Sexo y libros #PorUnaVidaSexy

Ante la pregunta: ¿por qué escribes literatura erótica? La respuesta es inminente: porque el sexo y los libros son lo que más me gusta en la vida. La justificación podría ser innecesaria, pero —supongo que en mi interior habita una exhibicionista— encuentro un deleite exquisito en contar mis intimidades.


Descubrí el sexo antes que los libros, por humanas razones. Me apasioné primero por los libros que por el sexo, por sociales razones. A los 14 años la voluptuosidad de las imágenes provocadas en mi mente por ese artefacto de tinta y papel encuadernado que tenía en las manos me hizo adicta al deleite de leerlo todo, desde las etiquetas del champú en la regadera, hasta las dos enciclopedias de casa (pasando por carteles, folletos, boletos de estacionamiento, instructivos). Todo.


Entonces llegaron mis 15 años. Primero de preparatoria. La profesora de literatura nos dejó leer Arráncame la vida de Ángeles Mastretta. Atrapada desde las primeras páginas, fueron unas cuantas palabras las que releí una y otra vez, intrigada: “Yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa.” El resultado fue humedad inminente en mi entrepierna.

Las primeras veces son acontecimientos importantes en la vida de toda persona. Para mí esa lo fue. Descubrí que toda pieza literaria es erótica, no solamente porque contiene algún capítulo con contenido sexual propio de la cotidianidad, sino por la cantidad de emociones y sensaciones que viven en el cuerpo, como si al leer te convirtieras en uno de los personajes.


El siguiente libro que me erizó los vellos de la espalda fue Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig, que sin contener sexo de pronto me sorprendió con los puños cerrados y las uñas enterradas en las palmas de mis manos.


Varios años después, ya adulta, tuve el hallazgo de un ejemplar que en la portada ilustra a cuatro personajes desnudos, entrelazados entre miembros viriles, lenguas y piernas: el Erotica Universalis de Gilles Néret, un compendio de imágenes sexuales que van desde el año 5000 a.C., hasta la década de los 70 del siglo XX. En él las escenas son un verdadero festín para el lector: algunas son tan alucinantes que provocan rubor en las mejillas.


Otro de los textos que me emociona hasta las lágrimas es La esposa joven, del italiano Alessandro Baricco. Uno de sus fragmentos memorables: “La Esposa joven se preguntó dónde había visto ya ese gesto y era tan nueva ante lo que estaba descubriendo que al final se acordó, y fue el dedo de su madre que buscaba en una caja de botones uno pequeño de madreperla que había guardado para los puños de la única camisa de su marido.” Erotismo puro.


Poseo una biblioteca personal de ejemplares, tanto físicos como electrónicos, que son mi espejo particular de pasiones y perversiones. Algunos títulos que viven en ella son: Historia de O, de Pauline Réage, regalo del periodista Ricardo Rocha; Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad, ganador del VIII premio La sonrisa vertical; uno de mis favoritos, que ha influido mucho el estilo de mis cuentos: La máquina de follar, de Charles Bukowski, y una cantidad más obscena que Filosofía del tocador del Marqués de Sade, de volúmenes.


Cómo no amar el sexo y los libros, si ambos son origen y destino de la historia particular de cada uno de los mundos que interactúan al interior de nosotros. Si quien ha leído no percibe más de su humanidad en esas ficciones que tire la primera piedra.


*Texto publicado originalmente en mi columna #PorUnaVidaSexy de la revista Vértigo Político 🙂

Mujer esquirla #PorUnaVidaSexy

“Tu negocio no sirve para nada. Eres un fraude. Eres mala en la cama. Odio hasta tu peinado. No me gusta cómo eres con los niños. Eres un desastre en la vida. Eres una puta. Eres insuficiente, no te importa más que tu trabajo. Eres una loca. Eres tonta. Coges mal, no me gusta tu ritmo. Me molesta tu cara. Llévate todas tus cosas. No quiero ver ni una de esas mierdas aquí. Llévate nada más lo que tú te compraste. Después de años de matrimonio no te mereces nada por puta. Te voy a matar. Te voy a perseguir. Voy a hacer que vivas con miedo, con temor, con fracaso. Eres una perdedora. No haces nada bien. Solo sirves para gastar el dinero, para estirar la mano. No aportas nada. Eres mala para todos. Ni tu mamá cree en ti. Estás sola. La gente que amas siempre elige a otros. No eres suficiente, por eso no te eligen a ti. Eres problemática. No entiendes razones. Solo quieres hacer lo que se te da la gana. No puedes cumplir tus sueños. Tus metas no son importantes. Eres una mala mamá. Abandonas a tus hijos. Pierdes el tiempo. Vives en las nubes. Eres estúpida. Estás confundida. Tomas malas decisiones. No te vas a ir porque no puedes. Sin mí no eres nada. Sin mi ayuda te vas a morir de hambre. No tienes a dónde ir. No sabes ganar dinero. Con dos hijos nadie va a quererte. Tienes la nariz enorme. Ya ni siquiera conservas el buen cuerpo que tenías. Te vistes como prostituta. Escribes puras pendejadas. Nadie va a querer comprarte tus libros. Si te matara, te haría un favor…”

El hombre que amaba apretó el gatillo y yo me convertí en esquirlas de mujer. En fragmentos de ser humano con el único fin de sobrevivir el día. Porque en un país de machos a las mujeres libres hay que destruirlas. Hay que quebrarles la voluntad y las piernas; ensuciar su sexo y sus sueños. Porque a una mujer que goza del erotismo puedes maltratarla, convertirla en blanco de dedos índices purificados por la tibieza de vivir sin consecuencias.

Me convertí en una mujer débil. Una mujer fea. Una mujer triste. Una mujer sola. Metí la sonrisa en el sitio más seguro: las páginas de los libros, ese lugar en donde no había corazones rotos ni palabras equívocas, en donde podía ser libre a mis anchas. Ignoraba que cada tomo devorado configuraba en mí a una mujer rebelde. Una mujer idealista. Y poco a poco volví a ser una mujer con alas de papel y tinta, con tantas capas que alcanza a volar alto, y también con predisposición a caer desde esa altura. Soy una mujer que se ha raspado las rodillas. Una mujer que ha perdido todo para conservarse a ella. Una mujer que ha llorado a solas. Una mujer que ha dado la mano, aunque en el otro extremo no hubiera otra mano abierta. Soy una mujer puta. Una mujer ligera. Una mujer de libido desbordada. Una mujer de fotos atrevidas. Una mujer libre. Una mujer con suerte. Una mujer con el corazón de multifamiliar. Una mujer que quiere a más de un hombre y ama a uno. Una mujer que juega con sus hijos a escribir el mundo. Una mujer arrepentida. Una mujer rebosante de certezas. Una mujer de imaginación traviesa. Una mujer que ya no tiene miedo. Una mujer que ya no está triste. Una mujer multiacompañada. Una mujer joven. Una mujer guapa. Una mujer que sigue con la sonrisa metida en los libros. Una mujer metáfora. Una mujer personaje. Una mujer carcajada. Una mujer sarcasmo en la punta lengua. Una mujer energía de la naturaleza.

Soy una mujer hasta nunca. Una mujer hasta siempre. Una mujer en sus marcas, listos, fuera. Una mujer búnker. Una mujer meta. Una mujer hola. Una mujer adiós. Una mujer Yo.


*Este texto fue originalmente publicado en la revista Vértigo Político.

Doce cuentos peregrinos #LibrosQueMeGustan

El primer libro que leí de Gabriel García Márquez y me volvió adicta a sus historias y su manera de narrarlas fue Doce cuentos peregrinos. Tenía como dieciséis años y fue mi portal particular hacia este autor del realismo mágico que contaba su percepción de la realidad.

La introducción que escribió el propio autor es un mini manual de escritura de cuentos. En ella García Márquez cuenta el devenir de los doce textos en el libro y son la puerta de entrada perfecta a Me alquilo para soñar, Sólo vine a hablar por teléfono, María dos Prazeres y El rastro de tu sangre en la nieve (mi indiscutible favorito), entre otros.

Estos Cuentos bien podrían ser sueños, aunque situados en Europa, poseen la ilógica latinoamericana de desafiar a las emociones y la razón entre un sentido del humor algo negro, mucho sarcasmo y personajes entrañables.

Como todos los libros de Gabo, quien lee no termina incólume y las atmósferas de sitios y personajes permanecen gravitando en la mente incluso días después de haber cerrado la cuarta de forros tras el punto final.

Escenarios para el fin del mundo #LibrosQueMeGustan

Con una mezcla de crítica social y política con sentido del humor ácido que roza el cinismo con comedia, el libro que recomiendo hoy es: Escenarios para el fin del mundo, de Bernardo Fernández, mejor conocido en los altos y bajos barrios y galaxias circunvecinas como Bef.

En esta selección de textos el narrador, monero y artista pone al alcance del lector personajes como una sirena muerta convertida en influencer (antes de la era de los influencers, claro), una plaga de leones, un exterminador de vidas interestelar y hasta un Benito Juárez cibernético, entre muchos otros.

La narrativa de Bef es tan verosímil como fantasiosa, con la fluidez de quien sabe qué historia quiere contar y no se detiene en la autocensura ni en prejuicios para hacerlo, aunque para muchos amantes de la alta cultura, la ciencia ficción mexicana sea algo así como un pecado mortal para los altos estándares de las letras nacionales (léase con sarcasmo, por favor).

Para mí este libro es el testimonio de un autor que juega, pero se toma ese juego muy en serio, tan en serio que lo comparte en papel y tinta (sí, analógicos y digitales). Por eso lo recomiendo en este #ViernesDeLectura

Historias de Clítoris 1

Hola, soy el clítoris de Mónica. Me llamo así, Clítoris, porque a ella no le gustan los nombres propios, patronímicos ni diminutivos que algunas personas usan a veces para referirse a los órganos sexuales propios o ajenos. Yo estoy de acuerdo con ella. Alguna vez un señor me dijo “Amiguita” y me costó mucho trabajo vibrar con su lengua. Aunque cada quien, ¿no?

Sé que cuando le preguntan a mi poseedora cuál es la parte favorita de su cuerpo y ella responde “los ojos” o “las piernas”, en realidad está pensando en mí. He sentido cómo me aprieta mientras contesta, como si quisiera disculparse conmigo por ser políticamente correcta. A mí no me interesa lo que responda; a fin de cuentas, cuando estamos a solas o al elegir a un acompañante, su comportamiento es lo menos políticamente correcto. Eso es lo importante.

Me conoció a los once. Era su segunda o tercera menstruación. Mientras lavaba mi casa y los terrenos circundantes se metió el dedo corazón de la mano derecha en la vagina para ver si así lograba que la sangre se terminara más rápido. Como le gustó la sensación decidió introducirlo más adentro… y entonces la palma de su mano invocó el deseo de saber qué más había en esa área al rozarse con mi glande. No le importó que se enfriara el agua: siguió tocándolo todo. Fue así como ahí, en una regadera del segundo piso de una casa de tres recámaras pintada de blanco con columpios en el jardín, Mónica tuvo uno de los más grandes hallazgos de su vida que, como buena materialización de asombro, siempre estuvo en ella misma.

Mónica y yo gozamos impunemente durante varios meses, hasta una fatídica mañana en la clase de Moral. La escuela religiosa en la que la inscribieron sus papás con las intenciones más puras: que los valores familiares fueran reforzados, se encargó de arruinar sus corridas correrías eróticas, porque ahí le dijeron que el onanismo era un pecado, y de los graves. Como ella no deseaba irse al infierno, así, sentada en un pupitre del segundo piso de un centro educativo de tres edificios de ladrillos expuestos y una pista de carreras, la suscrita volvió a enterrarme entre sus piernas durante más años que los que hoy le gusta admitir.

Pero como no hay día que no llegue, ni plazo que no se cumpla, ni lujuriosa que lo soporte, Mónica cumplió 18 años. Sí, tuvo algunos encuentros semieróticos con los seis novios que había tenido, pero ninguno de ellos alcanzó a tocarme; yo esperé paciente el momento porque algo de entretenimiento tuve cuando mi dueña, amante del ejercicio, haciendo abdominales en la clase de educación física tenía orgasmos que no contemplaba como pecados al no ser provocados directamente por ella. ¿Ya ves por qué me cae tan bien?

Decía entonces que mi propietaria cumplió 18. Sus papás le hicieron una fiesta para celebrar la mayoría de edad, con amigos, familia y sí, su sexto novio, quien dicho sea de paso estaba algo frustrado con las continuas negativas de Mónica para irse a la cama, o por lo menos agarrarle algo más que la mano. Se acabó la reunión, familia y amigos se despidieron, los padres se fueron a dormir. Ella le dijo que lo acompañaba a la puerta para despedirlo. Ya ahí, antes de abrirla, se dieron un abrazo en la oscuridad, un beso de película romántica francesa y con las manos metidas en los mutuos jeans reaparecí en escena para no volver a esconderme jamás.

Pero ya luego te contaré de cuando conocí en piel y humedad a otro como yo, porque de tanto hablar de mí a Mónica ya le dieron ganas de saludarme con las yemas de los dedos. Y quién soy yo para hacer caso omiso a esa propuesta imposible de rechazar.


  • Texto publicado originalmente en la revista Vértigo Político en julio de 2020.

Inmaculada o los placeres de la inocencia #LibrosQueMeGustan

Una de las novelas eróticas más poderosas que he leído, este #ViernesDeLectura recomiendo Inmaculada o los placeres de la inocencia, de Juan García Ponce.

Una de las clasificaciones posibles de la literatura erótica es la que se divide en: la escrita por personas calientes, con verdadera vocación y ejercicio de la lujuria en una exploración continua de los límites del sexo, y la que se escribe por moda, imitación o en el afán de vender libros. De cuál de ellas se trata lo percibe el lector en las reacciones que el libro provoca en la piel, en el nivel de excitación y ansias por el orgasmo.

Inmaculada o los placeres de la inocencia es de las primeras. Cuenta la historia de la niñez y la juventud de Inmaculada, un personaje muy peculiar que se deja llevar por el placer sin pensar en consecuencias o complicaciones y huye de quien pretende robarle la libertad. Está narrada, además, con el estilo coloquial y espectacular de Juan García Ponce, uno de mis escritores mexicanos favoritos.

Por ser una novela que provoca gustos culposos y nos recuerda las sensaciones lúbricas y emocionantes de la adolescencia y juventud, Inmaculada o los placeres de la inocencia es mi recomendación en #LibrosQueMeGustan

Mi boca florece como un corte #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura de mediados de agosto de 2021 recomiendo un libro de 74 páginas y la extensión de un monumento: Mi boca florece como un corte, de la poeta estadounidense Anne Sexton.

Mi boca florece como un corte es una antología de una de las autoras precursoras de la poesía confesional. Sus líneas retoman los temas de las angustias femeninas, la incomprensión del mundo y del amor. Ganadora del premio Pullitzer de poesía en 1967, se atrevió a tratar temas tabú como la masturbación, el suicidio, la menstruación, la infidelidad, con un estilo reflexivo y combatiente al mismo tiempo: «Ella es tan desnuda y singular. Ella es la suma de ti y de tu sueño. Escálala como un monumento, paso a paso. Ella es sólida. En lo que a mí respecta, yo soy una acuarela. Lavable.»

Además, su lírica posee una fuerte carga erótica, siempre en un contexto de plenitud e incertidumbre: «… tan sensual como el amarillo-madre en el estanque, aquella noche que fue nuestra, cuando nuestros cuerpos flotaron y chocaron en agua de luna y las cigarras gritaron como lenguas.»

Este es un libro que requiere diversas relecturas en diferentes momentos de la vida. También es un portal hacia el descubrimiento de la obra de Anne Sexton, una mujer que hizo poesía y belleza de la depresión que sufría, aunque decidió morir a los 45 años. «Poemas y solo poemas me han salvado la vida».

De ficción y carne y hueso: todos son personajes

Una mujer me mira fijo. Tiene los brazos en jarra y pisa a las integrantes de una línea de hormigas con la punta de sus botas negras de tacón. Es rubia, mide 175 centímetros y su impaciencia nace de mi sordera hacia su historia. Se encuentra de pie en la esquina izquierda de mi imaginación, junto a mis sueños guajiros, mi tolerancia a la frustración y mi propensión hacia el chiste fácil; como sabe que es la próxima en la fila de mis personajes de cuento está casi harta de esperar; es bien sabido que toda espera es más incómoda cuando nos sabemos cerca del final. Está ahí, presionándome, con mal gesto, lo que provoca que no encuentre un sitio dónde colocarla: tengo predilección por la alegría y la susodicha no muestra ni un poco.


Me recrimina como El Padre de Luiggi Pirandello en sus Seis personajes en busca de autor: “… el autor que nos creó vivos, no quiso después, o no pudo, materialmente, colocarnos en el mundo del arte. Y fue una verdadera lástima: ya que quien tiene la ventura de nacer personaje vivo, puede burlarse hasta de la muerte, porque no muere jamás.”


Por eso me gusta pensar en la cantidad de orgasmos que personajes que no recuerdo tienen a diario en mi cabeza, en las parejas seducidas por conversaciones y roces de los que no tengo registro, cuerpos con todas las fisonomías posibles y rostros semejantes a mis objetos de deseo masculinos y femeninos, por supuesto; una de las ventajas de ser la autora es que mis personajes se ven como a mí mejor me place y en mis historias sucede lo que a mí se me antoja que ocurra. Una de las ventajas de ser el lector es que los personajes que descubres se parecen también a tus propios entes de anhelo.


Alguna vez le cambié el nombre al protagonista de una de mis novelas después de conocer en una comida a un señor que se llamaba Andrónico, era alto, de pelo castaño oscuro, ojos enormes, guapo como el hombre de mi libro. ¿Cómo resistir la tentación de nombrar a un inquilino de la ficción con el apellido de alguien que habita la no ficción, sobre todo cuando la descripción que configuraste se ajusta de forma tan perfecta a un perfecto desconocido?


Hace años un director de teatro que pretendía montar la obra de mi Tacones en el armario me presentó a quien haría el rol principal. No podía dejar de mirarla: sencillamente era mucho mejor que la Ángela de mi invención; su estatura, su tono de voz, su sonrisa, su complexión, su falda, sus tacones. Aunque no se realizó el proyecto, para mí ella tomó posesión de mi heroína.


Pasa también que la naturaleza chismosa de un progenitor de artificios se vuelve aliada. Otros paraísos terrenales para descubrir protagonistas y sus historias son aeropuertos, restaurantes donde grupos de señoras organizan desayunos mientras sus vástagos están en la escuela, funerarias, cafeterías de hoteles, supermercados, foros de Facebook. Acostumbro a visitarlos junto con mi libreta de apuntes, como una cazadora de palabras e ideas para llevar. A final de cuentas toda la gente que tiene la buena o la mala suerte de cruzarse en mi camino es susceptible de convertirse en habitante de mis mundos de ficción.


Así que ya sabes, si alguna vez nos encontramos y vivimos un momento de alguna especie de universo paralelo o cotidianidad extraordinaria, no dudes en que te convertiré en personaje de mis historias. Si resultas la estrella o uno secundario o incidental dependerá de la intensidad de nuestra interacción.
Bajo advertencia, no hay engaño.


* Texto originalmente publicado en la revista Vértigo Político.

La muerte en Venecia #LibrosQueMeGustan

Una novela breve, de intensidad abrasadora, el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura, La muerte en Venecia, del escritor alemán Thomas Mann, es uno de mis eróticos favoritos, aunque no está clasificado en ese género.

Gustav von Aschenbach es un escritor de 50 años, aclamado y reconocido por propios y extraños, pero presa de una soledad filosa y melancólica. Decide viajar a Venecia en la búsqueda de su inspiración perdida y lo que encuentra es a Tadzio, un adolescente de 14 años que le roba la paz, el oficio y hasta la cordura.

La narrativa de esta historia es elegante, muy filosófica, plagada de reflexiones acerca de la vida, la creación artística, la poesía. En ella encontramos el contraste entre la decadencia física del hombre y su entorno, contra la elevación del espíritu que supone estar enamorado.

Su tema es algo políticamente incorrecto, y aunque quizás las tribulaciones de un señor maduro que siente deseo por un niño de 14 años es algo que mucha gente no querrá leer, rescato este título por su perfección literaria y por la dolorosa humanidad que confiesa, porque sí: se necesita valentía para reconocerse débil ante los apetitos, y aún así tener la fortaleza para amarlos desde la lejanía.

Escritos de un viejo indecente #LibrosQueMeGustan

Uno de mis gustos culposos literarios, que prueba que quizás fallé como feminista, es la obra que les recomiendo este #ViernesDeLectura: Escritos de un viejo indecente, de Charles Bukowski.

Desde la primera vez que leí los relatos de Bukowski en La máquina de follar quedé absolutamente maravillada con su estilo desfachatado, directo, decadente en lo cotidiano; confieso que fue y ha sido uno de los mentores, a través de sus libros, de mi propia libertad narrativa.

Escritos de un viejo indecente es la compilación de historias que el autor publicó en su columna de la revista underground Open City, allá por los años 60 en Estados Unidos. En cuanto empezó a tener lectores se convirtió en una celebridad. Aunque los textos eran por encargo, él se escribió a sí mismo, algunos dicen que con exageración (pero no estoy muy segura), entre borracheras, mujeres, conversaciones absurdas y muchas situaciones que nos avergonzarían del género humano.

O tal vez por eso este libro resulta tan atractivo. Y porque, irrespetuoso, machista, degenerado, es testimonio de una época, reflejo de aquella y otras sociedades.

Jugaré contigo #LibrosQueMeGustan

Los caminos del erotismo son profundos, anegados de recovecos misteriosos; cada quien configura en su tránsito por la vida aquellos placeres con los que enriquecerá sus experiencias.

Por eso este #ViernesDeLectura quiero recomendarles Jugaré contigo, de Maritza M. Buendía, una novela sugerente, con el deseo como protagonista de los dos personajes principales, Susana y Levent, una mexicana y un turco que se encuentran para desentrañarse. Está narrada de manera elegante, muy intensa.

En Jugaré contigo cada capítulo revela fragmentos de la historia de Susana, el génesis de su predilección por leer a los hombres con quienes interactúa en el sexo para provocarles el placer preciso, no solo en el cuerpo, sino en el espíritu.

Una novela escandalosa, muy bien escrita, que sucede entre vitrinas en Amberes, una casa de muñecas y la ausencia de los padres, recomendable para disfrutar de unas horas de regocijo para la imaginación.

Dos soledades #LibrosQueMeGustan

Si quieres escribir, escribes o convives con un escritor y deseas comprender su obsesión por las palabras y las historias, entonces tienes que leer el libro que recomiendo en este #ViernesDeLectura: Dos soledades. Un diálogo sobre la novela en América Latina.

Era 1967, Gabriel García Márquez acababa de publicar Cien años de soledad con un éxito rotundo e inesperado. En ese contexto fue invitado a la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Ingeniería, en Lima, para tener una conversación con el recién galardonado con el premio Rómulo Gallegos: Mario Vargas Llosa.

Ahí, los dos futuros premios Nobel de Literatura hablaron del Boom latinoamericano, de la creación literaria, del proceso creativo detrás de los libros de García Márquez, pero, sobre todo, del espíritu de los escritores, sus motivaciones personales y políticas; de sus obsesiones.

Aquella plática fue compartida de mano en mano en fotocopias, durante años, con el título La novela en América Latina y ahora podemos recuperarla, junto con otros testimonios de la época, en Dos soledades, para beneplácito de los amantes de los libros, la ficción y algo de chisme literario.

Para mí leerlo fue tan revelador, que me provocó sonrisas, suspiros y lágrimas de felicidad.

Erotismo cotidiano

Una pareja tomada de la mano detona fantasías en mi imaginación, puede ser para escribir una historia o simplemente para entretenerme en ratos de ocio. Al mirar a dos individuos con los brazos entrelazados y la lengua en sincero coloquio, mi cuerpo insinúa las sensaciones de yemas de los dedos a los costados de mi vientre –mi punto débil– y entonces despierta el deseo de posar las manos en el teclado o empuñar la pluma y trazarme en la página en blanco para recorrer mi inventario particular de sonrisas:

La voz de ese hombre. La obsesión por la humedad relativa de un explorador en los Andes. El sexo infinito de un extranjero. Las uñas pintadas de negro del amante del jardín de higueras. Las visitas a los museos del viajero con el beso furtivo en la punta de la apetencia.

Las erratas en las páginas de las enciclopedias. Los poemas que el de los dedos como extensión de cuerdas de guitarra dejó en pedazos en la puerta de casa. El cronómetro de cristal donde se reflejó el asombro de un hallazgo. La boca que me dijo con certeza que sabría besar.

Las cicatrices en las falanges por unas baquetas. Los días oscuros del poeta con la gloria y el infierno entre los vocablos. El miedo de uno, ese y el otro. Mi miedo. La imperfección para hablar, junto a la perfección para seducirnos. Las quinientas noches de Sabina. Los despertares con Bach. La nostalgia por la muerte de Joao Gilberto.

Así es cómo en mi piel nacen las historias que se recrean en los ojos de los lectores; cómo en mis labios sucede la génesis de los personajes que se convertirán en entrañables o incómodos de aquellos dispuestos a compartir conmigo un fragmento de su tiempo en forma de prosa o poesía: entre la realidad y la ficción de mi propia vida que trasmuta en recuerdos a conveniencia.

Entonces pienso en quién pudo haber sido la musa de Carlos Fuentes cuando tecleó estas líneas en su libro La muerte de Artemio Cruz: “Ese cuerpo no era de él: Regina le había dado otra posesión: lo había reclamado con cada caricia. No era de él. Era más de ella.” Esa precisión al elegir las palabras, el aleteo de mariposa que detona en las emociones no pueden ser solamente ficción: tuvo que experimentarlo para describir con tan dolorosa exactitud, tuvo que haber sido poseído por alguien que más tarde inmortalizó en Regina.

Mientras leía El hombre que fue jueves cuestioné, llegando casi al final de la novela, ¿en qué terreno de qué país y con qué nivel de silencio habrá estado Chesterton para escribir: “El amor de la vida lo invadía todo. Hasta se figuró que oía crecer la hierba”? ¿Quién, que haya visitado un campo de espigas un día de viento, puede evitar el estremecimiento de ese sonido apenas perceptible, pero de una fuerza arrebatadora?

O algo tan simple como lo que Alain de Botton convirtió en literatura en su magistral El placer del amor: “El teléfono se vuelve un instrumento de tortura en las demoníacas manos del ser amado que no llama”, que no necesita explicación para nosotros, integrantes de la sociedad occidental que han sido educados por el amor romántico, y además adictos irredentos a la tecnología.

Si yo te preguntara a qué huele el cuello de la mujer que amas o cómo describirías la textura de las gotas que se desprenden de la regadera cada mañana y te refresca de calores y pesadillas, la respuesta seguramente sería un poema.

Así es como el erotismo es amo y señor de la cotidianidad.


*Este texto fue publicado originalmente en mi columna Por una vida sexy de la revista Vértigo Político.

El invencible verano de Liliana #recomendaciónliteraria

Liliana Rivera Garza fue asesinada hace poco más de treinta años. La mató el hombre que supuestamente la amaba. La mató porque ella ya no lo amaba a él. La tan famosa frase «si no eres mía, no serás de nadie», pronunciada incontables veces en la ficción, romantizada tantas veces en la realidad, para Liliana significó el fin. Tenía 20 años y el mundo a sus pies. ¿Cuántas Lilianas han tenido que pagar el mismo precio por intentar vivir siendo amas y señoras de sus decisiones?

En El invencible verano de Liliana, Cristina Rivera Garza, autora del libro y hermana de Liliana, escribió un retrato narrativo de la mujer detrás del morbo de nota roja, además de contarle al lector el viacrucis que implica tratar de encontrar el expediente de un asesinato que sucedió hace treinta años y que quedó impune.

Estudiante de arquitectura con vocación de escritora, Liliana era amante de escribir cartas y notas en incontables libretas y papeles sueltos. Gracias a esos recuerdos y a los testimonios de sus amigos más cercanos y parientes más queridos, Cristina Rivera Garza trae a la vida a la mujer intensa, apasionada amiga, estudiante dedicada, locuaz, joven soñadora con mil futuros distintos al alcance de su gran imaginación, para compartirnos un texto que es al mismo tiempo homenaje y protesta, narrado, además, con una mezcla de rabia y belleza que por igual contagia indignación, que sonrisas melancólicas y muchas lágrimas.

El invencible verano de Liliana es un libro obligado en este país en el que matan a 10 mujeres diariamente por el simple hecho de ser mujeres. Porque ya es tiempo de acabar con esta impunidad.

La poesía de los números #LibrosQueMeGustan

Compré el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura hace algunos años. Me llamaron la atención el título, la imagen de la portada, la edición en pasta dura con tela blanca. Del autor no sabía nada.

No fue sino hasta el pasado domingo de elecciones que lo elegí del librero de mi recámara y, entonces, de las 12 del día a las 3 de la tarde el tiempo se contrajo de tres horas a cinco segundos en los que mi cuerpo fue explosión de endorfinas y mis neuronas se regocijaron de hallazgo en hallazgo.

Hablo de La poesía de los números, de Daniel Tammet, un conjunto de ensayos de este matemático que se dedica a escribir, que retoma temas como el ajedrez, la desigualdad, la literatura y hasta su propia historia familiar y los cuenta desde su muy particular punto de vista, todo relacionado con predicciones, números y ecuaciones.

Esta obra introduce al lector en la mente de un hombre que percibe los números con colores y siluetas, lo que les da una dimensión distinta para comprender el mundo con un marco de referencia personal mucho más amplio.

La poesía de los números es un libro para leer despacio, un texto divertido y disfrutable que garantizo no pasará desapercibido.

El emperador de Portugalia #LibrosQueMeGustan

De la primera mujer ganadora del Premio Nobel de Literatura, este #ViernesDeLectura les recomiendo El emperador de Portugalia, de Selma Lagerlöf.

Con toques de magia en medio de la vida campesina, esta obra publicada en 1914 cuenta la historia de Jan, un campesino pobre que se casa viejo y engendra a una hija que no desea. Sin embargo, al momento que le ponen a la bebé en los brazos, se crea un lazo inquebrantable entre ambos, tanto que ella es bautizada por el sol con el nombre de Klara Fina.

El cuento de hadas del idilio entre padre y niña se quiebra cuando ella debe ir a la ciudad a buscar trabajo y poder ayudar a sus padres a pagar una deuda aparentemente imposible de saldar.

Tras varios meses de silencio los rumores acerca de la ocupación de Klara Fina amenazan la cordura de su padre, quien se convierte en un personaje de cuento, tanto para sus compañeros personajes de la novela, como para el lector.

El emperador de Portugalia es un libro íntimo, una fiesta de emociones, asombros y sonrisas. Una fábula de los alcances del verdadero amor.

Las batallas en el desierto #LibrosQueMeGustan

Uno de los libros más famosos y entrañables de la literatura mexicana, este #ViernesDeLectura recomiendo Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, una historia de ternura, amores imposibles, corrupción, infelicidad. De cambios inevitables.

Escrita con una prosa seductora,  estilo inconfundible de su autor, cuenta la historia de Carlos, un niño del México de la posguerra, quien se enamora de Mariana, la madre de su amigo Jim, una mujer que al ser madre soltera es acusada de «dudosa moral».

Las batallas en el desierto trata la corrupción política y social de México, además de entrar en el caos de los padres del protagonista, preocupados por el futuro y la suerte de su vástago, presa de un amor imposible hacia la peor fémina posible, que lo ven como la víctima de un accidente potencialmente mortal.

Esta obra de José Emilio Pacheco es  el relato sin melancolía de una Ciudad de México despiadada, pero en la que son posibles aún las leyendas de amor, aunque sean utópicas y estén condenadas al olvido.

Conquistar con estilo

Bienquisto (de buena fama y generalmente estimado) lector,

Es bien sabido que en el juego del amor y la seducción la palabra es núcleo y espina dorsal; creadora de alacridad (alegría y presteza del ánimo para hacer algo) o andróminas (embustes, enredos). Por eso en esta ocasión es de mi apetencia compartir con usted este breve glosario de vocablos para fascinar con estilo y elocuencia a la persona blanco de sus diligencias erubescentes (que se pone rojo o que se sonroja).

Esta ineluctable (dicho de una cosa: contra lo cual no puede lucharse) historia de amor comienza en una de las horas más románticas de la noche: el conticinio, cuando todo está en silencio, la piel dispuesta a ser territorio para las yemas de los dedos y los ojos se convierten en naifes (diamante de calidad superior) fúlgidos (brillante, resplandeciente).

Los personajes son Ella y Él. La situación un sueño estuoso (caluroso, ardiente, como encendido o abrasado). No sabemos quién de los dos fantasea.

En un extremo de la banca de un parque está Ella: labios rusientes (que se pone rojo o candente con el fuego), epidermis ebúrnea (parecida al marfil), aladar (mechón de pelo que cae sobre una de las sienes) que cubre una mirada godible (alegre, placentera).

En la otra orilla de la misma banca está Él: jarifo (rozagante, vistoso, bien compuesto o adornado), cabello ubérrimo (muy abundante y fértil) y sonrisa leda (alegre, contenta, plácida).

Cada uno lee, atrapado en las páginas de su respectivo libro (o tal vez en las pantallas de sus teléfonos, pero esto es ficción y soy dueña de mis licencias poéticas).

Como si el árbol detrás de la banca hubiera sido sembrado justo en ese sitio para este preciso instante, el desprendimiento de una rama con su respectivo estruendo provoca que las pupilas de nuestros protagonistas converjan: Deliquio (éxtasis, arrobamiento), lampo (resplandor o brillo pronto y fugaz, como el del relámpago), amatividad (instinto del amor sexual); una certeza inefable (que no se puede explicar con palabras) del inicio de una mirífica (admirable, maravillosa) coincidencia.

El “hola” que obtiene respuesta indica un romance agible (factible o hacedero). Sus manos desean invocar a la decencia, pero la boca del uno y la lengua de la otra ignoran las formas y se dejan llevar por la salacidad (inclinación vehemente a la lascivia).

Ahí, parados sobre la tierra de este opimo (rico, fértil abundante) parque de ensueño sucede un liento (húmedo) beso que continúa en una habitación extraña inundada de sonidos gemebundos (que gime profundamente) y movimientos titilantes (agitarse con ligero temblor).

Minutos lautos (ricos, espléndidos, opulentos), en los que ellos luden (frotan, estregan, rozan algo con otra cosa) en una venusta (hermosa y agraciada) danza de mador (ligera humedad que cubre la superficie del cuerpo, sin llegar a ser verdadero sudor), digna de prosternarse (arrodillarse o inclinarse por respeto) y anotar en la bitácora coruscante (que brilla) de utopías a ras de alcoba.

El despertador interrumpe a quien sueña justo en el momento en que el sol dibuja el contorno de las montañas. El quillotro (amorío, enamoramiento) se ha esfumado, pero quedan en su cuerpo algunas escurrimbres (últimas gotas de un líquido que se ha quedado en una vasija) inolvidables.

*(Significados del Diccionario de la Real Academia Española).


Columna originalmente publicada en la revista Vértigo Político.

Mientras escribo #LibrosQueMeGustan

Llegué al libro que les recomiendo hoy buscando alguna respuesta a una angustia de novelista que no lograba desentrañar para terminar la historia que estoy escribiendo, y lo que encontré fue un libro que desde las primeras páginas se convirtió ya en uno de mis favoritos: Mientras escribo, de Stephen King.

Mientras escribo es la autobiografía novelada y manual de escritura de Stephen King. Escrito con el sentido del humor, la ironía y la vasta imaginación, estilo inconfundible del autor, es un viaje de inmersión hacia su mente, su proceso creativo, los golpes afortunados y desafortunados de suerte en su trayecto a convertirse en autor referente de la literatura de terror, fantástica y ciencia ficción.

Por otro lado, también es un cúmulo de consejos de escritura directos de su experiencia, desde la infancia con Dave, su hermano y cómplice, pasando por su etapa de adicciones a alcohol y drogas, y la redención al lado de su principal lectora, secuaz y esposa Tabitha.

Mientras escribo es el libro perfecto para quien busca leer una historia humana y extraordinaria, para quien necesita algún norte al crear sus propias ficciones y, sobre todo, para curiosos irredentos de la vida y obra de un creador tan prolífico como Stephen King.

Papeles inesperados #LibrosQueMeGustan

Los libros tienen una magia especial. Así como dicen que «el que busca encuentra», la manera en que coincidí con mi recomendación para este #ViernesDeLectura fue tan mágica como el libro mismo: lo encontré entre revistas de cocina, manuales de superación personal y best sellers en la feria de libro de un supermercado. ¡Y me costó $30.00 pesos! (Hallazgos así no los tiene ni Obama).

El libro es Papeles inesperados, de Julio Cortázar, nada más y nada menos, publicado después de 25 años de la muerte del autor, e, irónicamente después de la publicación de sus «obras completas».

Papeles inesperados es una colección de textos sueltos, inéditos, encontrados por su viuda, Aurora Bernárdez en una cómoda abandonada a su suerte durante años. Dividido en Prosas, Entrevistas ante el espejo y Poemas, se compone de fragmentos, prólogos, notas, cuentos, poemas, discursos y mucho más.

Leerlo es como entrar en el proceso creativo del autor a lo largo del tiempo, como un voyerista que no nada más desea ver lo que él decidió digno de compartir, sino lo que descartó u olvidó, que no deja de tener el brillo, el ingenio, el sentido del humor y la desconstrucción magistral del lenguaje que hace que amemos tanto a Cortázar.

Por eso aquí les dejo una muestrita para abrir boca:

«Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.» Julio Cortázar

Sexo y libros

«¿Por qué escribes literatura erótica?» es la pregunta que más he escuchado. La respuesta es inminente: porque el sexo y los libros son lo que más me gusta en la vida. La justificación podría ser innecesaria, pero —en mi interior habita una exhibicionista— encuentro un deleite exquisito en contar mis intimidades.


Descubrí el sexo antes que los libros, por humanas razones. Me apasioné primero por los libros que por el sexo, por sociales razones. A los 14 años la voluptuosidad de las imágenes provocadas en mi mente por ese artefacto de tinta y papel encuadernado que tenía en las manos me hicieron adicta al deleite de leerlo todo, desde las etiquetas del champú en la regadera, hasta las dos enciclopedias de casa (pasando por carteles, folletos, boletos de estacionamiento, instructivos). Todo.


Llegaron mis 15 años. Primero de preparatoria. La profesora de literatura nos dejó leer Arráncame la vida de Ángeles Mastretta. Atrapada desde las primeras páginas, fueron unas cuantas palabras las que releí una y otra vez, intrigada: “Yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa.” El resultado fue humedad inminente en mi entrepierna.


Las primeras veces son acontecimientos importantes en la vida de toda persona. Para mí esa lo fue. Descubrí que toda pieza literaria es erótica, no solamente porque contiene algún capítulo con contenido sexual propio de la cotidianidad, sino por la cantidad de sensaciones que viven en el cuerpo, como si al leer te convirtieras en uno de los personajes.


El siguiente libro que me erizó los vellos de la espalda fue Novela de Ajedrez, de Stefan Zweig, que sin contener sexo de pronto me sorprendió con los puños cerrados y las uñas enterradas en las palmas de mis manos.

Espejo


Varios años después, ya adulta, tuve el hallazgo de un ejemplar que en la portada ilustra a cuatro personajes desnudos, entrelazados entre miembros viriles, lenguas y piernas: el Erotica Universalis de Gilles Néret, un compendio de imágenes sexuales que van desde el año 5000 a.C., hasta la década de los 70 del siglo XX. En él las escenas eróticas son un verdadero festín para el lector: algunas son tan alucinantes que provocan rubor en las mejillas.


Otro de los textos que me emociona hasta las lágrimas es La esposa joven, del italiano Alessandro Baricco. Uno de sus fragmentos memorables: “La Esposa joven se preguntó dónde había visto ya ese gesto y era tan nueva ante lo que estaba descubriendo que al final se acordó, y fue el dedo de su madre que buscaba en una caja de botones uno pequeño de madreperla que había guardado para los puños de la única camisa de su marido.” Erotismo puro.
Poseo una biblioteca personal de ejemplares, tanto físicos como electrónicos, que son mi espejo particular de pasiones y perversiones.

Algunos títulos que habitan en ella son: Historia de O, de Pauline Réage, regalo de un periodista amigo; Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad, ganador del VIII premio La sonrisa vertical; uno de mis favoritos, que ha influido mucho el estilo de mis cuentos: La máquina de follar, de Charles Bukowski, y una cantidad más obscena que mi adorado Filosofía del tocador del Marqués de Sade, de volúmenes.


Cómo no amar el sexo y los libros, si ambos son origen y destino de la historia particular de cada uno de los mundos que interactúan al interior de nosotros. Si quien ha leído no percibe más de su humanidad en esas ficciones, que tire la primera piedra.


*Texto publicado originalmente en mi columna «Por una vida sexy» de la revista Vértigo Político en abril de 2018.

La peor señora del mundo #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura en #DíaDelNiño quiero recomendar el cuento que más he leído con mis niños y que nos ha provocado infinidad de carcajadas: La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa.

Esta señora mala, malísima, vivía con sus cinco hijos al norte de Turambul. Era tan mala que ni las hormigas pasaban cerca de su casa, le pegaba a sus hijos cuando reprobaban, pero también cuando sacaban diez y pellizcaba a todo aquel que se atreviera a coincidir con ella en la calle.

Cansados de su maldad, los demás habitantes del pueblo ejecutan diversas estrategias para hacerla cambiar, todas un fracaso, hasta que al más viejo se le ocurre la táctica sorprendente con la que consiguen engañarla para poder vivir en paz… y hasta convertirla involuntariamente al bien (claro, sin que ella esté enterada).

La peor señora del mundo es una historia divertida y llena de sorpresas, narrada de una manera tan encantadora que es imposible soltarla. El libro fue publicado en 1992 y sigue haciendo gozar a niños y adultos que aman la ironía, lo políticamente incorrecto y los finales felices.

Con decirles que lo he leído junto con mis hijos unas cincuenta veces…

Defender la seducción

Cuando alguien me atrae no soy inofensiva. Una vez conocí a un señor que me gustó desde que lo vi, sentado en la mesa de un restaurante, esperándome.

Soy una coqueta confesa. Por eso en cuanto lo saludé supe que lo quería en mi cama. No por eso le expuse mis intenciones de inmediato o le acaricié la pierna “accidentalmente”, claro que no: tracé una estrategia para enamorarlo.

Tengo bien claro que el cuerpo ajeno es territorio tocable solo después de haber recibido autorización del poseedor. Si tomas de la mano a alguien que apenas conoces es romántico; si es la pierna o la cintura estás trasgrediendo su espacio personal. Ya de rozarle las nalgas ni robarle un beso hablamos. Aunque me moría de ganas.

Como el del erotismo y la pornografía, el límite entre seducción y acoso es muy difuso y se desdibuja fácil cuando entran en la ecuación el instinto, los impulsos, las hormonas trazando fuegos artificiales.

La comida transcurrió entre una plática con humor, inteligencia y muchas sonrisas, y sí, me dejó con deseo de más. Bien se sabe que en la seducción lo transparente y lo honesto es muy atractivo.

Pasaron las semanas. Seguíamos comunicándonos de vez en cuando, pero yo no veía claro. Tenía mil dudas: ¿le habré gustado? ¿Cómo me acerco para ser alguien agradable sin acosarlo? La literatura, como siempre, me dio el pretexto perfecto y le mandé un libro que acababa de publicar.

Le envié otro mensaje: “¿Ya recibiste mi libro?” Él respondió con un indiferente e impersonal: “Sí, gracias. Déjame ver en qué te podemos ayudar”.

Repensar

A pesar de haberle escrito en la portadilla una dedicatoria sexy, el hombre no parecía haberse dado cuenta de mis intenciones. Eso me llevó a hacer el último intento; si después de lo que iba a redactar no me hacía caso dejaría el asunto como un instante de deleite unidireccional y lo borraría del mapa.

Mi filosofía es: si una persona me dice “no”, entonces es “no”. Si le digo a alguien “no”, entonces es “no”; muchos de los problemas entre hombres y mujeres radican en que a veces queremos que nos adivinen el pensamiento, y eso provoca equívocos incómodos o réplicas aleatorias.

Mi mensaje decía: “¿Y quién te está pidiendo ayuda? Yo lo que quiero es volver a verte”. Su respuesta tardó menos de un minuto en llegar; nos pusimos de acuerdo y una semana después ya estábamos sentados de nuevo en otro restaurante, con él diciéndome que lo anotara en la lista de los hombres que querían hacerme el amor y conmigo sonrojada y caliente.

Al terminar de comer me ofreció ir a su casa. Las palabras que pronuncié fueron las culpables no solamente de que consiguiera mi objetivo de llevarlo a la cama, sino de que se quedara pensando en mí siete días más: “Sí voy a ir a tu casa, pero no vamos a tener sexo hoy, sino hasta la próxima vez”. Así fue. Una semana tras otra, hasta convertirnos en pareja y tejer a diario un “fueron felices para siempre” muy a nuestro estilo.

Transitamos por un momento emocionante de la historia; un tiempo de feminidad renovada y masculinidad que es necesario repensar. Hombres y mujeres necesitamos recordar que vivimos en la misma contaminada y poco pacífica esfera flotante en el universo y sentarnos a explorar nuevas formas de interacción.

Utilicemos la información disponible respecto a los temores y deseos de ambos sexos para unir y no para separar: la seducción y el erotismo son herramientas para la defensa y felicidad de nuestra condición de humanos. Por eso abogo por defenderlos desde la plenitud y la libertad.


*Esta columna fue la primera que publiqué en la revista Vértigo Político #PorUnaVidaSexy, hace justo dos años, en abril de 2019.

Somoza #LibrosQueMeGustan

Mucho se ha hablado de Anastasio Somoza Debayle, el dictador nicaragüense responsable de tanta represión y sangre, pero en el libro que recomiendo hoy, Somoza, de Ligia Urroz, vemos a un «Tachito» humano, cariñoso, desde la visión de una niña de once años que lo admira y aprecia.

La obra no es una biografía novelada del personaje ni un tratado histórico sobre aquella época en Nicaragua, sino una combinación de ficción y no ficción con algunas conversaciones, lecturas, programas de televisión y sobre todo, el testimonio que hace la autora desde la perspectiva que vivió de los hechos como punto de partida y destino.

Es un libro de fragmentos, empieza con las recreaciones de la conspiración para asesinarlo y el operativo en el que lo ejecutaron, para continuar con los recuerdos de la autora, quien lo conoció viendo películas en la casa o dando paseos por la playa y experimentó incomprensión y disonancia cognitiva: ¿cómo comprender que ese mismo señor amable con el que un día comiste chocolates, puede ser el mismo que provocó la muerte de tantas personas?

El baile #LibrosQueMeGustan

Situado en París a principios del siglo XX, El baile, de Irène Némirovzky, es un festín de emociones desbocadas. Ira, resentimiento, esperanza, frustración,  danzan entrelazadas en una historia breve en páginas, pero exquisita en estructura, descripción de las situaciones y un nudo asombroso, de esos que resultan sorprendentes en sí mismos.

Los Kempf: señor, señora e hija, se mudan a un piso suntuoso y caro, gracias al reciente éxito económico del hombre de la casa, quien pasa de portero del banco, a acaudalado inversionista en un golpe de suerte. Para encajar en el nuevo estatus social y encontrar más clientes deciden organizar un baile. Su hija no se siente entusiasmada por la idea, los intentos de la madre por educarla como a una señorita adecuada para la sociedad en la que ahora viven, las ha convertido en una especie de enemigas… y el baile es la situación perfecta para consumar una venganza adolescente.

Irène Némirovzky, la autora, nació en Ucrania, vivió en París, fue deportada por su origen judío, aunque se había convertido al catolicismo, y murió en Auschwitz durante la segunda guerra mundial. Fue políglota, muy reconocida en su tiempo, creadora que hay que conocer.