El viejo y el mar #LibrosQueMeGustan

La narración épica de la batalla de un hombre contra la naturaleza que es al mismo tiempo una lucha contra sí mismo y contra una sociedad que pretende imponer la idea de que la vejez es un lugar estéril.

Leí esta novela o cuento largo de adolescente y desde entonces he vuelto a él en varias ocasiones; Santiago, su protagonista, me atrevo a decir que es uno de los personajes más entrañables de la literatura porque Ernest Hemingway provoca que el lector experimente una cercanía total con sus angustias y miedos, pero también con sus motivaciones para no dejarse vencer por los tiburones en la lucha por un pez vela de más de cinco metros. Como lectores lo acompañamos en pensamientos y diálogos consigo mismo, en los que por fuerza también encontramos esas palabras que todos nos hemos dicho en múltiples ocasiones.

El viejo y el mar, escrita en La Habana pre Fidel, está inspirada en los pescadores cubanos y en 1953 le dio a Hemingway el Premio Pulitzer de ficción (el siguiente año, 1954, el autor obtuvo el Premio Nobel de Literatura).

El viejo y el mar es el libro que siempre recomiendo cuando alguien a quien no le gusta leer me pregunta con qué puede empezar; mis hijos lo leyeron a los 10 años.

Cada vez que releo las páginas de este gran libro vuelvo a ser aquella adolescente de 14 años que fue cautivada por las pasiones que el autor dejó plasmadas en una historia breve en páginas, pero eterna en legado, y vuelvo a sentir la emoción de ser esta lectora que sufrió con sus personajes como si ese dolor sucediera en mi propia piel.

¡Hasta el próximo viernes con otra recomendación de #LibrosQueMeGustan!

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Templos #cuento #ficción

Pasó frente a un motel y se persignó. Al principio sintió culpa y creyó haberlo hecho para ayudar a aquellos que no pudieron contener el deseo prohibido que hizo vibrar sus genitales para llevarlos a cierta habitación con una compañía condenada a ser pareja ocasional de hospedaje eventual, pecaminosa por naturaleza.

Dos luces verdes y una roja después, cuando empieza a pensar en la necesidad de parar en el supermercado por la harina para preparar las galletas que le prometió a su amiga no importa el nombre, se detiene en el semáforo y al voltear a la derecha se pregunta si existirá algún código secreto entre los amantes del sexo clandestino por el color durazno, al parecer el favorito de los expertos en esa rama de la hotelería fugaz, por la gran cantidad de edificios dedicados a esos fines pintados de ese tono tan desagradable a la vista, aunque agradable al paladar que gusta de los sabores finos en los primeros segundos, pero intensos al recuerdo.

Entonces se da cuenta que el “en el nombre del Padre”, que llevó su dedo índice hacia la frente; el “del Hijo”, que dirigió el dedo corazón hacia el centro del nacimiento de sus senos; el “del Espíritu” que la hizo recargar la palma de su mano ligeramente abierta en el hombro izquierdo, y el “Santo” que movió su extremidad superior derecha hacia la parte alta del pecho, arriba de sí misma, fue provocada por el recuerdo de los orgasmos que ella ha experimentado al habitar de manera fortuita aquellos templos del deleite y del placer.


*Este cuento forma parte de mi libro Grab my pussy: cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito.

Si lo quieres electrónico para Kindle lo encuentras aquí:

Abecedario #cuentos N-R #minificciones

Confusión fatal

“Es que a través de mi espejo retrovisor puedo mirar siempre al mar”, repetía Nuria cada vez que alguien le preguntaba el porqué de su afición por conducir largas distancias en automóvil. Lástima que nadie le advirtió mientras aún vivía, que los espejos retrovisores sirven para evitar accidentes automovilísticos y no para soñar despierta.

 

Ojos

Invitaron a Ofelia un programa de televisión. Se levantó temprano (mucho más temprano de lo acostumbrado). Ducha con dermo limpiador aroma a fresa, cabello acondicionado durante cinco minutos, crema anti arrugas para el rostro, desodorante lavanda. Eligió cuidadosamente su vestuario algunos días antes (adquirió un pantalón nuevo). Con toda calma fue al salón de belleza para alisar su cabello, pagar por un maquillaje perfecto. Lista justo a tiempo.

Las ventanas del automóvil cerradas, el aire acondicionado a la temperatura adecuada. Ojeadas al espejo retrovisor gozando la sensación de saberse viviendo un sueño. Llegó al estudio. Salió a recibirla el asistente de producción. Esperó unos minutos y entraron  al plató.

Correr de maquillistas, el peinador dándole un último ajuste a la cabellera del conductor. Después de una presentación veloz, la sentaron en su sitio. La sonrisa del productor se borró de golpe al escuchar una indicación en el audífono; se levantó de la silla y fue hacia el operador de la cámara uno, que en ese momento enfocaba hacia ella. Ella disfrutaba, al fin iniciarían sus quince minutos de fama. Después de un rato de no saber lo que pasaba, se acercó a ella el conductor, le dijo que no podría aparecer en el programa: por más que modificaron la iluminación, le pusieron filtros a los lentes de las cámaras, modificar el ángulo de su rostro en las tomas, no pudieron eliminar el resplandor que despedían sus ojos.

 

Querido Diario

(Fragmentos del diario de Patricia)

Día 1:

Te dejaré tomar mi mano y hacer una red con nuestros dedos, cuando señales en la calle el árbol más hermoso y yo escuche que sus hojas me hablan en susurros de un futuro común para los dos.

Día 2:

Te dejaré tocar mi espalda a través del suéter cuando, en una tarde fría, mi piel pida a estremecimientos sentir el calor de tu mano extendida.

Día 3:

Te dejaré besarme cuando pronuncies el conjuro adecuado para desatar la magia atrapada en mis oídos.

Día 4:

Te dejaré lamer mi cuello cuando descubras el sabor favorito de mi lengua y me lo traigas convertido en hielo.

Día 5:

Te dejaré arrancarme de un tirón los blue jeans cuando adivines el color de mi ropa interior y seas capaz de convertir sus encajes en listones que cedan ante la destreza de tus dientes.

Día 6:

Te dejaré abrir mis piernas cuando me cuentes sin hablar tu secreto más oscuro, sólo con el diálogo de tus labios y los míos.

Día 7:

Te empaparás en mi vientre cuando te vuelvas indispensable para mis pensamientos. Sólo así sabrás lo que es habitar en el paraíso.

 

Ironías involuntarias

Queila vio a su marido con la amante. Caminaban de la mano por la banqueta de una colonia lejana. Los siguió hasta el semáforo, pero su esposo levantó la mano, se subieron a un taxi y desaparecieron entre el tráfico de las dos de la tarde.

Se quedó ahí parada, entre vendedores ambulantes, niños de la calle y transeúntes inocentes. No sabía si llorar, reír a carcajadas, o regresarse a la habitación del hotel de donde acababa de salir.

 

Deportes extremos

Debajo de la falda Rosalía esconde el premio para el explorador que venza los obstáculos del dolor con el que vive. No empieza con C de clítoris ni con V de vagina; empieza con A de aventura y tal vez con P.

Debajo de la falda Rosalía guarda una colección de lenguas, un manojo de dedos, y la memoria de gemidos en diferentes tonos.

Debajo de la falda Rosalía tiene una buena colección de orgasmos: cada tres noches llega un invitado que deja su foto autografiada en la pared de sus trofeos.

 


*Estos minicuentos fueron publicados en el libro Con las alas grandes, en 2014.

*En la foto: la hermosa fuente de la Plaza de España, en Sevilla.