Carta de disculpa anticipada a los adultos que serán mis hijos

Hijos amados y adorados,

Hace poco más de un mes su papá y yo nos separamos. Sé que no ha sido fácil, pero el paso de los días nos ha mostrado que vamos a estar bien. Aunque desde antes que nacieran les he dirigido varias cartas, esta es sin duda la más dura y la que jamás creí escribir. Y heme aquí.

Lo primero que quiero decirles es que de su papá sólo tengo cosas buenas de qué hablar, nuestras diferencias y el motivo de la separación se han ido diluyendo con el paso de los días; él será siempre una persona muy importante para mí, y siempre lo querré: es el papá de las dos personas que más amo. Sé que todo lo que he tenido que vivir, tanto el sufrimiento, como el regocijo a su lado, fue para que ustedes sean precisamente las personas que son, y eso se lo agradeceré hasta el final de mi vida.

El motivo de escribirles esta carta a modo de disculpa, hoy que tienen siete y ocho años, es porque quiero que me perdonen por no haber elegido el camino fácil: con esta elección mía, a ustedes también les toca y les tocará sufrir. Aun así, deben saber que detrás de mis decisiones han estado y estarán ustedes en mi prioridad número uno, todo lo hago pensando en que ustedes estén bien, seguros y con una sonrisa en los ojos y en el corazón.

No es fácil ser una mujer que elige el camino fuera de la zona de confort, el camino de los sueños a realizar, el camino de romper esquemas de la sociedad. No sé en qué momento pasé de ser una niña que quería quedar bien siempre y agradar, a una adulta rebelde, que defiende sus ideales, vive de acuerdo a ellos y cree que las cosas mejoran con convicciones y esfuerzo. Desde muy chica supe que inventaría mi propia cotidianidad.

Quiero pedirles perdón porque seré una mamá soñadora, que viaja, crea, transforma, y eso tal vez en ocasiones no los pondrá en la situación más cómoda; sé que habrá momentos en que desearán tener a una mamá como la de sus primos o algunos amigos de la escuela, en vez de una que batalle contra molinos de viento, pero también sé que a la larga, cuando llegue el tiempo de volar para ustedes, yo seré la primera en impulsar sus sueños y apoyarlos, por muy disparatados que pudieran parecer.

Les ofrezco disculpas por las ausencias que ya hubo y las que habrá; porque mis ganas de gastar las alas en mi espalda me separaron de su padre, y a ustedes conmigo. Les ofrezco disculpas por no sentirme culpable.

Caminaremos los tres juntos, juntos construiremos una vida extraordinaria, con una mente ilimitada y experiencias que hagan de nuestros días un verdadero deleite. Sé que serán adultos que encontrarán y aprovecharán su máximo potencial en talentos, tiempo y experiencia.

Hijo e hija, vienen algunos días tristes, pero también vienen muchos días felices. Que todo este proceso les ayude también a ser personas independientes, futuros adultos sin miedo a expresarse ni a defender quiénes son, porque a fin de cuentas, la única persona que uno tiene en la vida es uno mismo; aunque tengamos cómplices, quienes transitamos cada día sobre nuestros pies y quienes nos acompañamos en la mente cada momento somos nada más nosotros mismos.

Cuentan conmigo y contarán conmigo siempre. Yo sé que viviremos una vida llena de aventura, encanto y pasión. Sé que estaremos juntos de alma y corazón cada día, y que los adultos que serán se sentirán muy orgullosos de pertenecer a esta familia.

Los ama, su mamá:

Mónica Soto Icaza

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