muchos otros.

La narrativa de Bef es tan verosímil como fantasiosa, con la fluidez de quien sabe qué historia quiere contar y no se detiene en la autocensura ni en prejuicios para hacerlo, aunque para muchos amantes de la alta cultura, la ciencia ficción mexicana sea algo así como un pecado mortal para los altos estándares de las letras nacionales (léase con sarcasmo, por favor).

Para mí este libro es el testimonio de un autor que juega, pero se toma ese juego muy en serio, tan en serio que lo comparte en papel y tinta (sí, analógicos y digitales). Por eso lo recomiendo en este #ViernesDeLectura

Historias de Clítoris 1

Hola, soy el clítoris de Mónica. Me llamo así, Clítoris, porque a ella no le gustan los nombres propios, patronímicos ni diminutivos que algunas personas usan a veces para referirse a los órganos sexuales propios o ajenos. Yo estoy de acuerdo con ella. Alguna vez un señor me dijo “Amiguita” y me costó mucho trabajo vibrar con su lengua. Aunque cada quien, ¿no?

Sé que cuando le preguntan a mi poseedora cuál es la parte favorita de su cuerpo y ella responde “los ojos” o “las piernas”, en realidad está pensando en mí. He sentido cómo me aprieta mientras contesta, como si quisiera disculparse conmigo por ser políticamente correcta. A mí no me interesa lo que responda; a fin de cuentas, cuando estamos a solas o al elegir a un acompañante, su comportamiento es lo menos políticamente correcto. Eso es lo importante.

Me conoció a los once. Era su segunda o tercera menstruación. Mientras lavaba mi casa y los terrenos circundantes se metió el dedo corazón de la mano derecha en la vagina para ver si así lograba que la sangre se terminara más rápido. Como le gustó la sensación decidió introducirlo más adentro… y entonces la palma de su mano invocó el deseo de saber qué más había en esa área al rozarse con mi glande. No le importó que se enfriara el agua: siguió tocándolo todo. Fue así como ahí, en una regadera del segundo piso de una casa de tres recámaras pintada de blanco con columpios en el jardín, Mónica tuvo uno de los más grandes hallazgos de su vida que, como buena materialización de asombro, siempre estuvo en ella misma.

Mónica y yo gozamos impunemente durante varios meses, hasta una fatídica mañana en la clase de Moral. La escuela religiosa en la que la inscribieron sus papás con las intenciones más puras: que los valores familiares fueran reforzados, se encargó de arruinar sus corridas correrías eróticas, porque ahí le dijeron que el onanismo era un pecado, y de los graves. Como ella no deseaba irse al infierno, así, sentada en un pupitre del segundo piso de un centro educativo de tres edificios de ladrillos expuestos y una pista de carreras, la suscrita volvió a enterrarme entre sus piernas durante más años que los que hoy le gusta admitir.

Pero como no hay día que no llegue, ni plazo que no se cumpla, ni lujuriosa que lo soporte, Mónica cumplió 18 años. Sí, tuvo algunos encuentros semieróticos con los seis novios que había tenido, pero ninguno de ellos alcanzó a tocarme; yo esperé paciente el momento porque algo de entretenimiento tuve cuando mi dueña, amante del ejercicio, haciendo abdominales en la clase de educación física tenía orgasmos que no contemplaba como pecados al no ser provocados directamente por ella. ¿Ya ves por qué me cae tan bien?

Decía entonces que mi propietaria cumplió 18. Sus papás le hicieron una fiesta para celebrar la mayoría de edad, con amigos, familia y sí, su sexto novio, quien dicho sea de paso estaba algo frustrado con las continuas negativas de Mónica para irse a la cama, o por lo menos agarrarle algo más que la mano. Se acabó la reunión, familia y amigos se despidieron, los padres se fueron a dormir. Ella le dijo que lo acompañaba a la puerta para despedirlo. Ya ahí, antes de abrirla, se dieron un abrazo en la oscuridad, un beso de película romántica francesa y con las manos metidas en los mutuos jeans reaparecí en escena para no volver a esconderme jamás.

Pero ya luego te contaré de cuando conocí en piel y humedad a otro como yo, porque de tanto hablar de mí a Mónica ya le dieron ganas de saludarme con las yemas de los dedos. Y quién soy yo para hacer caso omiso a esa propuesta imposible de rechazar.


  • Texto publicado originalmente en la revista Vértigo Político en julio de 2020.

Inmaculada o los placeres de la inocencia #LibrosQueMeGustan

Una de las novelas eróticas más poderosas que he leído, este #ViernesDeLectura recomiendo Inmaculada o los placeres de la inocencia, de Juan García Ponce.

Una de las clasificaciones posibles de la literatura erótica es la que se divide en: la escrita por personas calientes, con verdadera vocación y ejercicio de la lujuria en una exploración continua de los límites del sexo, y la que se escribe por moda, imitación o en el afán de vender libros. De cuál de ellas se trata lo percibe el lector en las reacciones que el libro provoca en la piel, en el nivel de excitación y ansias por el orgasmo.

Inmaculada o los placeres de la inocencia es de las primeras. Cuenta la historia de la niñez y la juventud de Inmaculada, un personaje muy peculiar que se deja llevar por el placer sin pensar en consecuencias o complicaciones y huye de quien pretende robarle la libertad. Está narrada, además, con el estilo coloquial y espectacular de Juan García Ponce, uno de mis escritores mexicanos favoritos.

Por ser una novela que provoca gustos culposos y nos recuerda las sensaciones lúbricas y emocionantes de la adolescencia y juventud, Inmaculada o los placeres de la inocencia es mi recomendación en #LibrosQueMeGustan

Mi boca florece como un corte #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura de mediados de agosto de 2021 recomiendo un libro de 74 páginas y la extensión de un monumento: Mi boca florece como un corte, de la poeta estadounidense Anne Sexton.

Mi boca florece como un corte es una antología de una de las autoras precursoras de la poesía confesional. Sus líneas retoman los temas de las angustias femeninas, la incomprensión del mundo y del amor. Ganadora del premio Pullitzer de poesía en 1967, se atrevió a tratar temas tabú como la masturbación, el suicidio, la menstruación, la infidelidad, con un estilo reflexivo y combatiente al mismo tiempo: “Ella es tan desnuda y singular. Ella es la suma de ti y de tu sueño. Escálala como un monumento, paso a paso. Ella es sólida. En lo que a mí respecta, yo soy una acuarela. Lavable.”

Además, su lírica posee una fuerte carga erótica, siempre en un contexto de plenitud e incertidumbre: “… tan sensual como el amarillo-madre en el estanque, aquella noche que fue nuestra, cuando nuestros cuerpos flotaron y chocaron en agua de luna y las cigarras gritaron como lenguas.”

Este es un libro que requiere diversas relecturas en diferentes momentos de la vida. También es un portal hacia el descubrimiento de la obra de Anne Sexton, una mujer que hizo poesía y belleza de la depresión que sufría, aunque decidió morir a los 45 años. “Poemas y solo poemas me han salvado la vida”.

De ficción y carne y hueso: todos son personajes

Una mujer me mira fijo. Tiene los brazos en jarra y pisa a las integrantes de una línea de hormigas con la punta de sus botas negras de tacón. Es rubia, mide 175 centímetros y su impaciencia nace de mi sordera hacia su historia. Se encuentra de pie en la esquina izquierda de mi imaginación, junto a mis sueños guajiros, mi tolerancia a la frustración y mi propensión hacia el chiste fácil; como sabe que es la próxima en la fila de mis personajes de cuento está casi harta de esperar; es bien sabido que toda espera es más incómoda cuando nos sabemos cerca del final. Está ahí, presionándome, con mal gesto, lo que provoca que no encuentre un sitio dónde colocarla: tengo predilección por la alegría y la susodicha no muestra ni un poco.


Me recrimina como El Padre de Luiggi Pirandello en sus Seis personajes en busca de autor: “… el autor que nos creó vivos, no quiso después, o no pudo, materialmente, colocarnos en el mundo del arte. Y fue una verdadera lástima: ya que quien tiene la ventura de nacer personaje vivo, puede burlarse hasta de la muerte, porque no muere jamás.”


Por eso me gusta pensar en la cantidad de orgasmos que personajes que no recuerdo tienen a diario en mi cabeza, en las parejas seducidas por conversaciones y roces de los que no tengo registro, cuerpos con todas las fisonomías posibles y rostros semejantes a mis objetos de deseo masculinos y femeninos, por supuesto; una de las ventajas de ser la autora es que mis personajes se ven como a mí mejor me place y en mis historias sucede lo que a mí se me antoja que ocurra. Una de las ventajas de ser el lector es que los personajes que descubres se parecen también a tus propios entes de anhelo.


Alguna vez le cambié el nombre al protagonista de una de mis novelas después de conocer en una comida a un señor que se llamaba Andrónico, era alto, de pelo castaño oscuro, ojos enormes, guapo como el hombre de mi libro. ¿Cómo resistir la tentación de nombrar a un inquilino de la ficción con el apellido de alguien que habita la no ficción, sobre todo cuando la descripción que configuraste se ajusta de forma tan perfecta a un perfecto desconocido?


Hace años un director de teatro que pretendía montar la obra de mi Tacones en el armario me presentó a quien haría el rol principal. No podía dejar de mirarla: sencillamente era mucho mejor que la Ángela de mi invención; su estatura, su tono de voz, su sonrisa, su complexión, su falda, sus tacones. Aunque no se realizó el proyecto, para mí ella tomó posesión de mi heroína.


Pasa también que la naturaleza chismosa de un progenitor de artificios se vuelve aliada. Otros paraísos terrenales para descubrir protagonistas y sus historias son aeropuertos, restaurantes donde grupos de señoras organizan desayunos mientras sus vástagos están en la escuela, funerarias, cafeterías de hoteles, supermercados, foros de Facebook. Acostumbro a visitarlos junto con mi libreta de apuntes, como una cazadora de palabras e ideas para llevar. A final de cuentas toda la gente que tiene la buena o la mala suerte de cruzarse en mi camino es susceptible de convertirse en habitante de mis mundos de ficción.


Así que ya sabes, si alguna vez nos encontramos y vivimos un momento de alguna especie de universo paralelo o cotidianidad extraordinaria, no dudes en que te convertiré en personaje de mis historias. Si resultas la estrella o uno secundario o incidental dependerá de la intensidad de nuestra interacción.
Bajo advertencia, no hay engaño.


* Texto originalmente publicado en la revista Vértigo Político.

De letras, vida y lecturas…

Los libros siempre han estado ahí, a mi alcance. Primero de mi apatía, después de mi curiosidad, ahora de mi fascinación. Desde mis primeros recuerdos los libreros llenos de lomos con títulos sugerentes y grosores tan diversos como la humanidad son habitantes de los espacios donde respiro, como cómplices incondicionales de mis locuras.

Los primeros que recuerdo son El nuevo tesoro de la juventud, enciclopedia con 20 tomos gris con rojo que fueron fuente de todos mis trabajos de primaria y secundaria. También Mi primera enciclopedia, de Disney, que leí completa de niña; después de comer agarraba un tomo y me sentaba en la escalera de la entrada de la casa a leerlo de principio a fin; en ella aprendí sobre Beethoven y que no todos los pájaros negros con el pico alargado son cuervos, sino arrendajos.

Me acuerdo de Por quién doblan las campanas, de Hemingway, que me llamaba la atención porque el significado que existía en mi mente de la palabra doblar no tenía nada que ver con campanas, que por naturaleza son de materiales no maleables. De Las tentaciones de San Antonio, de Gustave Flaubert, que mi mamá me leía acostadas en la sala y yo imaginaba con los ojos cerrados. De Mujercitas, de Louisa May Alcott, que me hizo empezar a cuestionarme el papel de las mujeres en la sociedad, y a sospechar que mi historia se saldría de las rayas de los cuadernos. Tenía ocho años.

Otro libro que se fijó en mi memoria fue el de la portada con una niña de gesto irreverente tras las rejas, Motín en el reformatorio, de Jack Thomas, que nunca leí, pero cuyo nombre me resultaba confuso a los diez años; yo creía que la niña se llamaba Motín, lo cual me parecía raro, pero no improbable. De Un instante de optimismo, que era una compilación de fragmentos de la obra de varios autores, donde leí por primera vez a Benedetti, el Poema 20 de Neruda, partes del famoso Un mensaje a García, de Elbert Hubbard, que años después leí completo, y otros más que me hicieron enamorarme de la poesía. Aunque no entendía bien a qué se refería Cortázar con el capítulo siete de Rayuela, no podía dejar de leer. Los libreros estaban llenos de universos, y entonces yo empecé a intuir que más allá de las repisas de madera de mi casa se encontraba un mundo entero de letras sobre papel. Y yo quería explorarlo entero.

Tenía 14 años. Vacaciones. La época no era económicamente propicia para salir de viaje: quienes vivimos en México ese verano de 1994 lo sabemos. Mis padres trabajaban, mis hermanas salían con amigos, yo me aburría sola en casa y lo natural fue ir hacia el librero para ver qué encontraba.

Había un lomo amarillo, ancho, que decía El corazón de piedra verde. No recordaba haberlo visto antes por ahí y el verde era mi color favorito, así que la elección fue sencilla. Lo tomé, le di la vuelta y empecé a leer la contraportada. Era una historia situada en México Tenochtitlan en la época de la Conquista, tema que me interesaba por mi predilección hacia lo prehispánico.

Fui a mi recámara, me recosté en la cama y mis ojos empezaron a recorrer las líneas de sus 827 páginas sin saber que conforme iba devorando los párrafos como alguien que no ha comido en días, también iba trazando las líneas de mi destino. A partir de esa novela escrita por Salvador de Madariaga y publicada por primera vez en 1942 para mí el mundo estrenó colores, sonidos, aromas, texturas y sabores. Desde entonces los libros jamás me han quitado el hambre.

Los libros te cambian la vida. Los libros reconfiguran las ideas. No imponen, invitan. No denotan, transigen. No sólo enseñan, sino que convocan a explorar. Cuando lees es inevitable que cambie la vida a tu alrededor.

No sé si hubiera sido buena abogada, una científica que transformara el rumbo del planeta o una empresaria que aportara miles de empleos a la sociedad, no me interesa: desde la mitad de la segunda década de mi existencia supe que la transitaría con los dedos manchados de tinta y los ojos inundados de letras. Ni un segundo he soñado con que sea de otra manera.

Si quieres leer mis libros, puedes conseguirlos aquí:

La muerte en Venecia #LibrosQueMeGustan

Una novela breve, de intensidad abrasadora, el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura, La muerte en Venecia, del escritor alemán Thomas Mann, es uno de mis eróticos favoritos, aunque no está clasificado en ese género.

Gustav von Aschenbach es un escritor de 50 años, aclamado y reconocido por propios y extraños, pero presa de una soledad filosa y melancólica. Decide viajar a Venecia en la búsqueda de su inspiración perdida y lo que encuentra es a Tadzio, un adolescente de 14 años que le roba la paz, el oficio y hasta la cordura.

La narrativa de esta historia es elegante, muy filosófica, plagada de reflexiones acerca de la vida, la creación artística, la poesía. En ella encontramos el contraste entre la decadencia física del hombre y su entorno, contra la elevación del espíritu que supone estar enamorado.

Su tema es algo políticamente incorrecto, y aunque quizás las tribulaciones de un señor maduro que siente deseo por un niño de 14 años es algo que mucha gente no querrá leer, rescato este título por su perfección literaria y por la dolorosa humanidad que confiesa, porque sí: se necesita valentía para reconocerse débil ante los apetitos, y aún así tener la fortaleza para amarlos desde la lejanía.

El libro de la luna #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomiendo un viaje literario hacia la luna con el libro de Fatoumata Kébé, astrónoma, astrofísica y educadora francesa: El libro de la luna.

El libro de la luna es un ensayo contado con el entusiasmo de alguien que platica un hallazgo y necesita compartirlo con los demás porque es demasiado bueno como para no provocar ese choque de adrenalina de las buenas noticias con otros.

Aquí podrás leer diferentes teorías del origen de la luna, desde las cosmogonías de los pueblos originarios, que se adelantaron siglos a la NASA.

En estas páginas encuentras mitos de las fases de la luna, datos científicos que bien podrían ser datos curiosos, perfectos para los amantes de las peculiaridades, la explicación de su influencia en las mareas, tanto del mar, como de los ríos, y (algo que no sabía), también de la tierra. Sí, ¡existen las mareas terrestres!

Además de la historia de las exploraciones hacia el espacio con el objetivo de “alunizar”, desde los primeros intentos en la Guerra Fría, hasta los rumores de falsedad de lo sucedido el 16 de julio de 1969.

El libro de la luna es perfecto para aquellos curiosos acerca del satélite de la Tierra, escrito de forma amena, como un primer acercamiento a sus misterios, uno de los que más ha fascinado a los seres humanos desde el inicio de los tiempos.

Escritos de un viejo indecente #LibrosQueMeGustan

Uno de mis gustos culposos literarios, que prueba que quizás fallé como feminista, es la obra que les recomiendo este #ViernesDeLectura: Escritos de un viejo indecente, de Charles Bukowski.

Desde la primera vez que leí los relatos de Bukowski en La máquina de follar quedé absolutamente maravillada con su estilo desfachatado, directo, decadente en lo cotidiano; confieso que fue y ha sido uno de los mentores, a través de sus libros, de mi propia libertad narrativa.

Escritos de un viejo indecente es la compilación de historias que el autor publicó en su columna de la revista underground Open City, allá por los años 60 en Estados Unidos. En cuanto empezó a tener lectores se convirtió en una celebridad. Aunque los textos eran por encargo, él se escribió a sí mismo, algunos dicen que con exageración (pero no estoy muy segura), entre borracheras, mujeres, conversaciones absurdas y muchas situaciones que nos avergonzarían del género humano.

O tal vez por eso este libro resulta tan atractivo. Y porque, irrespetuoso, machista, degenerado, es testimonio de una época, reflejo de aquella y otras sociedades.

Jugaré contigo #LibrosQueMeGustan

Los caminos del erotismo son profundos, anegados de recovecos misteriosos; cada quien configura en su tránsito por la vida aquellos placeres con los que enriquecerá sus experiencias.

Por eso este #ViernesDeLectura quiero recomendarles Jugaré contigo, de Maritza M. Buendía, una novela sugerente, con el deseo como protagonista de los dos personajes principales, Susana y Levent, una mexicana y un turco que se encuentran para desentrañarse. Está narrada de manera elegante, muy intensa.

En Jugaré contigo cada capítulo revela fragmentos de la historia de Susana, el génesis de su predilección por leer a los hombres con quienes interactúa en el sexo para provocarles el placer preciso, no solo en el cuerpo, sino en el espíritu.

Una novela escandalosa, muy bien escrita, que sucede entre vitrinas en Amberes, una casa de muñecas y la ausencia de los padres, recomendable para disfrutar de unas horas de regocijo para la imaginación.

Dos soledades #LibrosQueMeGustan

Si quieres escribir, escribes o convives con un escritor y deseas comprender su obsesión por las palabras y las historias, entonces tienes que leer el libro que recomiendo en este #ViernesDeLectura: Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina.

Era 1967, Gabriel García Márquez acababa de publicar Cien años de soledad con un éxito rotundo e inesperado. En ese contexto fue invitado a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería, en Lima, para tener una conversación con el recién galardonado con el premio Rómulo Gallegos: Mario Vargas Llosa.

Ahí, los dos futuros premios Nobel de Literatura hablaron del Boom latinoamericano, de la creación literaria, del proceso creativo detrás de los libros de García Márquez, pero, sobre todo, del espíritu de los escritores, sus motivaciones personales y políticas; de sus obsesiones.

Aquella plática fue compartida de mano en mano en fotocopias, durante años, con el título La novela en América Latina y ahora podemos recuperarla, junto con otros testimonios de la época, en Dos soledades, para beneplácito de los amantes de los libros, la ficción y algo de chisme literario.

Para mí leerlo fue tan revelador, que me provocó sonrisas, suspiros y lágrimas de felicidad.

Tus mujeres de mis orgasmos #autoentrevista

CELOS Y ORGASMOS

Tus mujeres de mis orgasmos surgió de una de mis más significativas contradicciones: la libertad de espíritu y los celos.

Me explico: crecí, como la mayoría de las personas de mi generación, las previas y algunas posteriores, con la idea de que el único esquema de relación era la monogamia: un hombre y una mujer. Más adelante, a los 20 años, gracias a uno de mis mejores amigos de la época, descubrí que también existían las relaciones homosexuales (en mi casa no se hablaba de eso, simplemente no existían) y entonces la visión de la monogamia se expandió a mujer con mujer y hombre con hombre, cada uno con su cada cual. Nada más uno, eso sí.

Desde mi primer novio, a los 14 años, mi constante en las relaciones fue empezar con el siguiente novio mientras aún seguía con el anterior. En esas infidelidades había un enorme componente de placer y satisfacción, pero también uno gigante de culpa, me sentía descompuesta de algo, y esa percepción de ser defectuosa hacía mella en mi autoestima, en mi alegría, en la calidad de mis relaciones, dirigiéndolas más hacia el conflicto, que hacia el gozo. Como eran novios no me parecía tan grave, cuando me casara sería diferente.

Además, no conocía los celos. No en mí.

Los conocí ya casada, al descubrir la primera infidelidad de mi esposo. Debo decir que me lo merecía, al único novio que no le puse el cuerno fue al del kínder, a los demás los reemplacé por otro, incluso a mi exmarido, a una velocidad sorprendente.

Me divorcié por infiel. Desde entonces reconocí que eso de la fidelidad no era lo mío, y no la deseaba más. En ese contexto inicié una relación con un hombre igual a mí.

El detalle fue que de pronto, el saberlo con otras me detonó todas las inseguridades del mundo. Yo era muy feliz cogiendo a diestra y siniestra, pero si él lo hacía, me enojaba; así supe que esa sensación de sudor frío, palpitaciones aceleradas, verborrea mental e insomnio irracional se llamaba celos.

Y yo, la mujer segura de sí misma, dueña de su amor propio, estado de ánimo y destino, se convirtió en lo que juró destruir.

Hasta una tarde, mientras el sujeto de mis celos y suspiros se entretenía con la lengua en mi coño yo exploraba fantasías para potencializar las sensaciones de mi clítoris con la imaginación, y me permití crear en mi cerebro una imagen de él con otra mujer.

El resultado fue un orgasmo extenso, alargado y abismal, y así fue como descubrí que hasta los celos podían ser juguetes, herramientas, dispositivos abstractos para mi placer.

De esos ensueños surgió Tus mujeres de mis orgasmos, y aquí es donde confieso que las historias contadas son ficciones con mucha, pero mucha relación con mis recuerdos y la realidad.

El libro está escrito en segunda persona para ser yo quien te cuenta la historia en dos presentes simultáneos, el de la realidad y el de la fantasía, por eso si escaneas el código QR al inicio de la historia apareceré en tu celular leyéndotela al oído. ¡Viva el placer!

Mónica Soto Icaza


Si quieres leer el libro impreso lo encuentras aquí:

PORTADA TUS MUJERES DE MIS ORGASMOS

Tus mujeres de mis orgasmos

La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar. En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo. Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua. Mónica Soto Icaza lee al oído la historia más intensa, explícita y erótica que ha escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad.

190,00 MXN

Si quieres leer el libro en Amazon para Kindle:

https://www.amazon.com.mx/mujeres-orgasmos-M%C3%B3nica-Soto-Icaza-ebook/dp/B08PZB6BG1/

Fotografía del post: Li Oñate

Erotismo cotidiano

Una pareja tomada de la mano detona fantasías en mi imaginación, puede ser para escribir una historia o simplemente para entretenerme en ratos de ocio. Al mirar a dos individuos con los brazos entrelazados y la lengua en sincero coloquio, mi cuerpo insinúa las sensaciones de yemas de los dedos a los costados de mi vientre –mi punto débil– y entonces despierta el deseo de posar las manos en el teclado o empuñar la pluma y trazarme en la página en blanco para recorrer mi inventario particular de sonrisas:

La voz de ese hombre. La obsesión por la humedad relativa de un explorador en los Andes. El sexo infinito de un extranjero. Las uñas pintadas de negro del amante del jardín de higueras. Las visitas a los museos del viajero con el beso furtivo en la punta de la apetencia.

Las erratas en las páginas de las enciclopedias. Los poemas que el de los dedos como extensión de cuerdas de guitarra dejó en pedazos en la puerta de casa. El cronómetro de cristal donde se reflejó el asombro de un hallazgo. La boca que me dijo con certeza que sabría besar.

Las cicatrices en las falanges por unas baquetas. Los días oscuros del poeta con la gloria y el infierno entre los vocablos. El miedo de uno, ese y el otro. Mi miedo. La imperfección para hablar, junto a la perfección para seducirnos. Las quinientas noches de Sabina. Los despertares con Bach. La nostalgia por la muerte de Joao Gilberto.

Así es cómo en mi piel nacen las historias que se recrean en los ojos de los lectores; cómo en mis labios sucede la génesis de los personajes que se convertirán en entrañables o incómodos de aquellos dispuestos a compartir conmigo un fragmento de su tiempo en forma de prosa o poesía: entre la realidad y la ficción de mi propia vida que trasmuta en recuerdos a conveniencia.

Entonces pienso en quién pudo haber sido la musa de Carlos Fuentes cuando tecleó estas líneas en su libro La muerte de Artemio Cruz: “Ese cuerpo no era de él: Regina le había dado otra posesión: lo había reclamado con cada caricia. No era de él. Era más de ella.” Esa precisión al elegir las palabras, el aleteo de mariposa que detona en las emociones no pueden ser solamente ficción: tuvo que experimentarlo para describir con tan dolorosa exactitud, tuvo que haber sido poseído por alguien que más tarde inmortalizó en Regina.

Mientras leía El hombre que fue jueves cuestioné, llegando casi al final de la novela, ¿en qué terreno de qué país y con qué nivel de silencio habrá estado Chesterton para escribir: “El amor de la vida lo invadía todo. Hasta se figuró que oía crecer la hierba”? ¿Quién, que haya visitado un campo de espigas un día de viento, puede evitar el estremecimiento de ese sonido apenas perceptible, pero de una fuerza arrebatadora?

O algo tan simple como lo que Alain de Botton convirtió en literatura en su magistral El placer del amor: “El teléfono se vuelve un instrumento de tortura en las demoníacas manos del ser amado que no llama”, que no necesita explicación para nosotros, integrantes de la sociedad occidental que han sido educados por el amor romántico, y además adictos irredentos a la tecnología.

Si yo te preguntara a qué huele el cuello de la mujer que amas o cómo describirías la textura de las gotas que se desprenden de la regadera cada mañana y te refresca de calores y pesadillas, la respuesta seguramente sería un poema.

Así es como el erotismo es amo y señor de la cotidianidad.


*Este texto fue publicado originalmente en mi columna Por una vida sexy de la revista Vértigo Político.

El invencible verano de Liliana #recomendaciónliteraria

Liliana Rivera Garza fue asesinada hace poco más de treinta años. La mató el hombre que supuestamente la amaba. La mató porque ella ya no lo amaba a él. La tan famosa frase “si no eres mía, no serás de nadie”, pronunciada incontables veces en la ficción, romantizada tantas veces en la realidad, para Liliana significó el fin. Tenía 20 años y el mundo a sus pies. ¿Cuántas Lilianas han tenido que pagar el mismo precio por intentar vivir siendo amas y señoras de sus decisiones?

En El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza, autora del libro y hermana de Liliana, escribió un retrato narrativo de la mujer detrás del morbo de nota roja, además de contarle al lector el viacrucis que implica tratar de encontrar el expediente de un asesinato que sucedió hace treinta años y que quedó impune.

Estudiante de arquitectura con vocación de escritora, Liliana era amante de escribir cartas y notas en incontables libretas y papeles sueltos. Gracias a esos recuerdos y a los testimonios de sus amigos más cercanos y parientes más queridos, Cristina Rivera Garza trae a la vida a la mujer intensa, apasionada amiga, estudiante dedicada, locuaz, joven soñadora con mil futuros distintos al alcance de su gran imaginación, para compartirnos un texto que es al mismo tiempo homenaje y protesta, narrado, además, con una mezcla de rabia y belleza que por igual contagia indignación, que sonrisas melancólicas y muchas lágrimas.

El invencible verano de Liliana es un libro obligado en este país en el que matan a 10 mujeres diariamente por el simple hecho de ser mujeres. Porque ya es tiempo de acabar con esta impunidad.

La poesía de los números #LibrosQueMeGustan

Compré el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura hace algunos años. Me llamaron la atención el título, la imagen de la portada, la edición en pasta dura con tela blanca. Del autor no sabía nada.

No fue sino hasta el pasado domingo de elecciones que lo elegí del librero de mi recámara y, entonces, de las 12 del día a las 3 de la tarde el tiempo se contrajo de tres horas a cinco segundos en los que mi cuerpo fue explosión de endorfinas y mis neuronas se regocijaron de hallazgo en hallazgo.

Hablo de La poesía de los números, de Daniel Tammet, un conjunto de ensayos de este matemático que se dedica a escribir, que retoma temas como el ajedrez, la desigualdad, la literatura y hasta su propia historia familiar y los cuenta desde su muy particular punto de vista, todo relacionado con predicciones, números y ecuaciones.

Esta obra introduce al lector en la mente de un hombre que percibe los números con colores y siluetas, lo que les da una dimensión distinta para comprender el mundo con un marco de referencia personal mucho más amplio.

La poesía de los números es un libro para leer despacio, un texto divertido y disfrutable que garantizo no pasará desapercibido.

“Una buena confesión”, de Alicia Strathern #autora invitada #escritura creativa

Un sábado a media mañana, Ernestina fue a la catedral a confesarse, aprovechando que andaba de paso por la zona centro comprando churros. Su conciencia pedía a gritos ir con el Padre para encontrar paz interior, pero ella no estaba del todo convencida de querer hacerlo.

Al entrar fue derechito a la fila del confesionario y buscó espacio en alguna banca para sentarse. Había tanta gente formada que incluso pensó en regresar otro día. Pero no. Si ya estaba ahí, ya no había vuelta atrás. Su conciencia no la iba a dejar dormir.

Por fin, tras encontrar un asiento, dejó su alma descansar por un breve momento. Sus ojos se posaron en una manta azul clavada en la pared que sobresalía por sus enormes letras blancas. Imposible pasarlo desapercibido y menos porque contenía las tres claves para lograr una buena confesión:

  1. Hacer examen de conciencia
  2. Arrepentirse
  3. Cumplir la penitencia

Tras leer esas líneas, Ernestina supo que sería una confesión difícil. Sobre todo, por el punto dos. Media hora después de haberse sentado, llegó su turno. Entró al confesionario y se hincó automáticamente. El Padre se asomó por una ventanita para dar inicio al sacramento.

“Ave María purísima.”

“Sin pecado concebida.”

“Dime tus pecados.”

“Pues verá, Padre, acúseme de serle infiel a mi novio con el pensamiento. Resulta que hay un compañero en el trabajo que me gusta un montón y pues… pues… ya ve, la mente cómo vuela. Tuve un sueño donde él y yo hacíamos de todo. Lo que se dice TODO. Pero fue sólo un sueño. Más bien, una pesadilla. O no. Es que sí me gustó.

“Mi otro pecado pasó hace unos días con el señor que entró a mi casa a entregar el garrafón de agua. Siempre me hace el favor de ponerlo en el columpio. Esta última vez hizo un movimiento tal que quedó al descubierto la rayita divisoria de las nalgas y pues… yo me le quedé viendo porque no sabía a dónde más voltear. Está bien formadito el condenado.

“Pero se vale mirar sin agarrar, ¿verdad? No, no se moleste en contestar esa pregunta, Padre. Mejor le cuento otras cosas.

“Hace tres fines de semana me la pasé comiendo pasitas con chocolate todo el día. Y ya que cayó la noche, me comí un pastel de chocolate entero yo solita. Yo no lo consideraría gula. Fue un día de agasajo y a veces el antojo gana, ¿apoco no? No me diga que usted no tiene antojos, no se haga.

“Otro pecado: me he quedado despierta a altas horas de la noche viendo programas de debate político sin entender nada de lo que se está hablando. Espérese, antes de que me diga cualquier cosa: no, no se ha hablado sobre supuestos asuntos de corrupción en la arquidiócesis o cosas así. Quédese usted tranquilo. Mi intención es estar un poco más informada sobre las cosas que pasan en nuestro país. Creo que abrir la mente a otros temas no hace daño.

“¿Sabe qué? No sé a qué vine. No he hecho nada malo y mientras ame al prójimo como a mí misma todo está bien. Y vaya que sí quiero andar por la vida dando amor. Que Dios lo perdone a usted. Buen día.”

Alicia Strathern


*Este es uno de los cuentos concebidos durante la primera generación de mi Taller de Escritura Creativa.

El emperador de Portugalia #LibrosQueMeGustan

De la primera mujer ganadora del Premio Nobel de Literatura, este #ViernesDeLectura les recomiendo El emperador de Portugalia, de Selma Lagerlöf.

Con toques de magia en medio de la vida campesina, esta obra publicada en 1914 cuenta la historia de Jan, un campesino pobre que se casa viejo y engendra a una hija que no desea. Sin embargo, al momento que le ponen a la bebé en los brazos, se crea un lazo inquebrantable entre ambos, tanto que ella es bautizada por el sol con el nombre de Klara Fina.

El cuento de hadas del idilio entre padre y niña se quiebra cuando ella debe ir a la ciudad a buscar trabajo y poder ayudar a sus padres a pagar una deuda aparentemente imposible de saldar.

Tras varios meses de silencio los rumores acerca de la ocupación de Klara Fina amenazan la cordura de su padre, quien se convierte en un personaje de cuento, tanto para sus compañeros personajes de la novela, como para el lector.

El emperador de Portugalia es un libro íntimo, una fiesta de emociones, asombros y sonrisas. Una fábula de los alcances del verdadero amor.

“Imágenes”, Alejandra Hernández #autorainvitada #escrituracreativa

No me tocó estar en el exhibidor. Al principio lo deseaba, era el mejor sitio para ver todo el lugar, desde ahí se podían observar las hermosas botellas de perfumes o mujeres buscando el maquillaje que mejor les quedaba en la piel. Con un poco más de atención, y si tenías un lente gran angular, lograbas enfocar a los niños buscando la consola de moda: El Atari.

No llevaba mucho tiempo en la vitrina, estaba rodeada de cristales para que me pudieran ver. Me colocaron entre un modelo parecido a mí y una videocámara. Yo tenía el flash integrado y no esos bulbos que se iban quemando poco a poco cada que se tomaba una foto; me daba terror imaginar irlos viendo ennegrecer para que saliera bien la imagen. Yo aventaba una lucecita.

En mi caja habían incluido un rollo y una funda de regalo, eso era maravilloso porque seguramente me preferirían sobre otras cámaras. Faltaban algunos días para las fiestas de fin de año y cada vez nos visitaba más gente. Se apretujaban y hablaban casi gritando para pedir los artículos que serían los regalos de esas fiestas. Había niños y no tan niños pidiendo juegos, consolas, discos de vinilo o juguetes.

Me guardaron en la caja. Pasaron algunos días y yo seguía adentro, estaba ansiosa por ver a mi dueño. Unas manos pequeñas y algodonosas me sacaron del empaque, era una niña que abría los ojos llenos de emoción, daba grititos y unos brincos que agradecí que me agarrara bien porque no quería estrellarme en el suelo apenas estrenándome en el mundo..

Estábamos en una estancia llena de adornos rojos y dorados, había un gran árbol con esferas, figuritas de diferentes tamaños y colores, tenía una tira de luces que se apagaban y encendían de acuerdo con la melodía que tocaba. Había más personas en el lugar, todas se veían contentas, divertidas con copas o vasos en sus manos, abrían las demás cajas que estaban bajo el árbol. Los regalos tenían envolturas de diferentes colores, algunas con moños enormes. Había más obsequios para la pequeña, pero ella sólo me quería a mí. 

Lina me puso el rollo y empezó a tomar fotografías, me agarraba con sus dos manos y apretaba el botón para la foto del perro, de la mamá, del árbol, del papá y otra vez del perro, que no se quedaba quieto y teníamos que andarlo correteando. Me gustaba estar cerca de su cara;  que a través de mí ella pudiera ir viendo y captando lo que era tan importante como para ser fotografiado.

Se acabó dos rollos de 24, le pidió a su mamá que los llevara revelar. La espera se hizo eterna, estábamos ansiosas por ver las imágenes. Cuando entregaron el paquete lleno de fotos Lina se puso a observarlas, estaba emocionadísima, algunas estaban desenfocadas, otras tomadas demasiado cerca y solo aparecían ojos, en general todas se veían bien. Escogió las que más le gustaron y las pegó en la pared de su habitación. Poco a poco las paredes se fueron llenando de imágenes del mundo visto a través de sus ojos y de mi lente.

Las manos de Lina se volvieron más expertas en el manejo de mi mecanismo, las paredes de su habitación casi se llenaron por completo. Yo iba con Lina a todas partes después de que regresara de la escuela, siempre había algo que quería plasmar y agregar a su galería. Un nuevo camino, una rama de árbol que quedaba salida y que nos reducía el paso, un automóvil rojo.  

Dejó de tomarle fotos a su perro, ya no estaba. En las últimas imágenes noté que el animalito había cambiado mucho, su paso era más lento, le costaba trabajo encontrar el camino, Lina ya no corría detrás de él.

Las imágenes que tomábamos fueron diferentes, Lina me llevaba a lugares nuevos, ya no eran fotos de flores o pájaros, ya no eran sus padres o la bici en la que juntas nos íbamos al parque. Se tenía que esconder atrás de alguna barda o sacar la foto desde una ventana. No quería que le cayera alguna granada o que le fueran a disparar por equivocación a pesar de que llevaba un distintivo de prensa. Nos acompañaba un joven que la protegía, le decía si tenía que agacharse o le indicaba si debía sacar alguna foto de los rebeldes. También venía con nosotros una chica pecosita, Lina le sacó una foto porque dijo que en su cara se veían las constelaciones. Estuvo en nuestro grupo algún tiempo. La imagen que le había tomado se la envío a su mamá, en quien también se reflejaban Orión y Casiopea. Sería el último recuerdo de la hija que no regresaría.

Lina me cuidaba mucho, una vez quisieron arrebatarme de sus manos. Eran tres personas con miradas vacías, miradas de hielo. Tenían en sus manos armas con las que la amenazaron para que me entregara. Ella se mantuvo firme, no permitió que me llevaran. Sacó el rollo y se los entregó, con eso se quedaron más tranquilos y nos dejaron en paz. Cuando le contó la historia a Jorge, el muchacho que nos acompañaba, él se quedó en silencio, se veía preocupado. Le dijo que no podía estarme defendiendo y que podrían haberla lastimado. Ella no se movió. En secreto me dijo que nunca permitiría que nos separaran. Consiguió más rollos. Seguimos escondiéndonos para poder sacar imágenes. 

Esas fotos no terminaban en sus paredes.

Lina me limpió como otras veces, pasaba tela y líquido en mis lentes, eran mis momentos favoritos porque me hablaba, me contaba historias. Me agradeció el tiempo que pasamos juntas, el premio World Press Photo of the year que ganamos. Me colocó en un estante, desde ahí podía ver hacia la ventana y además estaba acompañada de sus libros favoritos. Me dijo que no quería perderme y que siempre sería especial para ella.

A través de la ventana podía ver el columpio que pusieron en un gran árbol para que Lina jugara, desde donde tomamos algunas imágenes porque quería ver cómo salían si se columpiaba rápido. Ahora permanecía vacío, moviéndose  con el viento. Lo mejor eran los días de lluvia, las gotitas rebotaban y hacían que el asiento cambiara de color. A veces se llenaba de hojas cuando el árbol decidía que había llegado el invierno. Los padres de Lina entraban muy pocas veces a su cuarto, pero los veía caminar cerca del árbol.  

Lina me visitaba sobre todo en fechas especiales, días de fiesta. La acompañaba Jorge, la sigue cuidando. Esta vez, Lina trajo a una niña que me recordó a ella cuando me sacó de la caja. Me presentó como la compañera de vida con quien había compartido infinidad de historias, viajes, peligros, alegrías,  imágenes. Me puso en las manos de la pequeña a quien llamó hija. La niña sonreía, me pusieron un rollo y las tres nos fuimos al jardín.

Alejandra Hernández


*Este es uno de los cuentos concebidos en la primera generación de mi Taller de escritura creativa. Fue publicado con autorización de la autora, a quien le agradezco profundamente.

“¡Huevos!”, Marcela Osuna #autorainvitada #escrituracreativa

En el cartón de 18 huevos sólo quedaban Blanquillo y su vecino:

—Adiós, amigo, ha llegado la hora. Serás tú o yo.

—Quizás los dos al mismo tiempo, carnal, ya ves que así se fueron los demás, de a dos en dos. No te me achicopales, para esto nacimos, vamos a cumplir nuestra misión de vida.

Levantaron la mirada, una mano se aproximó y tomó a Blanquillo.

“¡Hey, pérate! ¿A dónde me llevas si la estufa se quedó atrás? ¿Oye, para salir qué no me debes de cocer?¿Qué haces, por qué me metes en este lugar? Está muy oscuro.

“¡Ay, güey! Esto se mueve un buen, tranquila, recuerda que voy aquí adentro, sin cocer soy más frágil.

“¡Huy, no! Se reduce mi espacio, este libro se me está pegando mucho, hazte a un lado, cabrón, no quiero terminar revuelto con un labial, un rubor, una brocha, Kleenex, dos plumas, unos chicles, monedas y aplastado mi hermoso ovalado cuerpo por La peste, de Camus… pa´ peste la que voy armar si me olvidan aquí.

“Vaya, por fin esto dejó de moverse.

“Allá afuera huele a incienso, alcanzo a escuchar algo como rezos, a ver, silencio todos, déjenme escuchar:”

—Hola, Marianita, qué bueno que llegaste temprano, puedes quitarte tu ropa atrás del biombo, cuando estés lista te paras al centro del triángulo de sal que tracé en el piso.

—¿Me tengo que quitar todo, Don?

—Para que sea efectiva, así debe ser. ¿Traes el huevo?

“Por fin me va a sacar, ahora sí, alimentaré a un ser humano, qué labor tan digna la mía.

“Qué pedo con este tipo disfrazado de rey mago… oye, por qué me embarras en… bueno está bien, síguele. Estas montañitas están a toda madre de suavecitas, son como dos pastelitos esponjocitos con cerecitas duritas pero cafecitas, ¡no pinches mames!, ya sé dónde estoy, qué suerte me cargo, mi compadre no me lo va a creer.

“¿Ahora vamos a?, mmm huele a perfumito, este cuello está deli, jiji, me da cosquillas tanto pelo, ¡ah, caray! No me bajes tan rápido que me mareo, ¿neta para allá? Mi rey… ya no te tardes tanto aquí, no vaya a ser que se le salga un pedo.

“Qué pex, por qué te agachas, no manches, no manches, ay, no manches, qué asco, iu, por ahí no…

“Pinche rey mago, debería ser yo el que roza la piel, tus dedos no me están dejando sentir nada, güey.

“Huy, la Marianita se movió y casi me tira. Tan interesante que estaba.”

—¡Esto no es una limpia! Deme el huevo.

“Ups, creo que voy a volar…”

—¡Huevos, imbécil!

“¡No friegues! Ahí te voy, pinche rey mago, directito a tu jeta.

“Buen tino que tuvo la Marianita.”

Marcela Osuna


*Este es uno de los cuentos concebidos en la primera generación de mi Taller de escritura creativa. Fue publicado con autorización de la autora, a quien le agradezco profundamente.

Las batallas en el desierto #LibrosQueMeGustan

Uno de los libros más famosos y entrañables de la literatura mexicana, este #ViernesDeLectura recomiendo Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, una historia de ternura, amores imposibles, corrupción, infelicidad. De cambios inevitables.

Escrita con una prosa seductora,  estilo inconfundible de su autor, cuenta la historia de Carlos, un niño del México de la posguerra, quien se enamora de Mariana, la madre de su amigo Jim, una mujer que al ser madre soltera es acusada de “dudosa moral”.

Las batallas en el desierto trata la corrupción política y social de México, además de entrar en el caos de los padres del protagonista, preocupados por el futuro y la suerte de su vástago, presa de un amor imposible hacia la peor fémina posible, que lo ven como la víctima de un accidente potencialmente mortal.

Esta obra de José Emilio Pacheco es  el relato sin melancolía de una Ciudad de México despiadada, pero en la que son posibles aún las leyendas de amor, aunque sean utópicas y estén condenadas al olvido.

Conquistar con estilo

Bienquisto (de buena fama y generalmente estimado) lector,

Es bien sabido que en el juego del amor y la seducción la palabra es núcleo y espina dorsal; creadora de alacridad (alegría y presteza del ánimo para hacer algo) o andróminas (embustes, enredos). Por eso en esta ocasión es de mi apetencia compartir con usted este breve glosario de vocablos para fascinar con estilo y elocuencia a la persona blanco de sus diligencias erubescentes (que se pone rojo o que se sonroja).

Esta ineluctable (dicho de una cosa: contra lo cual no puede lucharse) historia de amor comienza en una de las horas más románticas de la noche: el conticinio, cuando todo está en silencio, la piel dispuesta a ser territorio para las yemas de los dedos y los ojos se convierten en naifes (diamante de calidad superior) fúlgidos (brillante, resplandeciente).

Los personajes son Ella y Él. La situación un sueño estuoso (caluroso, ardiente, como encendido o abrasado). No sabemos quién de los dos fantasea.

En un extremo de la banca de un parque está Ella: labios rusientes (que se pone rojo o candente con el fuego), epidermis ebúrnea (parecida al marfil), aladar (mechón de pelo que cae sobre una de las sienes) que cubre una mirada godible (alegre, placentera).

En la otra orilla de la misma banca está Él: jarifo (rozagante, vistoso, bien compuesto o adornado), cabello ubérrimo (muy abundante y fértil) y sonrisa leda (alegre, contenta, plácida).

Cada uno lee, atrapado en las páginas de su respectivo libro (o tal vez en las pantallas de sus teléfonos, pero esto es ficción y soy dueña de mis licencias poéticas).

Como si el árbol detrás de la banca hubiera sido sembrado justo en ese sitio para este preciso instante, el desprendimiento de una rama con su respectivo estruendo provoca que las pupilas de nuestros protagonistas converjan: Deliquio (éxtasis, arrobamiento), lampo (resplandor o brillo pronto y fugaz, como el del relámpago), amatividad (instinto del amor sexual); una certeza inefable (que no se puede explicar con palabras) del inicio de una mirífica (admirable, maravillosa) coincidencia.

El “hola” que obtiene respuesta indica un romance agible (factible o hacedero). Sus manos desean invocar a la decencia, pero la boca del uno y la lengua de la otra ignoran las formas y se dejan llevar por la salacidad (inclinación vehemente a la lascivia).

Ahí, parados sobre la tierra de este opimo (rico, fértil abundante) parque de ensueño sucede un liento (húmedo) beso que continúa en una habitación extraña inundada de sonidos gemebundos (que gime profundamente) y movimientos titilantes (agitarse con ligero temblor).

Minutos lautos (ricos, espléndidos, opulentos), en los que ellos luden (frotan, estregan, rozan algo con otra cosa) en una venusta (hermosa y agraciada) danza de mador (ligera humedad que cubre la superficie del cuerpo, sin llegar a ser verdadero sudor), digna de prosternarse (arrodillarse o inclinarse por respeto) y anotar en la bitácora coruscante (que brilla) de utopías a ras de alcoba.

El despertador interrumpe a quien sueña justo en el momento en que el sol dibuja el contorno de las montañas. El quillotro (amorío, enamoramiento) se ha esfumado, pero quedan en su cuerpo algunas escurrimbres (últimas gotas de un líquido que se ha quedado en una vasija) inolvidables.

*(Significados del Diccionario de la Real Academia Española).


Columna originalmente publicada en la revista Vértigo Político.

Mientras escribo #LibrosQueMeGustan

Llegué al libro que les recomiendo hoy buscando alguna respuesta a una angustia de novelista que no lograba desentrañar para terminar la historia que estoy escribiendo, y lo que encontré fue un libro que desde las primeras páginas se convirtió ya en uno de mis favoritos: Mientras escribo, de Stephen King.

Mientras escribo es la autobiografía novelada y manual de escritura de Stephen King. Escrito con el sentido del humor, la ironía y la vasta imaginación, estilo inconfundible del autor, es un viaje de inmersión hacia su mente, su proceso creativo, los golpes afortunados y desafortunados de suerte en su trayecto a convertirse en autor referente de la literatura de terror, fantástica y ciencia ficción.

Por otro lado, también es un cúmulo de consejos de escritura directos de su experiencia, desde la infancia con Dave, su hermano y cómplice, pasando por su etapa de adicciones a alcohol y drogas, y la redención al lado de su principal lectora, secuaz y esposa Tabitha.

Mientras escribo es el libro perfecto para quien busca leer una historia humana y extraordinaria, para quien necesita algún norte al crear sus propias ficciones y, sobre todo, para curiosos irredentos de la vida y obra de un creador tan prolífico como Stephen King.

Papeles inesperados #LibrosQueMeGustan

Los libros tienen una magia especial. Así como dicen que “el que busca encuentra”, la manera en que coincidí con mi recomendación para este #ViernesDeLectura fue tan mágica como el libro mismo: lo encontré entre revistas de cocina, manuales de superación personal y best sellers en la feria de libro de un supermercado. ¡Y me costó $30.00 pesos! (Hallazgos así no los tiene ni Obama).

El libro es Papeles inesperados, de Julio Cortázar, nada más y nada menos, publicado después de 25 años de la muerte del autor, e, irónicamente después de la publicación de sus “obras completas”.

Papeles inesperados es una colección de textos sueltos, inéditos, encontrados por su viuda, Aurora Bernárdez en una cómoda abandonada a su suerte durante años. Dividido en Prosas, Entrevistas ante el espejo y Poemas, se compone de fragmentos, prólogos, notas, cuentos, poemas, discursos y mucho más.

Leerlo es como entrar en el proceso creativo del autor a lo largo del tiempo, como un voyerista que no nada más desea ver lo que él decidió digno de compartir, sino lo que descartó u olvidó, que no deja de tener el brillo, el ingenio, el sentido del humor y la desconstrucción magistral del lenguaje que hace que amemos tanto a Cortázar.

Por eso aquí les dejo una muestrita para abrir boca:

“Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.” Julio Cortázar

Sexo y libros

“¿Por qué escribes literatura erótica?” es la pregunta que más he escuchado. La respuesta es inminente: porque el sexo y los libros son lo que más me gusta en la vida. La justificación podría ser innecesaria, pero —en mi interior habita una exhibicionista— encuentro un deleite exquisito en contar mis intimidades.


Descubrí el sexo antes que los libros, por humanas razones. Me apasioné primero por los libros que por el sexo, por sociales razones. A los 14 años la voluptuosidad de las imágenes provocadas en mi mente por ese artefacto de tinta y papel encuadernado que tenía en las manos me hicieron adicta al deleite de leerlo todo, desde las etiquetas del champú en la regadera, hasta las dos enciclopedias de casa (pasando por carteles, folletos, boletos de estacionamiento, instructivos). Todo.


Llegaron mis 15 años. Primero de preparatoria. La profesora de literatura nos dejó leer Arráncame la vida de Ángeles Mastretta. Atrapada desde las primeras páginas, fueron unas cuantas palabras las que releí una y otra vez, intrigada: “Yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa.” El resultado fue humedad inminente en mi entrepierna.


Las primeras veces son acontecimientos importantes en la vida de toda persona. Para mí esa lo fue. Descubrí que toda pieza literaria es erótica, no solamente porque contiene algún capítulo con contenido sexual propio de la cotidianidad, sino por la cantidad de sensaciones que viven en el cuerpo, como si al leer te convirtieras en uno de los personajes.


El siguiente libro que me erizó los vellos de la espalda fue Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig, que sin contener sexo de pronto me sorprendió con los puños cerrados y las uñas enterradas en las palmas de mis manos.

Espejo


Varios años después, ya adulta, tuve el hallazgo de un ejemplar que en la portada ilustra a cuatro personajes desnudos, entrelazados entre miembros viriles, lenguas y piernas: el Erotica Universalis de Gilles Néret, un compendio de imágenes sexuales que van desde el año 5000 a.C., hasta la década de los 70 del siglo XX. En él las escenas eróticas son un verdadero festín para el lector: algunas son tan alucinantes que provocan rubor en las mejillas.


Otro de los textos que me emociona hasta las lágrimas es La esposa joven, del italiano Alessandro Baricco. Uno de sus fragmentos memorables: “La Esposa joven se preguntó dónde había visto ya ese gesto y era tan nueva ante lo que estaba descubriendo que al final se acordó, y fue el dedo de su madre que buscaba en una caja de botones uno pequeño de madreperla que había guardado para los puños de la única camisa de su marido.” Erotismo puro.
Poseo una biblioteca personal de ejemplares, tanto físicos como electrónicos, que son mi espejo particular de pasiones y perversiones.

Algunos títulos que habitan en ella son: Historia de O, de Pauline Réage, regalo de un periodista amigo; Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad, ganador del VIII premio La sonrisa vertical; uno de mis favoritos, que ha influido mucho el estilo de mis cuentos: La máquina de follar, de Charles Bukowski, y una cantidad más obscena que mi adorado Filosofía del tocador del Marqués de Sade, de volúmenes.


Cómo no amar el sexo y los libros, si ambos son origen y destino de la historia particular de cada uno de los mundos que interactúan al interior de nosotros. Si quien ha leído no percibe más de su humanidad en esas ficciones, que tire la primera piedra.


*Texto publicado originalmente en mi columna “Por una vida sexy” de la revista Vértigo Político en abril de 2018.

La peor señora del mundo #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura en #DíaDelNiño quiero recomendar el cuento que más he leído con mis niños y que nos ha provocado infinidad de carcajadas: La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa.

Esta señora mala, malísima, vivía con sus cinco hijos al norte de Turambul. Era tan mala que ni las hormigas pasaban cerca de su casa, le pegaba a sus hijos cuando reprobaban, pero también cuando sacaban diez y pellizcaba a todo aquel que se atreviera a coincidir con ella en la calle.

Cansados de su maldad, los demás habitantes del pueblo ejecutan diversas estrategias para hacerla cambiar, todas un fracaso, hasta que al más viejo se le ocurre la táctica sorprendente con la que consiguen engañarla para poder vivir en paz… y hasta convertirla involuntariamente al bien (claro, sin que ella esté enterada).

La peor señora del mundo es una historia divertida y llena de sorpresas, narrada de una manera tan encantadora que es imposible soltarla. El libro fue publicado en 1992 y sigue haciendo gozar a niños y adultos que aman la ironía, lo políticamente incorrecto y los finales felices.

Con decirles que lo he leído junto con mis hijos unas cincuenta veces…

Para leerte mejor #LibrosQueMeGustan

Los libros han sido mi vida durante los últimos 26 años. Desde algún momento del verano de 1994 hasta hoy no he pasado un solo día sin un libro en la mano, por eso me costó tanto trabajo elegir uno para recomendar este #ViernesDeLectura, que además coincide con el Día mundial del libro y del Derecho de Autor, conmemoración proclamada por la UNESCO en 1995 justo el 23 de abril porque este día “coincide con la de la desaparición de los escritores William Shakespeare, Miguel de Cervantes e Inca Garcilaso de la Vega.”

Ya que los libros son el tema de moda, hoy recomiendo Para leerte mejor, de Felipe Garrido, una obra escrita con la motivación de ser útil: por un lado busca comprender la formación de lectores, y por otro proponer estrategias para que más niños y adultos se acerquen a los libros.

Inicia con una aclaración de principios, en donde describe los diferentes niveles de lectores, dependiendo de la profundidad de comprensión y utilidad de la lectura, y donde cuenta algunas experiencias que el autor ha tenido en relación con la lectura y la escritura.

El libro está dividido en tres partes: lectores, intermedio (hacer o no hacer) y la lectura, cada una con conceptos muy claros, concretos y comprobados por Garrido, quien ha dedicado a los libros, la lectura y la palabra su vida entera y tiene una manera singular, divertida y algo irreverente de tratar este tema que genera diversas asperezas y en realidad debería ser un motivo de regocijo.

Algunas ideas que encontrarás en este libro son: hacer de los libros algo cotidiano y no especial, solo apropiado para algunos elegidos; leer a los niños lo más pronto posible; no poner a los libros en pleito con otras formas de entretenimiento; hacer saber a los posibles lectores que no pasa nada si abandonan un libro poco interesante o aburrido para ellos; hacer énfasis que leer es algo placentero, no una tarea obligatoria para obtener una calificación, y mucho más.

Los libros son de los objetos más placenteros que existen sobre la faz de la tierra, por eso hoy propongo tratarlos con la ligereza y el regocijo que se merecen.

La metamorfosis #LibrosQueMeGustan

Una de las anécdotas más famosas de la literatura y objeto de las más diversas y alocadas interpretaciones, este #ViernesDeLectura recomiendo La metamorfosis, de Franz Kafka.

Una mañana Gregorio Samsa despierta. En vez de levantarse temprano, como todos los días, para tomar el tren a tiempo, como siempre, se sorprende: se le ha hecho tarde. Al impulsar el cuerpo para alcanzar la horizontal descubre que ha perdido agilidad, algo de claridad mental y que sus múltiples patitas, frágiles, cortas, moviéndose cada una en una dirección distinta y vueltas hacia el techo, son inútiles para lograr su objetivo de ponerse de pie. Eso sin contar la espalda: pesada, curva, colocada dolorosa e incómoda sobre el colchón.

Con su literatura Kafka torció las cotidianidades. Rebelde, enamoradizo, de salud frágil, creó una obra de múltiples lecturas y dimensiones. En apariencia simples, sus historias apelan a ser completadas con la imaginación del lector, que verá en ellas fantasía o pesadillas.

La metamorfosis es, a mi entender, una crítica a la deshumanización del trabajo, donde somos útiles mientras nos alineemos, y reemplazables al desaparecer o no convenir a ajenos intereses.

Es un libro que hay que leer con un antiemético a un lado y al otro lado el regocijo de compartir algunas horas con páginas imperecederas, de las más geniales escritas en el siglo XX.

Defender la seducción

Cuando alguien me atrae no soy inofensiva. Una vez conocí a un señor que me gustó desde que lo vi, sentado en la mesa de un restaurante, esperándome.

Soy una coqueta confesa. Por eso en cuanto lo saludé supe que lo quería en mi cama. No por eso le expuse mis intenciones de inmediato o le acaricié la pierna “accidentalmente”, claro que no: tracé una estrategia para enamorarlo.

Tengo bien claro que el cuerpo ajeno es territorio tocable solo después de haber recibido autorización del poseedor. Si tomas de la mano a alguien que apenas conoces es romántico; si es la pierna o la cintura estás trasgrediendo su espacio personal. Ya de rozarle las nalgas ni robarle un beso hablamos. Aunque me moría de ganas.

Como el del erotismo y la pornografía, el límite entre seducción y acoso es muy difuso y se desdibuja fácil cuando entran en la ecuación el instinto, los impulsos, las hormonas trazando fuegos artificiales.

La comida transcurrió entre una plática con humor, inteligencia y muchas sonrisas, y sí, me dejó con deseo de más. Bien se sabe que en la seducción lo transparente y lo honesto es muy atractivo.

Pasaron las semanas. Seguíamos comunicándonos de vez en cuando, pero yo no veía claro. Tenía mil dudas: ¿le habré gustado? ¿Cómo me acerco para ser alguien agradable sin acosarlo? La literatura, como siempre, me dio el pretexto perfecto y le mandé un libro que acababa de publicar.

Le envié otro mensaje: “¿Ya recibiste mi libro?” Él respondió con un indiferente e impersonal: “Sí, gracias. Déjame ver en qué te podemos ayudar”.

Repensar

A pesar de haberle escrito en la portadilla una dedicatoria sexy, el hombre no parecía haberse dado cuenta de mis intenciones. Eso me llevó a hacer el último intento; si después de lo que iba a redactar no me hacía caso dejaría el asunto como un instante de deleite unidireccional y lo borraría del mapa.

Mi filosofía es: si una persona me dice “no”, entonces es “no”. Si le digo a alguien “no”, entonces es “no”; muchos de los problemas entre hombres y mujeres radican en que a veces queremos que nos adivinen el pensamiento, y eso provoca equívocos incómodos o réplicas aleatorias.

Mi mensaje decía: “¿Y quién te está pidiendo ayuda? Yo lo que quiero es volver a verte”. Su respuesta tardó menos de un minuto en llegar; nos pusimos de acuerdo y una semana después ya estábamos sentados de nuevo en otro restaurante, con él diciéndome que lo anotara en la lista de los hombres que querían hacerme el amor y conmigo sonrojada y caliente.

Al terminar de comer me ofreció ir a su casa. Las palabras que pronuncié fueron las culpables no solamente de que consiguiera mi objetivo de llevarlo a la cama, sino de que se quedara pensando en mí siete días más: “Sí voy a ir a tu casa, pero no vamos a tener sexo hoy, sino hasta la próxima vez”. Así fue. Una semana tras otra, hasta convertirnos en pareja y tejer a diario un “fueron felices para siempre” muy a nuestro estilo.

Transitamos por un momento emocionante de la historia; un tiempo de feminidad renovada y masculinidad que es necesario repensar. Hombres y mujeres necesitamos recordar que vivimos en la misma contaminada y poco pacífica esfera flotante en el universo y sentarnos a explorar nuevas formas de interacción.

Utilicemos la información disponible respecto a los temores y deseos de ambos sexos para unir y no para separar: la seducción y el erotismo son herramientas para la defensa y felicidad de nuestra condición de humanos. Por eso abogo por defenderlos desde la plenitud y la libertad.


*Esta columna fue la primera que publiqué en la revista Vértigo Político #PorUnaVidaSexy, hace justo dos años, en abril de 2019.

Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) #LibrosQueMeGustan

Una vengadora anónima, un “Godinez” fuera de serie, un dios pacheco y otros personajes demasiado reales como para ser ficción, y que sin embargo, son protagonistas de historias de la fantasía, son quienes componen el libro que les recomiendo este #ViernesDeLectura: Cuentos de maldad (y uno que otro maldito), de Alma Delia Murillo.

En México la tradición mexicana tiene raíces muy fuertes en el cuento, un género que se escribe mucho, aunque se venda poco (según las estadísticas de lectura). Basta con recordar a autores como Edmundo Valadés, Elena Garro, Efraín Huerta, Amparo Dávila, para relamerse los bigotes y gozar de lo libros que nos legaron.

Y también de los libros de las autoras contemporáneas. El estilo de estos Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) es lúdico, pero a la vez furioso; el humor, muy presente en la mayoría de las narraciones, no atenúa otras emociones menos amables, como el coraje, el miedo o la incertidumbre.

Quien lea la más reciente obra de Alma Delia Murillo pasará un rato de ficción honesta con unos cuentos de auténtico oficio literario, ideales para vivir un fin de semana entre derramamiento de bilis y carcajadas.

Arráncame la vida #LibrosQueMeGustan

Una de las más célebres novelas de la literatura mexicana del siglo XX, y uno de los libros que más gocé en la adolescencia, este #ViernesDeLectura recomiendo Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta.

Arráncame la vida sucede alrededor de 1950, una época en la que poder y rectitud distaban mucho de ser sinónimos y cuando la voz de las mujeres era un cero a la izquierda. Entonces aparece Catalina, la protagonista, quien desde muy joven manifiesta fuerza, alegría, seguridad y decide enfrentar el arrepentimiento por haberse casado con Andrés Ascencio –un político corrupto, prepotente y asesino– utilizando la energía del erotismo, que explora y lleva hasta las últimas consecuencias en su búsqueda de la felicidad.

El estilo de esta novela es ligero, agradable, con toques de ironía, sarcasmo y comedia. Es el drama de un país en manos del machismo, pero con destellos de esperanza para una vida más equitativa para todos.

Y, para mí, también es un homenaje a todas aquellas Catalinas que con su coraje, valentía y sentido de la justicia fueron y han ido configurando una mejor realidad para las mujeres de este país.

Somoza #LibrosQueMeGustan

Mucho se ha hablado de Anastasio Somoza Debayle, el dictador nicaragüense responsable de tanta represión y sangre, pero en el libro que recomiendo hoy, Somoza, de Ligia Urroz, vemos a un “Tachito” humano, cariñoso, desde la visión de una niña de once años que lo admira y aprecia.

La obra no es una biografía novelada del personaje ni un tratado histórico sobre aquella época en Nicaragua, sino una combinación de ficción y no ficción con algunas conversaciones, lecturas, programas de televisión y sobre todo, el testimonio que hace la autora desde la perspectiva que vivió de los hechos como punto de partida y destino.

Es un libro de fragmentos, empieza con las recreaciones de la conspiración para asesinarlo y el operativo en el que lo ejecutaron, para continuar con los recuerdos de la autora, quien lo conoció viendo películas en la casa o dando paseos por la playa y experimentó incomprensión y disonancia cognitiva: ¿cómo comprender que ese mismo señor amable con el que un día comiste chocolates, puede ser el mismo que provocó la muerte de tantas personas?

El baile #LibrosQueMeGustan

Situado en París a principios del siglo XX, El baile, de Irène Némirovzky, es un festín de emociones desbocadas. Ira, resentimiento, esperanza, frustración,  danzan entrelazadas en una historia breve en páginas, pero exquisita en estructura, descripción de las situaciones y un nudo asombroso, de esos que resultan sorprendentes en sí mismos.

Los Kempf: señor, señora e hija, se mudan a un piso suntuoso y caro, gracias al reciente éxito económico del hombre de la casa, quien pasa de portero del banco, a acaudalado inversionista en un golpe de suerte. Para encajar en el nuevo estatus social y encontrar más clientes deciden organizar un baile. Su hija no se siente entusiasmada por la idea, los intentos de la madre por educarla como a una señorita adecuada para la sociedad en la que ahora viven, las ha convertido en una especie de enemigas… y el baile es la situación perfecta para consumar una venganza adolescente.

Irène Némirovzky, la autora, nació en Ucrania, vivió en París, fue deportada por su origen judío, aunque se había convertido al catolicismo, y murió en Auschwitz durante la segunda guerra mundial. Fue políglota, muy reconocida en su tiempo, creadora que hay que conocer.

100 Noches #LibrosQueMeGustan

Una novela de promiscuidad, mentiras y secretos a voces, el libro que recomiendo hoy es 100 noches, de Luisgé Martín, premio Herralde de novela 2020.

Tomando como pretexto la obsesión de un millonario por saber si la gente que se dice fiel lo es en realidad, 100 noches habla de verdades incómodas respecto al sexo, las relaciones amorosas y un crimen por resolver.

La protagonista, Irene, es una mujer que, como el gato del dicho popular, se pone en riesgo para satisfacer su curiosidad y llegar hasta el fondo de las cosas, mientras diversos hombres llegan hasta el fondo de ella.

Luisgé Martín creó una narración desenfadada, de gran tensión erótica y emotiva; un thriller húmedo de pasiones y perversiones con expedientes de adulterios, fuertes confesiones y un sentido del humor algo oscuro que hace de este libro una experiencia digna de leer.

La conjura de los necios #LibrosQueMeGustan

La propietaria de un antro de mala muerte, el heredero de una fábrica de pantalones, un patrullero desesperado, un negro con miedo a la policía, ¿una activista social? y una madre consentidora y castrante, son algunos de los personajes que convergen casualmente con Ignatius J. Reilly, un gigante obeso con una peculiar visión del mundo, hábitos de higiene dispersos y delirios de superioridad moral e intelectual en la novela que recomiendo hoy: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.

La conjura de los necios es una obra maestra. En este libro a los personajes más inverosímiles les suceden casualidades y accidentes de lo más absurdos con una lógica cómica y triste al mismo tiempo. Las voces de cada uno están creadas con la precisión de un joyero y terminan siendo un agasajo absoluto para el oído por la diversidad de estilos que el autor escribió en una sola novela.

Situado en Nueva Orleans entre finales de los cincuenta o principios de los sesenta, la historia detrás de este libro es tan interesante como la novela misma. El autor se suicidó en 1969, frustrado con la vida porque a nadie le interesaba su libro. La madre, convencida de que la obra de su hijo era buena, buscó y buscó editor hasta llegar, en 1976, al escritor Walker Percy, editor de una casa universitaria, quien recibió el libro con el fastidio de quien es destinatario de cientos de libros mediocres… para descubrir un prodigio, a un protagonista único, una novela difícil de definir que a fin de cuentas se publicó en 1980 y ganó el premio Pullitzer de novela en 1981.

La conjura de los necios es una novela para leer sin prisa, con la imaginación y el intelecto dispuestos al goce, al asombro y a la carcajada.

Con las piernas abiertas

“Las damas se sientan con las piernas cerradas”, dicen manuales de buenas costumbres. Una mujer con las piernas abiertas es una amenaza para quienes tienen temor del cuerpo, de las sensaciones, de la libertad.

Las piernas abiertas suben escalones, dan zancadas, avanzan de prisa hacia las metas. Las piernas abiertas despiertan el sexo, lo que no quiere decir que por eso lo compartan con cualquiera.

Las piernas abiertas multiplican la vida, aminoran el miedo y devuelven el equilibrio que durante tantos años intercambiaron por castillos de arena.

Las piernas abiertas provocan deseo, permiten la entrada de corrientes de aire, impiden la irrupción de imposiciones absurdas. Sí, una mujer con las piernas abiertas tiene bien colocados los pies en la tierra.

Abre los ojos y observa cómo conquistan su lugar en el mundo.

Mónica Soto Icaza

Páradais #LibrosQueMeGustan

Fernanda Melchor es, para mí, la mejor escritora mexicana de los últimos años, por eso en cuanto salió su nuevo libro, Páradais, me dispuse a leerlo.

Páradais es breve, de brutal densidad. No es una obra amable. Cuenta la historia de Polo, un adolescente que trabaja como jardinero en un conjunto residencial veracruzano, donde coincide con Franco, otro adolescente, nieto de una pareja de residentes del fraccionamiento. Los une la miseria, económica de uno, emocional y familiar de ambos, la violencia con que ambos han sido tratados y las fantasías eróticas de Franco contra la señora Marián, la nueva vecina.

Páradais está narrada para que el lector no tenga un respiro. Su estructura te impide soltar el libro para ir al baño o servirte un vaso de agua. Al empezar a leer caes en las garras de la autora que creó una novela con la precisión del cuento. No es fácil encontrar un libro en el que no sobre ni falte una palabra, una idea, una imagen, un personaje, y por eso leerlo resulta un placer y un martirio al mismo tiempo.

Tanto así que confieso que la noche correspondiente al día en que lo leí soñé con Polo, Marian y Franco, y eso es algo que no me sucedía desde el Raskólnikov de Dostoievski.

La letra escarlata #librosquemegustan

Un clásico de la literatura estaunidense y uno de mis libros favoritos (ya sé, tengo mil libros favoritos), hoy recomiendo La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, una historia situada en la muy puritana Nueva Inglaterra del siglo XVII.

Hester Prynne es una joven casada con un marido desaparecido. En la soledad se embaraza de un amante secreto, muy respetado por la comunidad. Por este motivo es acusada de adulterio y obligada a llevar una letra A escarlata bordada en el vestido como castigo, que la expone a los ojos de los demás habitantes del pueblo, además de que el esposo alcanza a aparecer justo para el juicio y arma diversos trucos para descubrir al padre de Pearl, la hija de Hester.

Escrita y publicada a mediados del siglo XIX, La letra escarlata es una novela de amor, de engaños, de aparentemente buenas conciencias que en realidad son criminales, de miedo a las emociones y al deseo. Su narrativa es paciente, detallada, descriptiva tanto del ambiente, como del entorno físico y los sentimientos.

Es el drama de cómo los sentimientos de superioridad religiosa y moral son armas de doble filo, de lo absurdo que resulta buscar pecados en el ojo ajeno y provocar sufrimiento en el otro solo por temor al placer y a la libertad.

La vida mentirosa de los adultos #LibrosQueMeGustan

A pesar de que Elena Ferrante, la autora del libro que recomiendo hoy, publicó la saga Dos amigas, que ha vendido más de treinta millones de ejemplares en todo el mundo, confieso que yo no la había leído. No recuerdo cómo llegué a ella, pero desde las primeras páginas de La vida mentirosa de los adultos quedé cautivada.

La vida mentirosa de los adultos narra la vida, pensamientos, desaciertos, motivaciones y venganzas de Giovanna, una adolescente de 12 años que escucha a sus padres platicar accidentalmente y descubre que su papá, quien la consintió siempre, la considera fea, o no precisamente fea, pero parecida a la hermana que tanto odia: la perversa tía Vittoria.

Este es el punto de partida para la historia, que sucede entre los 12 y los 16 años de Giovanna, en los que pasa de ser una niña dulce, acomedida y vestida según lo que se espera de su edad, posición social y reputación, a una mujer rebelde, sexy, que desafía a los adultos por el puro placer de llevarles la contraria, aunque a veces esa rebeldía le juegue en contra.

La vida mentirosa de los adultos es una historia de decepciones y descubrimientos. Narrada de manera fascinante y aterradora al mismo tiempo, es a fin de cuentas el reflejo de las emociones que suceden en la mente, el cuerpo y las emociones de un adolescente que descubre las imperfecciones del padre y la madre, de las que no tiene la culpa y aún así sufre intensamente las consecuencias.

Supongo que nos resulta atrayente leer historias así, porque a fin de cuentas todos los adultos somos adolescentes que sobrevivieron los embistes de aquella época de descubrimientos, desengaños y recuerdos dignos de contar.

1984 #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomendaré la última novela que escribió el escritor británico Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell: 1984.

1984 es una de las novelas más aclamadas del siglo XX. En ella el autor recrea una antiutopía que sucede precisamente en el año que le da título al libro. El protagonista, Winston Smith, es el vehículo que el escritor utiliza de pretexto para hablar sobre los efectos del totalitarismo. Es una persona gris que recuerda, y para los miembros del Partido, los recuerdos son la verdadera amenaza para el control que el gobierno del Gran Hermano puede ejercer en la población. Si borras la historia y la escribes a tu manera, si eliminas en la gente la seguridad de sus memorias, la vigilas, amenazas y creas confusión, puedes hacer con ella lo que se te dé la gana. Sin consecuencias.

Orwell la creó con intención literaria y política al mismo tiempo. Después de haber luchado en España contra Franco y el fascismo en 1927, decidió que escribiría en contra del totalitarismo, y por eso tiene una fuerte carga ideológica, narrada de una manera tan magistral que incluso llega a meterse profundo en la mente del lector.

Con la promesa de una vida menos desigual, las mismas personas que llevan al poder a personajes totalitarios son las mismas que terminan perdiendo todo lo que les proporciona alegría: el arte, la elocuencia, la creatividad, el placer de comer un platillo delicioso, de probar un trago de la bebida favorita, de tener tiempo para perderlo en las ensoñaciones que cada quien quiera, enamorarse, hacer el amor por el puro gusto. Si le robas a la gente la felicidad, si en ese lugar insertas miedo, si los despersonalizas y los conviertes en medios para tus fines, los individuos son capaces de hacer cualquier cosa; la desesperación y el dolor provocan odio y te hacen capaz hasta de traicionar incluso a quienes amas.

Creo que en esta época de confinamientos físicos, mentales y emocionales, es importante leer o volver a leer una obra como 1984. Larga vida a la libertad.

Seda #librosquemegustan

El erotismo de Seda, del italiano Alessandro Baricco, es un erotismo trágico por lo irrealizable, pero hermoso por la intención y la voluntad. Por eso es mi recomendación para este #ViernesDeLectura.

De capítulos breves y páginas generosas y fugaces y situado a mediados del siglo XIX Seda es la historia de un viajero que después de su primer aventura por el mundo deja de ser esclavo de las circunstancias y se convierte en dueño de su vida.

Con los gusanos de la seda como punto de partida y el recuerdo de una mujer como hito de llegada, este libro conecta al lector con uno de los instintos primarios del enamoramiento: esa obsesión que lo mantiene día y noche pensando en el sujeto de su amor. Y lo que es capaz de hacer por recordarlo hasta la muerte.

Y eso fue lo que pasó #LibrosQueMeGustan

Escrito casi sin comas, sin división en capítulos, como un desahogo brutal de los que liberan el alma, el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura es el que más me ha emocionado en los últimos tiempos: Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg.

Y eso fue lo que pasó inicia con una mujer contando que le metió una bala entre las cejas a su marido. De ahí la autora juega con el lector en la narración simultánea de los recuerdos que la llevaron al asesinato del esposo y lo que ocurre en la mente de la protagonista después de pegarle el tiro, todo escrito en pasado con un lenguaje en el que la inocencia y el cinismo se rozan constantemente. Es una asesina que no es una asesina, sino una mujer dolida que ha llegado a su límite.

Está escrita para ser leída de una sentada. Sus 96 páginas se deslizan casi involuntariamente por los movimientos oculares y las sustancias que segrega el cuerpo con las emociones profundas. Es universal y particular al mismo tiempo.

En el prólogo Italo Calvino refirió: “Durante generaciones y generaciones lo único que han hecho las mujeres de la tierra ha sido esperar y sufrir. Esperaban que alguien las amara, se casara con ellas, las convirtiera en madres, las traicionara. Y lo mismo sucedía con sus protagonistas.” En esta historia Natalia Ginzburg lleva ese sufrimiento a otro nivel para demostrar que las palabras en su propia introducción al libro son ciertas: “Me gustaría añadir aquí que a veces nos vemos inclinados a escribir no sólo libros que nos gustan mucho, sino también otros que no nos gustan en absoluto.”

Los secretos de las brujas de Salem #LibrosQueMeGustan

Miedo a lo diferente, sensación de amenaza ante lo desconocido, pero sobre todo, terror a la independencia femenina, son los temas centrales que hay detrás de las narraciones del libro que les recomiendo hoy: Los secretos de las brujas de Salem, de Guadalupe Vera, Maru Diéguez, Gaby Trejo Rodea y Sara Jiménez.

Los secretos de las brujas de Salem es una serie de relatos que cuentan, en primera o en tercera persona, las historias de aquellas mujeres (y algunos hombres) que fueron llevadas a la horca acusadas de brujería principalmente por las llamadas “niñas afligidas”, que, ya fuera por revancha, animadversión o para sostener una serie de mentiras, buscaron deshacerse de aquellos quienes las intimidaban.

Los veinte testimonios inmortalizados en esta obra dan cuenta del cuidado que debemos tener ante el fanatismo, el temor irracional, la intolerancia: los asesinos más dolorosos, y también los más inútiles.

Al mismo tiempo nos recuerda el poder que habita dentro de nosotras. A pesar de haber sido perseguidas, incomprendidas y maltratadas durante siglos, seguimos conjurando nuestra fuerza interior para vivir con libertad… y compartir con otras esa libertad.

“Somos las brujas. Las hechiceras. Las mujeres dormidas que despiertan, las que sanan y bendicen a todas las mujeres que antes de ellas las forzaban a olvidar.

“Somos las nuevas brujas, las de siempre. Las mujeres que deben a su pasado arrullar. Ombligos de galaxias que caminan y saben enseñar”.

Guadalupe Vera

Semillas para el Año 2021

Que tus palabras sean ciertas, tus certidumbres tengan raíces; tus sonrisas orígenes verdaderos.

Que la magia se traduzca en creencias sólidas, el amor en los brazos cálidos que calmen la adrenalina de los días, el insomnio en ideas que germinen hacia la belleza.

Que tu cuerpo sea armonía; tus recuerdos texturas suaves; tus nuevas memorias motivos para encontrar la felicidad en los momentos amargos.

Que el miedo sea aliado, la tristeza trampolín, la conciencia de la muerte pretexto para existir con los sentidos despiertos y disfrutar de la hermosura del mundo.

Que tus amigos sean nobles y tus enemigos dignos. Que seas un amigo honorable y un enemigo prudente.

Que el amor por ti crezca. Que la empatía se multiplique. Que la alteridad sea la constante.

Que el 2021 sea un año de paz. Que el 2021 sea un año de salud. Que el 2021 sea un año de ternura. Que el 2021 sea un año de triunfo para la ciencia. Que el 2021 sea un año de victoria para la fe.

Que tus dolores sanen, tus rencores se conviertan en arte, tus animadversiones en raíces para la libertad.

Mónica Soto Icaza

Cuídame de ti #LibrosQueMeGustan

Una novela que sucede entre la introspección y el pasón de adrenalina, este #ViernesDeLectura les recomiendo Cuídame de ti, de mi tocaya y mujer que admiro profundamente, Mónica Salmón.

Cuídame de ti es la anécdota de una casualidad en la que convergen Sofía, una psicóloga con la fantasía erótica de escribir una novela de sexo, y Nadia, quien ha vivido la narración que Sofía puede contar: desenfreno, amores adúlteros, violencia, regocijo carnal. En sus múltiples encuentros en una cafetería, las certidumbres de ambas se ven trastocadas por el descubrimiento de las grandes diferencias que pueden encontrarse en otra persona con anhelos tan similares al mismo tiempo.

Basada en hechos reales, Cuídame de ti está escrita de manera intensa como las protagonistas, con una carga erótica sugestiva y elegante y dos voces que nos hacen recordar que debajo del maquillaje, las pupilas y las sonrisas habitan miedos, dolores, agasajos, belleza y aquello que hace de cada individuo alguien único, porque definitivamente únicas son también todas las historias, por más dolorosas que sean.

Selección de relatos de horror #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura navideño recomendaré un libro entretenido e inquietante, de esos que arrancan a los lectores de la realidad por horas y los lleva a universos fantásticos de deliciosa ansiedad: Selección de relatos de horror, de Edgar Allan Poe, de Plutón Ediciones.

Esta selección contiene cuentos como “Los crímenes de la calle Morgue”, “El escarabajo de oro”; mi favorito por su combinación entre misterio y erotismo: “La máscara de la muerte roja”; y por supuesto, el famoso poema “El cuervo”, entre otros.

Los cuentos de Edgar Allan poe son narraciones de un estilo muy definido, que envuelven en ambientes, personajes y anécdotas de manera que atrapan desde las primeras palabras. Son tan intensos y se convirtieron en clásicos porque no hay nada más espeluznante que el terror que un ser humano puede provocar a otro, y en contar esas historias Allan Poe fue el gran maestro.

Ligeros libertinajes sabáticos #LibrosQueMeGustan

Un libro erótico peso completo: sexy, sugerente, irónico, asombroso, divertido, este #ViernesDeLectura recomiendo Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad.

Ganadores del VIII premio La sonrisa vertical, estos diez cuentos son un deleite para las fantasías sexuales y la imaginación. Sin caer en la pedantería intelectual y con un roce preciso con la vulgaridad, los relatos de Mercedes Abad son inteligentes, con frases encantadoras y humedecedoras, como “Jadea, amor mío, jadea telefónicamente tu deseo de mí”, e historias que igual combinan la comida y el conflicto existencial, como Una mujer sorprendente y Ese autismo tuyo tan peligroso, mi favorito.

Si quieres pasar un fin de semana con una lectura ligera, pero inolvidable, entonces tienes que leer Ligeros libertinajes sabáticos, estoy segura de que se convertirá en una de tus aventuras erótico-literarias favoritas.

Marcados #LibrosQueMeGustan

¿Qué sucede en las emociones de una persona cuando decide marcarse la piel? ¿Qué ocurre en la mente de quien es testigo de esas marcas? La novela que les recomiendo hoy, Marcados, de Guadalupe Vera García, es una historia que habla de secuestro, minorías, racismo, discriminación, de tatuajes como huellas que marcaron la vida, el corazón y, por consecuencia, el cuerpo. De las marcas como supervivencia.

Marcados es un libro descriptivo, tanto del fondo como de la forma, escrito con mucha pasión, que provoca esa misma sensación en los lectores. La narrativa de Guadalupe Vera García es impecable, en ella no falta ni sobra nada. No es un libro rápido de leer ni fácil, sino testimonio de la complejidad de la vida y de cómo el ser humano intenta explicarse cada situación para satisfacer la necesidad de comprenderse para continuar.

Algo muy valioso de esta historia es que no volverás a ver un tatuaje de la misma manera, porque a final de cuentas, detrás de cada marca hay un motivo, y ese motivo es tan trascendente que se queda hasta en la piel, aunque también haya huellas en el alma, la psique y el corazón.

Recuerda que a pesar del sufrimiento y las marcas, las razones para vivir son mucho más importantes, y por eso lo recomiendo en este #ViernesDeLectura.

Tus mujeres de mis orgasmos

¡Tengo libro nuevo! Y está fuera de serie (por lo menos para mí), porque jamás había escrito algo tan libre, tan sexoso, tan quiebralímites.

Tus mujeres de mis orgasmos: La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar.

En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo.

Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua.

Para este libro quise no nada más imaginar la historia más intensa, explícita y erótica que he escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad, sino leerla al oído de los lectores, quienes por medio de un código QR podrán acceder a contenido exclusivo: el Video-libro, interpretado por mí, que lo pondrá al filo de las emociones más deliciosas.

Próximamente estará disponible: el 15 de diciembre cumplo 41 años y ese día lo lanzaré de manera oficial, con toda la emoción, la alegría y las carcajadas por compartir.

Si quieres este libro impreso, lo puedes adquirir aquí:

Tus mujeres de mis orgasmos

Tus mujeres de mis orgasmos: La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar. En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo. Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua. Mónica Soto Icaza lee al oído la historia más intensa, explícita y erótica que ha escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad.

190,00 MXN

O si lo prefieres electrónico para Kindle, lo encuentras aquí:

Tus mujeres de mis orgasmos eBook: https://www.amazon.com.mx/mujeres-orgasmos-M%C3%B3nica-Soto-Icaza-ebook/dp/B08PZB6BG1/Soto Icaza, Mónica: Amazon.com.mx: Tienda Kindle

Fenalem #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura no recomendaré un solo libro, sino un lugar virtual en el que habrá cientos de libros: la Fenalem.

La cancelación de la FIL de Guadalajara en su formato presencial trajo especial frustración para los escritores y escritoras menos visibles de México. Es por esto que un grupo de valientes y entusiastas escritoras, conformado por Guadalupe Vera García, Magdalena Pérez Selvas, Patricia Bermúdez, Carla Cejudo, Julia Cuéllar, Elsa D. Solórzano, Kiara Fernández, Jazmín García Vázquez, Mayahuel Zárate, Fanny Morán, Camelia Rosío Moreno, Alejandra R. Montelongo, Maru San Martín, Perla Santos y Marisol Vega respondió a la inquietud de la fundadora de Escritoras Mexicanas, Cristina Liceaga y así, con pura voluntad, amor al arte y determinación, dieron forma a la primera Feria nacional de libro de Escritoras Mexicanas, que será del 8 al 11 de diciembre de manera virtual a través de la página de Facebook de Escritoras Mexicanas: EscritorasMx | Facebook

El objetivo de la feria es hacer visible la literatura escrita por mujeres, y vaya que será así: durante tres días, de las 11 de la mañana a las 9 de la noche, la red será tomada por más de cien escritoras de todo el territorio nacional, Norte, Bajío, Centro y Sur estarán representados, además de autoras que viven en el extranjero y en lenguas originarias. También habrá talleres literarios.

Así que ya sabes, nos quisieron convencer de que “mujeres juntas, ni difuntas”, y hoy una vez más mujeres talentosas, sororas y con amor por compartir provocan un evento sin precedentes que estoy segura será un éxito y se convertirá en uno de los más importantes del año: una celebración de la palabra a través de novelas, ensayos, antologías, microficciones, poesía y cuentos.

Fenalem:

Transmisión en vivo desde el canal de Facebook: EscritorasMx | Facebook

La obra de las autoras estará a la venta en Escritoras Mexicanas – Proyecto cultural para la difusión de la obra de escritoras mexicanas de todas las épocas y en escritorasmx@gmail.com

Las actividades quedarán grabadas en la cuenta de YouTube @EscritorasMx

Fecha: 8 al 11 de diciembre de 2020

Horario: 11 am a 21 pm

Encuentra más información en: Escritoras Mexicanas – Proyecto cultural para la difusión de la obra de escritoras mexicanas de todas las épocas


Y ya que estamos en esto, te invito a la participación que tendré en la Fenalem, el 10 de diciembre a las 8 de la noche:

Plagio #LibrosQueMeGustan

El mundo editorial, con su naturaleza de lobo con piel de oveja, esconde entre líneas las pasiones más sublimes y las perversiones más oscuras del ser humano. Y los seres humanos amamos las historias.

Una de ellas, la del libro que recomiendo hoy, fue recordatorio de por qué me gusta leer: Plagio, de Héctor Aguilar Camín.

Plagio es una novela divertida, altamente disfrutable, que utiliza las múltiples licencias que posee la ficción para hablar de esos temas difíciles que generan antipatías o fans irredentos.

Es la historia de un escritor, sus filias, fobias, aciertos y errores dentro de un universo –el del poder, los compromisos políticos, la falsa modestia– y cómo a final de cuentas los celos intelectuales y carnales pueden destruir todo aquello por lo que se ha luchado, sin importar a quien se arrastre entre las extremidades inferiores.

Con ironía, humor negro y sarcasmo en cada una de sus páginas, esta novela ligera, muy bien escrita y con una estructura cuya simpleza esconde una complejidad extraordinaria es mi recomendación de este #ViernesDeLectura.

Casas vacías #librosquemegustan

Un libro de perspectivas, de angustias con diferentes caras, de culpas provocadas por el aprendizaje de múltiples costumbres fallidas (entre, estoy segura, varias interpretaciones más), es lo que encontré en el título que les recomiendo hoy: Casas vacías, de Brenda Navarro.

Con una narrativa a dos voces, con dos estilos diferentes de contar, decidir y experimentar la pérdida, las protagonistas de esta novela se enfrentan desde su realidad a la desaparición del niño amado, que en los brazos de cada una de ellas adquiere un nombre distinto.

Casas vacías es duro, bien escrito, con alta dosis emocional que aprieta los puños y afloja las lágrimas. Trata uno de los temas más dolorosos de la realidad actual mexicana: la desaparición de menores. Le da rostro y palabras a las cotidianidades detrás de los carteles de niños desaparecidos que proliferan en paredes, postes y redes sociales, pero no nada más desde la perspectiva de la madre atribulada que se descuida un segundo y pierde a su hijo, sino también de la persona que decide llevárselo aprovechando ese descuido.

Casas vacías es uno de esos libros que lees con la esperanza de que algún día esas anécdotas sean parte del pasado, fragmentos de ficción.

Veinte mil leguas de viaje submarino #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura les traigo sonrisas de nostalgia, hermosos recuerdos, brillo en los ojos y mariposas en la panza en forma de libro. Hoy recomiendo la fabulosa Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne.

Una de las obras de aventuras más memorables de todos los tiempos, cuenta la historia de un barco americano en el que profesor Pierre Aronnax sale en la búsqueda de un monstruo marino que ha provocado múltiples naufragios. El monstruo resulta ser marino, pero no como lo esperaban, sino el submarino Nautilus, comandado por el Capital Nemo, un hombre ingenioso y despiadado que lo hace prisionero junto con su ayudante y el arponero Ned Land y les muestra las maravillas de su invento y algunos lugares míticos, como la Antártida, además de descripciones detalladas de seres submarinos.

Junto con los personajes, el lector también es capturado por esta obra, quien va de asombro en asombro desde las primeras páginas, aunque el lector no quiere escapar, como los personajes del libro.

Considerado como el padre de la literatura de ciencia ficción, Julio Verne predijo algunos de los inventos que se desarrollarían más adelante y aparecen en algunos de sus libros, como las escafandras autónomas, la televisión o los fusiles automáticos, entre muchos otros.

Por ser uno de los libros que todo amante de la literatura debe conocer, y además escrito por un autor fuera de serie, creador de obras como Viaje al centro de la tierra, La vuelta al mundo en 80 días y La isla misteriosa, entre otros, hoy recomiendo un primer acercamiento o una refrescada de memoria hacia su obra, clásica, aclamada y de la que han surgido múltiples adaptaciones para cine, teatro y televisión.

Casadentro y otras memorias #LibrosQueMeGustan

Uno de esos libros breves que lees despacio, y más que leerlos, los percibes, el título que recomiendo este #ViernesDeLectura es uno de mis más afortunados hallazgos de los últimos y pandémicos meses: Casadentro y otras memorias, de Miranda Locadelamaceta.

Escrito en un estilo muy particular, con una combinación entre prosa y poesía, en este libro imágenes, sensaciones y detalles van contando historias, todo desde la intimidad de una casa, el sitio donde la seguridad debería ser la emoción preponderante.

En estas páginas las paredes susurran, las alacenas escuchan, las bibliotecas hablan. Además de Casadentro, el relato principal, se encuentran Domo, doméstico, domesticar; Diccionario de intimidad y Cobertizo, tres narraciones más que van enchinando la piel por su profundidad, su tristeza derramada y sus guiños a lo más hermoso, pero también a lo más terrible de la cotidianidad.

Definitivamente Casadentro y otras memorias es un libro difícil de definir, pero como todo buen representante del arte, deja al lector con una sensación intensa al terminar y múltiples pensamientos suspendidos en el aire para retomar al sentirse con la disposición de ir más allá.

Como una de sus frases que más me gustaron, escrita en Diccionario de intimidad, este ejemplar es breve, pero intenso: “¡Cuánto peso en tan pocos gramos!”. Y justo por eso hay que leerlo.

Confesiones de esta mujer de piernas abiertas

Advertencia inicial: este no es un texto erótico, sino un testimonio de mi camino hacia la libertad.

A los doce años, por un error de percepción (o de franqueza), me supe una mujer fea, gris, sin chiste. Me miraba al espejo más por necesidad de salir menos despeinada, que por encontrar algún placer en la imagen que me devolvía el reflejo: demasiado delgada, la nariz enorme, la piel muy pálida. Y, además, tartamuda.

Una madrugada de franca desesperación porque todas mis amigas de la secundaria ya tenían novio y se les llenaba el buzón del pupitre del Día de San Valentín de rosas y cartas que a mí jamás me llegaron, tomé la decisión de que, si no iba a ser bonita y carismática, no podía darme el lujo de ser estúpida.

Me puse a leer, a buscar conversaciones más profundas, a ver las noticias, lo que mi mente adolescente creyó que podría ayudarme a llenar mis huecos de autoestima y compensar mi poco agraciado físico en un mundo de imágenes. Lo que hace la inseguridad.

Así, me convertí en alguien rebelde, a veces con causa y la mayoría de las veces sin causa. Si las mujeres usaban vestido, yo me ponía pantalones; si había que pintarse las uñas, yo me las dejaba naturales; si era necesario el maquillaje, yo andaba de cara lavada. No veía la televisión ni salía a fiestas.

Mi vida transcurría entre las paredes de mi recámara, con libros, una máquina de escribir y muchos sueños en las nubes. A partir de mi primer novio, a los 14, empecé a tener uno tras otro. Descubrí el poder de la inteligencia, de resultar interesante más allá de los pocos segundos que la gente se tarda en hacerse una idea del prójimo. No importaba que anduviera con huaraches de suela de llanta, encontré mi identidad entre páginas escritas por otros.

Crecí. La frase “No eres como otras mujeres” se convirtió en una constante, una constante que me causaba beneplácito y un sentimiento disimulado de orgullo: había conseguido quitarme de encima los mandatos femeninos impuestos a las mujeres, y sí, me sentía superior por ello.

Pasaron muchos, muchos años en los que tuve más y más novios y ya alcanzaba varios de mis objetivos. Me sentía bien conmigo misma, la sensación de los retos superados me llenaba el alma. Como era, sin arreglarme, tenía tantos pretendientes que empezaba con un novio antes de terminar con el anterior y, además, cuando inició mi vida sexual me descubrí apasionada, con una energía que no se acababa y gran apertura para explorar, para sentir; tenía una seguridad sorprendente hasta para mí.

Hasta que quien yo creí el amor de mi vida se enamoró de otra. Me engañó. A mí, a LA mujer. ¿Cómo era posible? Obviamente ella no me llegaba ni a los talones; para nada era tan culta, interesante ni inteligente como yo, sino una tipa hueca. Claro que él me dijo el típico “ella no es importante, tú eres mejor, fue nada más una aventura” que yo necesitaba escuchar; a fin de cuentas, él no pensaba dejarme y sí, me creí superior de nuevo. Lo que hace el orgullo lastimado.

A raíz de eso escribí mi novela Tacones en el armario. En ella a la protagonista le ponen el cuerno; en vez de echarse a llorar se levanta pronto y decide vengarse de su marido de la manera en que yo creí peor para un hombre: teniendo relaciones sexuales con muchos… y además cobrar por ello… y además gozarlo. Ángela, la heroína, desafía también las características impuestas a las mujeres como femeninas, y ese detalle, más el erotismo con el que narré el libro (necesitaba ser honesto, explícito, totalmente libre de mis propios miedos y prejuicios), lo convirtieron en un best seller que este 2020 cumple 10 años.

En mi enojo y tristeza por el engaño de quien ahora es mi exmarido busqué ponerle el cuerno más veces de las que él me lo había puesto a mí. Yo soy como mi personaje del libro, decidida, irreverente, juguetona, y dispuse de eso a mi favor. Usaba a los hombres como un número más en una lista escrita en las notas de mi celular. No me importaba si eran solteros, viudos, casados, divorciados, ennoviados, si me intentaban seducir, yo me iba con ellos a la cama. No pensaba en las novias o las esposas, ellas no eran mi problema, yo quería divertirme y usar mi libertad a mi conveniencia.

Conocí también a varias parejas swinger, la mayoría con un antecedente de infidelidad de alguno de los miembros, personas que optaron por compartir a su novio o novia, esposo o esposa para tener una relación equitativa. La complicidad y la confianza entre aquellos hombres y mujeres fue otro hallazgo que rompió mis esquemas mentales. Pocas mujeres he conocido con más autoestima que una hot wife. El universo del amor libre se cuece aparte: si todos los involucrados están conscientes de la situación y pueden tolerarla con alegría y salud mental, es un paraíso de felicidad y placer.

Paralelo a ello empecé a presentar Tacones en el armario en muchos lugares, a hablar de infidelidad. Así recibí un eco increíble en gran diversidad de mujeres. Lugar al que llegaba de visita, lugar del que salía con mil historias, la mayoría de mujeres a quienes también habían engañado o habían sido utilizadas para engañar.

Entonces mi sentimiento de superioridad comenzó a diluirse. Aquellas mujeres, algunas más jóvenes, otras más grandes; unas más altas, más bajas, más guapas, más delgadas, de ambientes rurales o urbanos. Todas ellas inteligentes, seductoras, con una fuerza descomunal y un espíritu que no les cabía en el cuerpo. Todas ellas con problemas similares a los míos, con inseguridades parecidas a las mías, con temores como los míos. Todas ellas eran yo, y yo era todas ellas. No pude seguir sintiéndome superior, sencillamente porque no lo soy. Ninguna lo es.

Empecé a rechazar a hombres con novia o esposa; a responder “todas somos iguales” cuando me decían “no eres como las otras mujeres”. Discerní que el aprendizaje de que “las mujeres juntas ni difuntas” sirve nada más para dormir la empatía entre nosotras, que esas comparaciones: “salgo con varias, pero tú eres la mejor”, “estoy con mi esposa por los niños, pero a quien amo es a ti”, “pues ella no se tentaría el corazón por cogerme a mí”, solamente provocan dolor, inseguridad, tristeza, corazones anestesiados. Lo sé porque, así como eso me provocaron a mí, yo lo provoqué también. Y decidí dejar de hacerlo. Hoy para mí esa es la verdadera libertad.

Me encanta el sexo, vaya que sí. He cumplido todas y cada una de mis fantasías y lo sigo haciendo, pero ahora mis términos son diferentes. Ahora sé que mi libertad personal no está por encima del bienestar de otros, que mi búsqueda de placeres no tiene sentido si causo el efecto contrario en otra mujer, porque esa mujer es justo como yo. Ya tuve sexo con tantos hombres que no me interesa seguir haciéndolo si no representa una experiencia significativa. No seré más pretexto ni cómplice de quienes mienten para evadir sus responsabilidades afectivas y sus traumas no trabajados.

Los seres humanos somos seres sociales, nos encontramos y comprendemos a nosotros mismos en la mirada de los otros.

En las miradas de otras mujeres yo renací.

La sombra del viento #LibrosQueMeGustan

Una novela policíaca, de misterios, pero también de locura y amor, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón es el libro que recomiendo en este #ViernesDeLectura.

Situada en Barcelona en la primera mitad del siglo XX, la anécdota gira en torno a Daniel Sempere, un niño huérfano de madre al que un buen día su padre lleva a conocer el Cementerio de los Libros Olvidados, un laberinto plagado de libros en el que Daniel converge casualmente con un tomo extraño: La sombra del viento, de Julián Carax, un autor desconocido.

Daniel lee la novela de Carax y queda fascinado. Con curiosidad infantil comienza entonces a indagar sobre el autor, a buscar más títulos escritos por él y así se abre en su mundo una historia de traiciones, intrigas, muertes, amores imposibles y secretos que ponen en riesgo su lucidez y su vida.

Escrita de manera magistral con una estructura impecable, a las 575 páginas de este tomo no le falta ni le sobra nada. Para mí esa es la característica más sobresaliente de la novela: en ella no hay cabos sueltos ni personajes casuales; los objetos y la ciudad adquieren vida propia y también influyen en el destino de los protagonistas.

Es una historia para recordar uno de los lugares comunes más comunes de los lugares comunes: la realidad siempre supera a la ficción.

Medio siglo con Borges #LibrosQueMeGustan

Un Mario Vargas Llosa lector y un Jorge Luis Borges enamorado son los hallazgos que regala el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura: Medio siglo con Borges, de Mario Vargas Llosa.

Se trata de un tomo de entrevistas que el autor peruano hizo al escritor argentino a lo largo de 50 años y en contextos diversos, desde congresos literarios en París, hasta la austera casa en que vivía Borges.

En esta obra vemos los distintos contactos entre Mario Vargas Llosa y Jorge Luis Borges, desde que el primero es un joven autor latinoamericano en Europa y el segundo es un escritor maduro que había estado encerrado en una biblioteca y experimentaba sus primeros viajes, sorprendiéndose de que tanta gente conociera su obra.

La relación entre ambos va avanzando. Las interacciones se van haciendo profundas, también los ensayos sobre la complejidad y universalidad y por qué no decirlo, las paradojas de la obra del argentino.

Pero lo que más me gustó de este libro fue el último capítulo, el último artículo, donde aparece un Borges ciego, ya avejentado, pero en vez de vivir encerrado en la biblioteca, encuentra el amor en una joven estudiante, María Kodama, quien le leyó, acompañó y cuidó e incluso hacia el final de su vida lo hizo dudar de su ateísmo.

Espera, ponte así #librosquemegustan

Desparpajada, irreverente, de una intensidad adictiva, la novela que recomiendo hoy, Espera, ponte así, de Andreu Martín, fue ganadora del premio La sonrisa vertical, ese mítico galardón que otorgaba editorial Tusquets a lo mejor de la literatura erótica.

Pero lo que no desaparecerá son las obras premiadas, entre las que se encuentran Silencio de Blanca, de José Carlos Somoza o Las edades de Lulú, de Almudena Grandes.

Espera, ponte así, es la historia de obsesión sexual y decadencia de un director de teatro que en pleno montaje enloquece de pasión por una de las actrices, bella, aunque poco talentosa, quien logra desequilibrarlo al punto de poner en riesgo todo lo bueno de su vida.

Está escrita de una manera tan intensa que al leerla es inevitable sentir esos tirones de emoción que provoca la sensualidad rebelde ante los propios límites. El gozo por sus páginas es tanto un gusto culposo, como un deleite estilístico, porque sí, el autor logra un equilibrio perfecto entre un lenguaje impecable y una anécdota perversa que seguro te sacará lúbricamente de tus casillas para terminar con el corazón acelerado y la entrepierna con un dejo de humedad.

Recuento de poemas #LibrosQueMeGustan

Jaime Sabines, el poeta chiapaneco y uno de los escritores consentidos de los mexicanos, escribió una vasta y profunda obra que incluye desde poemas de tinte político y social, hasta amorosos.

Por eso este #ViernesDeLectura recomiendo Recuento de poemas (1950-1993). En él se incluyen diversos libros de poesía de Sabines, desde Horal, publicado en 1950; Tarumba, de 1956, Poemas sueltos, del 1951 a 1961 y Algo sobre la muerte del mayor Sabines, de 1973, entre otros.

La importancia de la obra de este autor es que acercó el lenguaje poético a gente que por costumbre rechazaba la voz poética, logrando cautivar a un sinnúmero de seguidores, y también a una gran cantidad de detractores, escritores de rigidez mental que no pueden soportar que la lírica baje de los pedestales para posarse en las manos de las personas comunes y corrientes, como tú y como yo.

Recomiendo leer sus textos con el corazón ligero, abierto a la belleza y a encontrar en esas líneas trozos y trazos de la propia vida. Porque sí: “los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable.”