Cicatrices. Una disertación sobre el desamor. #relato

Me vacié de casa. Empecé por los libros, la computadora; llené tres bolsas con mis vestidos y una valija con rencores añejos. Abrí cajones. De ellos separé la basura de las memorias, y convertí en desechos algunos de esos recuerdos.

Cuando eres feliz en un sitio esas paredes absorben partículas de tus fragmentos, hasta que te derrumbas y en la reconstrucción ya no puedes precisar quién posee a quién.

Todas las historias de amor son dignas de contar. No importa si conociste al sujeto de tu afecto por medio de una coincidencia épica, si fue amor a primera vista o un golpe de suerte, cada vuelta de tuerca, revolución o circunvolución para que dos personas se encuentren modifica para siempre el devenir del mundo.

Pero aún más dignas de contar son las historias de desamor: en ellas habitan las cicatrices —únicas, indivisibles y legendarias— que hablarán por nosotros en la mesa de autopsias, como el mapa infalible de cada existencia.

De madrugada los espíritus se escurren en el espacio entre los edificios…

Las madrugadas son horas de trance, de escribir esas palabras que se forman debajo de la epidermis y se esconden cobardes en el día para no ser escuchadas o leídas ni por quien desea pronunciarlas. Las madrugadas. Con sus silencios intermitentes, sus luces que confunden billetes de doscientos pesos con papeles de veinte; las madrugadas, con los pensamientos de insomnio convertidos en humo denso flotando por los cubos de ventilación de los edificios e invadiendo sin pudor el sueño de los inocentes para sembrar ideas en ocasiones incómodas en quienes luchan por la felicidad. Madrugadas, con sus líneas de luz horizontales, con sus promesas rotas y palabras rimbombantes sin sentido.

Esta madrugada despierto donde deberías estar tú dormido. Esta madrugada de vida falsa, de este tiempo en el que soy alguien más viviendo adentro de mí, usurpando las horas de alguien a quien seguramente no conozco y no volveré a ver jamás. Esta madrugada tu cama me expuso las fibras de tus sueños. Esta madrugada sin amor, donde el enamoramiento engaña las tripas que hambrientas se retuercen sólo por eliminar las protuberancias que pueden acabar con la adoración que me tienes. Esta madrugada que descarnada y cruel me muestra la verdadera cara del desamor que siento por mí al ser orquídea en ramillete de claveles rojos de puesto de esquina. Esta madrugada que sangra en mis dedos y se escurre sobre el teclado para escribir una perorata de las razones por las que está bien quedarme, amarte por sobre todas las cosas y todas las personas, aun conociendo el riesgo de volver a quedar vacía.

Quise hacer cantos a la vida, pero a final de cuentas sólo somos estrofas en una sinfonía sin musicalidad ni orden que lanza disonancias al universo para perpetuar el caos y así mantenernos ocultos a los dioses que rescatan las almas de la falsedad justo antes de que salga el sol.