Carta abierta a la mujer que me acosó durante 16 meses y amenazó mi integridad y la de mis hijos

“La vida se encoge o expande en proporción al coraje de uno”.

Anaïs Nin

Estimada mujer,

En abril de 2018 irrumpiste en mi vida. Primero en forma de mensajes insultantes, después intentando sabotear mis redes sociales, luego con amenazas a mi integridad y la de mi hija de nueve años. Esto no es algo que deba contarte, tú sabes que cuando llegabas al trabajo, a la hora de la comida y en ocasiones antes de irte te dedicabas a revisar qué había escrito en Twitter y Facebook, buscar en tu repertorio de insultos los que mejor se acomodaran a mis publicaciones e invertir tu tiempo y energía en hacerme saber tus opiniones sobre mi forma de vestir, mi edad, mi trabajo, mi vida privada.

No es sencillo abrir todos los días el correo electrónico y encontrarte una mentada de madre más, mucho menos cuando había días en que eran cinco, ocho, trece, dieciocho, veinticinco. Lo que nunca entendiste es que eso que me decías a mí en realidad lo pensabas sobre ti misma. Como dijo la gran Anaïs Nin: “No vemos las cosas como son, las vemos como somos nosotros”.

Soy escritora, persona pública (y púbica, no es ningún secreto), escribo de erotismo, de sexo, y entiendo que esos temas generan cierto escozor en algunas personas. Tengo bien claro que no soy perfecta, que como todas las personas he cometido muchos errores, pero tengo esa misma certeza para saber que a ti solo te he dado mi cariño, gratitud, sonrisas; contigo solo he compartido risas, abrazos, cordialidad, y justo por eso al enterarme que eres tú quien estuvo detrás de esa pantalla con la intención de lastimarme entré en una vorágine de emociones encontradas: tristeza, rabia, decepción, incredulidad.

No sé qué te motivó a hacerlo. No sé por qué eliges vivir de esa manera, atacando al prójimo por puro deporte, por puro resentimiento, por pura envidia. O porque no tienes nada mejor qué hacer. Pero no lo creo. La mujer que tú eres y yo conozco es una profesionista exitosa, con un trabajo estable, un matrimonio feliz, una gran familia que ha tenido en la unión y el respeto los máximos atributos; la mujer con la que crecí es bella, con unos ojos espectaculares y un cuerpo exuberante que roba miradas y detiene el tráfico.

Por eso hoy quise escribirte, para recordarte que los rencores que guardamos nos lastiman a nosotros, no a quienes los reciben, que los malos deseos nos rebotan y terminan dañándonos más a nosotros que a quienes teníamos la intención de quitarle el sueño.

Hoy quiero decirte mil cosas, pero la principal es recordarte esa increíblemente preciosa e inteligente mujer que eres, la que bailaba más sexy en las fiestas, la que sonreía con felicidad y frescura, la que fue tan lista que esperó a casarse hasta que se supo segura, decidida y convencida, a pesar de tener una lista de pretendientes extensa. La que tiene trabajando tantos años en la misma empresa porque es alguien valorada y querida por propios y extraños.

En octubre del año pasado puse una denuncia ante la Procuraduría General de la República (hoy Fiscalía General de la República). Lo hice porque de pronto tus mensajes de odio comenzaron a ser amenazas. Tú bien sabes que tengo dos hijos, una niña y un niño. Lo sabes porque los conoces. También sabes que soy divorciada. Lo sabes porque fuiste a mi boda, porque fui a tu boda con mi marido, porque al separarme le conté a todos lo sucedido.

Tú aprovechaste esa información para hacerme daño, para crear miedo, para provocar que yo dejara de ser quien soy. Pero eso es imposible. A pesar del temor, yo seguí haciendo mi vida, continué publicando mis poemas, mis fotos, todo como si nada sucediera. Lo hacía con miedo, claro, pero continuaba. Y la denuncia avanzaba.

No sé qué te sucedió para amenazar con violar y matar a una niña de nueve años solo por la ocupación de su madre. Claro que cumpliste tu objetivo de provocarme miedo, culpa, todo lo que querías… pero no contaste con que parte de mi mensaje hacia las mujeres es de fuerza, independencia, contra la violencia, y por eso no podía dejar de denunciar a quien resultara responsable. Tampoco sabías que soy la persona más miedosa que conozco, pero que el miedo a mí me sirve de gatillo: soy una miedosa muy valiente.

Hoy reconozco el trabajo de todos los Ministerios Públicos que me escucharon, de los fiscales de la FGR que hicieron su trabajo de forma tan impecable que logramos dar contigo mediante los recursos materiales y humanos con los que ellos cuentan. Hoy me siento un poco más segura en las calles, en mi propia casa porque ellos adquirieron el compromiso de llegar hasta el fondo del asunto, y lo lograron.

Ignoro cómo terminará todo esto. De corazón deseo que sea de la mejor manera posible. Creo que en el mundo hay tanta porquería que necesitamos evitar más violencia de todas las formas que estén a nuestro alcance, procurar que el camino esté adornado con armonía y libertad.

También ignoro cómo terminar esta carta, por eso solo voy a agradecerte por haberme hecho recordar mi fuerza, mi tenacidad, mi capacidad de enfrentar las dificultades de la vida con dignidad y coraje. Gracias por hacerme ver de nueva cuenta que uno decide cómo utiliza lo negativo para aprender y crecer.

Mónica Soto Icaza

Diciembre 1, 2019.

 

Foto: Artem Beliaikim

Déjalo hoy… #AmorPropio #Libertad

Hoy quiero escribirte a ti, que vives un mal momento de tu vida al lado de un hombre que te maltrata. Quiero decirte, así, con todas sus letras, que lo dejes. Sí. Así de contundente y de difícil, aunque se diga fácil. Y quiero que lo dejes porque no va a cambiar. Por más que lo quieras, por más que creas que tu amor puede cambiarlo, no va a suceder. Te va a maltratar todo lo que su mente o sus impulsos le ordenen, hasta que te haga tal daño que vuelvas a plantearte dejarlo.

Y lo dejarás de nuevo, o por lo menos lo intentarás, pero luego vendrá y te pedirá disculpas, rogará, prometerá, tal vez incluso hasta vaya a la iglesia y jure ante el santo de su devoción, o te pedirá que lo perdones por tus hijos, o por su madre.

Y sí, quizás por un tiempo todo sea mejor y parezca que lo han superado; hasta que vuelvas a salirte del libreto, o él vuelva a tomarse esa copa, o tenga un mal sueño y ese día despierte con ganas de demostrarte quién manda, y volverá a violentarte, a decirte que no sirves para nada, que estás gorda, que sales muy cara para lo poco que das, que eres una puta y te vistes para exhibirte, que las esposas de sus amigos sí se hacen cargo de ellos, no como tú, que eres una egoísta…

Y volverán los gritos, los malos tratos, las miradas fastidiadas, los puños cerrados, las palabras ácidas, las altisonantes. Y te sentirás de nuevo parada en el aire, volverán la angustia, el insomnio, las crisis de nervios, el deseo compulsivo de comer o ir de compras para olvidarte unos segundos del problema; el deseo de dejarlo. Pero esta vez las suelas de tus zapatos serán más pesadas, tu voluntad será más difícil de localizar, porque cada golpe, ya sea de vocablos, de dedos comprimidos en el brazo, de moretones en los pómulos o en el alma, minará tu confianza, tu capacidad de decidir, el amor que sientes hacia ti…

Por eso tienes que dejarlo hoy. Porque no te puedes dar el lujo de seguir perdiendo el tiempo, la vida y la autoestima con alguien que no te ama y jamás va a poder amarte porque lo más seguro es que tampoco se quiera a sí mismo. Aunque tú desees con todo tu ser que él se mire como lo miras tú, con ese amor, cariño y compasión, él no puede hacerlo, porque eso requiere de un viaje profundo, un camino de auto transformación que sólo se logra con una voluntad que él no tiene.

Te juro que todo va a estar bien, que conseguirás salir adelante y algún día podrás volver a bailar sin miedo y otro día recordarás estos momentos como una pesadilla de la que tuviste la valentía de despertar.

Déjalo hoy. Y aunque vengan tiempos difíciles, momentos de indecisión y soledad, también surgirá dentro de ti un espíritu nuevo y créeme: nadie podrá volver a violentarte ni a pasar sobre ti jamás.

Sé bien de lo que hablo: también estuve ahí.

Déjalo hoy.

Mónica Soto Icaza