De letras, vida y lecturas…

Los libros siempre han estado ahí, a mi alcance. Primero de mi apatía, después de mi curiosidad, ahora de mi fascinación. Desde mis primeros recuerdos los libreros llenos de lomos con títulos sugerentes y grosores tan diversos como la humanidad son habitantes de los espacios donde respiro, como cómplices incondicionales de mis locuras.

Los primeros que recuerdo son El nuevo tesoro de la juventud, enciclopedia con 20 tomos gris con rojo que fueron fuente de todos mis trabajos de primaria y secundaria. También Mi primera enciclopedia, de Disney, que leí completa de niña; después de comer agarraba un tomo y me sentaba en la escalera de la entrada de la casa a leerlo de principio a fin; en ella aprendí sobre Beethoven y que no todos los pájaros negros con el pico alargado son cuervos, sino arrendajos.

Me acuerdo de Por quién doblan las campanas, de Hemingway, que me llamaba la atención porque el significado que existía en mi mente de la palabra doblar no tenía nada que ver con campanas, que por naturaleza son de materiales no maleables. De Las tentaciones de San Antonio, de Gustave Flaubert, que mi mamá me leía acostadas en la sala y yo imaginaba con los ojos cerrados. De Mujercitas, de Luise May Alcott, que me hizo empezar a cuestionarme el papel de las mujeres en la sociedad, y a sospechar que mi historia se saldría de las rayas de los cuadernos. Tenía ocho años.

Otro libro que se fijó en mi memoria fue el de la portada con una niña de gesto irreverente tras las rejas, Motín en el reformatorio, de Jack Thomas, que nunca leí, pero cuyo nombre me resultaba confuso a los diez años; yo creía que la niña se llamaba Motín, lo cual me parecía raro, pero no improbable. De Un instante de optimismo, que era una compilación de fragmentos de la obra de varios autores, donde leí por primera vez a Benedetti, el Poema 20 de Neruda, partes del famoso Un mensaje a García, de Elbert Hubbard, que años después leí completo, y otros más que me hicieron enamorarme de la poesía. Aunque no entendía bien a qué se refería Cortázar con el capítulo siete de Rayuela, no podía dejar de leer. Los libreros estaban llenos de universos, y entonces yo empecé a intuir que más allá de las repisas de madera de mi casa se encontraba un mundo entero de letras sobre papel. Y yo quería explorarlo entero.

Tenía 14 años. Vacaciones. La época no era económicamente propicia para salir de viaje: quienes vivimos en México ese verano de 1994 lo sabemos. Mis padres trabajaban, mis hermanas salían con amigos, yo me aburría sola en casa y lo natural fue ir hacia el librero para ver qué encontraba.

Había un lomo amarillo, ancho, que decía El corazón de piedra verde. No recordaba haberlo visto antes por ahí y el verde era mi color favorito, así que la elección fue sencilla. Lo tomé, le di la vuelta y empecé a leer la contraportada. Era una historia situada en México Tenochtitlan en la época de la Conquista, tema que me interesaba por mi predilección hacia lo prehispánico.

Fui a mi recámara, me recosté en la cama y mis ojos empezaron a recorrer las líneas de sus 827 páginas sin saber que conforme iba devorando los párrafos como alguien que no ha comido en días, también iba trazando las líneas de mi destino. A partir de esa novela escrita por Salvador de Madariaga y publicada por primera vez en 1942 para mí el mundo estrenó colores, sonidos, aromas, texturas y sabores. Desde entonces los libros jamás me han quitado el hambre.

Los libros te cambian la vida. Los libros reconfiguran las ideas. No imponen, invitan. No denotan, transigen. No sólo enseñan, sino que convocan a explorar. Cuando lees es inevitable que cambie la vida a tu alrededor.

No sé si hubiera sido buena abogada, una científica que transformara el rumbo del planeta o una empresaria que aportara miles de empleos a la sociedad, no me interesa: desde la mitad de la segunda década de mi existencia supe que la transitaría con los dedos manchados de tinta y los ojos inundados de letras. Ni un segundo he soñado con que sea de otra manera.

La muerte en Venecia #LibrosQueMeGustan

Una novela breve, de intensidad abrasadora, el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura, La muerte en Venecia, del escritor alemán Thomas Mann, es uno de mis eróticos favoritos, aunque no está clasificado en ese género.

Gustav von Aschenbach es un escritor de 50 años, aclamado y reconocido por propios y extraños, pero presa de una soledad filosa y melancólica. Decide viajar a Venecia en la búsqueda de su inspiración perdida y lo que encuentra es a Tadzio, un adolescente de 14 años que le roba la paz, el oficio y hasta la cordura.

La narrativa de esta historia es elegante, muy filosófica, plagada de reflexiones acerca de la vida, la creación artística, la poesía. En ella encontramos el contraste entre la decadencia física del hombre y su entorno, contra la elevación del espíritu que supone estar enamorado.

Su tema es algo políticamente incorrecto, y aunque quizás las tribulaciones de un señor maduro que siente deseo por un niño de 14 años es algo que mucha gente no querrá leer, rescato este título por su perfección literaria y por la dolorosa humanidad que confiesa, porque sí: se necesita valentía para reconocerse débil ante los apetitos, y aún así tener la fortaleza para amarlos desde la lejanía.

Escritos de un viejo indecente #LibrosQueMeGustan

Uno de mis gustos culposos literarios, que prueba que quizás fallé como feminista, es la obra que les recomiendo este #ViernesDeLectura: Escritos de un viejo indecente, de Charles Bukowski.

Desde la primera vez que leí los relatos de Bukowski en La máquina de follar quedé absolutamente maravillada con su estilo desfachatado, directo, decadente en lo cotidiano; confieso que fue y ha sido uno de los mentores, a través de sus libros, de mi propia libertad narrativa.

Escritos de un viejo indecente es la compilación de historias que el autor publicó en su columna de la revista underground Open City, allá por los años 60 en Estados Unidos. En cuanto empezó a tener lectores se convirtió en una celebridad. Aunque los textos eran por encargo, él se escribió a sí mismo, algunos dicen que con exageración (pero no estoy muy segura), entre borracheras, mujeres, conversaciones absurdas y muchas situaciones que nos avergonzarían del género humano.

O tal vez por eso este libro resulta tan atractivo. Y porque, irrespetuoso, machista, degenerado, es testimonio de una época, reflejo de aquella y otras sociedades.

Jugaré contigo #LibrosQueMeGustan

Los caminos del erotismo son profundos, anegados de recovecos misteriosos; cada quien configura en su tránsito por la vida aquellos placeres con los que enriquecerá sus experiencias.

Por eso este #ViernesDeLectura quiero recomendarles Jugaré contigo, de Maritza M. Buendía, una novela sugerente, con el deseo como protagonista de los dos personajes principales, Susana y Levent, una mexicana y un turco que se encuentran para desentrañarse. Está narrada de manera elegante, muy intensa.

En Jugaré contigo cada capítulo revela fragmentos de la historia de Susana, el génesis de su predilección por leer a los hombres con quienes interactúa en el sexo para provocarles el placer preciso, no solo en el cuerpo, sino en el espíritu.

Una novela escandalosa, muy bien escrita, que sucede entre vitrinas en Amberes, una casa de muñecas y la ausencia de los padres, recomendable para disfrutar de unas horas de regocijo para la imaginación.

Tus mujeres de mis orgasmos #autoentrevista

CELOS Y ORGASMOS

Tus mujeres de mis orgasmos surgió de una de mis más significativas contradicciones: la libertad de espíritu y los celos.

Me explico: crecí, como la mayoría de las personas de mi generación, las previas y algunas posteriores, con la idea de que el único esquema de relación era la monogamia: un hombre y una mujer. Más adelante, a los 20 años, gracias a uno de mis mejores amigos de la época, descubrí que también existían las relaciones homosexuales (en mi casa no se hablaba de eso, simplemente no existían) y entonces la visión de la monogamia se expandió a mujer con mujer y hombre con hombre, cada uno con su cada cual. Nada más uno, eso sí.

Desde mi primer novio, a los 14 años, mi constante en las relaciones fue empezar con el siguiente novio mientras aún seguía con el anterior. En esas infidelidades había un enorme componente de placer y satisfacción, pero también uno gigante de culpa, me sentía descompuesta de algo, y esa percepción de ser defectuosa hacía mella en mi autoestima, en mi alegría, en la calidad de mis relaciones, dirigiéndolas más hacia el conflicto, que hacia el gozo. Como eran novios no me parecía tan grave, cuando me casara sería diferente.

Además, no conocía los celos. No en mí.

Los conocí ya casada, al descubrir la primera infidelidad de mi esposo. Debo decir que me lo merecía, al único novio que no le puse el cuerno fue al del kínder, a los demás los reemplacé por otro, incluso a mi exmarido, a una velocidad sorprendente.

Me divorcié por infiel. Desde entonces reconocí que eso de la fidelidad no era lo mío, y no la deseaba más. En ese contexto inicié una relación con un hombre igual a mí.

El detalle fue que de pronto, el saberlo con otras me detonó todas las inseguridades del mundo. Yo era muy feliz cogiendo a diestra y siniestra, pero si él lo hacía, me enojaba; así supe que esa sensación de sudor frío, palpitaciones aceleradas, verborrea mental e insomnio irracional se llamaba celos.

Y yo, la mujer segura de sí misma, dueña de su amor propio, estado de ánimo y destino, se convirtió en lo que juró destruir.

Hasta una tarde, mientras el sujeto de mis celos y suspiros se entretenía con la lengua en mi coño yo exploraba fantasías para potencializar las sensaciones de mi clítoris con la imaginación, y me permití crear en mi cerebro una imagen de él con otra mujer.

El resultado fue un orgasmo extenso, alargado y abismal, y así fue como descubrí que hasta los celos podían ser juguetes, herramientas, dispositivos abstractos para mi placer.

De esos ensueños surgió Tus mujeres de mis orgasmos, y aquí es donde confieso que las historias contadas son ficciones con mucha, pero mucha relación con mis recuerdos y la realidad.

El libro está escrito en segunda persona para ser yo quien te cuenta la historia en dos presentes simultáneos, el de la realidad y el de la fantasía, por eso si escaneas el código QR al inicio de la historia apareceré en tu celular leyéndotela al oído. ¡Viva el placer!

Mónica Soto Icaza


Si quieres leer el libro impreso lo encuentras aquí:

PORTADA TUS MUJERES DE MIS ORGASMOS

Tus mujeres de mis orgasmos

La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar. En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo. Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua. Mónica Soto Icaza lee al oído la historia más intensa, explícita y erótica que ha escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad.

190,00 MXN

Si quieres leer el libro en Amazon para Kindle:

https://www.amazon.com.mx/mujeres-orgasmos-M%C3%B3nica-Soto-Icaza-ebook/dp/B08PZB6BG1/

Fotografía del post: Li Oñate

“Una buena confesión”, de Alicia Strathern #autora invitada #escritura creativa

Un sábado a media mañana, Ernestina fue a la catedral a confesarse, aprovechando que andaba de paso por la zona centro comprando churros. Su conciencia pedía a gritos ir con el Padre para encontrar paz interior, pero ella no estaba del todo convencida de querer hacerlo.

Al entrar fue derechito a la fila del confesionario y buscó espacio en alguna banca para sentarse. Había tanta gente formada que incluso pensó en regresar otro día. Pero no. Si ya estaba ahí, ya no había vuelta atrás. Su conciencia no la iba a dejar dormir.

Por fin, tras encontrar un asiento, dejó su alma descansar por un breve momento. Sus ojos se posaron en una manta azul clavada en la pared que sobresalía por sus enormes letras blancas. Imposible pasarlo desapercibido y menos porque contenía las tres claves para lograr una buena confesión:

  1. Hacer examen de conciencia
  2. Arrepentirse
  3. Cumplir la penitencia

Tras leer esas líneas, Ernestina supo que sería una confesión difícil. Sobre todo, por el punto dos. Media hora después de haberse sentado, llegó su turno. Entró al confesionario y se hincó automáticamente. El Padre se asomó por una ventanita para dar inicio al sacramento.

“Ave María purísima.”

“Sin pecado concebida.”

“Dime tus pecados.”

“Pues verá, Padre, acúseme de serle infiel a mi novio con el pensamiento. Resulta que hay un compañero en el trabajo que me gusta un montón y pues… pues… ya ve, la mente cómo vuela. Tuve un sueño donde él y yo hacíamos de todo. Lo que se dice TODO. Pero fue sólo un sueño. Más bien, una pesadilla. O no. Es que sí me gustó.

“Mi otro pecado pasó hace unos días con el señor que entró a mi casa a entregar el garrafón de agua. Siempre me hace el favor de ponerlo en el columpio. Esta última vez hizo un movimiento tal que quedó al descubierto la rayita divisoria de las nalgas y pues… yo me le quedé viendo porque no sabía a dónde más voltear. Está bien formadito el condenado.

“Pero se vale mirar sin agarrar, ¿verdad? No, no se moleste en contestar esa pregunta, Padre. Mejor le cuento otras cosas.

“Hace tres fines de semana me la pasé comiendo pasitas con chocolate todo el día. Y ya que cayó la noche, me comí un pastel de chocolate entero yo solita. Yo no lo consideraría gula. Fue un día de agasajo y a veces el antojo gana, ¿apoco no? No me diga que usted no tiene antojos, no se haga.

“Otro pecado: me he quedado despierta a altas horas de la noche viendo programas de debate político sin entender nada de lo que se está hablando. Espérese, antes de que me diga cualquier cosa: no, no se ha hablado sobre supuestos asuntos de corrupción en la arquidiócesis o cosas así. Quédese usted tranquilo. Mi intención es estar un poco más informada sobre las cosas que pasan en nuestro país. Creo que abrir la mente a otros temas no hace daño.

“¿Sabe qué? No sé a qué vine. No he hecho nada malo y mientras ame al prójimo como a mí misma todo está bien. Y vaya que sí quiero andar por la vida dando amor. Que Dios lo perdone a usted. Buen día.”

Alicia Strathern


*Este es uno de los cuentos concebidos durante la primera generación de mi Taller de Escritura Creativa.

El emperador de Portugalia #LibrosQueMeGustan

De la primera mujer ganadora del Premio Nobel de Literatura, este #ViernesDeLectura les recomiendo El emperador de Portugalia, de Selma Lagerlöf.

Con toques de magia en medio de la vida campesina, esta obra publicada en 1914 cuenta la historia de Jan, un campesino pobre que se casa viejo y engendra a una hija que no desea. Sin embargo, al momento que le ponen a la bebé en los brazos, se crea un lazo inquebrantable entre ambos, tanto que ella es bautizada por el sol con el nombre de Klara Fina.

El cuento de hadas del idilio entre padre y niña se quiebra cuando ella debe ir a la ciudad a buscar trabajo y poder ayudar a sus padres a pagar una deuda aparentemente imposible de saldar.

Tras varios meses de silencio los rumores acerca de la ocupación de Klara Fina amenazan la cordura de su padre, quien se convierte en un personaje de cuento, tanto para sus compañeros personajes de la novela, como para el lector.

El emperador de Portugalia es un libro íntimo, una fiesta de emociones, asombros y sonrisas. Una fábula de los alcances del verdadero amor.

“Imágenes”, Alejandra Hernández #autorainvitada #escrituracreativa

No me tocó estar en el exhibidor. Al principio lo deseaba, era el mejor sitio para ver todo el lugar, desde ahí se podían observar las hermosas botellas de perfumes o mujeres buscando el maquillaje que mejor les quedaba en la piel. Con un poco más de atención, y si tenías un lente gran angular, lograbas enfocar a los niños buscando la consola de moda: El Atari.

No llevaba mucho tiempo en la vitrina, estaba rodeada de cristales para que me pudieran ver. Me colocaron entre un modelo parecido a mí y una videocámara. Yo tenía el flash integrado y no esos bulbos que se iban quemando poco a poco cada que se tomaba una foto; me daba terror imaginar irlos viendo ennegrecer para que saliera bien la imagen. Yo aventaba una lucecita.

En mi caja habían incluido un rollo y una funda de regalo, eso era maravilloso porque seguramente me preferirían sobre otras cámaras. Faltaban algunos días para las fiestas de fin de año y cada vez nos visitaba más gente. Se apretujaban y hablaban casi gritando para pedir los artículos que serían los regalos de esas fiestas. Había niños y no tan niños pidiendo juegos, consolas, discos de vinilo o juguetes.

Me guardaron en la caja. Pasaron algunos días y yo seguía adentro, estaba ansiosa por ver a mi dueño. Unas manos pequeñas y algodonosas me sacaron del empaque, era una niña que abría los ojos llenos de emoción, daba grititos y unos brincos que agradecí que me agarrara bien porque no quería estrellarme en el suelo apenas estrenándome en el mundo..

Estábamos en una estancia llena de adornos rojos y dorados, había un gran árbol con esferas, figuritas de diferentes tamaños y colores, tenía una tira de luces que se apagaban y encendían de acuerdo con la melodía que tocaba. Había más personas en el lugar, todas se veían contentas, divertidas con copas o vasos en sus manos, abrían las demás cajas que estaban bajo el árbol. Los regalos tenían envolturas de diferentes colores, algunas con moños enormes. Había más obsequios para la pequeña, pero ella sólo me quería a mí. 

Lina me puso el rollo y empezó a tomar fotografías, me agarraba con sus dos manos y apretaba el botón para la foto del perro, de la mamá, del árbol, del papá y otra vez del perro, que no se quedaba quieto y teníamos que andarlo correteando. Me gustaba estar cerca de su cara;  que a través de mí ella pudiera ir viendo y captando lo que era tan importante como para ser fotografiado.

Se acabó dos rollos de 24, le pidió a su mamá que los llevara revelar. La espera se hizo eterna, estábamos ansiosas por ver las imágenes. Cuando entregaron el paquete lleno de fotos Lina se puso a observarlas, estaba emocionadísima, algunas estaban desenfocadas, otras tomadas demasiado cerca y solo aparecían ojos, en general todas se veían bien. Escogió las que más le gustaron y las pegó en la pared de su habitación. Poco a poco las paredes se fueron llenando de imágenes del mundo visto a través de sus ojos y de mi lente.

Las manos de Lina se volvieron más expertas en el manejo de mi mecanismo, las paredes de su habitación casi se llenaron por completo. Yo iba con Lina a todas partes después de que regresara de la escuela, siempre había algo que quería plasmar y agregar a su galería. Un nuevo camino, una rama de árbol que quedaba salida y que nos reducía el paso, un automóvil rojo.  

Dejó de tomarle fotos a su perro, ya no estaba. En las últimas imágenes noté que el animalito había cambiado mucho, su paso era más lento, le costaba trabajo encontrar el camino, Lina ya no corría detrás de él.

Las imágenes que tomábamos fueron diferentes, Lina me llevaba a lugares nuevos, ya no eran fotos de flores o pájaros, ya no eran sus padres o la bici en la que juntas nos íbamos al parque. Se tenía que esconder atrás de alguna barda o sacar la foto desde una ventana. No quería que le cayera alguna granada o que le fueran a disparar por equivocación a pesar de que llevaba un distintivo de prensa. Nos acompañaba un joven que la protegía, le decía si tenía que agacharse o le indicaba si debía sacar alguna foto de los rebeldes. También venía con nosotros una chica pecosita, Lina le sacó una foto porque dijo que en su cara se veían las constelaciones. Estuvo en nuestro grupo algún tiempo. La imagen que le había tomado se la envío a su mamá, en quien también se reflejaban Orión y Casiopea. Sería el último recuerdo de la hija que no regresaría.

Lina me cuidaba mucho, una vez quisieron arrebatarme de sus manos. Eran tres personas con miradas vacías, miradas de hielo. Tenían en sus manos armas con las que la amenazaron para que me entregara. Ella se mantuvo firme, no permitió que me llevaran. Sacó el rollo y se los entregó, con eso se quedaron más tranquilos y nos dejaron en paz. Cuando le contó la historia a Jorge, el muchacho que nos acompañaba, él se quedó en silencio, se veía preocupado. Le dijo que no podía estarme defendiendo y que podrían haberla lastimado. Ella no se movió. En secreto me dijo que nunca permitiría que nos separaran. Consiguió más rollos. Seguimos escondiéndonos para poder sacar imágenes. 

Esas fotos no terminaban en sus paredes.

Lina me limpió como otras veces, pasaba tela y líquido en mis lentes, eran mis momentos favoritos porque me hablaba, me contaba historias. Me agradeció el tiempo que pasamos juntas, el premio World Press Photo of the year que ganamos. Me colocó en un estante, desde ahí podía ver hacia la ventana y además estaba acompañada de sus libros favoritos. Me dijo que no quería perderme y que siempre sería especial para ella.

A través de la ventana podía ver el columpio que pusieron en un gran árbol para que Lina jugara, desde donde tomamos algunas imágenes porque quería ver cómo salían si se columpiaba rápido. Ahora permanecía vacío, moviéndose  con el viento. Lo mejor eran los días de lluvia, las gotitas rebotaban y hacían que el asiento cambiara de color. A veces se llenaba de hojas cuando el árbol decidía que había llegado el invierno. Los padres de Lina entraban muy pocas veces a su cuarto, pero los veía caminar cerca del árbol.  

Lina me visitaba sobre todo en fechas especiales, días de fiesta. La acompañaba Jorge, la sigue cuidando. Esta vez, Lina trajo a una niña que me recordó a ella cuando me sacó de la caja. Me presentó como la compañera de vida con quien había compartido infinidad de historias, viajes, peligros, alegrías,  imágenes. Me puso en las manos de la pequeña a quien llamó hija. La niña sonreía, me pusieron un rollo y las tres nos fuimos al jardín.

Alejandra Hernández


*Este es uno de los cuentos concebidos en la primera generación de mi Taller de escritura creativa. Fue publicado con autorización de la autora, a quien le agradezco profundamente.

“¡Huevos!”, Marcela Osuna #autorainvitada #escrituracreativa

En el cartón de 18 huevos sólo quedaban Blanquillo y su vecino:

—Adiós, amigo, ha llegado la hora. Serás tú o yo.

—Quizás los dos al mismo tiempo, carnal, ya ves que así se fueron los demás, de a dos en dos. No te me achicopales, para esto nacimos, vamos a cumplir nuestra misión de vida.

Levantaron la mirada, una mano se aproximó y tomó a Blanquillo.

“¡Hey, pérate! ¿A dónde me llevas si la estufa se quedó atrás? ¿Oye, para salir qué no me debes de cocer?¿Qué haces, por qué me metes en este lugar? Está muy oscuro.

“¡Ay, güey! Esto se mueve un buen, tranquila, recuerda que voy aquí adentro, sin cocer soy más frágil.

“¡Huy, no! Se reduce mi espacio, este libro se me está pegando mucho, hazte a un lado, cabrón, no quiero terminar revuelto con un labial, un rubor, una brocha, Kleenex, dos plumas, unos chicles, monedas y aplastado mi hermoso ovalado cuerpo por La peste, de Camus… pa´ peste la que voy armar si me olvidan aquí.

“Vaya, por fin esto dejó de moverse.

“Allá afuera huele a incienso, alcanzo a escuchar algo como rezos, a ver, silencio todos, déjenme escuchar:”

—Hola, Marianita, qué bueno que llegaste temprano, puedes quitarte tu ropa atrás del biombo, cuando estés lista te paras al centro del triángulo de sal que tracé en el piso.

—¿Me tengo que quitar todo, Don?

—Para que sea efectiva, así debe ser. ¿Traes el huevo?

“Por fin me va a sacar, ahora sí, alimentaré a un ser humano, qué labor tan digna la mía.

“Qué pedo con este tipo disfrazado de rey mago… oye, por qué me embarras en… bueno está bien, síguele. Estas montañitas están a toda madre de suavecitas, son como dos pastelitos esponjocitos con cerecitas duritas pero cafecitas, ¡no pinches mames!, ya sé dónde estoy, qué suerte me cargo, mi compadre no me lo va a creer.

“¿Ahora vamos a?, mmm huele a perfumito, este cuello está deli, jiji, me da cosquillas tanto pelo, ¡ah, caray! No me bajes tan rápido que me mareo, ¿neta para allá? Mi rey… ya no te tardes tanto aquí, no vaya a ser que se le salga un pedo.

“Qué pex, por qué te agachas, no manches, no manches, ay, no manches, qué asco, iu, por ahí no…

“Pinche rey mago, debería ser yo el que roza la piel, tus dedos no me están dejando sentir nada, güey.

“Huy, la Marianita se movió y casi me tira. Tan interesante que estaba.”

—¡Esto no es una limpia! Deme el huevo.

“Ups, creo que voy a volar…”

—¡Huevos, imbécil!

“¡No friegues! Ahí te voy, pinche rey mago, directito a tu jeta.

“Buen tino que tuvo la Marianita.”

Marcela Osuna


*Este es uno de los cuentos concebidos en la primera generación de mi Taller de escritura creativa. Fue publicado con autorización de la autora, a quien le agradezco profundamente.

Las batallas en el desierto #LibrosQueMeGustan

Uno de los libros más famosos y entrañables de la literatura mexicana, este #ViernesDeLectura recomiendo Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, una historia de ternura, amores imposibles, corrupción, infelicidad. De cambios inevitables.

Escrita con una prosa seductora,  estilo inconfundible de su autor, cuenta la historia de Carlos, un niño del México de la posguerra, quien se enamora de Mariana, la madre de su amigo Jim, una mujer que al ser madre soltera es acusada de “dudosa moral”.

Las batallas en el desierto trata la corrupción política y social de México, además de entrar en el caos de los padres del protagonista, preocupados por el futuro y la suerte de su vástago, presa de un amor imposible hacia la peor fémina posible, que lo ven como la víctima de un accidente potencialmente mortal.

Esta obra de José Emilio Pacheco es  el relato sin melancolía de una Ciudad de México despiadada, pero en la que son posibles aún las leyendas de amor, aunque sean utópicas y estén condenadas al olvido.

Conquistar con estilo

Bienquisto (de buena fama y generalmente estimado) lector,

Es bien sabido que en el juego del amor y la seducción la palabra es núcleo y espina dorsal; creadora de alacridad (alegría y presteza del ánimo para hacer algo) o andróminas (embustes, enredos). Por eso en esta ocasión es de mi apetencia compartir con usted este breve glosario de vocablos para fascinar con estilo y elocuencia a la persona blanco de sus diligencias erubescentes (que se pone rojo o que se sonroja).

Esta ineluctable (dicho de una cosa: contra lo cual no puede lucharse) historia de amor comienza en una de las horas más románticas de la noche: el conticinio, cuando todo está en silencio, la piel dispuesta a ser territorio para las yemas de los dedos y los ojos se convierten en naifes (diamante de calidad superior) fúlgidos (brillante, resplandeciente).

Los personajes son Ella y Él. La situación un sueño estuoso (caluroso, ardiente, como encendido o abrasado). No sabemos quién de los dos fantasea.

En un extremo de la banca de un parque está Ella: labios rusientes (que se pone rojo o candente con el fuego), epidermis ebúrnea (parecida al marfil), aladar (mechón de pelo que cae sobre una de las sienes) que cubre una mirada godible (alegre, placentera).

En la otra orilla de la misma banca está Él: jarifo (rozagante, vistoso, bien compuesto o adornado), cabello ubérrimo (muy abundante y fértil) y sonrisa leda (alegre, contenta, plácida).

Cada uno lee, atrapado en las páginas de su respectivo libro (o tal vez en las pantallas de sus teléfonos, pero esto es ficción y soy dueña de mis licencias poéticas).

Como si el árbol detrás de la banca hubiera sido sembrado justo en ese sitio para este preciso instante, el desprendimiento de una rama con su respectivo estruendo provoca que las pupilas de nuestros protagonistas converjan: Deliquio (éxtasis, arrobamiento), lampo (resplandor o brillo pronto y fugaz, como el del relámpago), amatividad (instinto del amor sexual); una certeza inefable (que no se puede explicar con palabras) del inicio de una mirífica (admirable, maravillosa) coincidencia.

El “hola” que obtiene respuesta indica un romance agible (factible o hacedero). Sus manos desean invocar a la decencia, pero la boca del uno y la lengua de la otra ignoran las formas y se dejan llevar por la salacidad (inclinación vehemente a la lascivia).

Ahí, parados sobre la tierra de este opimo (rico, fértil abundante) parque de ensueño sucede un liento (húmedo) beso que continúa en una habitación extraña inundada de sonidos gemebundos (que gime profundamente) y movimientos titilantes (agitarse con ligero temblor).

Minutos lautos (ricos, espléndidos, opulentos), en los que ellos luden (frotan, estregan, rozan algo con otra cosa) en una venusta (hermosa y agraciada) danza de mador (ligera humedad que cubre la superficie del cuerpo, sin llegar a ser verdadero sudor), digna de prosternarse (arrodillarse o inclinarse por respeto) y anotar en la bitácora coruscante (que brilla) de utopías a ras de alcoba.

El despertador interrumpe a quien sueña justo en el momento en que el sol dibuja el contorno de las montañas. El quillotro (amorío, enamoramiento) se ha esfumado, pero quedan en su cuerpo algunas escurrimbres (últimas gotas de un líquido que se ha quedado en una vasija) inolvidables.

*(Significados del Diccionario de la Real Academia Española).


Columna originalmente publicada en la revista Vértigo Político.

Mientras escribo #LibrosQueMeGustan

Llegué al libro que les recomiendo hoy buscando alguna respuesta a una angustia de novelista que no lograba desentrañar para terminar la historia que estoy escribiendo, y lo que encontré fue un libro que desde las primeras páginas se convirtió ya en uno de mis favoritos: Mientras escribo, de Stephen King.

Mientras escribo es la autobiografía novelada y manual de escritura de Stephen King. Escrito con el sentido del humor, la ironía y la vasta imaginación, estilo inconfundible del autor, es un viaje de inmersión hacia su mente, su proceso creativo, los golpes afortunados y desafortunados de suerte en su trayecto a convertirse en autor referente de la literatura de terror, fantástica y ciencia ficción.

Por otro lado, también es un cúmulo de consejos de escritura directos de su experiencia, desde la infancia con Dave, su hermano y cómplice, pasando por su etapa de adicciones a alcohol y drogas, y la redención al lado de su principal lectora, secuaz y esposa Tabitha.

Mientras escribo es el libro perfecto para quien busca leer una historia humana y extraordinaria, para quien necesita algún norte al crear sus propias ficciones y, sobre todo, para curiosos irredentos de la vida y obra de un creador tan prolífico como Stephen King.

Papeles inesperados #LibrosQueMeGustan

Los libros tienen una magia especial. Así como dicen que “el que busca encuentra”, la manera en que coincidí con mi recomendación para este #ViernesDeLectura fue tan mágica como el libro mismo: lo encontré entre revistas de cocina, manuales de superación personal y best sellers en la feria de libro de un supermercado. ¡Y me costó $30.00 pesos! (Hallazgos así no los tiene ni Obama).

El libro es Papeles inesperados, de Julio Cortázar, nada más y nada menos, publicado después de 25 años de la muerte del autor, e, irónicamente después de la publicación de sus “obras completas”.

Papeles inesperados es una colección de textos sueltos, inéditos, encontrados por su viuda, Aurora Bernárdez en una cómoda abandonada a su suerte durante años. Dividido en Prosas, Entrevistas ante el espejo y Poemas, se compone de fragmentos, prólogos, notas, cuentos, poemas, discursos y mucho más.

Leerlo es como entrar en el proceso creativo del autor a lo largo del tiempo, como un voyerista que no nada más desea ver lo que él decidió digno de compartir, sino lo que descartó u olvidó, que no deja de tener el brillo, el ingenio, el sentido del humor y la desconstrucción magistral del lenguaje que hace que amemos tanto a Cortázar.

Por eso aquí les dejo una muestrita para abrir boca:

“Lo que me gusta de tu cuerpo es el sexo.
Lo que me gusta de tu sexo es la boca.
Lo que me gusta de tu boca es la lengua.
Lo que me gusta de tu lengua es la palabra.” Julio Cortázar

La peor señora del mundo #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura en #DíaDelNiño quiero recomendar el cuento que más he leído con mis niños y que nos ha provocado infinidad de carcajadas: La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa.

Esta señora mala, malísima, vivía con sus cinco hijos al norte de Turambul. Era tan mala que ni las hormigas pasaban cerca de su casa, le pegaba a sus hijos cuando reprobaban, pero también cuando sacaban diez y pellizcaba a todo aquel que se atreviera a coincidir con ella en la calle.

Cansados de su maldad, los demás habitantes del pueblo ejecutan diversas estrategias para hacerla cambiar, todas un fracaso, hasta que al más viejo se le ocurre la táctica sorprendente con la que consiguen engañarla para poder vivir en paz… y hasta convertirla involuntariamente al bien (claro, sin que ella esté enterada).

La peor señora del mundo es una historia divertida y llena de sorpresas, narrada de una manera tan encantadora que es imposible soltarla. El libro fue publicado en 1992 y sigue haciendo gozar a niños y adultos que aman la ironía, lo políticamente incorrecto y los finales felices.

Con decirles que lo he leído junto con mis hijos unas cincuenta veces…

La metamorfosis #LibrosQueMeGustan

Una de las anécdotas más famosas de la literatura y objeto de las más diversas y alocadas interpretaciones, este #ViernesDeLectura recomiendo La metamorfosis, de Franz Kafka.

Una mañana Gregorio Samsa despierta. En vez de levantarse temprano, como todos los días, para tomar el tren a tiempo, como siempre, se sorprende: se le ha hecho tarde. Al impulsar el cuerpo para alcanzar la horizontal descubre que ha perdido agilidad, algo de claridad mental y que sus múltiples patitas, frágiles, cortas, moviéndose cada una en una dirección distinta y vueltas hacia el techo, son inútiles para lograr su objetivo de ponerse de pie. Eso sin contar la espalda: pesada, curva, colocada dolorosa e incómoda sobre el colchón.

Con su literatura Kafka torció las cotidianidades. Rebelde, enamoradizo, de salud frágil, creó una obra de múltiples lecturas y dimensiones. En apariencia simples, sus historias apelan a ser completadas con la imaginación del lector, que verá en ellas fantasía o pesadillas.

La metamorfosis es, a mi entender, una crítica a la deshumanización del trabajo, donde somos útiles mientras nos alineemos, y reemplazables al desaparecer o no convenir a ajenos intereses.

Es un libro que hay que leer con un antiemético a un lado y al otro lado el regocijo de compartir algunas horas con páginas imperecederas, de las más geniales escritas en el siglo XX.

Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) #LibrosQueMeGustan

Una vengadora anónima, un “Godinez” fuera de serie, un dios pacheco y otros personajes demasiado reales como para ser ficción, y que sin embargo, son protagonistas de historias de la fantasía, son quienes componen el libro que les recomiendo este #ViernesDeLectura: Cuentos de maldad (y uno que otro maldito), de Alma Delia Murillo.

En México la tradición mexicana tiene raíces muy fuertes en el cuento, un género que se escribe mucho, aunque se venda poco (según las estadísticas de lectura). Basta con recordar a autores como Edmundo Valadés, Elena Garro, Efraín Huerta, Amparo Dávila, para relamerse los bigotes y gozar de lo libros que nos legaron.

Y también de los libros de las autoras contemporáneas. El estilo de estos Cuentos de maldad (y uno que otro maldito) es lúdico, pero a la vez furioso; el humor, muy presente en la mayoría de las narraciones, no atenúa otras emociones menos amables, como el coraje, el miedo o la incertidumbre.

Quien lea la más reciente obra de Alma Delia Murillo pasará un rato de ficción honesta con unos cuentos de auténtico oficio literario, ideales para vivir un fin de semana entre derramamiento de bilis y carcajadas.

Arráncame la vida #LibrosQueMeGustan

Una de las más célebres novelas de la literatura mexicana del siglo XX, y uno de los libros que más gocé en la adolescencia, este #ViernesDeLectura recomiendo Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta.

Arráncame la vida sucede alrededor de 1950, una época en la que poder y rectitud distaban mucho de ser sinónimos y cuando la voz de las mujeres era un cero a la izquierda. Entonces aparece Catalina, la protagonista, quien desde muy joven manifiesta fuerza, alegría, seguridad y decide enfrentar el arrepentimiento por haberse casado con Andrés Ascencio –un político corrupto, prepotente y asesino– utilizando la energía del erotismo, que explora y lleva hasta las últimas consecuencias en su búsqueda de la felicidad.

El estilo de esta novela es ligero, agradable, con toques de ironía, sarcasmo y comedia. Es el drama de un país en manos del machismo, pero con destellos de esperanza para una vida más equitativa para todos.

Y, para mí, también es un homenaje a todas aquellas Catalinas que con su coraje, valentía y sentido de la justicia fueron y han ido configurando una mejor realidad para las mujeres de este país.

El baile #LibrosQueMeGustan

Situado en París a principios del siglo XX, El baile, de Irène Némirovzky, es un festín de emociones desbocadas. Ira, resentimiento, esperanza, frustración,  danzan entrelazadas en una historia breve en páginas, pero exquisita en estructura, descripción de las situaciones y un nudo asombroso, de esos que resultan sorprendentes en sí mismos.

Los Kempf: señor, señora e hija, se mudan a un piso suntuoso y caro, gracias al reciente éxito económico del hombre de la casa, quien pasa de portero del banco, a acaudalado inversionista en un golpe de suerte. Para encajar en el nuevo estatus social y encontrar más clientes deciden organizar un baile. Su hija no se siente entusiasmada por la idea, los intentos de la madre por educarla como a una señorita adecuada para la sociedad en la que ahora viven, las ha convertido en una especie de enemigas… y el baile es la situación perfecta para consumar una venganza adolescente.

Irène Némirovzky, la autora, nació en Ucrania, vivió en París, fue deportada por su origen judío, aunque se había convertido al catolicismo, y murió en Auschwitz durante la segunda guerra mundial. Fue políglota, muy reconocida en su tiempo, creadora que hay que conocer.

La conjura de los necios #LibrosQueMeGustan

La propietaria de un antro de mala muerte, el heredero de una fábrica de pantalones, un patrullero desesperado, un negro con miedo a la policía, ¿una activista social? y una madre consentidora y castrante, son algunos de los personajes que convergen casualmente con Ignatius J. Reilly, un gigante obeso con una peculiar visión del mundo, hábitos de higiene dispersos y delirios de superioridad moral e intelectual en la novela que recomiendo hoy: La conjura de los necios, de John Kennedy Toole.

La conjura de los necios es una obra maestra. En este libro a los personajes más inverosímiles les suceden casualidades y accidentes de lo más absurdos con una lógica cómica y triste al mismo tiempo. Las voces de cada uno están creadas con la precisión de un joyero y terminan siendo un agasajo absoluto para el oído por la diversidad de estilos que el autor escribió en una sola novela.

Situado en Nueva Orleans entre finales de los cincuenta o principios de los sesenta, la historia detrás de este libro es tan interesante como la novela misma. El autor se suicidó en 1969, frustrado con la vida porque a nadie le interesaba su libro. La madre, convencida de que la obra de su hijo era buena, buscó y buscó editor hasta llegar, en 1976, al escritor Walker Percy, editor de una casa universitaria, quien recibió el libro con el fastidio de quien es destinatario de cientos de libros mediocres… para descubrir un prodigio, a un protagonista único, una novela difícil de definir que a fin de cuentas se publicó en 1980 y ganó el premio Pullitzer de novela en 1981.

La conjura de los necios es una novela para leer sin prisa, con la imaginación y el intelecto dispuestos al goce, al asombro y a la carcajada.

Páradais #LibrosQueMeGustan

Fernanda Melchor es, para mí, la mejor escritora mexicana de los últimos años, por eso en cuanto salió su nuevo libro, Páradais, me dispuse a leerlo.

Páradais es breve, de brutal densidad. No es una obra amable. Cuenta la historia de Polo, un adolescente que trabaja como jardinero en un conjunto residencial veracruzano, donde coincide con Franco, otro adolescente, nieto de una pareja de residentes del fraccionamiento. Los une la miseria, económica de uno, emocional y familiar de ambos, la violencia con que ambos han sido tratados y las fantasías eróticas de Franco contra la señora Marián, la nueva vecina.

Páradais está narrada para que el lector no tenga un respiro. Su estructura te impide soltar el libro para ir al baño o servirte un vaso de agua. Al empezar a leer caes en las garras de la autora que creó una novela con la precisión del cuento. No es fácil encontrar un libro en el que no sobre ni falte una palabra, una idea, una imagen, un personaje, y por eso leerlo resulta un placer y un martirio al mismo tiempo.

Tanto así que confieso que la noche correspondiente al día en que lo leí soñé con Polo, Marian y Franco, y eso es algo que no me sucedía desde el Raskólnikov de Dostoievski.

La letra escarlata #librosquemegustan

Un clásico de la literatura estaunidense y uno de mis libros favoritos (ya sé, tengo mil libros favoritos), hoy recomiendo La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne, una historia situada en la muy puritana Nueva Inglaterra del siglo XVII.

Hester Prynne es una joven casada con un marido desaparecido. En la soledad se embaraza de un amante secreto, muy respetado por la comunidad. Por este motivo es acusada de adulterio y obligada a llevar una letra A escarlata bordada en el vestido como castigo, que la expone a los ojos de los demás habitantes del pueblo, además de que el esposo alcanza a aparecer justo para el juicio y arma diversos trucos para descubrir al padre de Pearl, la hija de Hester.

Escrita y publicada a mediados del siglo XIX, La letra escarlata es una novela de amor, de engaños, de aparentemente buenas conciencias que en realidad son criminales, de miedo a las emociones y al deseo. Su narrativa es paciente, detallada, descriptiva tanto del ambiente, como del entorno físico y los sentimientos.

Es el drama de cómo los sentimientos de superioridad religiosa y moral son armas de doble filo, de lo absurdo que resulta buscar pecados en el ojo ajeno y provocar sufrimiento en el otro solo por temor al placer y a la libertad.

La vida mentirosa de los adultos #LibrosQueMeGustan

A pesar de que Elena Ferrante, la autora del libro que recomiendo hoy, publicó la saga Dos amigas, que ha vendido más de treinta millones de ejemplares en todo el mundo, confieso que yo no la había leído. No recuerdo cómo llegué a ella, pero desde las primeras páginas de La vida mentirosa de los adultos quedé cautivada.

La vida mentirosa de los adultos narra la vida, pensamientos, desaciertos, motivaciones y venganzas de Giovanna, una adolescente de 12 años que escucha a sus padres platicar accidentalmente y descubre que su papá, quien la consintió siempre, la considera fea, o no precisamente fea, pero parecida a la hermana que tanto odia: la perversa tía Vittoria.

Este es el punto de partida para la historia, que sucede entre los 12 y los 16 años de Giovanna, en los que pasa de ser una niña dulce, acomedida y vestida según lo que se espera de su edad, posición social y reputación, a una mujer rebelde, sexy, que desafía a los adultos por el puro placer de llevarles la contraria, aunque a veces esa rebeldía le juegue en contra.

La vida mentirosa de los adultos es una historia de decepciones y descubrimientos. Narrada de manera fascinante y aterradora al mismo tiempo, es a fin de cuentas el reflejo de las emociones que suceden en la mente, el cuerpo y las emociones de un adolescente que descubre las imperfecciones del padre y la madre, de las que no tiene la culpa y aún así sufre intensamente las consecuencias.

Supongo que nos resulta atrayente leer historias así, porque a fin de cuentas todos los adultos somos adolescentes que sobrevivieron los embistes de aquella época de descubrimientos, desengaños y recuerdos dignos de contar.

1984 #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomendaré la última novela que escribió el escritor británico Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell: 1984.

1984 es una de las novelas más aclamadas del siglo XX. En ella el autor recrea una antiutopía que sucede precisamente en el año que le da título al libro. El protagonista, Winston Smith, es el vehículo que el escritor utiliza de pretexto para hablar sobre los efectos del totalitarismo. Es una persona gris que recuerda, y para los miembros del Partido, los recuerdos son la verdadera amenaza para el control que el gobierno del Gran Hermano puede ejercer en la población. Si borras la historia y la escribes a tu manera, si eliminas en la gente la seguridad de sus memorias, la vigilas, amenazas y creas confusión, puedes hacer con ella lo que se te dé la gana. Sin consecuencias.

Orwell la creó con intención literaria y política al mismo tiempo. Después de haber luchado en España contra Franco y el fascismo en 1927, decidió que escribiría en contra del totalitarismo, y por eso tiene una fuerte carga ideológica, narrada de una manera tan magistral que incluso llega a meterse profundo en la mente del lector.

Con la promesa de una vida menos desigual, las mismas personas que llevan al poder a personajes totalitarios son las mismas que terminan perdiendo todo lo que les proporciona alegría: el arte, la elocuencia, la creatividad, el placer de comer un platillo delicioso, de probar un trago de la bebida favorita, de tener tiempo para perderlo en las ensoñaciones que cada quien quiera, enamorarse, hacer el amor por el puro gusto. Si le robas a la gente la felicidad, si en ese lugar insertas miedo, si los despersonalizas y los conviertes en medios para tus fines, los individuos son capaces de hacer cualquier cosa; la desesperación y el dolor provocan odio y te hacen capaz hasta de traicionar incluso a quienes amas.

Creo que en esta época de confinamientos físicos, mentales y emocionales, es importante leer o volver a leer una obra como 1984. Larga vida a la libertad.

Seda #librosquemegustan

El erotismo de Seda, del italiano Alessandro Baricco, es un erotismo trágico por lo irrealizable, pero hermoso por la intención y la voluntad. Por eso es mi recomendación para este #ViernesDeLectura.

De capítulos breves y páginas generosas y fugaces y situado a mediados del siglo XIX Seda es la historia de un viajero que después de su primer aventura por el mundo deja de ser esclavo de las circunstancias y se convierte en dueño de su vida.

Con los gusanos de la seda como punto de partida y el recuerdo de una mujer como hito de llegada, este libro conecta al lector con uno de los instintos primarios del enamoramiento: esa obsesión que lo mantiene día y noche pensando en el sujeto de su amor. Y lo que es capaz de hacer por recordarlo hasta la muerte.

Y eso fue lo que pasó #LibrosQueMeGustan

Escrito casi sin comas, sin división en capítulos, como un desahogo brutal de los que liberan el alma, el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura es el que más me ha emocionado en los últimos tiempos: Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg.

Y eso fue lo que pasó inicia con una mujer contando que le metió una bala entre las cejas a su marido. De ahí la autora juega con el lector en la narración simultánea de los recuerdos que la llevaron al asesinato del esposo y lo que ocurre en la mente de la protagonista después de pegarle el tiro, todo escrito en pasado con un lenguaje en el que la inocencia y el cinismo se rozan constantemente. Es una asesina que no es una asesina, sino una mujer dolida que ha llegado a su límite.

Está escrita para ser leída de una sentada. Sus 96 páginas se deslizan casi involuntariamente por los movimientos oculares y las sustancias que segrega el cuerpo con las emociones profundas. Es universal y particular al mismo tiempo.

En el prólogo Italo Calvino refirió: “Durante generaciones y generaciones lo único que han hecho las mujeres de la tierra ha sido esperar y sufrir. Esperaban que alguien las amara, se casara con ellas, las convirtiera en madres, las traicionara. Y lo mismo sucedía con sus protagonistas.” En esta historia Natalia Ginzburg lleva ese sufrimiento a otro nivel para demostrar que las palabras en su propia introducción al libro son ciertas: “Me gustaría añadir aquí que a veces nos vemos inclinados a escribir no sólo libros que nos gustan mucho, sino también otros que no nos gustan en absoluto.”

Cuídame de ti #LibrosQueMeGustan

Una novela que sucede entre la introspección y el pasón de adrenalina, este #ViernesDeLectura les recomiendo Cuídame de ti, de mi tocaya y mujer que admiro profundamente, Mónica Salmón.

Cuídame de ti es la anécdota de una casualidad en la que convergen Sofía, una psicóloga con la fantasía erótica de escribir una novela de sexo, y Nadia, quien ha vivido la narración que Sofía puede contar: desenfreno, amores adúlteros, violencia, regocijo carnal. En sus múltiples encuentros en una cafetería, las certidumbres de ambas se ven trastocadas por el descubrimiento de las grandes diferencias que pueden encontrarse en otra persona con anhelos tan similares al mismo tiempo.

Basada en hechos reales, Cuídame de ti está escrita de manera intensa como las protagonistas, con una carga erótica sugestiva y elegante y dos voces que nos hacen recordar que debajo del maquillaje, las pupilas y las sonrisas habitan miedos, dolores, agasajos, belleza y aquello que hace de cada individuo alguien único, porque definitivamente únicas son también todas las historias, por más dolorosas que sean.

Selección de relatos de horror #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura navideño recomendaré un libro entretenido e inquietante, de esos que arrancan a los lectores de la realidad por horas y los lleva a universos fantásticos de deliciosa ansiedad: Selección de relatos de horror, de Edgar Allan Poe, de Plutón Ediciones.

Esta selección contiene cuentos como “Los crímenes de la calle Morgue”, “El escarabajo de oro”; mi favorito por su combinación entre misterio y erotismo: “La máscara de la muerte roja”; y por supuesto, el famoso poema “El cuervo”, entre otros.

Los cuentos de Edgar Allan poe son narraciones de un estilo muy definido, que envuelven en ambientes, personajes y anécdotas de manera que atrapan desde las primeras palabras. Son tan intensos y se convirtieron en clásicos porque no hay nada más espeluznante que el terror que un ser humano puede provocar a otro, y en contar esas historias Allan Poe fue el gran maestro.

Ligeros libertinajes sabáticos #LibrosQueMeGustan

Un libro erótico peso completo: sexy, sugerente, irónico, asombroso, divertido, este #ViernesDeLectura recomiendo Ligeros libertinajes sabáticos, de Mercedes Abad.

Ganadores del VIII premio La sonrisa vertical, estos diez cuentos son un deleite para las fantasías sexuales y la imaginación. Sin caer en la pedantería intelectual y con un roce preciso con la vulgaridad, los relatos de Mercedes Abad son inteligentes, con frases encantadoras y humedecedoras, como “Jadea, amor mío, jadea telefónicamente tu deseo de mí”, e historias que igual combinan la comida y el conflicto existencial, como Una mujer sorprendente y Ese autismo tuyo tan peligroso, mi favorito.

Si quieres pasar un fin de semana con una lectura ligera, pero inolvidable, entonces tienes que leer Ligeros libertinajes sabáticos, estoy segura de que se convertirá en una de tus aventuras erótico-literarias favoritas.

Marcados #LibrosQueMeGustan

¿Qué sucede en las emociones de una persona cuando decide marcarse la piel? ¿Qué ocurre en la mente de quien es testigo de esas marcas? La novela que les recomiendo hoy, Marcados, de Guadalupe Vera García, es una historia que habla de secuestro, minorías, racismo, discriminación, de tatuajes como huellas que marcaron la vida, el corazón y, por consecuencia, el cuerpo. De las marcas como supervivencia.

Marcados es un libro descriptivo, tanto del fondo como de la forma, escrito con mucha pasión, que provoca esa misma sensación en los lectores. La narrativa de Guadalupe Vera García es impecable, en ella no falta ni sobra nada. No es un libro rápido de leer ni fácil, sino testimonio de la complejidad de la vida y de cómo el ser humano intenta explicarse cada situación para satisfacer la necesidad de comprenderse para continuar.

Algo muy valioso de esta historia es que no volverás a ver un tatuaje de la misma manera, porque a final de cuentas, detrás de cada marca hay un motivo, y ese motivo es tan trascendente que se queda hasta en la piel, aunque también haya huellas en el alma, la psique y el corazón.

Recuerda que a pesar del sufrimiento y las marcas, las razones para vivir son mucho más importantes, y por eso lo recomiendo en este #ViernesDeLectura.

Tus mujeres de mis orgasmos

¡Tengo libro nuevo! Y está fuera de serie (por lo menos para mí), porque jamás había escrito algo tan libre, tan sexoso, tan quiebralímites.

Tus mujeres de mis orgasmos: La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar.

En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo.

Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua.

Para este libro quise no nada más imaginar la historia más intensa, explícita y erótica que he escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad, sino leerla al oído de los lectores, quienes por medio de un código QR podrán acceder a contenido exclusivo: el Video-libro, interpretado por mí, que lo pondrá al filo de las emociones más deliciosas.

Próximamente estará disponible: el 15 de diciembre cumplo 41 años y ese día lo lanzaré de manera oficial, con toda la emoción, la alegría y las carcajadas por compartir.

Si quieres este libro impreso, lo puedes adquirir aquí:

Tus mujeres de mis orgasmos

Tus mujeres de mis orgasmos: La vida de algunas personas es como una película porno con cortes para dormir, comer y trabajar. En Tus mujeres de mis orgasmos, que es libro y experiencia en realidad aumentada, los protagonistas están juntos en un amor adúltero y delicioso; unidos por el placer, regidos por el deseo: la casualidad actuó a favor de su lascivia en común en una noche cualquiera para tomarse de las manos y de todos los espacios de piel disponibles en el cuerpo. Esta novela breve es un diario íntimo hacia las fantasías de Ella mientras Él le hace el amor con la lengua. Mónica Soto Icaza lee al oído la historia más intensa, explícita y erótica que ha escrito para continuar desafiando conceptos como el amor, la monogamia y la libertad.

190,00 MXN

O si lo prefieres electrónico para Kindle, lo encuentras aquí:

Tus mujeres de mis orgasmos eBook: https://www.amazon.com.mx/mujeres-orgasmos-M%C3%B3nica-Soto-Icaza-ebook/dp/B08PZB6BG1/Soto Icaza, Mónica: Amazon.com.mx: Tienda Kindle

Fenalem #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura no recomendaré un solo libro, sino un lugar virtual en el que habrá cientos de libros: la Fenalem.

La cancelación de la FIL de Guadalajara en su formato presencial trajo especial frustración para los escritores y escritoras menos visibles de México. Es por esto que un grupo de valientes y entusiastas escritoras, conformado por Guadalupe Vera García, Magdalena Pérez Selvas, Patricia Bermúdez, Carla Cejudo, Julia Cuéllar, Elsa D. Solórzano, Kiara Fernández, Jazmín García Vázquez, Mayahuel Zárate, Fanny Morán, Camelia Rosío Moreno, Alejandra R. Montelongo, Maru San Martín, Perla Santos y Marisol Vega respondió a la inquietud de la fundadora de Escritoras Mexicanas, Cristina Liceaga y así, con pura voluntad, amor al arte y determinación, dieron forma a la primera Feria nacional de libro de Escritoras Mexicanas, que será del 8 al 11 de diciembre de manera virtual a través de la página de Facebook de Escritoras Mexicanas: EscritorasMx | Facebook

El objetivo de la feria es hacer visible la literatura escrita por mujeres, y vaya que será así: durante tres días, de las 11 de la mañana a las 9 de la noche, la red será tomada por más de cien escritoras de todo el territorio nacional, Norte, Bajío, Centro y Sur estarán representados, además de autoras que viven en el extranjero y en lenguas originarias. También habrá talleres literarios.

Así que ya sabes, nos quisieron convencer de que “mujeres juntas, ni difuntas”, y hoy una vez más mujeres talentosas, sororas y con amor por compartir provocan un evento sin precedentes que estoy segura será un éxito y se convertirá en uno de los más importantes del año: una celebración de la palabra a través de novelas, ensayos, antologías, microficciones, poesía y cuentos.

Fenalem:

Transmisión en vivo desde el canal de Facebook: EscritorasMx | Facebook

La obra de las autoras estará a la venta en Escritoras Mexicanas – Proyecto cultural para la difusión de la obra de escritoras mexicanas de todas las épocas y en escritorasmx@gmail.com

Las actividades quedarán grabadas en la cuenta de YouTube @EscritorasMx

Fecha: 8 al 11 de diciembre de 2020

Horario: 11 am a 21 pm

Encuentra más información en: Escritoras Mexicanas – Proyecto cultural para la difusión de la obra de escritoras mexicanas de todas las épocas


Y ya que estamos en esto, te invito a la participación que tendré en la Fenalem, el 10 de diciembre a las 8 de la noche:

Plagio #LibrosQueMeGustan

El mundo editorial, con su naturaleza de lobo con piel de oveja, esconde entre líneas las pasiones más sublimes y las perversiones más oscuras del ser humano. Y los seres humanos amamos las historias.

Una de ellas, la del libro que recomiendo hoy, fue recordatorio de por qué me gusta leer: Plagio, de Héctor Aguilar Camín.

Plagio es una novela divertida, altamente disfrutable, que utiliza las múltiples licencias que posee la ficción para hablar de esos temas difíciles que generan antipatías o fans irredentos.

Es la historia de un escritor, sus filias, fobias, aciertos y errores dentro de un universo –el del poder, los compromisos políticos, la falsa modestia– y cómo a final de cuentas los celos intelectuales y carnales pueden destruir todo aquello por lo que se ha luchado, sin importar a quien se arrastre entre las extremidades inferiores.

Con ironía, humor negro y sarcasmo en cada una de sus páginas, esta novela ligera, muy bien escrita y con una estructura cuya simpleza esconde una complejidad extraordinaria es mi recomendación de este #ViernesDeLectura.

Casas vacías #librosquemegustan

Un libro de perspectivas, de angustias con diferentes caras, de culpas provocadas por el aprendizaje de múltiples costumbres fallidas (entre, estoy segura, varias interpretaciones más), es lo que encontré en el título que les recomiendo hoy: Casas vacías, de Brenda Navarro.

Con una narrativa a dos voces, con dos estilos diferentes de contar, decidir y experimentar la pérdida, las protagonistas de esta novela se enfrentan desde su realidad a la desaparición del niño amado, que en los brazos de cada una de ellas adquiere un nombre distinto.

Casas vacías es duro, bien escrito, con alta dosis emocional que aprieta los puños y afloja las lágrimas. Trata uno de los temas más dolorosos de la realidad actual mexicana: la desaparición de menores. Le da rostro y palabras a las cotidianidades detrás de los carteles de niños desaparecidos que proliferan en paredes, postes y redes sociales, pero no nada más desde la perspectiva de la madre atribulada que se descuida un segundo y pierde a su hijo, sino también de la persona que decide llevárselo aprovechando ese descuido.

Casas vacías es uno de esos libros que lees con la esperanza de que algún día esas anécdotas sean parte del pasado, fragmentos de ficción.

Veinte mil leguas de viaje submarino #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura les traigo sonrisas de nostalgia, hermosos recuerdos, brillo en los ojos y mariposas en la panza en forma de libro. Hoy recomiendo la fabulosa Veinte mil leguas de viaje submarino, de Julio Verne.

Una de las obras de aventuras más memorables de todos los tiempos, cuenta la historia de un barco americano en el que profesor Pierre Aronnax sale en la búsqueda de un monstruo marino que ha provocado múltiples naufragios. El monstruo resulta ser marino, pero no como lo esperaban, sino el submarino Nautilus, comandado por el Capital Nemo, un hombre ingenioso y despiadado que lo hace prisionero junto con su ayudante y el arponero Ned Land y les muestra las maravillas de su invento y algunos lugares míticos, como la Antártida, además de descripciones detalladas de seres submarinos.

Junto con los personajes, el lector también es capturado por esta obra, quien va de asombro en asombro desde las primeras páginas, aunque el lector no quiere escapar, como los personajes del libro.

Considerado como el padre de la literatura de ciencia ficción, Julio Verne predijo algunos de los inventos que se desarrollarían más adelante y aparecen en algunos de sus libros, como las escafandras autónomas, la televisión o los fusiles automáticos, entre muchos otros.

Por ser uno de los libros que todo amante de la literatura debe conocer, y además escrito por un autor fuera de serie, creador de obras como Viaje al centro de la tierra, La vuelta al mundo en 80 días y La isla misteriosa, entre otros, hoy recomiendo un primer acercamiento o una refrescada de memoria hacia su obra, clásica, aclamada y de la que han surgido múltiples adaptaciones para cine, teatro y televisión.

Casadentro y otras memorias #LibrosQueMeGustan

Uno de esos libros breves que lees despacio, y más que leerlos, los percibes, el título que recomiendo este #ViernesDeLectura es uno de mis más afortunados hallazgos de los últimos y pandémicos meses: Casadentro y otras memorias, de Miranda Locadelamaceta.

Escrito en un estilo muy particular, con una combinación entre prosa y poesía, en este libro imágenes, sensaciones y detalles van contando historias, todo desde la intimidad de una casa, el sitio donde la seguridad debería ser la emoción preponderante.

En estas páginas las paredes susurran, las alacenas escuchan, las bibliotecas hablan. Además de Casadentro, el relato principal, se encuentran Domo, doméstico, domesticar; Diccionario de intimidad y Cobertizo, tres narraciones más que van enchinando la piel por su profundidad, su tristeza derramada y sus guiños a lo más hermoso, pero también a lo más terrible de la cotidianidad.

Definitivamente Casadentro y otras memorias es un libro difícil de definir, pero como todo buen representante del arte, deja al lector con una sensación intensa al terminar y múltiples pensamientos suspendidos en el aire para retomar al sentirse con la disposición de ir más allá.

Como una de sus frases que más me gustaron, escrita en Diccionario de intimidad, este ejemplar es breve, pero intenso: “¡Cuánto peso en tan pocos gramos!”. Y justo por eso hay que leerlo.

La sombra del viento #LibrosQueMeGustan

Una novela policíaca, de misterios, pero también de locura y amor, La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón es el libro que recomiendo en este #ViernesDeLectura.

Situada en Barcelona en la primera mitad del siglo XX, la anécdota gira en torno a Daniel Sempere, un niño huérfano de madre al que un buen día su padre lleva a conocer el Cementerio de los Libros Olvidados, un laberinto plagado de libros en el que Daniel converge casualmente con un tomo extraño: La sombra del viento, de Julián Carax, un autor desconocido.

Daniel lee la novela de Carax y queda fascinado. Con curiosidad infantil comienza entonces a indagar sobre el autor, a buscar más títulos escritos por él y así se abre en su mundo una historia de traiciones, intrigas, muertes, amores imposibles y secretos que ponen en riesgo su lucidez y su vida.

Escrita de manera magistral con una estructura impecable, a las 575 páginas de este tomo no le falta ni le sobra nada. Para mí esa es la característica más sobresaliente de la novela: en ella no hay cabos sueltos ni personajes casuales; los objetos y la ciudad adquieren vida propia y también influyen en el destino de los protagonistas.

Es una historia para recordar uno de los lugares comunes más comunes de los lugares comunes: la realidad siempre supera a la ficción.

Espera, ponte así #librosquemegustan

Desparpajada, irreverente, de una intensidad adictiva, la novela que recomiendo hoy, Espera, ponte así, de Andreu Martín, fue ganadora del premio La sonrisa vertical, ese mítico galardón que otorgaba editorial Tusquets a lo mejor de la literatura erótica.

Pero lo que no desaparecerá son las obras premiadas, entre las que se encuentran Silencio de Blanca, de José Carlos Somoza o Las edades de Lulú, de Almudena Grandes.

Espera, ponte así, es la historia de obsesión sexual y decadencia de un director de teatro que en pleno montaje enloquece de pasión por una de las actrices, bella, aunque poco talentosa, quien logra desequilibrarlo al punto de poner en riesgo todo lo bueno de su vida.

Está escrita de una manera tan intensa que al leerla es inevitable sentir esos tirones de emoción que provoca la sensualidad rebelde ante los propios límites. El gozo por sus páginas es tanto un gusto culposo, como un deleite estilístico, porque sí, el autor logra un equilibrio perfecto entre un lenguaje impecable y una anécdota perversa que seguro te sacará lúbricamente de tus casillas para terminar con el corazón acelerado y la entrepierna con un dejo de humedad.

Millenium #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomiendo no uno, sino tres libros: la trilogía Millenium, del escritor sueco Stieg Larsson.

Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire son los títulos de estas novelas, publicadas un año después de la muerte del autor, en 2005 (qué triste escribir algo que alcanza tal éxito y no enterarse, pero bueno, el cuerpo de Larsson se fue, sus novelas se quedarán por siempre).

Las siguientes tres historias de la saga fueron escritas por David Lagercrantz, pero no hablaré de ellas porque para mí es importante respetar la autoría de las ideas del autor original.

Esta trilogía es policíaca, detectivesca, de misterio. Trata los temas de la corrupción y de la violencia contra las mujeres son crudeza y elegancia. Empiezas a leer y te conviertes irremediablemente en presa de los protagonistas: el periodista Mikael Blomkvist, inmerso en un proceso judicial, y uno de los personajes femeninos más inolvidables de los últimos tiempos: Lisbeth Salander, una mujer veinteañera, incomprendida, hacker, lista, sobreviviente de diversas manifestaciones de violencia, que en estos libros se convierte en una heroína sui géneris al develar los misterios con tecnología, rabia y mucha inteligencia.

Se han hecho diversas adaptaciones de estas historias a novela gráfica y para cine, como la cinta hollywoodense La chica del dragón tatuado y las suecas Millenium, muy apegadas a los libros.

Al leer estos títulos el lector se convierte en cómplice de los personajes, en un investigador más. Están narrados de tal manera que el ánimo, los nervios de punta, la necesidad de saber más te colonizan hasta que cierras la última página, y por eso los recomiendo en los #LibrosQueMeGustan

(Y sí, confieso que estos libros son de los que más me han entusiasmado en los últimos tiempos, creo que se nota, ¿verdad?)

El extranjero #LibrosQueMeGustan

Uno de mis favoritos desde la adolescencia, este #ViernesDeLectura recomiendo la monumental primera novela del Premio Nobel de Literatura 1957 Albert Camus: El extranjero.

El extranjero es uno de los libros que más he leído a lo largo de mi vida. Empieza con uno de esos párrafos memorables de la literatura universal que cuentan por sí solos una historia: “Hoy ha muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: ´falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias´. Pero no quiere decir nada. Quizás haya sido ayer.”

Con una narrativa breve y sin muchos aspavientos, esta obra de ritmo lento y tedio provoca que lo que no sucede en la historia, ocurra en el lector: la indiferencia del protagonista, Meursault, ante la muerte de su madre, ante el amor de una mujer, ante el asesinato de un hombre, ante una sentencia de muerte, hace brincar la empatía de cualquier persona con emociones y sentimientos.

La aparente frialdad del personaje principal, su poco interés por los menesteres de la vida resultan paradójicos al momento de defenderse instintivamente contra un hombre que amenaza con atentar contra su vida. Pero después comprendemos que en realidad lo mueve la inercia y no pasión o idealismo alguno.

Justo por eso es un libro tan importante, porque en este mundo la verdad no siempre triunfa, somos individuos extranjeros y el sentido común es el menos común de los sentidos. Y aunque la literatura probablemente no tenga sentido, por lo menos en un texto así cada quien interpreta lo que se le da la gana. Eso ya es ganancia.

El murmullo de las abejas #LibrosQueMeGustan

La magia y la belleza en ocasiones también son herramientas para describir lo terrible. Sofía Segovia en El murmullo de las abejas, el libro que les recomiendo hoy, las utiliza para contar la historia de los Morales Cortés, terratenientes de Linares, Nuevo León, alrededor de la época revolucionaria.

El destino de la familia, narrado por Guillermo Morales a un taxista en el camino de Monterrey a Linares, se ve unido al de Simonopio, un niño huérfano que puede comunicarse con las abejas, y el de la nana Reja, nodriza de ambos por azares del destino. Al mismo tiempo la autora describe algunas de las costumbres de la época, de gran violencia.

La estructura de El murmullo de las abejas es magnética, una vez que empiezas las páginas se suceden unas a otras con el placer de la fantasía anclada en la realidad. El personaje de Simonopio es, sin duda, uno de los más entrañables de la literatura mexicana; con labio leporino y sordomudo, es rechazado e incomprendido por la mayoría, pero él ama, y como ama cuida. Es un héroe muy a su manera. Y las abejas son sus cómplices.

Algo sobresaliente de esta obra es la habilidad de la autora de conducir al lector por un camino de felicidad y brillo y de pronto trastocarlo con la tristeza de la muerte, de la injusticia. Es uno de esos libros que engañan al lector con una apariencia amable y ligera, y terminan siendo una experiencia de vida, eco en los sentidos, en las emociones y los sentimientos.

Por ser uno de los próximos clásicos de la literatura mexicana, estoy segura, este #ViernesDeLectura recomiendo El murmullo de las abejas en #LibrosQueMeGustan

Brama #LibrosQueMeGustan

Dos hermanos de temperamento opuesto, un par de mujeres accidentalmente protagonistas, una pareja incidentalmente víctima culpable, una casa poseedora de la ternura de la que carecen los demás personajes.

Una pira de papel y piel para la ansiada libertad de quienes acabo de nombrar, es el pretexto de Brama, de David Miklos.

Brama es una novela de percepciones, donde cada uno de los involucrados narra su particular fragmento de la misma historia, regalándole al lector una visión más completa de las perversiones que se dieron lugar en la misma casa, que es en su naturaleza de objeto, otro personaje, el más caritativo.

La narración de este libro es tensión constante, deseo desaforado, un placer culposo. Publicada en la colección de literatura erótica La sonrisa vertical, posee la cualidad de la transmisión de sensaciones porque todos, en nuestro tránsito humano, hemos experimentado la envidia, el odio, el abandono, pero también el sexo, el erotismo en su versión más pura, más animal.

Por todo eso Brama, de David Milkos, con su sugerente portada rosa, es uno de los #LibrosQueMeGustan, el que te recomiendo este #ViernesDeLectura

Mäywen #LibrosQueMeGustan

La profecía se ha cumplido: Mäywen, el hada oscura, debe cumplir su misión de alumbrar el camino hacia el reencuentro con la luz.

Este #ViernesDeLectura recomiendo una novela caballeresca y de fantasía; de perversiones y belleza humana; de hechizos y amor incondicional: Mäywen, de la escritora mexicana Magdalena Pérez Selvas.

Con una narrativa tan encantadora como la historia que cuenta, Mäywen comienza con el mapa de las Tierras Doradas, un mundo donde convergen Humanos y Brujas en un equilibrio precario que está por esfumarse. Es entonces cuando aparece Mäywen, un hada que parece no pertenecer a ningún lado, que se siente incómoda en el Reino del Aire, su hogar, y también en la tierra.

Pero el encuentro con Andor de Goldorado, un rey muy amado, y por consiguiente, también muy odiado, cambia su incertidumbre y juntos inician una cruzada contra las brujas que buscan apoderarse y destrozar el mundo.

Este libro es como una brisa fresca dentro de la literatura mexicana, tan enfocada en lo descarnado y la podredumbre de la sociedad. Su autora, Magdalena Pérez Selvas, comparte una vida minimalista, de abandono del ego y gran espiritualidad, lo que comunica de forma sutil en las páginas de su primera novela, que es, además, su sueño adolescente, ya que la empezó a escribir a los 17 años y la terminó 17 años después.

Por ser un hallazgo que provoca suspiros y sonrisas, Mäywen es mi recomendación de esta semana en #LibrosQueMeGustan

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Si quieres comprar el libro, puedes encontrarlo aquí: https://www.amazon.com.mx/Mäywen-Magdalena-Pérez-Selvas-ebook/dp/B07ZMR5XS5

La era del ego

Sí. En las redes las fotos son para llamar la atención. Los escotes son para llamar la atención. Los minivestidos son para llamar la atención. Los ojos son para llamar la atención. La belleza es para llamar la atención. El chiste fácil o la agresión gratuita son para llamar la atención. Porque llamar la atención es lo que se hace en las redes sociales. 

Quien diga lo contrario y tenga una cuenta de Facebook, Instagram, TikTok, Twitter y otras, definitivamente practica la falsa modestia. Si no es para ganar seguidores, obtener “likes”, vender algún producto o servicio, que la gente se entere de la genialidad de tus pensamientos, ¿para qué querrías publicar contenido en un sitio virtual en donde tus brillantes ideas trasciendan tu cerebro con más alcance que el de tus conocidos y amigos?

Porque si admitimos que esta es la era del ego desbordado, en la que una cuenta con más de mil seguidores representa un triunfo ante la anonimidad, entonces podremos poner el ego en perspectiva y usarlo para algo más que satisfacción personal. Si dejamos de demonizar al otro, de ser insensibles ante quienes piensan diferente sólo porque nos protege una pantalla, entonces será posible pensar dos o tres o más veces antes de escribir un mensaje destructivo.

El parámetro para responder algo en las redes sociales debería ser la respuesta a la pregunta: ¿Pronunciarías estas mismas palabras mirando a los ojos al destinatario?

Así que sí, yo sí publico lo que publico para llamar la atención, por mis muy egoístas razones: difundir la literatura, el erotismo, mi trabajo poético, narrativo y periodístico o cualquier imagen o texto que considere valioso. Y sí, cuando soy agredida respondo pensando en que la otra persona también tiene que convivir consigo misma 24/7 y no requiere de mi negatividad, porque si está siendo violenta es porque algo no le permite sentirse feliz y plena y necesita desquitarse con una desconocida.

¿Qué opinas tú, que llegaste hasta aquí por la foto que ilustra este texto?

Si fue así, entonces aprovecho para darte las gracias por leerme además de mirarme, y por esta oportunidad de pensar juntos.

En el nombre del padre y del hijo

A Juan le daba pavor acercarse a la sacristía. Desde que le dijeron que detrás de esa puertita que parecía de oro estaba el espíritu santo, obedeció con devoción absoluta e involuntaria el letrerito de puño y letra del Padre Tarcisio: “prohibido el paso a toda persona ajena a esta Iglesia”. Le preguntó a su hermana qué significaba eso de “ajeno”, porque a él le sonaba medio diabólico, pero sólo consiguió que su hermana riera a carcajadas y lo mandara a buscar la palabra al diccionario. Como si en la escuela la maestra tuviera la delicadeza de enseñarle a usar un diccionario, si a duras penas les enseñaba a escribir. Y de preguntarle a mamá ni hablar; si no estaba maquillándose las pestañas, no despegaba los ojos del teléfono que le regaló el Padre Tarcisio como premio por recolectar tan buenas limosnas en las misas. Así que entre el espíritu que estaba escondido ahí y la palabra diabólica en la puerta, Juan mejor ni se acercaba a la sacristía.

La sacristía de la que hablamos, con una puerta de madera tan grande y tan pesada que se miraba descontextualizada junto a la construcción adyacente, se encontraba en los terrenos de una Iglesia blanca con una torre que ni siquiera se alcanzaba a ver desde la carretera. Era la iglesia de un pueblo pequeño, enclavado en alguna montaña, demasiado lejos de Dios y cerca de las ambiciones de las autoridades clericales y de los dueños del poder de decisión de los usos y costumbres del lugar.

Todos los domingos antes de la misa de 12 los tres acólitos que le ayudaban a Tarcisio se echaban un “chin, chan, pú”, para ver a quién le tocaba auxiliar al Padre con la sotana. Los otros dos siempre se quejaban de que Juan nunca perdía, pero ignoraban que el miedoso Juan, además del temor, tenía la habilidad de recordar los patrones en las posiciones de las manos que elegían sus contrincantes, y así salía siempre victorioso.

Pero como siempre y nunca son las palabras más traicioneras del mentado diccionario que tanta gente no sabe usar porque se supone que deberían enseñarlo en las escuelas y las maestras no lo hacen, esa mañana Juan se distrajo rascándose un piquete en la pierna, y se despistó en el último round. Cuando cerró el puño para hacer “piedra”, se encontró con la mano extendida del acólito contrincante, quien pronunció las inocentes palabras que convertirían a la vida de Juan en suelo lleno de nueces maduras: “papel envuelve a piedra, ¡perdiste!”.

Los párpados de Juan tardaban más de lo normal en parpadear, se quedó parado con los ojos enormes, sordo a las risas y hurras de los otros dos acostumbrados a perder. Sentía las piernas agarrotadas, y sus manos se empezaron a convertir en agua más caudalosa que la del río junto a la casa que compartía con su mamá. Todo por culpa del tonto mosquito que eligió la parte más delicada de su pierna para degustar la deliciosa sangre que corría por sus venas justo en ese instante. 

Sintió cómo la palma de una de las manos de los otros niños se posó con nula delicadeza sobre su mollera. Caminó muy despacio, arrastrando mucho los pies, y de ahí al piso frente a esa puerta muy grande de madera con el letrero colgado con una tachuela.

Juan había escuchado por chismes de los sacristanes y las chismosas que rondan por todos lados, que antes de la misa de 12 se escuchaban sonidos extraños adentro de la sacristía, pero como él jamás se acercaba, no le había tocado escucharlos nunca.

Entonces la curiosidad pudo más que el miedo, y se acercó, olvidándose del espíritu santo y de la palabra “ajeno” del letrero y del peso brutal de la sotana y del fracaso en el “chin, cham, pú”. Giró la manija.

Lo primero que vio fue una espalda desnuda, a la que seguían unas nalgas sobre el escritorio metálico. Una mata de pelo castaño caía, no muy larga, sobre los hombros. 

Al avanzar un poco más, vio al padre Tarcisio, sin camisa, que empujaba la pelvis hacia el escritorio y aventaba la espalda hacia atrás. Detrás del padre estaba un señor que Juan había visto algunas veces en el edificio de gobierno, vestido con un sombrero café, prenda que en ese preciso momento descansaba en la cúspide del perchero junto a la puerta desde donde Juan miraba, que chocaba con la espalda de Tarcisio. Abrazando a ese señor, también por la espalda, estaba otra señora de pelo castaño y ojos muy maquillados que a Juan le resultó tan conocida que no encajaba con la situación, y que al ver que su hijo la miraba en esa escena tan comprometedora, pegó un grito tan fuerte que las otras cuatro personas en la habitación, Juan incluido, corrieron hacia direcciones distintas, los adultos buscando la primera prenda de ropa que encontraran, el niño para cruzar la puerta de la sacristía, a la que en ese momento sí juró, no volver a entrar jamás.

Mientras corría para alejarse de ahí lo más pronto posible, Juan todavía alcanzó a escuchar la tan conocida voz que tantas canciones de cuna le cantó antes de que cumpliera los ocho años: “¡Tarcisio, alcanza a tu hijo!”.

Cuando conoció la respuesta a esa pregunta que había hecho mil veces: “Mamá, ¿quién es mi papá?”, Juan sólo pudo pensar en la vergüenza que debió darle al pobre Espíritu Santo, escondido detrás de la puertita que parece de oro, estar en el mismo cuarto donde sus papás y los otros señores hacían lo que los adultos normales hacen con las puertas cerradas con seguro.

*Foto de Anna Shvets en Pexels

Vida con mi viuda #LibrosQueMeGustan

¿Qué dirán tus seres queridos cuando hayas muerto? ¿Cómo reaccionarán tu pareja, tus hijos, tus amigos, tus enemigos? ¿Cuántos secretos se desvelarán?

De eso va la novela que les recomiendo este #ViernesDeLectura: Vida con mi viuda, del escritor acapulqueño José Agustín.

Vida con mi viuda es una irreverencia literaria narrada de forma magistral con el estilo único del autor: desenfadado, exacto, con una verborrea precisa para mantener al lector con la carcajada pegada a la angustia.

Un hombre, Onelio de la Sierra, se topa accidentalmente con un moribundo tan parecido a él que decide intercambiar papeles para así poder espiar a su viuda, Helena, una hermosa mujer mitad indígena oaxaqueña, mitad estadounidense, en una trama que contiene misticismo chamánico, una gran carga erótica, la fusión de mundos a través del amor y hasta crimen organizado.

Es un libro divertido, diferente, ganador del Premio Mazatlán de Literatura 2005 y, sobre, todo, de uno de los autores más sólidos de la literatura mexicana, mezcla del humor negro, la solemnidad y la risa fácil ante la desgracia que nos permite conservar la vertical ante la adversidad.

Por eso Vida con mi viuda es uno de los #LibrosQueMeGustan

Brujas literarias #LibrosQueMeGustan

Existen libros sobre libros, libros sobre escritores, libros sobre la obra de los escritores, libros de conjuros… pero también existen conjuros en libros. Ese es el caso de Brujas literarias, un libro de Taisia Kitaiskaia y Katy Horan.

Brujas literarias es un aquelarre de papel y tinta en el que convergen 30 escritoras por medio de una pequeña reseña biográfica. De Norte a Sur del mundo, de Oeste a Este y una fusión de líneas temporales, en pocas páginas el lector encontrará los rasgos de personalidad y experiencia de las autoras seleccionadas, que van desde Emily Dickinson, hasta María Sabina; desde Safo, hasta Yumiko Kurahashi.

Si bien los capítulos son en extremo cortos y te dejan con ganas de más, este tomo es una excelente opción para quien desee conocer la obra de mujeres, quienes, no es secreto, habían sido menospreciadas como creadoras hasta hace poco tiempo. Al final de cada uno vienen algunas lecturas recomendadas de cada una para empezar a leerlas.

Por ser una obra que provoca curiosidad, Brujas literarias es mi recomendación de este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan

Matinal

Dos dedos en mi vagina. Desperté. Su nariz rozaba la mía. Arqueé la espalda. Sonreí. Metió la lengua entre mis dientes. Mis pezones perforaron el vestido. Las bragas recibieron una ola súbita. Gemí. Dormía en la sala. La fiesta de anoche me dejó moribunda. Reviví del sueño para morir de nuevo. Para convertirme en géiser, en vencedora y trofeo. Los pies en punta. Satín en los muslos, las rodillas, los tobillos, el piso de madera. Fauces que bucean. El vestido trepa y se fuga. Palmas en las tetas. Saliva en el ombligo, en la línea de la vida. Entre los pechos. Areolas en pugna. Voz que rebota en las persianas. Vértice abierto, cadera oscilante. Remo en el agua. Ojos bien abiertos. Ascenso y descenso en gol pe te o. Palmas de las manos en respaldo. Rodillas en la piel del sillón. Ofrenda a la estatua que penetra un río subterráneo para clavar su bandera en territorio conquistado que conquista al conquistador.

Or
gas
mos
en
grito.

Adicción a las sustancias de tu cuerpo.

Salvar el fuego #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomiendo la novela de moda de uno de los autores más queridos en México: Salvar el fuego, de Guillermo Arriaga, ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2020.

Historia policíaca, política, culturosa, de amor, cuenta el encontronazo de dos mundos: el penitenciario, donde crimen, venganza y muerte son las constantes, con el de la clase alta de la Ciudad de México, donde todo es finura, posibilidades y mucho tiempo para ser infelices.

Con dosis altas de descripciones sensoriales, tiene la habilidad de transportarte con el olfato, el oído, el tacto a la piel de sus protagonistas: José Cuauhtémoc y Marina, quienes a lo largo de la trama se transforman en sentido inverso: él se dulcifica, ella se enrudece.

Escrita en diversos tiempos y narrada desde la primera, tercera y la no tan usual segunda persona, las palabras elegidas para configurarla son exactas. Como otras obras de Arriaga, Salvar el fuego es larga, densa, con enormes capítulos de contexto para la trama, diversos recursos, como los trabajos de un taller literario que toma José Cuauhtémoc con otros reos, y la historia paralela de Francisco Cuitláhuac, el personaje más sólido.

Pero sobre todo es un libro encantador en el sentido amplio de la palabra: atractivo y tan impactante que orbita durante varios días en la memoria, y además te embruja con su estructura: quieres terminarlo de una sentada, lo cual es un buen reto por su gran extensión (lo leí en Kindle, donde el tiempo de lectura típico es de 13 horas y 14 minutos).

Por eso es uno de los #LibrosQueMeGustan

El monstruo pentápodo #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura quiero recomendarles a una autora mexicana a través de su libro El monstruo pentápodo. Ella es una de las narradores más detallistas y despiadadas que he leído últimamente: Liliana Blum.

El monstruo pentápodo cuenta la historia de Raymundo, un hombre sobresaliente en su trabajo, buen hermano, hijo, tío, que esconde bajo la sonrisa un secreto macabro: su atracción sexual hacia niñas de 5 a 9 años.

En el camino se encuentra con Aimé, una mujer en sus 30 que por su enanismo había renunciado al amor. Hasta que Raymundo la seduce para convertirla en cómplice y la arrastra a lo más oscuro de sus deseos… y a prisión.

La estructura de esta obra es deslumbrante, es de esos libros a los que no les falta ni les sobra nada. Conforme avanzas experimentas indignación, furia, miedo. Los dos personajes principales hablan según su experiencia y juntos, cada uno con su propio fragmento, completan el cuadro del secuestro de una niña inocente que tuvo la mala suerte de encontrarse en el lugar, momento y foco de atención equivocados.

Lo terminé de leer el mismo día en que lo empecé, porque el tema duele y la narrativa te atrapa en sus fauces trabadas hasta que logras domar las líneas; es uno de esos libros que odias por el tema, pero amas por la manera en que está escrito.

Por eso lo recomiendo en #LibrosQueMeGustan

El ojo #LibrosQueMeGustan

Una de las exquisiteces de mi librero, este #ViernesDeLectura quiero recomendar El ojo, de Vladimir Nabokov, publicado 25 años antes que la famosa Lolita.

Nabokov fue un experto en jugar con la mente del lector; sus novelas poseen una versión subterránea de la misma anécdota, que él mismo devela hacia el final, haciéndote sentir asombrado y tal vez un poco idiota.

En las páginas de El ojo los personajes y el tiempo cambian a capricho del narrador. Es un libro breve, pero sustancioso en literatura y frases memorables.

Al principio lees la historia de un suicida frustrado, para en el siguiente acto acudir a la obsesión del narrador por Smurov, un personaje misterioso que por igual es espía ruso, militar u hombre de letras en un salto de punto de vista que deriva en el asombro.

Una de las características de la obra de Nabokov es que cada lectura suya coloca una pieza nueva en el marco de referencia personal con la que puedes comprender, descubrir y disfrutar de la ficción de forma más amplia, y eso sólo puede lograrlo un grande, como él.

Hembra humana…

Soy un ejemplar de la raza humana,
hembra mestiza;
mis orgasmos son silenciosos,
poseen la humedad milenaria
de mis realidades antiguas;
sé que en mi historia de almas
siempre he sido mujer,
me lo dijo un sueño de niña,
me lo dice la sabiduría de pieles
que se conocen
sin haberse visto jamás.

Prefiero la nieve de limón blanca,
el regocijo de escuchar las gotas de lluvia
chocar contra cualquier superficie.
Me gusta decirle su hermosura
a quien considero hermoso
y prefiero el silencio
cuando de mi boca amenazan
con salir balas en vez de palabras.

Admiro a las mujeres de tenacidad incorruptible,
de ojos que esconden secretos
para salvar tristezas;
a los hombres que cambian pañales
con la misma destreza
con que llevan a cabo estados financieros
y proyecciones de ventas.

No me gustan las religiones,
pero amo a Dios;
ni los políticos
cuando sólo son políticos;
aborrezco la injusticia
y prefiero las verdades
a las mentiras piadosas.

A diario me miro al espejo en las noches
y el reflejo me susurra que si muero mañana
mis huellas ya no serán de arena.
Desde que escucho esa voz
tengo predilección por los deportes extremos
y por cumplir mis promesas.

Creo en los fantasmas,
en la vida después de la vida,
creo en lo que puedo lograr por mí misma,
y también creo en el talento de otros.

Tengo un brazo izquierdo diestro
y un derecho zurdo,
dos ojos que miran bien de cerca
y de lejos.
Un cuerpo sano
que ha dado a luz dos veces
y más de cinco sentidos
para percibir el Universo.

Escribo poemas en los cuadernos
y en las horas,
soy buena para deleitarme
y mala para sufrir,
amo amar
y no conozco el odio,
aunque estoy segura
que me he acercado a él algunas veces.

Soy una hembra humana afortunada,
con finas arrugas en los ojos
por haber sonreído tanto
y llorado tan poco.

Mónica Soto Icaza

Bartleby, el escribiente #LibrosQueMeGustan

Si bien la literatura es interpretación según los ojos y la experiencia del lector, pocas obras poseen el poder de provocar un grado de confusión tal que las ganas de entenderla se vuelven indiferencia o inquietud.

Hablo de Bartleby, el escribiente, cuento del estadounidense Herman Melville, el célebre autor del clásico Moby Dick.

El argumento es muy simple: un abogado de Wall Street necesita a un escribiente más para las labores de oficina, entonces contrata a Bartleby y lo acomoda en una esquina cerca de la ventana. Al principio resulta el más eficiente de sus empleados, hasta que a una tarea solicitada éste le responde: “Preferiría no hacerlo”.

De ahí en adelante esa frase se convierte en la única respuesta a los requerimientos del patrón, quien además descubre que Bartleby se ha quedado a vivir en la oficina y no hay manera de sacarlo, ni siquiera cuando decide mudarse.

Pronto Bartleby se convierte en una obsesión para su empleador, quien narra esta magistral historia que hay que conocer y reconocer como una de las obras maestras de la literatura universal que, además, demuestra que en la brevedad habita la grandeza. Es una obra muy angustiante, pero placentera, que, o bien se queda en la mente del lector horas después de la lectura, o se olvida pronto.

Este #ViernesDeLectura recomiendo Bartleby, el escribiente, porque es un testimonio de la universalidad y atemporalidad humana: aunque fue publicado en 1853 sigue vigente. Por eso es uno de los #LibrosQueMeGustan

Crimen y castigo #LibrosQueMeGustan

Uno de los grandes clásicos de la literatura universal, del escritor ruso Fiodor Dostoievski, hoy recomiendo la monumental Crimen y castigo.

Esta novela es como una carrera de fondo, con inicio optimista, desarrollo entre la incertidumbre, la angustia, el temor y la confusión y desenlace que devuelve el cuerpo al alma.

Publicada por entregas en 1866 en la revista El mensajero ruso, narra las desventuras de Rodión Románovich Raskólnikov, un joven estudiante de San Petersburgo que, envuelto en su miseria interna y la del entorno, asesina a dos mujeres. Después del crimen entra en un vórtice de pensamientos, terrores y arrepentimientos que lo llevan al borde de la locura.

Es un thriller psicológico del hombre contra el hombre, del individuo contra sí mismo con algunos destellos de humanidad.

Pero lo mejor de todo es que nos enfrentamos a una historia, sí, compleja, reflexiva, que desmadeja las pulsiones, los miedos y lo lejos que pueden llegar los pensamientos cuando se concentran en un solo hecho, que en realidad es simple y llanamente el hallazgo del verdadero amor.

Por eso mi recomendación para este #ViernesDeLectura es Crimen y castigo, de Fiodor Dostoievski

Eso sienten los astronautas cuando vuelven a la tierra #LibrosQueMeGustan

La habilidad de contar y describir lo terrible con una configuración de palabras que roza la belleza. Eso es lo que me asombra de la narrativa de Jorge Meneses, autor de Eso sienten los astronautas cuando vuelven a la tierra, el libro que les recomiendo este #ViernesDeLectura.

En un país como México, rico en tradición de cuento y cuento breve, con autores como Edmundo Valadés, Amparo Dávila, Juan José Arreola, Juan Rulfo, la publicación de un libro de relatos es un motivo de celebración, y más si el autor es joven y con un talento fuera de lo común.

Con seis cuentos, en este tomo podemos encontrar temas como el secuestro, la pobreza, la injusticia, el abandono, pero también la redención y los golpes de suerte.

El estilo de Jorge Meneses deja ver que le gusta jugar con los vocablos; en sus historias aparecen seres mundanos y aparentemente mágicos que sufren vueltas de tuerca. Y como las mejores narraciones, los finales son sorpresas que dejan al lector con el rastro de las emociones durante un buen rato al terminar de leer.

Por ser una publicación independiente con una calidad que estoy segura trascenderá los años, hoy recomiendo Eso sienten los astronautas cuando vuelven a la tierra, de Jorge Meneses. Publicado por La tinta del silencio.

La catedral del mar #LibrosQueMeGustan

Un libro monumental como la catedral de Santa María del Mar, cuya construcción es el pretexto para esta novela, hoy les recomiendo la primera obra del abogado y escritor español Ildefonso Falcones: La catedral del mar.

Cuenta la historia de la familia Estanyol, primero del padre, Bernat, para mostrarnos al verdadero protagonista: Arnau, un personaje inolvidable en el que la fuerza, la honestidad y la inteligencia habitan de manera equilibrada, sin restarle valentía. Es un héroe de leyenda épica.

En esta obra, situada en la Barcelona de la Edad Media hay injusticia, aventura, romance, intriga, violencia y todas las pasiones humanas, por lo que se ha convertido en uno de los grandes best sellers de la literatura española. Ha sido tan inusitado su éxito que ya hay película y hasta serie de televisión. Tiene una continuación, Herederos de la tierra.

Por ser una novela que te atrapa desde las primeras páginas por su agridulce argumento, este #ViernesDeLectura recomiendo La catedral del mar, de Ildefonso Falcones en #LibrosQueMeGustan

El corazón de piedra verde #LibrosQueMeGustan

Hoy quiero recomendarles el libro que a los 14 años me hizo adicta a leer: El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga.

Esta vasta novela es enorme en páginas, aventuras, historia, pero sobre todo, en el encuentro de dos mundos que colapsaron para crear uno nuevo.

Es una narración de contrastes que describe la vida en España, la vida en el México prehispánico y el consabido encuentro entre ambas culturas, mientras también cuenta la historia de amor entre Alonso y Xuchitl, como una representación del nacimiento del mestizaje, una versión enriquecida de culturas y puntos de vista.

En sus casi 800 páginas el lector encontrará una versión romántica, agradable y ligera de la Conquista, sin dejar de lado el conflicto y la crudeza de algunas de las anécdotas que cimbraron la realidad de los antiguos pobladores de las tierras sobre las que caminamos hoy.

Es una obra que emociona, enoja, provoca suspiros y hallazgos con la propia vida.

Por ser una lectura gozosa e inolvidable que deja eco años después, este #ViernesDeLectura recomiendo El corazón de piedra verde, de Salvador de Madariaga en #LibrosQueMeGustan

El amor dura tres años #LibrosQueMeGustan

El mito del amor romántico es uno de mis temas favoritos y por eso hoy quiero recomendarles: El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder, una novela autobiográfica que rezuma ironía, humor negro y los destellos de sabiduría que quedan después de haber sufrido por amor.

Empieza con la frase: “El amor es un combate perdido de antemano” y con ella inician también las confesiones del autor a través del personaje principal: Marc Marronier, un escritor/publicista que ha caído en depresión y excesos después del divorcio, pero descubre que en realidad no sufre por el desastre matrimonial con Anne, su exesposa, sino por la imposibilidad de vivir libremente el amor con Alice, su amante y motivo del divorcio.

Lo leí en un día, entre sonrisas de complicidad, pedradas esquivadas con estilo y una sensación agridulce acerca del matrimonio, la infidelidad y el poliamor involuntario.

Es una historia sencilla narrada de manera magistral, llena de ideas, humor negro y frases memorables, sin duda un libro perfecto para entretenerse y recordar que el miedo a la felicidad es el peor consejero del amor.

Por ser un hallazgo divertido para acompañar unas horas de cuarentena este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan recomiendo El amor dura tres años, de Frédéric Beigbeder.

Consideraciones antes de publicar un libro

Nota previa:

Estas recomendaciones están basadas en mi experiencia, mis errores, aciertos y golpes de suerte como editora y escritora independiente y sujetas a cambios y ampliación por nuevas experiencias.

  1. Escribe sin pensar demasiado, sin presión, sin censura, sin fijarte en la gramática o la ortografía, sólo escribe. Una vez que termines, corrige con lupa y a conciencia.
  2. Por cada puerta que se cierra, pueden abrirse muchas más. La carrera del escritor es de resistencia, tenacidad y, sobre todo, pasión.
  3. En ocasiones es difícil saber cuándo el texto ya está terminado, por eso es recomendable dejarlo descansar en un cajón, sin verlo para nada ni pensar en él al menos por unas tres o cuatro semanas. 
  4. Tu familia, desde tu mamá hasta tus parientes lejanos, leerán tu libro y te dirán que es magnífico. Ponlo en duda: el cariño puede nublar su objetividad.
  5. Tu libro va a gustarle a mucha gente y otras personas van a odiarlo. No gastes tu energía en preocuparte por eso.
  6. Registra tu libro antes de mandarlo a dictamen a alguna editorial o a concursos.
  7. Somete tu obra a concurso antes de buscar publicarla, sobre todo si se trata de géneros literarios: novela, poesía, cuento, ensayo, teatro, porque de esta forma tienes más posibilidades de llamar la atención de las editoriales.
  8. Ten claro el tipo de libro que quieres publicar, así caminarás sobre suelo sólido y no sobre sueños guajiros.
  9. Es básico conocer cuál es el mercado de tu libro, qué tipo de libro es, antes de mandarlo a una editorial.
  10. Investiga qué tipos de libros publica la editorial a la que piensas enviar tu libro. Normalmente esa información aparece en su sitio web.
  11. Escucha con apertura los comentarios y sugerencias sobre el texto, y luego deshazte de los que no le aporten algo.
  12. Cuando escribes un libro y quieres publicarlo la suerte es un factor importante, pero mucho más determinante será el trabajo, la tenacidad, el esfuerzo y el desafío a tus miedos y prejuicios.
  13. Aléjate de los editores que te adulen demasiado, sobre todo si en esa editorial tienes que pagar por publicar tu libro.
  14. Precisa por escrito todos los acuerdos a los que llegues con el editor.
  15. Firma siempre un contrato de edición, sin miedo ni reparos a lo legal. Te puedes salvar de muchos problemas. 
  16. Los únicos Derechos que puedes transferir al editor o la editorial son los Derechos Patrimoniales.
  17. Si vas a invertir en la impresión del libro, no cedas tus Derechos Patrimoniales. A menos que recibas un pago o hagas un intercambio, si tú pagas por hacer el libro es ilegal y absurdo que los transfieras.
  18. Si vas a transferir tus Derechos Patrimoniales fíjate por cuánto tiempo. Algunas editoriales los reservan dos, cinco, siete años, a veces, más tiempo y, normalmente, son ellos quienes fijan la vigencia. Al negociar tu contrato toma en cuenta que a mayores beneficios (en promoción, difusión, distribución, presentaciones, regalías, etcétera), mayor tiempo. Si tú tienes que pagar por todo y encargarte de la mayoría de los asuntos mencionados, no los transfieras.
  19. En caso de dudas siempre es mejor consultar a un abogado o acercarse a las oficinas del Indautor.
  20. Aunque te conviertas en un escritor auto-publicado en plataformas digitales o impresas, siempre busca asesoría de un editor o corrector de estilo. El gran problema de esta época es la cantidad de autores que no publican sus libros con rigor, lo que lleva a que no tengan el éxito que esperaban.
  21. Si vas a llevar tu texto directamente a una imprenta, pregunta (y constata que te estén diciendo la verdad) si ellos realizan directamente el trabajo o si lo maquilan. Pide muestras de otros libros que hayan hecho.
  22. Cuando termines de escribir tu libro imprime la versión final para revisarla. Es común que en la pantalla se oculten los errores.
  23. Los lectores tienen un radar de libros malos, trabaja en el tuyo lo suficiente como para que le den una oportunidad.
  24. Algunas editoriales independientes trabajan más como imprentas, solo diseñan e imprimen en libro y te los entregan para que tú te encargues de difundirlos y venderlos.
  25. Antes de pagar para que una editorial independiente (de aquellas en las que tú debes invertir dinero) te publique tu libro, somete el texto a corrección de estilo y luego a concursos. Cuando empiezas, abona más prestigio ganar un concurso o una beca, que tener un libro.
  26. Para saber si un editor o editorial va a cumplir con lo que promete, investiga si ya ha trabajado de esa forma con otros libros o escritores, si distribuye en las librerías que dice, si conoce a la gente que declara conocer; si ha logrado con otros títulos lo que asegura logrará con el tuyo. No confíes a ciegas.
  27. Trabajar en la promoción del libro es importante, así como también lo es el uso de las redes sociales, blogs y otras plataformas para darte a conocer; pero cuida de no pasar tanto tiempo promoviéndote de forma tal que pierdas las horas que puedes ocupar para hacer lo tuyo: escribir.
  28. Lo más probable es que estés inconforme con el trabajo que desarrolla tu editor o la editorial respecto a la difusión y distribución del libro, así que lo mejor es relajarse y tener una buena actitud para recibir lo que sale bien y tolerancia a la frustración hacia lo que no resulta como lo esperabas.
  29. Toma en cuenta que los medios de comunicación buscan hablar sobre temas de interés general, así que, si tu libro no trata sobre algo novedoso, polémico o de actualidad es difícil que centren su atención en ti. Aunque no imposible.
  30. Cuando eres un autor desconocido el trabajo de promoción será doble, porque hay que dar a conocer tu libro, pero también a ti.
  31. Es lógico que tendrás expectativas respecto a la publicación de tu libro, pero es mentalmente sano recibir lo positivo que llega como si fuera una hermosa sorpresa, y trabajar por lo que no resultó así.
  32. Al momento de negociar tu contrato toma en cuenta que tendrás acuerdos y desacuerdos: tanto la editorial como tú deben ser flexibles para llegar a un convenio satisfactorio para ambos.
  33. Cuando decides publicar tu libro deja de ser un poco tuyo y se vuelve, afortunadamente, pertenencia del lector.
  34. Si decides hacer público tu libro, también tienes que decidir trabajar por él todo lo que sea necesario. Ya seas tú o alguien más quien invierta en la publicación, existe un riesgo de capital, trabajo y esfuerzo por tu obra. Eso se agradece y valora.
  35. Se debe realizar el Depósito Legal de dos ejemplares de la edición: uno se va a la Biblioteca Nacional y otro a la Biblioteca del Congreso de la Unión.
  36. Por más éxito que tengas nunca olvides cómo era todo cuando iniciaste.
  37. Cuando seas de la generación de los autores consagrados, no te conviertas en quien cree que la literatura ha muerto y todo era mejor antes. No hay generación que no haya pensado eso.
  38. No creas promesas de nadie hasta que sean una realidad.
  39. Atrévete a romper algunas reglas y lleva a cabo las locuras que se te ocurran para llamar la atención sobre tu libro. En la literatura todavía queda mucho campo virgen por explorar.
  40. ¡Prepárate para una de las experiencias más emocionantes y enriquecedoras de tu vida!

Esas recomendaciones forman parte de mi libro Libera tus libros. El arte de hacer y vender libros en México. Si quieres saber más sobre él da click aquí:

Hija de la fortuna #LibrosQueMeGustan

Una novela de romance, aventuras, situada en la época de la fiebre del oro en California, Hija de la fortuna, de Isabel Allende, es mi recomendación de hoy, #ViernesDeLectura.

Eliza Sommers es una joven chilena, huérfana, que vive con sus tutores en Chile. Como buena adolescente romántica se enamora del hombre incorrecto para los cánones de la época: Joaquín Andieta, empleado de su protector, y como el destino no siempre es chocarrero, Joaquín también se enamora de ella.

Prendada y preñada de amor, un día Joaquín le anuncia que se irá a California a buscar oro, y ella no puede acompañarlo. Sola y desesperada decide huir de casa y se embarca escondida en la bodega de un barco para perseguir a su amor sin saber que aquel viaje transformaría su vida en un cúmulo de lágrimas, aventuras y descubrimientos, sobre todo de sí misma.

Esta novela me gusta por la narración equilibrada entre la historia de aquella época del siglo XIX, el apasionamiento de la protagonista y los sucesos que experimenta, todos ellos encaminados a crear una heroína única e inolvidable que lo que finalmente conquista, es la independencia y la libertad.

Por haber marcado mi vida cuando la leí, hace unos 20 años, Hija de la fortuna, de Isabel Allende es mi recomendación de #LibrosQueMeGustan para #LetraH de El Heraldo Radio.

El mago de la cara de vidrio #LibrosQueMeGustan

Descubrí a Eduardo Liendo en un viaje que hice a Caracas hace dos años y quedé encantada con su estilo desenfadado para criticar algunos vicios de la sociedad. Lo conocí con la novela Si yo fuera Pedro Infante, pero me cautivó con el libro que recomiendo este #ViernesDeLectura: El mago de la cara de vidrio.

La historia está situada en los años sesenta en Caracas. Llega a la casa de los Rodríguez Fernández un aparato grande, de pantalla brillante a través de la cual se pueden observar otros lugares, nuevos universos. Ese invasor arruina el frágil equilibrio familiar, lo que provoca que el padre y patriarca inicie una peculiar y divertida contienda contra ese intruso que separa y conflictúa a la gente que ama.

La narración es irónica, con tono de comedia del absurdo, ideal para estos días pandémicos en los que las pantallas por un lado nos permiten estar informados y entretenernos, pero por otro provocan discusiones bizantinas, terror en los hipocondríacos y saca lo peor de los contrincantes políticos e ideológicos, justo como en la novela.

Por eso hoy recomiendo El mago de la cara de vidrio, de Eduardo Liendo en #LibrosQueMeGustan

La felicidad de los perros del terremoto #LibrosQueMeGustan

Un reguetonero miope de los ojos y el espíritu, una mujer desequilibrada que inventa aventuras, un publicista escritor frustrado y deprimido, que resulta ser el protagonista, una promoción absurda, un maltratador de animales seductor con nombre de celebridad histórica. Ellos son algunos de los personajes de La felicidad de los perros del terremoto, de Gabriel Rodríguez Liceaga, una novela que juega con los absurdos para desafiar la vieja idea de que la ficción existe porque la realidad no siempre alcanza para hacer interesante la vida, si es que la vida debe ser épica.

En esta obra el autor hace un retrato hablado de las sociedades actuales, unidas por pantallas, pero alejadas de la lógica. Entre escenas cómicas y tragedias secretas, sus individuos sufren solos, como si estar triste fuera vergonzoso.

Cada página el lector encontrará detalles cotidianos que de tan normales pasan desapercibidos, y frases memorables de irreverencia punzante: “No se va de viaje un hombre. Más bien viaja el miedo, una verga y un aparato digestivo.”

Un aspecto sobresaliente es el título: La felicidad de los perros del terremoto. Cuando descubrí por qué el libro se llama así experimenté una emoción que me hizo sonreír; es muy afortunado y raro encontrar una obra cuyo nombre resulte de una idea tan poderosa, y mucho más raro descubrirlo casi al final. Es por ello que lo recomiendo este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan

Homenaje a los hombres #poesíaMSI

Hay hombres que duelen.
Hombres que salvan.

Hombres de una noche que se quedan para siempre
y hombres cotidianos que se pierden entre los recuerdos.

Hay hombres lobo y hombres sirena
hombres con voz de volcán
y hombres con garganta de arpa.

Existen hombres de papel moneda y autos caros
Hombres de castillos en el aire
y promesas imposibles.

Los innombrables, los cliché, los de lengua fácil y corazón complicado. Los de mentiras, los de rosas rojas. Los de piel y sangre. Los de vinil y lágrimas.

Hombres de asbesto. Hombres de papel de lija. Hombres de satín y hombres de agua. Hombres de alarido y hombres de sonrisa.

Hombres como todos. Hombres como ninguno.

Y tú.

#poesía

Mónica Soto Icaza

El cuaderno rojo #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura les recomendaré uno de esos libros que te hacen preguntarte si tiene sentido seguir escribiendo, cuando alguien ya creó las páginas que tienes en las manos.

Eso me sucedió con El cuaderno rojo, de Paul Auster, una colección de relatos basados en la vida real del autor. Los textos son una antología de casualidades, golpes de suerte y piruetas del destino narradas de forma encantadora, son una obra de cabecera a la cual volver cuando se requiera sonreír.

Publicada en 1992, el hilo conductor de sus cuatro historias es el azar. La edición que leí, de Booket, cuenta con prólogo de Justo Navarro, un texto muy notable, creado con la explícita intención de mimetizarse con el cuerpo del libro. Es por eso que el lector es conquistado irremediablemente y no se puede soltar el libro para no dejar ir el deleite que aparece página tras página.

Por ser un libro sorprendente y disfrutable palabra por palabra, El cuaderno rojo, de Paul Auster es mi recomendación de #LibrosQueMeGustan

Las edades de Lulú #LibrosQueMeGustan

Probablemente uno de los libros más vendidos de los últimos 30 años (la edición que tengo, de 2004, indica que lleva más de un millón y medio de ejemplares), Las edades de Lulú, de la escritora española Almudena Grandes es un clásico de la literatura erótica.

Las edades de Lulú comienza con una protagonista de 15 años y conforme avanzan las páginas también va creciendo el personaje, por lo que el lector se convierte en cómplice de sus aventuras, dolores, descubrimientos; también de su rabia.

Es importante decir que esta novela obtuvo el premio de los premios para la literatura erótica, La sonrisa vertical, y desde entonces es la más conocida de su autora, aunque no la más representativa de su obra, muy vasta y de calidad literaria excepcional. En Las edades de Lulú se deja ver la intención de escribir una historia disruptiva, muy sexual, incómoda para las buenas conciencias.

No es la novela más feminista, de hecho, todavía posee la idea del erotismo femenino como pretexto para el masculino, manipulador, violento, centrado en la dominación, pero hay que situarla en el año en que fue escrita (1987) para comprenderla.

Por ser escandalosa, bien narrada y provocadora de humedades deliciosas, Las edades de Lulú es mi recomendación para este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan

Tu cabello es la frontera #LibrosQueMeGustan

Una mujer de belleza mágica y carácter indomable. Amores proporcionales a la cantidad de billetes, corrupción, narcotráfico, muerte, miedo. Un periodista valiente. Destinos entrecruzados con el poder y la seducción.

Todo habita en el thriller político/romántico Tu cabello es la frontera, de J. Jesús Esquivel, un retrato novelado de la frontera de Chihuahua con Estados Unidos, uno de los sitios especialmente golpeados por la guerra contra el narco, un lugar situado por la sed de supremacía, en el que lo menos importante es el futuro, y ya ni hablar de la vida.

De estilo periodístico bien adaptado a la ficción, la narración es fluida y permite al lector involucrarse poco a poco con los acontecimientos y los personajes. El principal, Carolina, es poseedor de un encanto íntimo y memorable y nos recuerda la importancia de la intuición para tomar decisiones firmes, por más arriesgadas que parezcan.

Porque es un libro de ritmo intenso, que provoca múltiples reacciones por su conexión con el mundo real, Tu cabello es la frontera, de J. Jesús Esquivel es mi recomendación en este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan.

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Siete plantas #LibrosQueMeGustan

Guiseppe Corte llega al sanatorio donde lo tratarían de una dolencia ligera y su enfermedad termina siendo su perdición.

La narración de este cuento de Dino Buzzati comienza de una manera ligera, incluso agradable. Conforme avanzan las páginas el lector se va contagiando de la angustia del protagonista, hasta alcanzar la sensación de querer abrir las ventanas de ese sanatorio imposible, de siete plantas, para liberarse de la opresión y explayarse de la necesitad de salir de una prisión de médicos, enfermeros y otros individuos sordos a la salud y la razón.

Quien hojeé las páginas de este escritor y periodista italiano gozará de historias memorables, un estilo impecable, perfecto para compartir con otros amantes de la buena literatura y las magníficas historias.

Por ser uno de mis hallazgos de los últimos años, este #ViernesDeLectura recomiendo Siete plantas, de Dino Buzzati en #LibrosQueMeGustan

Rayuela #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura recomiendo una obra para aquellos lectores amantes de la trasgresión, de los retos, de las páginas de carrera larga: Rayuela, de Julio Cortázar.

La historia es relativamente simple: las aventuras amorosas de Horacio Oliveira, quien, como todo hombre romántico, converge en la cama y las emociones con múltiples mujeres. De entre ellas la Maga es inolvidable y ha servido de inspiración para nombrar grupos literarios, asignar sobrenombres y hasta bautizar mascotas.

Cortázar la definía como una “contranovela”. Su estructura es asombrosa y puede leerse de varias formas distintas: del capítulo 1 al 56 para enterarte de lo esencial; de principio a fin, como cualquier libro, o utilizando el “tablero de dirección” propuesto por el autor. Esta última forma resulta asombrosa y es la que convirtió a este libro a uno de los más importantes del boom latinoamericano.

Es una obra compleja, que requiere imaginación, ánimo de salir de la zona de confort, pero que te lleva de asombro en asombro con su estilo que es muchos estilos y la belleza poética y narrativa que aparece de pronto.

Recomiendo Rayuela, de Julio Cortázar porque es uno de los #LibrosQueMeGustan y porque una vez que consigues leerlo completo, no se te olvida nunca.

El amante #LibrosQueMeGustan

Un clásico erótico con apenas 36 años de existencia, El amante, de Marguerite Duras es mi recomendación para este #ViernesDeLectura.

Una chica de 15 años y medio coincide en un transbordador por el río Me-Kong con un hombre chino de mucho dinero. Ambos se enamoran, aunque es un amor imposible, porque el hombre y ella forman parte de clases sociales distintas y él ya está comprometido con una mujer impuesta por su padre.

Esta novela posee ciertos toques autobiográficos, como la edad de la protagonista y el romance que sostuvo con el chino Lee Von Kim.

La grandeza de esta historia radica en su narrativa delicada y sugerente, que como el buen erotismo, mantiene la tensión en el lector con tal sutileza que las palabras fluyen con la satisfacción de pasar un rato hermoso con alguien con quien amas platicar.

Por ser un romance posible en todos los tiempos, El amante, de Marguerite Duras es mi recomendación de este #ViernesDeLectura de #LibrosQueMeGustan

Marguerite Duras

Una habitación propia #LibrosQueMeGustan”

“Es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa”, escribió Virginia Woolf casi al final de su ensayo Una habitación propia, mi recomendación de hoy.

Esta obra es considerada un clásico del feminismo, pero es una disertación muy certera y muy humana del contraste entre la realidad masculina y femenina del mundo, sin dejar de reconocer las diferencias y similitudes de cada sexo.

“Es funesto para todo aquel que escribe el pensar en su sexo”, afirma en el capítulo seis, con lo que desmonta el mito de la literatura con género implícito. Si bien es cierto que los temas de unos y otras sí son influidos por lo que cada uno vive, también lo es que lo que se necesita para poder escribir es un: un cuarto propio, independencia económica y un tema. Además de talento y práctica.

De narración que evoca autores, enumera libros y se sirve de la invención de un personaje, con lo que la autora se despersonaliza de sus opiniones, este #ViernesDeLectura les recomiendo Un cuarto propio, de Virginia Woolf, escrito en 1928 y de muchas formas vigente aún en nuestros días. Por eso y más es uno de los #LibrosQueMeGustan

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Tiempos recios #ViernesDeLectura

Desde que leí La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, este autor ha sido uno de mis escritores favoritos. Mi gusto por sus historias creció al leer Pantaleón y las visitadoras, por eso al enterarme que había publicado una nueva novela la descargué en mi Kindle ni tarda ni perezosa. Fue así como llegué a Tiempos recios.

Tiempos recios cuenta diversas historias alrededor de un mismo hecho: el derrocamiento del presidente de Guatemala Jacobo Árvenz en 1954. Es una novela de conspiraciones internacionales, venganzas personales, hechos históricos mezclados con la ficción y personajes entrañables, como el de Martha Borero, una mujer fuera de serie que resulta ser el hilo conductor de varias de las historias.

La narración está estructurada con saltos temporales y geográficos. En este libro la verdadera protagonista es la naturaleza humana, que por ambición, sed de poder, avaricia puede transformar el destino de países enteros; lo único que hace el autor es colocar esa naturaleza en fragmentos de la vida de los personajes que narra, lo que la hace una novela de breves estampas que coincidieron en el tiempo y el espacio.

Tiempos recios no es mi novela favorita de Vargas Llosa. Está impecablemente escrita, al estilo del autor, pero me dejó sedienta de algunos desenlaces, que se quedan a la deriva; podría pensarse que al estar basada en hechos reales no hace falta que la ficción cierre todos los círculos, pero más bien me da la impresión de que hubo prisa en concluirla.

Aún así, me gusta que la narrativa no es lo que estoy acostumbrada de Mario Vargas Llosa, y eso lo aplaudo, porque animarse a innovar cuando ya eres una leyenda viviente tiene su mérito, Tiempos recios es el libro que recomiendo en este #ViernesDeLectura.

En brazos de la mujer madura #LibrosQueMeGustan

Best seller mundial, esta encantadora novela publicada en 1965 cuenta la historia de Andras, un hombre que desde niño sintió una atracción irresistible hacia las mujeres, al principio de su edad, pero después hacia las mayores (cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia).

La obra, escrita por Stephen Vizinczey está dividida en capítulos donde el autor narra sus relaciones con diversas mujeres, algunas inocentes, otras casadas, unas que parecían haber llegado para quedarse, pero resultan igual de fugaces. Inicia con las reuniones de amigas en casa de su madre, donde despierta su interés erótico por sus contrapartes femeninas, y de ahí el lector va descubriendo como si se tratara de una conversación con un amigo, las confesiones, estrategias de seducción y sentimientos del personaje principal: emotivo, sensible, elegante, sencillamente adorable, como algunos que andan por el mundo fascinando a algunas y sacándole canas verdes a otras.

En brazos de la mujer madura es una lectura obligada para los amantes de la literatura erótica. Por ser divertida, sugerente y deslizarse por las páginas como la caricia de nuestro sujeto de deseo, es mi recomendación de este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan

El libro de la imaginación #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura voy a recomendarles uno de esos libros que compro cada vez que me encuentro y he regalado incontables veces, por eso el ejemplar que tengo en casa siempre está nuevo, aunque lo descubrí allá por 1998: El libro de la imaginación, compilado por el editor, cuentista y periodista mexicano Edmundo Valadés.

Esta pequeña antología fue publicada por primera vez en 1976 y para 2012 ya se había reeditado 19 veces. Cuenta con más de 400 ficciones breves de autores de diversas épocas, ideologías, sexos y talentos, que van desde Julio Cortázar, Plutarco, Gabriel García Márquez, James Joyce, Diderot, Franz Kafka, Marcel Proust, José Gorostiza, hasta tratados y máximas tradicionales, y muchos, muchos más.

Está dividida temáticamente en secciones como Enigmas, Algunos sueños, Retozos, De magia y magos, Humor negro, Zoología quimérica, Epitafios, Proposiciones, etcétera y lo recomiendo porque es una verdadera delicia entrar en sus páginas y en solo unos minutos sentir miedo, lujuria, asombro y por qué no, soltar una que otra carcajada.

Por ser uno de mis libros-hallazgos favoritos, El libro de la imaginación, de Edmundo Valadés es mi recomendación de esta semana de #LibrosQueMeGustan.

El libro de la imaginación

Novecento. La leyenda del pianista en el océano #LibrosQueMeGustan

Un bebé es encontrado dentro de una caja en el transatlántico Virginia. Era la época entre guerras. El hombre que lo halló, el pianista Danny Boodmann lo bautiza como Danny Boodmann TD Lemon Novecento y así es como nace la leyenda de un pianista excepcional que incluso le gana en un duelo al pianista de jazz, Jelly Roll Morton, en una de las narraciones más emocionantes que he leído: la chispa que provoca el calor del frenesí en las cuerdas de un piano que encienden un cigarro.

Este monólogo teatral de Alessandro Baricco, escritor y periodista italiano bien podría ser una novela corta. Lo empecé en la banca de un parque de diversiones a donde llevé a mis hijos y desde las primeras líneas me reconquistó el estilo de Baricco, elegante, preciso, casi mágico.

Digo reconquistó porque ya otros libros del autor me han fascinado, como Seda y La esposa joven, dos obras eróticas de una sugerencia magistral.

Alessandro Baricco es un escritor que sabe utilizar las palabras para seducir. Sus obras están llenas de frases memorables que te dejan un sabor de boca exquisito y con ganas de más.

Por ideas como: Tú sabes que hay ochenta y ocho, sobre eso nadie puede engañarte. No son infinitas. Tú eres infinito, y con esas teclas es infinita la música que puedes crear.” es que Novecento es mi recomendación este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan

Desayuno en Tiffany´s #LibrosQueMeGustan

Una chica texana llega a Nueva York e irrumpe en la socialité juntándose con hombres millonarios entrados en canas. Por azares del destino habita en un edificio del Upper East Side de Manhattan, donde coincide con un escritor en ciernes con quien empieza a relacionarse de una manera más intensa, develándole poco a poco su naturaleza delicadamente salvaje.

La joven se llama Holly Golightly y desde las primeras páginas se convierte en uno de los personajes favoritos de quienes adoramos a los personajes auténticos, irreverentes, pero encantadores, sencillos, pero brillantes.

Desayuno en Tiffany´s fue publicada en 1958. Es una novela inolvidable del escritor estadounidense Truman Capote, autor también del mundialmente famoso A sangre fría, historia pionera del periodismo literario o la novela de no ficción. Polémico y con un talento fuera de serie, sus obras han inspirado infinidad de películas, como la gran homónima del libro que nos ocupa en esta ocasión, cuya protagonista, interpretada por Audrey Hepburn, se ha convertido en un clásico del cine, aunque debo protestar un poco por la adaptación del final.

Por ser una obra que ha trascendido al tiempo, las ideologías y las circunstancias, Desayuno en Tiffany´s es mi recomendación de #LibrosQueMeGustan en este #ViernesDeLectura.

Infestados #LibrosQueMeGustan

La belleza no siempre es placentera, pero cuando se trata de los libros esa idea adquiere una mayor dimensión: palabras en acoplamiento perfecto pueden describir las realidades más crueles, como es el caso de Infestados, de Cristina Liceaga, una novela que nos cuenta las historias de los primos Susana y Santiago, descendientes más jóvenes de la familia Jáuregui, que parece infestada por una maldición que los condena a la desgracia.

Infestados lleva al lector de una manera hermosa y cruel hacia las profundidades de la enfermedad mental más común en nuestra época: la depresión. Con su narración amable en ocasiones y desgarradora en algunas páginas, su autora nos contagia de esperanza para luego volver a hundirnos en la angustia de comprender cómo se siente la invasión de mil monstruos que surgen del propio cuerpo y buscan aniquilarte.

Este es uno de los #LibrosQueMeGustan porque en estos tiempos de optimismo irracional es importante recordar que a veces no existen los finales felices, que las enfermedades mentales existen y si no se tratan son verdaderas tragedias.

Aprovecho también esta oportunidad como pretexto para hablar de la labor literaria de Cristina Liceaga, quien además de extraordinaria escritora, es creadora de la plataforma Escritoras Mexicanas (escritoras.mx), un “proyecto cultural que busca la difusión de escritoras mexicanas de todas las épocas. Aquí encontrarás reseñas de libros; entrevistas con expertos en literatura y con las mismas autoras; ensayos y notas académicas, frases destacadas de sus libros y una enciclopedia de mujeres escritoras mexicanas, entre otras cosas.” También acaban de inaugurar la Casa de las escritoras mexicanas, donde se llevan a cabo cursos y presentaciones de libros. Es por esto y por lo que seguramente creará en el futuro que Cristina Liceaga y su Infestados son mi recomendación en este #ViernesDeLectura de #LibrosQueMeGustan.

El amor es hambre #LibrosQueMeGustan

Cuando me preguntan quién es mi escritora de literatura erótica mexicana favorita el primer nombre que aparece en mi entusiasmo libresco es el de Ana Clavel, narradora, autora de libros como Territorio Lolita, Los deseos y su sombra y El amor es hambre, que es el libro que me ocupa este #ViernesDeLectura.

Artemisa es una mujer de ojos descomunales e imaginación voluptuosa, herencia de sus padres, Joaquín y Camila, quienes fallecen en un accidente cuando ella todavía es una niña. Este hecho, el legado de su madre bióloga, la pasión por las plantas de Mirna, su tutora y las enseñanzas de su tutor Joaquín, la llevan a una aventura de vida que se mezcla entre comida, sabores y erotismo compartido con sus parejas-amantes.

El amor es hambre es una novela narrada con sugerencia y sabrosura. El estilo de la autora envuelve al lector, quien por medio de las palabras llega a percibir las sensaciones en la propia piel. Esa es una de las características más sobresalientes de la obra de Ana Clavel, y por eso es mi recomendación de #LibrosQueMeGustan.

El vendedor de silencio #LibrosQueMeGustan

Este título de Enrique Serna es, seguramente, el libro de un autor mexicano más recomendado de los últimos meses. Cómo no, si en sus páginas se retrata no solamente la vida de Carlos Denegri, uno de los periodistas gloria de la historia de los cronistas de México, sino el contexto político, la cloaca del tráfico de influencias, pero sobre todo, y lo que más me atrajo, expone de forma clara y dolorosa los círculos de violencia que la misoginia y el machismo han desarrollado en la cultura y la psique de tantos hombres y mujeres a lo largo de nuestro devenir.

Esta novela de ficción histórica debe ser leída como retrato, pero también con la capacidad crítica en el rabillo del ojo, para no olvidar, para no permitir que prácticas que ya habían caído en desuso por su inviabilidad ética y humana, vuelvan. Hay que adentrarse en sus páginas con el deleite de la ficción, con esa conciencia de que nuestro legado será la interpretación de otros acerca de nuestra propia vida. Y está bien.

La narración es intensa, con buen equilibrio entre acción y reflexiones. La prosa de Serna es bien conocida por exigente, por precisa, por ese ánimo de darle a sus personajes una corporeidad que te hace dudar de si realmente puede meterse en la cabeza de alguien que murió hace casi 50 años, como si el mismo Denegri le hubiera hablado con esa exactitud de sus temores y fobias, con lo que comprendemos que el autor también es un gran conocedor de la naturaleza humana.

Por haberme atrapado durante días, con una sensación entre angustia, coraje y curiosidad, El vendedor de silencio es mi recomendación de este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan.

Fuck me, Nancy #LibrosQueMeGustan

Una chica a punto de cumplir 20 con los sueños en la incubadora. Un profesor de literatura rozando los 40 con los sueños en la congeladora son los protagonistas de Fuck me, Nancy, del melómano-erótico-autor Arturo J. Flores.

Nancy y Xavier coinciden en un museo semi vacío del que jamás ven la colección, pero sí que se miran mutuamente. La promesa es que Xavier podrá llevarse a Nancy a la cama si a ella le gusta el cuento que él escribirá y así van conociéndose por medio de un intercambio de textos, todos con gran carga de perversión y lujuria.

Arturo J. Flores es, antes que nada, un buen escritor, lo que el lector leerá en sus libros serán historias que poseen la virtud de la irreverencia gramaticalmente impecable, sin costuras salidas y gran precisión al momento de provocar asombro, lascivia o una carcajada.

Es por esto y porque Arturo es un representante de la buena literatura erótica de México, es que Fuck me, Nancy es mi recomendación de este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan.

Ensayo sobre la ceguera #LibrosQueMeGustan

Leí Ensayo sobre la ceguera en un viaje en tren entre Varsovia y Budapest. Bajé a mi teléfono el libro (antes de utilizar la maravillosa aplicación de Kindle para Android) con la intención de entretenerme entre salas de espera y paradas y lo siguiente que recuerdo es a mí leyendo sentada en la maleta, como poseída por las palabras de José Saramago.

El premio Nobel de literatura 1998 tenía la virtud de descolocar al lector, de sumergirlo en situaciones límite por medio de metáforas que rozan la ciencia ficción, como en esta novela.

Ensayo sobre la ceguera comienza con la mujer de un médico narrando cómo poco a poco una ceguera blanca se va apoderando de la población de la ciudad, luego del país y después del mundo, y cuenta, por medio de personajes anónimos, el caos que empieza a reinar entre quienes pretenden aislar a los enfermos y los infectados.

Es una historia que te mantiene los nervios de punta y las reflexiones al mil por hora, porque nos hace darnos cuenta de la ceguera que sufrimos respecto al otro, lo que provoca violencia irracional y un egoísmo mórbido entre personas, olvidando que, a final de cuentas, todos somos seres humanos.

Por las emociones desbocadas y el recuerdo del sonido de las vías del tren acompasado con el de las palabras de Saramago en mi cabeza al devorarme sus páginas, Ensayo sobre la ceguera es mi recomendación de este #ViernesDeLectura en #LibrosQueMeGustan.

Novela de ajedrez #LibrosQueMeGustan #ViernesDeLectura

La obra maestra del escritor austriaco Stefan Zweig, mi libro favorito de todos los tiempos, fue la última novela que escribió el autor poco antes de su suicidio. Se publicó de manera póstuma en 1943.

Era algún sábado de verano de 1998. Yo tenía 18 años y los libros ya se habían convertido en mi máxima pasión. Esa tarde empecé a leer: “A bordo del transatlántico que a medianoche debía zarpar rumbo a Buenos Aires reinaban la habitual acucia y el ir y venir apresurado de la última hora”, sin saber que en las siguientes horas las breves páginas que tenía enfrente se convertirían en deleite y angustia.

A las nueve de la noche llegaron mi novio y sus amigos por mí para irnos de “antro”. Le abrí. No estaba lista. Le dije que subiría rápido a mi recámara a cambiarme, pero en realidad lo que hice fue agarrar la novela y seguir leyendo, tenía una necesidad imperante de terminarla, no me importaba que me esperaran cuatro adolescentes ansiosos por salir, yo necesitaba saber el final.

La intensidad de la historia provocó que de pronto me sorprendiera con los puños apretados, ¡me estaba enterrando las uñas en las palmas de las manos! Recuerdo perfecto que cuando terminé de leer debí respirar hondo y profundo y sentí una emoción que aún hoy, 22 años después, no se me olvida.

Novela de ajedrez narra una historia de juego y supervivencia, de crítica al nazismo y retrato del poder que ejerce tener la mente ocupada.

En un rutinario viaje en barco para obtener más victorias en otros continentes Mirko Czentovic, campeón mundial de ajedrez, se enfrenta a quien deseé jugar con él, sin saber que entre ellos estaría aquel que lo retaría al punto de llegar a un empate: el ilustre desconocido doctor B, quien iba a bordo después de haber sido liberado por los nazis, quienes lo torturaron con aislamiento absoluto; en uno de los interrogatorios que le hacían, ya al borde de la locura, el doctor B logra robarse un pequeño libro de ajedrez del saco de uno de los oficiales, lo que le salva la vida. Con el orgullo herido por el empate, el campeón, sin conocer la historia de B, lo reta a una partida la siguiente noche.

Novela de ajedrez tiene pocas páginas, pero las historias de sus protagonistas son impactantes sin llegar a la grandilocuencia; eso es lo que me gusta del estilo de Zweig, también autor de poesía, cuento, ensayo, biografía, dramaturgia y coleccionista de autógrafos y manuscritos.

Nos leemos y escuchamos la próxima semana con otro de los #LibrosQueMeGustan en el #ViernesDeLectura, me encantaría conocer tus reacciones hacia esta narración épica.

La muerte de Artemio Cruz #LibrosQueMeGustan

“Un hombre alto, lleno de fuerza, con unos ojos verdes hipnóticos y un hablar cortante. Artemio Cruz.”

Carlos Fuentes era un maestro para la creación de personajes entrañables: Felipe Montero en Aura, Félix Maldonado en La cabeza de la hidra. Pero sin duda uno de los  inolvidables es Artemio Cruz, protagonista de esta novela publicada por primera vez en 1962.

Esta historia narra los últimos días de Artemio Cruz exrevolucionario, expolítico, excorrupto cuando, recostado en la cama del hospital, moribundo, revive las memorias de su vida y describe las sensaciones que lo acompañan, todas desconocidas, que el autor describe con metáforas tan precisas y detalladas que es inevitable que tu yo lector se emocione: “Tengo la boca llena de centavos viejos.”

Este libro es sobresaliente, mi favorito de Fuentes, por la cantidad de frases memorables que tiene, que como aforismos, juzgan, juegan, evocan, explican: “Cuando cerró los ojos, se dio cuenta de la infinidad amorosa de ese cuerpo joven abrazado al suyo: pensó que la vida entera no bastaría para recorrerlo y descubrirlo, para explorar esa geografía suave, ondulante, de accidentes negros, rosados.”

Por fragmentos como ese y por el recuento histórico por el México de la Revolución y los años subsecuentes es que La muerte de Artemio Cruz es mi recomendación de este #ViernesDeLectura y #LibrosQueMeGustan.

Portada La muerte de Artemio Cruz

¿A imagen y semejanza? #cuento #ficción

Querido Dios. Qué digo querido: amado Diosito. Qué digo amado Diosito: adorado, omnipresente, idolatrado, omnipotente Diosesón:

Te doy gracias por el orgasmo nuestro de cada día. Estoy acostada en mi cama, la cabeza recargada en la almohada, las piernas abiertas, el abdomen en estado de incredulidad por lo que dos dedos pueden provocar en el cuerpo, desde la parte baja del vientre hasta todas sus esquinas, bordes y extremos.

Lo que siento es asombro. Qué sabio y maravilloso eres, ¡oh, rey de los Cielos!, que nos hiciste seres con capacidad de abstracción y potencia imaginativa, la misma que formó en mi mente la imagen de esas dos chicas besándose la lengua, los dientes, las puntas de los pezones, que hicieron gloriosa esta mañana.

Gracias por los recuerdos disfrazados de fantasías. Ruega por los hombres que me han penetrado, por las veces que los besos me han hecho adicta a los clímax. Te doy gracias por las inmensas posibilidades del sexo, por los labios, la vulva, las tetas, las corvas.

Si los seres humanos estamos hechos a tu imagen y semejanza, y me colocaste en la entrepierna el único órgano con la función de experimentar placer, entonces no dudo que todos estos años las personas hayamos vivido en el engaño y tú eres una mujer.

Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos, Amén.

El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde #LibrosQueMeGustan

Es bien sabido que al interior de todo ser humano habita una dualidad luz-oscuridad que se manifiesta según la voluntad o los instintos; así como podemos ser buenas personas, también nos es natural ser miserables: la manera en que interactuamos con el mundo, para individuos mentalmente sanos, depende de la capacidad de elección.

De este tema sencillito y carismático trata El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, una novela gótica de Robert Louis Stevenson publicada por primera vez en 1886 que se encuentra clasificada tanto como thriller psicológico, como drama, misterio, horror y ciencia ficción. Todo eso en apenas unas cien páginas (depende de la edición que leas).

Con una narración estructurada como una consecución de habladurías, el autor va desentrañando la intriga para llegar a un desenlace inesperado, de esos que te dejan de un humor extraño al terminar las páginas.

El libro es un clásico de la literatura universal que yo recomiendo leer porque para mí las obras más valiosas son aquellas que nos asombran y son memorables sin necesidad de grandes pretensiones, las historias que, como esta, sacan al lector sin piedad de la zona de confort.

Nos leemos y escuchamos el próximo #ViernesDeLectura con otra recomendación de #LibrosQueMeGustan

Vestido de novia #cuento

A los 21 años imaginaba el día de mi boda. Siempre que veía un vestido de novia en los aparadores de las tiendas mi mente volaba hacia el futuro día más feliz de mi vida. Me encantaba contemplarlos y escoger uno. En diversas ocasiones decidí cuál me gustaría usar, pero cambié de idea  muchas veces. Un día tuve que elegir al fin uno de ellos: era el vestido de novia de mis sueños: blanco, entallado, con una crinolina enorme y hermosas flores bordadas a mano. No recuerdo bien la cara de mi novio, creo que mi único recuerdo de esa boda es mi preciosísimo vestido blanco. Me ha sucedido lo mismo nueve veces.

Supongo que he desarrollado una manía por los vestidos de novia.

 


*Este cuento forma parte del libro MonoRetrato AutoLogo, publicado en 2006.

 

 

Momo #LibrosQueMeGustan

Este #ViernesDeLectura quiero recomendar uno de esos libros encantadores que cuando los lees se quedan siempre en la memoria: Momo, del escritor alemán Michael Ende, famoso por ser el autor de La historia interminable, obra que los cuarentones conocemos muy bien porque en ella está basada la película La historia sin fin, que hizo época.

Publicada en 1973, Momo es un clásico por la vigencia de su historia y sus emociones. El título completo es: Momo, o la extraña historia de los ladrones de tiempo y de la niña que devolvió el tiempo a los hombres.

La protagonista es una niña que vive sola en una gran ciudad. Es muy especial porque posee una cualidad difícil de encontrar en el mundo de prisa y adicción al trabajo productivo: sabe escuchar, por eso sus amigos animales y humanos la quieren y la cuidan… hasta que de pronto ya casi nadie tiene tiempo para ella y cada vez se va quedando más sola.

Esta heroína, junto con Casiopea, la tortuga que puede adivinar lo que sucederá, se enfrenta a pequeñas batallas contra los hombres grises, unos seres que empiezan a aparecer en la vida de la gente y los convencen de ahorrar tiempo, diciéndoles que los momentos de contemplación, de juego, de convivencia con la familia y amigos les restan productividad. Así se genera una sociedad con cosas, sin espíritu y de gente triste con prisa.

Este es un libro catalogado como novela juvenil por su naturaleza fantástica, pero como El Principito debería ser una lectura obligada, sobre todo cuando los adultos olvidamos que en realidad no somos tan importantes y sobre todo, que el tiempo que no compartimos con la gente que amamos por estar distraídos con personas, cosas o situaciones sin verdadera trascendencia para nuestra vida no va a volver jamás.

Estoy segura que todos conocemos a alguien a quien le urge leerla (si no es que a nosotros mismos).

Con esto me despido, pero nos vemos el próximo viernes con otra recomendación de #LibrosQueMeGustan

El viejo y el mar #LibrosQueMeGustan

La narración épica de la batalla de un hombre contra la naturaleza que es al mismo tiempo una lucha contra sí mismo y contra una sociedad que pretende imponer la idea de que la vejez es un lugar estéril.

Leí esta novela o cuento largo de adolescente y desde entonces he vuelto a él en varias ocasiones; Santiago, su protagonista, me atrevo a decir que es uno de los personajes más entrañables de la literatura porque Ernest Hemingway provoca que el lector experimente una cercanía total con sus angustias y miedos, pero también con sus motivaciones para no dejarse vencer por los tiburones en la lucha por un pez vela de más de cinco metros. Como lectores lo acompañamos en pensamientos y diálogos consigo mismo, en los que por fuerza también encontramos esas palabras que todos nos hemos dicho en múltiples ocasiones.

El viejo y el mar, escrita en La Habana pre Fidel, está inspirada en los pescadores cubanos y en 1953 le dio a Hemingway el Premio Pulitzer de ficción (el siguiente año, 1954, el autor obtuvo el Premio Nobel de Literatura).

El viejo y el mar es el libro que siempre recomiendo cuando alguien a quien no le gusta leer me pregunta con qué puede empezar; mis hijos lo leyeron a los 10 años.

Cada vez que releo las páginas de este gran libro vuelvo a ser aquella adolescente de 14 años que fue cautivada por las pasiones que el autor dejó plasmadas en una historia breve en páginas, pero eterna en legado, y vuelvo a sentir la emoción de ser esta lectora que sufrió con sus personajes como si ese dolor sucediera en mi propia piel.

¡Hasta el próximo viernes con otra recomendación de #LibrosQueMeGustan!

¿Cuál título me recomiendas?

Fantasías #cuento #ficción

El otro día formada en la infernalmente larga fila de la caja del supermercado, me puse a platicar con la señora que esperaba atrás de mí. Prefiero hacerle plática a la persona que está detrás de mí en las filas y no adelante, porque luego tienen que irse con prisa y me dejan con la conversación a la mitad. Y no lo soporto.

Ignoro en qué momento llegó el punto en que ella me preguntó a qué me dedicaba. Es extraño que en un lugar como ese, a las 12 del día, quien esté en la fila no sea un ama de casa, así que la pregunta me tomó un poco por sorpresa, pero de todas formas no tenía nada mejor en qué dedicar mi tiempo, y continué con la conversación.

Le respondí que soy ama de casa y escritora de libros de sexo, pero de sexo bien, no de esas ridiculeces de “erotismo”, que te deja caliente, pero no enseña nada, sino de algo parecido al porno, para que las señoras ganosas y con maridos que no las pelan fantaseen a gusto y recuerden cuando se las cogían todo el día con sus noches.

Me preguntó muy interesada cómo me inspiraba para mis historias, así que le conté que mi problema al escribir novelas es que las abandono para ir a mi cama a masturbarme y tener un orgasmo. Como en este momento en que cuento la historia del súper, una capa de pensamiento rebelde de mi cuerpo me insiste en dejarlo, poner la computadora en hibernación y levantarme a la cama. Total, ¿qué tanto me puedo tardar? “En cinco o diez minutos seguramente ya estarás de vuelta”. Es difícil ignorarla, sobre todo mientras esperas a que den las 2:30 de la tarde de este miércoles en el que veré a mi amante y nos revolcaremos sobre su impoluto edredón gris que ha tenido que mandar a la tintorería más de una vez por la abundancia de mi entrepierna.

Y así es como intenté cambiar de tema, pero ahora mi vagina hormiguea, haciendo equipo con aquel nivel de pensamiento alterno que quiere que me levante de la silla, vaya al baño a lavarme las manos, me quite la ropa interior y me acueste con las piernas abiertas sobre la cama, para con una mano abrir mis labios vaginales y con la punta de las yemas de los dedos acariciarme el clítoris, mientras con los ojos cerrados imagino cómo me la mete cada uno de los hombres con quienes he estado…

Miguel desliza las manos debajo de mi pantalón en un coche en movimiento. Su amigo, que conduce, intenta mirar hacia el asiento trasero, que ocupamos Miguel y yo, y yo estoy acostada en las piernas de Miguel, veo a través de las ventanas pasar los puentes, el cielo azul y las nubes. Estiro las piernas, inundada de deleite, mis nalgas se endurecen, siento cómo se me contraen hasta los dedos de los pies. El Grand Marquis negro modelo ochenta y cinco se convierte en mi cama de edredón café y cojines de colores…

Pero decía que le contaba a la señora curiosa que cuando escribo novelas de sexo tengo el problema de que me tardo mucho en terminarlas porque mi cuerpo de inmediato me pide un orgasmo. Como otra vez me está sucediendo en este instante, pero ahora sí no pienso hacerle caso, me debo ir en un cuarto de hora y quiero terminar de escribir esto antes de marcharme. “Te tardas menos de cinco minutos”, insiste mi clítoris, y aunque me muero de ganas de hacerle caso, mejor sigo contando la historia de la mujer en el súper. Me encanta tener las piernas abiertas y a un hombre entre ellas. Amo que me penetren con la lengua, con los dedos: si fuera algo malo o prohibido, definitivamente Dios no hubiera hecho el sexo tan rico.

Cuando eres una escritora de sexo parece que traes colgado del cuello un letrero de “se solicita individuo para coger”, supongo que lo despierto de tus hormonas pasea a las narices de los demás, despertando un deseo inexplicable, pero que no puede esperar.

Estábamos en ese punto de la conversación cuando me tocó pasar al fin con mi carrito de supermercado a la caja. Mientras ponía los artículos que llevaba en la banda que los lleva a las manos de la cajera, notaba que la señora no despegaba sus ojos de mi cuerpo. Yo volteaba disimuladamente a verla, y ella desviaba la atención a otro lado, pero era indudable su atención en mí.

Terminé de poner todo, la cajera terminó de pasar las cosas por el lector de códigos de barra; cuando me dijo el total y yo saqué mi cartera para pagar, la conversadora se adelantó y pidió que le cobraran mi cuenta a ella.

La miré para decirle que se lo agradecía mucho, pero no tenía por qué hacerlo, y en el instante siguiente ya la tenía a milímetros de mí. Me besó. Debo confesar que me resistí como un segundo, y después le devolví el beso. Ella me puso las manos en las nalgas, y un segundo después, también yo ya tenía las manos en las suyas. Las personas a nuestro alrededor murmuraban, pero a nosotras no nos importaba. Empezamos a quitarnos la ropa, como ambas traíamos vestido no fue difícil terminar con las tangas en las manos. Me agarró de la cintura y de un golpe me puso sobre la banda que avanza para poner las cosas en las manos de la cajera, y metió la cabeza entre mis piernas. Me acarició la vulva con la punta de la lengua mientras con las yemas de los dedos frotaba mi clítoris. Manaba un caudaloso torrente de mi entrepierna, y aunque mis ojos insistían en cerrarse para disfrutar, decidí mantenerlos abiertos para no olvidar jamás las trenzas de esa mujer rebotando con la piel de mis muslos.

Obviamente otras personas que andaban por ahí se excitaron con tal escena, y de repente, ya tenía al gerente de la tienda succionando uno de mis pezones, y al anciano que metía las compras en las bolsas lamiendo el otro. La policía de la entrada se acercó también y me besaba, al tiempo que un señor que quién sabe de dónde salió, le quitó el vestido a la que me hacía sexo oral y la penetró con tanta fuerza que tuve el segundo orgasmo de la mañana.

Mi problema al escribir historias, de abandonarlas para masturbarme y tener un orgasmo otra vez hizo de las suyas, ya son las dos, me tengo que ir con mi amante, y yo no pude terminar de contar la historia de lo que sucedió en el súper el día que esa señora me preguntó a qué me dedicaba. En fin, de todas formas la realidad no era tan interesante.

Ya será en otra ocasión.


Este cuento forma parte de mi libro de cuentos Grab my pussy!

Departamento 508 #cuento #ficción

Estiró el brazo para presionar el timbre del departamento 508. Antes de dejar impresas las huellas dactilares en el pequeño botón redondo que antaño fuera blanco y hoy es color mugre, un grito femenino de placer desaforado lo hizo dar un salto hacia atrás. Algún vecino despistado dejó mal colgado el interfón.

¿Ves? Te dije que te iba a gustar… Quiso presionar de nuevo el botoncito percudido, pero las instrucciones de esa voz masculina, profunda como un trueno en tormenta eléctrica, provocaba que su dedo temblara. Ponte de espaldas, abre las piernas, métete un dedo en el coño.

Se le hacía tarde para llegar al departamento de su novia, pero no podía dejar de escuchar al de la voz gruesa como bajo en un blues, que cuando calló dio paso al sonido de un golpe acuoso que percibía a través de la bocina y le provocó una erección. Empezó a salivar, sintió cómo sus pupilas crecían sin restricción en el iris.

Siguieron las instrucciones: frótate el clítoris, métete el vibrador. De la voz femenina no había ni rastro. La necesidad de frotarse el miembro por lo intenso de la cogida monumental que escuchaba lo decidió al fin a tocar el botón de su departamento destino, el 508, lo que hizo con el dedo no tan erecto como lo que presionaba dentro de su bragueta; a fin de cuentas ahí estaba su novia y podría desfogar la lujuria que los vecinos irresponsables le habían provocado.

Escuchó un correr presuroso sobre el piso de madera, jadeos de prisa, algunas risas algo ahogadas, un portazo, y finalmente, el “¿Quién es?” de esa voz que él tan bien conocía. Sus piernas adquirieron entonces cualidad de piedra, misma que desapareció de su pantalón y adoptó también el órgano de su cuerpo encargado del raciocinio y los sentimientos, hasta que un hombre con rostro sonrojado y voz de tenor le pidió permiso para salir del edificio.

Carta a una erotómana viva que vive el EROTISMO EN VERSOS. Por Carlos Bracho

A Mónica Soto Icaza

Mónica: has entrado al mundo de las mujeres libres, de las mujeres sabias, de las mujeres que conocen a la perfección el acto amoroso y su sublimación que es el erotismo. Te felicito por ello. Y no voy a entrar en un análisis crítico o algún barrunto que se le parezca, no. Tu poesía está allí, está al rojo blanco. No necesita más que ser leída y gozada y puesta en práctica por los posibles lectores y las lectoras ávidas de vida. Son una profunda lección de amor, de profundo amor. Por ello digo que:


Al principio de la humanidad el erotismo era posicional y sólo garantizaba la continuación de la especie. Más tarde se registra una evolución , producto de la práctica cotidiana, de la convivencia y del trato continuo con la pareja, y entonces, poco a poco, la humanidad camina directo al erotismo.


Bien. Ahora, inspirado en tus bellos, calientes e ilustrativos poemas, cito a las mujeres que han glorificado este acto heroico y fundamental:
Anaïs Nin: “ También yo estoy interesada por el mal, y quiero para mí una vida dionisíaca, embriaguez, pasión y caos.”. Andrea Montiel: “…quiero bañarme el cuerpo/ caminar desnuda/ respirar profundo…”. Carmen Alardin: “…Se fugó nuestra negra doncellez/ por las botellas de champaña…”. Mariana Alcoforado: “…Harás igualmente bien en no querer a ninguna otra. ¿Podría satisfacerte una pasión menos ardiente que la mía?”. Gabriela Mistral: “Ruth lo miró de la planta a la frente,/ y fue sus ojos saciados bajando,/ como el que bebe en inmensa corriente…”. Alfonsina Storni: “La niña de quince años con su esponjado seno:/ ¿Sueñas echarla garras, oh, goloso animal?”. Pita Amor: “…con mis brazos vacíos de caricias,/ con ansias de estrecharte/ pensaba en las delicias/ de esas noches pasadas y ficticias.”. Carmen de la Fuente: “Porque encarnas un fauno con arrebatos místicos/ y abres rosas antiguas sobre los vientres pálidos/ de ardientes odaliscas.”. Griselda Alvarez: “No se puede vivir sin erotismo, / viene del más allá como mandato,/…”.

En vista de estas armoniosas y gratas declaraciones, Mónica, como digo arriba, con tus poesías, con tus amores, con tus sueños, ya estás dentro del carruaje literario en donde viajan las mujeres que tienen el alma al rojo vivo y que han amado como ningún otro ser lo ha hecho.

CARLOS BRACHO

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El chisme con Galletitas de Mónica Soto Icaza. Por Inés Récamier

Uno de los mejores chismes que he leído, tan intrigante que no lo solté hasta haberlo terminado. Treinta y cinco mujeres han sido invitadas al lecho de muerte de Salomón Andrónico, un hombre cuyo apellido nos incita a pensar en un ser andrógino. Y sí, porque a pesar de que Salomón no sea hermafrodita se beneficia de una femineidad que le facilita comprendernos —y conquistarnos—a muchas de nosotras: treinta y cinco para ser exacta.

Un montón de amantes seducidas de distintas formas; algunas de ellas han sido traicionadas, otras le guardan lealtad y agradecimiento y, por supuesto, no falta quien le odie. El mito de guardarnos para el hombre perfecto se destruye en este relato. Cada mujer cuenta una historia. Cada encuentro transmite diferentes sensaciones. Mónica tiene una pluma que describe con certeza la naturaleza de cruces inesperados, relaciones comprometidas y noches de esparcimiento. Su estilo es refinado y excitante. Las voces de sus protagonistas tienen personalidad y rostro. A través de ellas Salomón también se perfila, confirmando que no existe lo bueno ni malo, solo un hombre disfrutando al máximo su vida hasta el día en que sufre un derrame cerebral y todas ellas son invitadas a un último beso, única despedida, y las Galletitas que son importantes —porque hay para todas—.

Inés Récamier

Galletitas para un funeral #libro #novela #ficción

Un mensaje enigmático. Una esposa con mucha creatividad. Un hombre y 35 mujeres, pero no cualquier número de mujeres: mujeres con las que ha hecho el amor. Podría ser el sueño erótico de un maestro seductor y, sin embargo, también podría convertirse en el inicio de una pesadilla.

Parte del asunto de escribir una novela es qué historias quieres contar, y parte es cómo quieres contarlas. Desde hace unos diez años sabía cuál sería el hilo conductor para una posible narración (no lo cuento aquí porque arruino la sorpresa del final), pero después de empezar a escribirla varias veces y abandonarla el mismo número de intentos, decidí alojarla en ese sitio del pensamiento al que se van las ideas que necesitan madurar desde el inconsciente.

Hasta enero de 2019. Así como cuando conoces a la persona exacta en el momento preciso y resulta ser el amor de tu vida (o uno de ellos), así la empecé a escribir.

Estaba en un hotel de París, sin computadora y con el dueño de mis suspiros, cuando los distintos personajes (o las distintas personajas) empezaron a dictarme sus historias… fue así como surgieron las 36 mujeres y un hombre que dan vida a Galletitas para un funeral: con la fuerza de aquellos diez años acumulados en mi cabeza, que, sin titubeos y a una velocidad sorprendente, fluían entre la pluma y la hoja de papel.

Escribí durante nueve días, entre carcajadas, fotos en el Pont des Arts, más aviones, otras ciudades, transportes por tierra, dos libretas, tres plumas, muchas emociones, conversaciones para matizar la historia y quienes la contaban. Hoy confieso que cuando camino por la calle me voy encontrando a mi Salomón, Nadia, Lucía, Paola, Lourdes y otras más, ya sea hablando por teléfono, tomándose un café o simplemente esperando a que el semáforo se ponga en verde para cruzar hacia la otra acera.

Galletitas para un funeral es antes que nada una comedia. Es también un homenaje a todas las formas femeninas de amar. En ella exploro cómo la percepción cambia la experiencia que acumulamos en los recuerdos, cómo una misma persona puede ser tantas personas, dependiendo del marco de referencia del interlocutor; algo así como que nadie lee el mismo libro, aunque lea el mismo libro.

La novela cuenta la vida de un matrimonio: Nadia y Salomón, él un famoso actor de cine, ella una brillante economista, quienes desde el inicio de su relación decidieron incluir a otros compañeros sexuales. Los personajes principales no hablan jamás con su propia voz: son las mujeres con las que se acostó Salomón las que cuentan su versión de los hechos, por lo que la trama está plagada de amor y odio, de sexo y erotismo, de decepciones y sucesos gloriosos.

Escribir para mí es un acto de deleite, apenas comparado con la alegría que me causa que alguien lea y se emocione con mis historias. Gracias por ser mi cómplice y gozar conmigo de esta increíble aventura.


Puedes adquirir el libro impreso, con dedicatoria y enviado hasta la puerta de tu casa u oficina aquí:

Galletitas para un funeral

Un mensaje enigmático. Una esposa con mucha creatividad. Un hombre y 35 mujeres, pero no cualquier número de mujeres: mujeres con las que ha hecho el amor. Podría ser el sueño erótico de un maestro seductor y, sin embargo, también podría convertirse en el inicio de una pesadilla. Mónica Soto Icaza, la autora de Tacones en el armario, regresa a la carga con una historia de fino erotismo y sutil sentido del humor. Lea usted esta novela bajo su propio riesgo. “Cuando empecé a leer “Galletitas para un funeral” debo confesar que me excité, pero al terminarlo ya estaba profundamente aterrado.” Sergio Sarmiento

MX$210,00

O si lo prefieres electrónico para Kindle, puedes comprarlo aquí:

Gesta carmesí #cuento #ficción

Una no se convierte en leyenda sentada en la sala de la casa con una taza de té de tila en las manos. Una se convierte en leyenda con ampollas en los pies, con los dedos curtidos por las texturas del fuego; por el rango, entre terrible y sublime, de las imágenes que penetran por los ojos.

La mancha rojo intenso en las sábanas blancas por sí sola no hubiera significado nada, sin esa forma confeccionada por los pequeños coágulos que expulsó su vagina durante las horas de sueño. Sintió la masa viscosa en la entrepierna antes de hacerse consciente de que había despertado. Agarró una orilla de las telas de diferentes grosores que la cubrían, con el sentimiento de fastidio previo a saber lo que encontraría: nada odiaba más que manchar algo o ensuciarse con su menstruación.

No, sí había algo que odiaba más: tener la menstruación justo los días del año en que tradicionalmente más había cogido, la exposición de libros y vergas, mínimo una por día, que esperaba con ansias durante todo el año y que éste, por culpa de los caprichos de su endometrio, no podría disfrutar.

Entró en la regadera. Abrió las piernas. Dobló las rodillas hacia afuera. Miró el chorro de sangre que la gravedad atraía hacia el mármol del piso y el agua diluía, no sin antes crear, otra vez, asientos como los que se hacen al fondo de una taza de café turco. Disfrutó la imagen de la tinta roja trazando augurios en sus piernas.

Dobló el codo de la mano derecha y dirigió el dedo corazón hacia la vulva. Avanzó despacio hacia adentro de su cuerpo, provocando que otro coágulo cayera de golpe sobre el suelo y se quedara colgado entre las rejillas de la coladera. La sangre escurría cada vez más abundante. Utilizó el índice y el anular de la mano izquierda para separar los labios mientras su dedo medio acariciaba de forma vertical el clítoris y la mano derecha continuaba con su juego de meter y sacar. Apretaba y soltaba. Apretar. Soltar. Apretar. Apretar. Soltar. Hasta que la matriz se convirtió en suelo debajo de desfile militar, en plantas de los pies a punto del calambre. Gimió fuerte. Nada le gustaba más que un orgasmo.

No. Sí había algo que le gustaba más que un orgasmo: seducir al próximo hombre que se lo provocaría en la materia, la energía o la imaginación. Ese pensamiento le recordó su sensualidad tullida. Suspiró.

A pesar de la abundancia que expulsaba su cuerpo, decidió ponerse un mini vestido negro casi transparente, ideal para provocar pensamientos pecaminosos, suyos y de otros. Se trepó en unos tacones negros y salió hacia el pasillo. Balanceaba la cadera al ritmo de la música que siempre sonaba en una de las dimensiones de su mente y la mantenía con el tempo armonizado a los latidos del aire, y en sintonía con los ejemplares del sexo opuesto, siempre dispuestos a satisfacer sus deseos una vez que eran elegidos.

Le calentaba saber la expectativa que el balanceo del vestido sobre las nalgas causaba en las miradas de quienes se topaban con sus piernas casi encueradas. Los días que no debía utilizar calzones salía desnuda debajo de la ropa y de tanto en tanto, cuando el espécimen que tenía enfrente le generaba algún interés, “accidentalmente” se movía de forma tal que dejaba ver su condición de mujer dispuesta a desvestirse ante el mejor postor.

Su primera escala era la sala donde se presentaría el libro del escritor que en la adolescencia le había cambiado la vida, haciéndola ver que existían más caminos, además de los que sus padres le habían enseñado, y no estaban relacionados con enamorarse del hombre perfecto, casarse entre tules y flores y cuidar de los hijos y del esposo hasta la muerte. Instrucciones que ella aparentemente había seguido al pie de la letra cuando decidió convertirse en alguien que bien podría ser el personaje de una de las novelas que tanto le llamaban la atención.

El autor del libro era un hombre grande, nacido poco más de dos décadas antes que ella. Vestía una playera gris, entallada, que testificaba las horas en el gimnasio y un interés en el cuerpo que a ella le resultaba importante; en los últimos años, y después de haberse cogido a una buena cantidad de hombres mayores de sesenta, aprendió que el cuerpo cobra el sedentarismo de la juventud justo después de las seis décadas, así que los músculos del buen escritor presagiaban una polla dura, y el tema de sus novelas dejaba adivinar una experiencia muy sexual y muy decadente.

Se sentó en la primera fila, con las rodillas bien juntas. Ella sabía que los autores se fijan en el público en su presentación unos segundos después de colocarse en su sitio, cuando el cerebro detecta el momento de relajarse y fluir, por eso ella esperó el instante perfecto para levantar la pierna derecha y con un movimiento parecido a la “Verónica” del torero, colocarla encima de la izquierda y dejar a la vista parte de la nalga.

El plan fue un éxito. El movimiento provocó la atención del autor y el consiguiente interés que tuvo en ella durante toda la presentación, curiosidad que ella aprovechó para dejarse observar y para seducirlo en silencio con sonrisas, caricias en el cuello, guiños y otros gestos sutiles, como cuando se puso las palmas de las manos en el interior de los muslos y los abrió ligeramente.

Cuarenta y cinco minutos después, al terminar las palabras de editor, escritor invitado y autor, ella permaneció sentada en su sitio mientras él firmaba libros, platicaba y se tomaba fotos con la concurrencia.

Recuerda lo que siguió como si lo hubiera visto en una película y no como si fuera parte de su experiencia vital.

Él se le acercó, estiró el brazo y con mano firme la jaló para levantarla de la silla. La inercia la hizo aterrizar en sus brazos, lo que él aprovechó para tomarla de la cintura, cargarla y abrir sus labios con la punta de la lengua. La besó con las comisuras de la boca, con el pecho, con los brazos; ella lo rodeó con las piernas. Sin importarle la gente de alrededor, dejó que su cuerpo sintiera al fin la dureza de los músculos de los brazos, de la espalda. Abrió los ojos para registrar en su memoria la cara de él tan cerca de la suya. Encontró que él también tenía los ojos abiertos. Vio cómo en las arrugas varoniles se dibujó una sonrisa; ella también sonrió. Siguieron besándose con los labios en deleite, hasta que la editora que momentos antes lo presentaba como uno de los escritores más disciplinados, serios y talentosos de la industria le tocó el hombro con un dedo para que volteara. Él ni se inmutó.

La puso en el suelo, estiró el minivestido para esconderle la ropa interior y la agarró de la mano. En el pantalón de él se veía la erección descaradamente; conforme caminaban se iba haciendo más notoria, para beneplácito de ella y escándalo de las señoras de la alta sociedad de aquella ciudad tan conservadora y amante de las manifestaciones religiosas más exhaustivas, requisito necesario para mantener el honor y la pureza de sus habitantes, sobre todo de los más jóvenes.

Claro que las lentes de las cámaras de los teléfonos celulares no se hicieron esperar, y pronto más de una decena de personas comenzaron a grabar tan interesante suceso acaecido entre el escritor ex heroinómano y la mujer desconocida, que era arrastrada a cada vez mayor velocidad hacia la salida del recinto, dirigida al paso de cebra y luego a las puertas de cristal del hotel, en donde caminaron hacia el elevador del que él apretó el botón del 21.

Adentro la tomó de nuevo por la cintura para levantarla y continuar besándola, con cada vez más violencia, hasta que se abrieron las puertas y salieron de ahí, ella alrededor de él, que puso en evidencia una vez más su imponente fuerza cuando no le permitió poner los pies en el suelo. Llegaron a la habitación, él puso la llave, que ella ni se enteró cuándo sacó, en el sensor de la chapa, lo que les dio acceso a una recámara espaciosa, cuya cama recibía de lleno los rayos del sol y en la que ella encalló de golpe.

Él la miraba con esa cara inundada de testosterona que ponen los hombres cuando ya se les desconectó el cerebro de los pantalones. Ella pensó en advertirle que cuando le quitara las bragas saldría sangre a borbotones, pero prefirió no hacerlo; quería que a él no se le olvidara nunca la mujer junto a la que había convertido la habitación de un hotel gran turismo en algo parecido a un matadero de cerdos; deseaba sorprenderlo con la copiosidad de su menstruación.

Él agarró los dos extremos de las bragas y las jaló hacia los pies. Ella levantó la cadera y lanzó un gemido involuntario, le fascinaba ese preciso instante en que la tela se deslizaba hacia sus pies; era encantador mirar el gesto de hallazgo del compañero ocasional, ver cómo la lengua saboreaba lo que estaba a punto de comerlo.

Esta vez no le iba a suceder como en otras ocasiones en las que dejó sus deseos en fantasías; esta vez dejaría que la realidad sobrepasara a sus expectativas, con el sí habitando cada partícula de su cuerpo, desde las huellas dactilares hasta las puntas del pelo.

Abrió las piernas. En vez de brillar con la consabida lubricación que expulsan las mujeres cuando están excitadas, de la vulva se desprendió el líquido rojo intenso que salió de ella. Con un gesto veloz él estiró el dedo corazón y lo introdujo en la vagina. Ella levantó la cadera. Él siguió metiendo y sacando el dedo hasta que la sangre era un exceso; entonces acercó la boca y comenzó a succionar todo, los labios, la vulva…. Lamía como lobo hambriento, se atragantaba de sangre, la manzana de Adán se elevaba con frenesí. Ella no podía creer las sensaciones en su cuerpo, levantaba y bajaba la cadera, doblaba los dedos de los pies, le arañó la espalda. Tuvo un orgasmo al que siguieron dos más; todo en apenas unos minutos.

Lo miró. La sangre se escurría por los dientes, remarcaba las líneas de los labios. Ella le puso las manos en el pecho y empujó hasta dejarlo hincado. Se incorporó. Le mordió el labio, la barbilla, el cuello y fue bajando por el pecho, el ombligo, para trazar una línea hacia el nacimiento de la erección coronada con un glande del tamaño de una pelota de golf. Se metió la pelota en la boca, la hizo llegar hasta la garganta.

El hombre gigante se contorsionaba, le puso la mano en la cabeza. Arremetía con fuerza dentro de la boca de ella, que le encajó las uñas en las nalgas, lo que aumentó todavía más el deseo de penetrarla. Al notarlo, ella se le adelantó. Retiró la cabeza de la verga de él y lo empujó hacia el colchón. Se puso de pie. Le escurrieron de nuevo unas gotas densas desde el cuerpo, que cayeron estratégicamente en la punta del pito, que parecía un panecillo de Navidad, glaseado con el color rojo de la ropa del señor de los juguetes.

De un solo movimiento ella dobló las rodillas y se penetró hasta el fondo. Sentía la presión de la punta de él sobre el cuello del útero, cómo empujaba para llegar más adentro: dolor y gloria; gloria y dolor. Él jaló una almohada y se la puso debajo de las nalgas, con lo que pudo entrar todavía más profundo. Ella se inclinó para besarlo de nuevo, provocando que la base del pene le rozara el clítoris. Otro orgasmo. El cuarto del día.

Escritor consagrado y escritora novata desafiaron las leyes de la física y de la prudencia por horas. Él bebió la sangre de ella cual vampiro posmoderno; ella dejó que él calara todos sus orificios disponibles con los apéndices más extravagantes de su cuerpo: manzana de Adán, nariz, codos…

El mediodía se convirtió en atardecer; el atardecer en noche; la noche en amanecer de horizonte rojo y dolor de coxis y la certeza de que el sexo duro del pasado inmediato provocaría que no pudiera sentarse en varios días.

Salió de ahí mientras él todavía descansaba el sueño de los bien cogidos, para evitar el riesgo de que volviera a despertarse y en lugar de comer o tomar algo, decidiera volver a hacerla el plato principal del siguiente día.

Se miró al espejo del elevador mientras descendía. Piso 21… 20… 19… Sus pupilas chisporroteaban, hacían un contraste vampírico con el color casi transparente de su piel, algunos rastros de sangre y las ojeras color de rosa. Suspiró y se dirigió a sí misma en voz alta, antes de que en el tablero digital del elevador apareciera la letra “L”:

“Bueno, si no te conviertes en leyenda, por lo menos ya te cogiste a una.”

Daños colaterales #cuento #ficción

Queridos sobrinos,

Ustedes creen que moriré virgen. Y es probable que así sea. Pero no de la virginidad que ustedes creen: soy virgen de poseer al hombre que se me antojara, porque los tuve todos. Había pensado llevarme mis secretos a la tumba, pero no quiero ser injusta con la generosidad con que me ha tratado la vida ni con la imagen de mí que ustedes llevarán en la memoria.

¿Se acuerdan de Pedro, el sacerdote de la iglesia de San Juan? No puedo decir que fue el amor de mi vida, porque de esos tuve muchos, pero sí que es el amante más constante de los que tuve y, sobre todo, el más fiel, porque su otra relación íntima fue con Dios y jamás con mujer ajena.

Pasábamos horas en la sacristía, leyéndonos la biblia al oído mientras su mano o la mía provocaba orgasmos en su cuerpo o el mío. Él me enseñó lo glorioso del sexo, lo cercana a Dios que me sentía cada vez que lo tenía dentro al mismo tiempo que su pecho rozaba mis pezones.

Pedro era un hombre generoso con el pueblo y conmigo. Cuando ustedes dejaban de visitarme durante temporadas largas no saben lo maravilloso que era, porque podía pasar las noches enteras entre sus brazos, y ahí era feliz.

Varias veces estuve tentada a contarles mis aventuras amorosas; cuando los alcanzaba a escuchar cuchicheando el fastidio que les parecía visitarme, culpándome a mí de mi soledad al haber decidido no tener hijos. Qué egoístas y estúpidas son a veces las personas, que por prejuicios piensan que una solterona mayor de 50 años sólo está sentada frente a la ventana esperando a que alguno de sus familiares se apiade de ella y la visiten…

¡Si yo les contara las veces que estuvieron a punto de sorprenderme en la cama con el jardinero y el maestro de obras! ¡Tuve que esconderlos en la regadera para que no los encontraran en mi habitación en varias ocasiones! Ustedes me contaban historias, pero yo sólo deseaba que se marcharan para seguir lamiéndoles el glande y recibir el semen en el pecho, pero no, tenía que meterme al baño para darles una bata para que no se murieran de frío. Claro que me amaban, si no, ¿cómo soportar las horas perdidas, sentados en el escusado, esperando a que ustedes se largaran?

La tercera vez que el pobre de Justino, el plomero, se quedó atrapado en el baño les pedí que me ayudaran a hacer la puerta hacia el jardín, ¿se acuerdan? Por más que quisieron convencerme de la inutilidad de una salida junto al WC, yo me aferré a que se hiciera, con el pretexto de que ya estaba demasiado intensa mi reuma y me costaba trabajo salir a colgar la ropa al sol.

También me construyeron la nueva salida al costado del terreno, que mis novios y yo bautizamos como la “Salida de emergencia” entre carcajadas y jadeos, porque para estrenarla decidí hacer un simulacro como los de los sismos.

Esa tarde hubo pasteles y otros bombones, además de crema chantillí y condones de todos los sabores. Estábamos en la parte más rica del guateque, tenía yo la verga del jardinero en el culo, la del plomero en el coño y la de Pedro en la boca, cuando el sonido de la chapa de la puerta irrumpió entre los “qué ricos”, los “mamita deliciosa” y los “eres una lujuriosa”.

Como no habíamos ejecutado el simulacro de evacuación todavía, nos hicimos bolas. Pedro se tropezó con el plomero, el plomero cayó sobre el jardinero y yo no tuve más remedio que ponerme la piyama y salir con la mejor cara de amodorrada que alcancé a caracterizar, aunque no sé por qué, si ustedes nunca se fijaban realmente en mí.

Pero decía que salí con cara amodorrada, los pelos hechos bolas ya los tenía después de la arrastrada que me estaban poniendo. Me saludaron muy formales, beso, abrazo, cómo estás, tía, y de repente uno de ustedes me preguntó por qué había un señor en el jardín colgando la ropa. Casi se me sale una carcajada al ver al plomero con las manos sobre mis calzones, simulando que los acomodaba en los mecates, con cara de saber lo que estaba haciendo. Les respondí que me había venido a ayudar a tender porque me estaba sintiendo mal últimamente y él se ofreció. No sé si ustedes notaron que iba descalzo, supongo que como era un pueblo no les pareció sorprendente ver a un indio sin zapatos sobre el pasto.

Total, por más que intenté despacharlos rápido esa tarde para que me dejaran seguir con mi celebración, ustedes decidieron quedarse más tiempo, seguro sintiéndose culpables por haberme abandonado durante tantas semanas. Me llevaron de comer una sopa de frijoles molidos y un guisado de carne con verduras en salsa de tomate, que tuve que tragarme con mirada de gratitud, aunque en realidad eran un asco y no tenían nada que ver con el pozole que Juan había preparado para la ocasión y tuvimos que dejar para después, cuando los cuatro pudiéramos volver a coincidir para acabar (en sentido metafórico, y también en el literal, ustedes entienden) lo que interrumpieron.

¿Por qué nunca dije nada? ¡Imagínense el escándalo! Juan era sacerdote; el jardinero tenía esposa y siete hijos y el plomero fingía ser homosexual para poder almorzarse a todas las señoras del pueblo sin que los maridos tuvieran sospecha alguna. En lo que respecta a mí, así era más cómodo, porque si ustedes hubieran sabido que yo tenía novio, amante o cualquier hombre preocupado por mi suerte, habrían dejado de mantenerme, de darme dinerito para vivir, comer y regalarme de vez en cuando un lujito, como las sesiones de masaje que tanto amaba.

Lo hacía por ustedes también, porque con eso de que su mamá se murió cuando eran niños, necesitaban una figura femenina de ejemplo y autoridad, y qué mejor que la tía virgen y santísima que se fue a vivir a pueblo quieto para alejarse de la vida libidinosa y de perdición que se experimentaba en la gran ciudad y ella aborrecía con todas sus fuerzas.

Pero la verdad es que me vine a pueblo quieto, precisamente a este, siguiendo a Juan, que un día, cuando todavía era el sacerdote de la iglesia de la colonia de junto, me notificó que el Vaticano ordenó su cambio a este lugar como castigo a una denuncia que una señora, esa sí muy estirada y muy decente (también muy reprimida), le puso con las autoridades eclesiástica por haberle agarrado las tetas en plena confesión. Cuando le pregunté por qué diablos había hecho algo así, me respondió que creyó que ella le había coqueteado. Ya luego se le fue quitando lo pendejo y decidió sólo encamarse conmigo: yo jamás le causaba problemas ni le quitaba el tiempo.

Si se preguntan si alguna vez me sentí culpable de estafarlos, la respuesta es no. Toda mi vida tuve que aguantar a su mamá, que de niña era abusiva y mentirosa. Cada vez que ella hacía una travesura me echaba la culpa a mí, y como era la consentida de la abuela, entonces yo era la que salía siempre castigada, y ella no sentía remordimiento alguno.

Me acuerdo que a los 15 años se puso un vestido para el que yo ahorré durante meses. Cuando la vi salir le pedí que se lo quitara porque uno, no me lo había pedido prestado, y dos, no se lo prestaba. Me miró unos segundos, sonrió de ladito, burlándose de mi petición y se dio la vuelta.

Corrí a acusarla con mi mamá, pero la defendió y además me dijo que era yo una egoísta por no prestarle a mi hermana un simple vestido. De nada sirvió que le dijera que me había costado meses comprarlo, me tachó de desconsiderada y mala persona y afirmó que mi hermana tenía derecho de ponerse lo que quisiera, y además, de agarrar mi coche cuando se le diera la gana.

Al salir de la cocina me la encontré riéndose a carcajadas. Esa tarde se largó con mi vestido puesto, pero yo llegué a la conclusión de que, si había perdido la batalla contra ella, además de no volver a comprarme nada para mí, lo pagarían sus hijos cuando los tuviera.

Así que ustedes han sido daños colaterales, dulce venganza. Y no. No les ofrezco disculpas.

Quería contarles la historia de cada uno de mis amantes, 365 para ser exacta (sí, como los días del año, linda coincidencia, ¿no?), pero ya llegaron las enfermeras para llevarme al quirófano y como no sé si saldré viva de ahí (ojalá no, pero igual y Dios sí existe y todavía me quiere aquí), mejor busquen mi diario, está en el buró del lado izquierdo de mi cama; la portada es azul oscuro y dice “Sagrada Biblia” en letras doradas.

Me voy entonces, sobrinos. Cuídense mucho y espero que algún día aprendan y se les quite lo culero.

Adiós, hijos de su pinche madre (literal),

Tía Dolorcitas


Puedes encontrar más cuentos en este volumen:

Grab my pussy! Cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito

De la ingeniosa y polémica escritora Mónica Soto Icaza, autora del Best Seller Tacones en el armario, llega Grab my pussy!, cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito. En este libro la autora rescata el lado sensorial, irreverente y jovial del sexo. Los cuentos de Grab my pussy! son provocadores de humedad y carcajadas. En textos breves e intensos los lectores entrarán en una dimensión de hallazgos y auto descubrimiento que les dejarán un delicioso sabor de boca. Al nadar por estas páginas el reto será que ambas manos permanezcan en el papel…

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Las mujeres de más de 30

Las mujeres de más de 30 vivimos cada día realizando nuestros sueños de niñas. Tenemos pocos temores y muchos aprecios; sabemos emprender el vuelo, pero ponemos los pies en la tierra para estar con quienes amamos en los momentos y lugares precisos.

Las mujeres de más de 30 somos románticas, mas hemos aprendido a escuchar también a nuestro intelecto, lo que nos hace independientes cuando es necesario y solidarias si se trata de secar lágrimas y curar heridas.

Las mujeres de más de 30 además de esculturales cuerpos, hemos forjado esculturales almas; poseemos un brillo misterioso en la mirada, y con certeza digo que más de un secreto para quitarnos la tristeza.

Las mujeres de más de 30 conocemos los tiempos difíciles, sabemos resolver problemas con sutileza; nada es demasiado grande para nuestro ímpetu ni demasiado pequeño como para pasar desapercibido.

Las mujeres de más de 30 tenemos arrugas en la frente y varias canas en el cabello, con orgullo portamos nuestras cicatrices, sobre las que han sanado amores y nacido personas.

Las mujeres de más de 30 elegimos con cuidado los apegos, defendemos nuestra dignidad con humildad y soberbia, seducimos con elegancia y de nuestros dedos surge magia cuando compartimos humedades en la cama.

Las mujeres de más de 30 somos inocentes a voluntad, encontramos la respuesta correcta hasta a preguntas necias. A veces también somos malcriadas, nos regalamos placeres enormes disfrazados de mínimos detalles.

Las mujeres de más de 30 somos expertas en varios artes solo conocidos por nosotras, sentimos la adrenalina de la libertad y jamás dudaremos en lanzarnos descalzas a cualquier abismo, vistiendo sólo unas alas nuevas.

Mónica Soto Icaza

Templos #cuento #ficción

Pasó frente a un motel y se persignó. Al principio sintió culpa y creyó haberlo hecho para ayudar a aquellos que no pudieron contener el deseo prohibido que hizo vibrar sus genitales para llevarlos a cierta habitación con una compañía condenada a ser pareja ocasional de hospedaje eventual, pecaminosa por naturaleza.

Dos luces verdes y una roja después, cuando empieza a pensar en la necesidad de parar en el supermercado por la harina para preparar las galletas que le prometió a su amiga no importa el nombre, se detiene en el semáforo y al voltear a la derecha se pregunta si existirá algún código secreto entre los amantes del sexo clandestino por el color durazno, al parecer el favorito de los expertos en esa rama de la hotelería fugaz, por la gran cantidad de edificios dedicados a esos fines pintados de ese tono tan desagradable a la vista, aunque agradable al paladar que gusta de los sabores finos en los primeros segundos, pero intensos al recuerdo.

Entonces se da cuenta que el “en el nombre del Padre”, que llevó su dedo índice hacia la frente; el “del Hijo”, que dirigió el dedo corazón hacia el centro del nacimiento de sus senos; el “del Espíritu” que la hizo recargar la palma de su mano ligeramente abierta en el hombro izquierdo, y el “Santo” que movió su extremidad superior derecha hacia la parte alta del pecho, arriba de sí misma, fue provocada por el recuerdo de los orgasmos que ella ha experimentado al habitar de manera fortuita aquellos templos del deleite y del placer.


*Este cuento forma parte de mi libro Grab my pussy: cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito.

Si lo quieres electrónico para Kindle lo encuentras aquí:

Cicatrices. Una disertación sobre el desamor. #relato

Me vacié de casa. Empecé por los libros, la computadora; llené tres bolsas con mis vestidos y una valija con rencores añejos. Abrí cajones. De ellos separé la basura de las memorias, y convertí en desechos algunos de esos recuerdos.

Cuando eres feliz en un sitio esas paredes absorben partículas de tus fragmentos, hasta que te derrumbas y en la reconstrucción ya no puedes precisar quién posee a quién.

Todas las historias de amor son dignas de contar. No importa si conociste al sujeto de tu afecto por medio de una coincidencia épica, si fue amor a primera vista o un golpe de suerte, cada vuelta de tuerca, revolución o circunvolución para que dos personas se encuentren modifica para siempre el devenir del mundo.

Pero aún más dignas de contar son las historias de desamor: en ellas habitan las cicatrices —únicas, indivisibles y legendarias— que hablarán por nosotros en la mesa de autopsias, como el mapa infalible de cada existencia.

Cara o cruz #cuento #ficción

¿La fecha? Un día de principios de febrero. ¿La hora? 14:30 de la tarde. ¿El lugar? Uno de los rascacielos que bordean el hermoso Paseo de la Reforma, la avenida más emblemática de la Ciudad de México. ¿El motivo? Jugar con fuego. ¿Lo que sucedió? He aquí esta historia:

Dos días antes, el mensaje inesperado del personaje inimaginable: “Ya quiero que sea lunes”. Corazón acelerado, choque de adrenalina sin control.

La noche anterior: el insomnio. Recordar cómo se veía su rostro en versión carne y hueso. Las preguntas que resuenan tan fuerte en la cabeza que no dejan escuchar los pensamientos.

Unos minutos previos: apagar el auto con manos temblorosas. Mirarse en el espejo retrovisor con un gesto nuevo, uno de esos gestos que incitan a la aventura, a buscar lo desconocido. Poner un pie en el suelo y sentir la fuerza de los tacones sobre el concreto. Caminar erguido, sonrisa incontenible. Alisar el vestido, retocar los labios. Revisar en el teléfono móvil y encontrarse con la notificación correspondiente al: “Ya estoy aquí”.

Subir a la cima de la escalera eléctrica. Avanzar algunos pasos al encuentro lejano de miradas. El sonido de pasos acorta la distancia convertida en el vórtice que converge en el otro. Latidos como tambor en desfile militar. El entorno desaparece. Saludo. Beso en la mejilla del lado izquierdo, mano con los dedos abiertos en la espalda. Caminar del brazo por una calle conocida que de pronto muestra colores nuevos.

Llegar a la puerta del restaurante. Sentir todos los ojos encima. Gozar con cada poro el presente inmediato. Saborear el instante como si pudiera controlarse el tiempo.

Sentarse a la mesa en dos sillas contiguas. El “este es mi restaurante favorito” que rompe el pudor. Servilletas en las piernas. Botella de vino. Agua mineral de burbujas miniatura. Ostiones sobre una cama de hielo. Dejarse consentir por el deseo convertido en hombre. Choque de copas en un sonido casi imperceptible. Los labios apenas tocan el borde del cristal, la lengua danza con el sabor dulce que en segundos se convierte en ácido; el líquido se desliza por la garganta como listón de seda.

Seducir con las papilas gustativas, con la sonrisa que se abre para saborear el primer bocado: frescura de tacto suave con sabor a mar de Baja California y olor a sal de grano con trufa, lo más parecido a la gloria. Juguetear con las palabras y las pupilas, con las yemas de los dedos en la piel del antebrazo, pronunciar la consigna: “anótame en la lista de quienes quieren hacerte el amor”, provocar rubor, sorpresa, una sensación cercana a caminar sin alas.

Romper las reglas de etiqueta y cruzar tenedores para compartir el deleite de una elección acertada: combinación de textura rugosa y lisa con aroma a cilantro y origen de memorias. Crear la expectativa del encuentro que seguirá al levantarse de la mesa. Prometer un tal vez en el pastel de chocolate con frutos rojos. Repartir las gotas de la felicidad antes de dar una respuesta.

Salir del lugar con un ligero mareo, más por culpa de Cupido que del vino. Poner un beso en la comisura de los labios. Caminar por la acera otra vez del brazo. Detenerse en la esquina. El semáforo en rojo es la excusa perfecta. Echar una moneda al aire: cara será una despedida disfrazada de “hasta pronto”; y cruz, la invitación a continuar el juego, con la ropa en el suelo frente a un ventanal a 80 metros hacia el cielo.

Cruz.


Este cuento apareció publicado en la revista El Gourmet de México en febrero de 2016 y forma parte de mi libro Grab my pussy! Cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito.

Abecedario #cuentos S-Z #Minificciones

¿En qué momento?

Desde que le cedió el paso para entrar al estudio, el fotógrafo quiso poner cada una de sus manos en las nalgas de esa mujer de estatura baja, pero curvas pronunciadas. Se saludaron sin desviar la mirada uno del otro, mientras una corriente eléctrica recorría todo el espacio, provocando que ambos que quedaran en silencio por unos segundos.

-Puedes cambiarte en ese cuarto, te maquillas y peinas mientras me cuentas tu idea -dijo él, abriendo una puerta de metal con una ventanita en la parte superior.

Susana cargó su maleta y moviendo la cadera exageradamente, se metió en la habitación.

Era un lugar chico, tenía un tocador, una silla y una mesita baja. Encendió las luces del espejo y empezó a sacar sus vestidos. Quería unas fotografías elegantes, le recomendaron a Jacobo por su talento para encontrar el mejor ángulo de cualquier persona. Ella nunca se sintió especialmente guapa, pero estaba harta de estar soltera cuando la mayoría de sus amigas, hasta las que estaban feísimas de verdad, ya tenían marido, o estaban en vías de tenerlo.

Terminó de vestirse y, bolsa de cosméticos en mano, salió al encuentro del fotógrafo.

Rímel, blush y lipstick después, comenzó la sesión. Vaya que a ella le parecía sexy el hombre detrás de la cámara, tenía una manera de moverse tan sugerente, que de repente se sorprendió jadeando bajo el influjo de la lengua experta que besaba sus labios, y no precisamente los del rostro.

 

¡Sorpresa!

Hace muchos años, cuando sus amores eran estúpidamente dolorosos, Teresa guardó en un rincón del armario el sentimiento desenfrenado e inconmensurable que tenía hacia David, su prmer novio. Hoy, empacando cajas para mudarse a su nueva casa, tres días después de la boda y más de diez novios después, se lo encuentra: no tiene encima ni una mota de polvo. Lo mira durante varios segundos y toma una decisión.

Al siguiente día y por correo certificado, David recibirá un paquete misterioso en la puerta de su casa; abrirá la caja y un gemido lo golpeará en la boca del estómago.

 

Perdonar

Úrsula lloraba lágrimas que al chocar con cualquier cosa se convertían en corazones. Lo descubrió la tarde que su primer novio la cortó, a los 13 años, y desde entonces decidió que no volvería a amar nunca, porque así no lloraría de nuevo.

Muchos años después, cuando murió su padre, Úrsula inundó la casa con martillos negros que brotaban dolorosamente de sus ojos.

 

Alas

Verónica es valiente. Odia que la etiqueten de amazona o guerrera, o que la etiqueten con cualquier otra palabra. Monta a caballo, ama a los perros, tiene el universo escondido en las pupilas y es la mamá de una niña y un niño que viven entre la fantasía y el viento que baja de las montañas. Ella no lo sabe, pero fue elegida por los más antiguos dioses para sembrar la tierra de esperanza.

 

Fantaseando

Una cosquilla todo menos incómoda la despierta en la madrugada. Soñaba con ese hombre canoso de traje carísimo, cuando un conato de orgasmo la arranca de la ejecución fantasiosa de sus deseos. Es así como Wilma descubre, a los 16 años, que siente las mariposas en lugares más interesantes que el estómago.

 

Algo así como Blanca Nieves

“Espejito, espejito, ¿quién es la mujer más hermosa de este mundo?”

-Es Nicole Kidman.

Entonces, Ximena recapitula:

“Espejito, espejito, ¿quién es la mujer más hermosa de este país?”

-Es Salma Hayek.

Intenta de nuevo:

“Espejito, espejito, ¿quién es la mujer más hermosa de esta ciudad?”

-Es Anahí, la esposa del gobernador de Chiapas.

Un poco frustrada, pregunta otra vez:

“Espejito, espejito, ¿quién es la mujer más hermosa de esta colonia?”

-Es Elia Rubio, la de la casa 24.

Con la esperanza un poco destrozada, vuelve a indagar:

“Espejito, espejito, ¿quién es la mujer más hermosa de esta calle?”

-Es Estefanía López, la de la camioneta de atrás.

Decidida a no fallar, con media sonrisa en la boca cuestiona:

“Espejito, espejito, ¿quién es la mujer más hermosa de este automóvil?”

Pero mejor no espera la respuesta. Arranca de tajo el espejo retrovisor y lo estrella contra el pavimento.

 

Más que magia

Ylianna tiene afición por los laberintos. Camina en ellos, pero hace trampa porque de vez en cuando vuela y encuentra la salida. Es alquimista: capaz de convertir las lágrimas en sonrisas y sus palabras cambian la vida de las personas. También trae un costurero de primeros auxilios en la bolsa, con él remienda los baches del camino. Tiene un par de alas grandes en la espalda hechas de aire fresco que se llevan muy lejos a los espíritus bromistas y chocarreros.

 

Voyeur

La casa de Zoe es luminosa como ojos de mujer enamorada. Tiene un ventanal con vista al cielo y una jacaranda de flores traviesas, testigos de cómo su cuerpo tiembla con el recuerdo de ayer.

Él la mira desde el vértice de sus piernas, justo a esa hora del día en que el blanco brilla y el negro parece vacío. La saborea, busca en bordes y hendiduras provocar la marejada que le hará gritarle “te amo” mientras entierra las uñas en su pelo.

Intenta mantenerse en silencio para escuchar la danza de la lengua; provoca que el pubis se levante de la cama y succiona hasta que no puede contenerse y le empapa la sonrisa.

Despierta. El cierre abierto del pantalón y los dedos metidos en su ropa interior la delatan.

Está lista para continuar la fantasía cuando mira hacia la calle y el vecino aplaude desde su ventana. Cierra las cortinas, pero se arrepiente y vuelve a abrirlas: esta vez con una reverencia exagerada y besos al aire.


Cuentos publicados en el libro Con las alas grandes, en 2014.

Lirios en el cielo #autoentrevista

Mi primer trabajo fue el de correctora de la fuente cultural. A las tres semanas de empezar a trabajar en la sección Camaleón de la Revista Época, mi jefe y ahora gran amigo, David Siller, me encomendó la redacción de los primeros artículos que publiqué: ensayos literarios, reseñas de libros, reportajes, y lo que más disfrutaba: entrevistas.

A los 22 años ya quería echarme el mundo al plato (estoy hablando del 2002, cuando se jugaba la Copa Mundial de Futbol en Corea-Japón y el Congreso de Estados Unidos reconocía al italiano Antonio Meucci como el auténtico inventor del teléfono), así que en mi lógica juvenil reflexioné que necesitaba generar un estilo propio para entrevistar, y qué mejor que haciendo preguntas inesperadas, y sobre todo, una que fuera mi sello personal: “Personaje, te han entrevistado muchas veces, ¿qué pregunta siempre has querido que te hagan y nunca te han hecho?”

Recibí infinidad de respuestas, desde un “por qué canto” de un cantante famoso, un “si me gustó la entrevista que me acaban de hacer” de un actor guapo y famoso, un “¿tienes los ojos amarillos?” de una chica Almodóvar, hasta un “de qué tamaño la tengo” de un músico vulgar y no tan famoso.

El caso es que amo entrevistar gente y entonces me di a la tarea de entrevistarme a mí misma acerca de mi nuevo libro de poemas Lirios en el cielo, una antología personalísima de textos y fotografías que posee dos temas centrales: el erotismo y la libertad, y que hoy comparto con ustedes con toda la gratitud para quienes han llegado hasta este punto.

Liros en el cielo. páginas

  1. Lirios en el cielo es el libro más vivencial que he escrito hasta ahora. Los textos surgieron de experiencias personales que tuve la necesidad de decantar en forma de poesía, prosa poética o prosa pura para convertir lo terrible en belleza. Siempre he creído que lo verdaderamente valioso de la creación es la materia prima, porque es lo que le da consistencia a las emociones que provocarás en el lector/testigo/espectador.
  2. Los libros que escribo son temáticos, mi mente los concibe como un todo: idea, historia, papel y formato dialogan durante varios días, a veces semanas, para lograr convertirse en una unidad. Este libro de poesía es un fuera de formato. Casi cuadrado, está encuadernado con wire-o en pasta dura, como si fuera una carpeta que además esconde la gama bicolor de las teclas de un piano (Andrés Castuera-Micher en la presentación del 18 de junio en la Casa del Poeta Ramón López Velarde develó este guiño oculto), entre páginas de texto y otras de fotografía. Amo que entre líneas haya no solo ideas, sino conceptos en general, porque a fin de cuentas, eso logra que la intención del erotismo llegue al subconsciente de quienes lo tienen en las manos.
  3. El tema de las fotos mías para acompañar mis textos ha sido muy comentado y al fin he dedido dar una respuesta concreta. La razón es muy sencilla: a través de los ojos de los fotógrafos he visto una visión distinta de mí que me ha ayudado a completarme. Los seres humanos nos hacemos conscientes de nuestra humanidad cuando nos miramos en los ojos de otros, es por eso que no podemos ser indiferentes ante una mirada de tristeza, ante la felicidad ajena o hasta un bostezo. Las fotos muestran el mismo rostro, el mismo cuerpo, pero en diálogos con otro, lo que enriquece la experiencia.
  4. Claro que las fotos han generado y generan emociones extremas en algunas personas, que van desde la lujuria, hasta el odio en ocasiones. ¿Por qué lo consiguen? Porque las imágenes de este tipo nos conectan con esa parte donde habitan el deseo y las perversiones: por eso confrontan, son un testimonio que no tiene entre sus posibilidades el engaño.
  5. Decidí no venderlo en librerías porque de esta forma tengo la oportunidad de firmar prácticamente todos los ejemplares del tiraje, y además los pedidos de libros de poesía, sobre todo de editoriales independientes, regresan casi íntegros (eso sí, emplayados con mucho orden, limpieza y cuidado). Como no se trata de sufrir ni hacer sufrir a los compradores de las tiendas de libros, mejor lo ofrezco directamente en este portal (https://monicasotoicaza.com/libreria/), ferias y presentaciones.
  6. El título del libro hace un guiño a mi yo de 12 años en medio de una experiencia aparentemente inocente, pero que ayudó a definir mi paso por la vida, algo así como le sucedió a la protagonista de El amante de Margarite Duras, que lo explicaba así: “A los quince años tenía el rostro del placer y no conocía el placer”. Fui con mi familia a Xochimilco en la época en que había una plaga de lirios en los canales. Entonces para ayudar a “acabar” con la plaga mis hermanas y yo sacábamos las plantas del agua para ponerlas en la trajinera. Cuando levanté la primera y vi cómo se escurría el líquido por las raíces tuve la primera visión erótica de la que tengo memoria y me ha acompañado desde ese momento.
  7. Lirios en el cielo tiene dos naturalezas: la primera es la erótica, amorosa y desamorosa, en la que cuento una historia de dolor y desengaño y cómo esas emociones tristes transmutan en deleite, amor propio y erotismo. La segunda naturaleza es la de la libertad, donde se vuelve concreto lo aguerrido del espíritu fuerte, la solidez de las decisiones, el afán por gobernar la propia vida más allá de sus sinsabores, los golpes de suerte y las opiniones de los demás.
  8. Escribo sobre erotismo como protesta contra la violencia que se vive en el mundo. Yo protesto con los labios y las piernas listas, con la pluma dispuesta a escribir acerca de orgasmos propios y ajenos; porque el amor lo vale, el placer lo vale, la belleza lo vale. Porque el despertar del instinto lo vale. Porque el mundo está sediento de convicciones.

Lirios en el cielo. Formato

 


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Lirios en el cielo

Lirios en el cielo es un libro de poesía erótica, seductora, de libertad. En él todos los textos son anécdotas y están dedicados a quienes los inspiraron. En sus páginas encontrarás poemas y fotografías que quieren provocarte suspiros y fantasías para recordarte que cada momento cerca de tus deseos es experimentar en carne viva la felicidad.

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Abecedario #cuentos N-R #minificciones

Confusión fatal

“Es que a través de mi espejo retrovisor puedo mirar siempre al mar”, repetía Nuria cada vez que alguien le preguntaba el porqué de su afición por conducir largas distancias en automóvil. Lástima que nadie le advirtió mientras aún vivía, que los espejos retrovisores sirven para evitar accidentes automovilísticos y no para soñar despierta.

 

Ojos

Invitaron a Ofelia un programa de televisión. Se levantó temprano (mucho más temprano de lo acostumbrado). Ducha con dermo limpiador aroma a fresa, cabello acondicionado durante cinco minutos, crema anti arrugas para el rostro, desodorante lavanda. Eligió cuidadosamente su vestuario algunos días antes (adquirió un pantalón nuevo). Con toda calma fue al salón de belleza para alisar su cabello, pagar por un maquillaje perfecto. Lista justo a tiempo.

Las ventanas del automóvil cerradas, el aire acondicionado a la temperatura adecuada. Ojeadas al espejo retrovisor gozando la sensación de saberse viviendo un sueño. Llegó al estudio. Salió a recibirla el asistente de producción. Esperó unos minutos y entraron  al plató.

Correr de maquillistas, el peinador dándole un último ajuste a la cabellera del conductor. Después de una presentación veloz, la sentaron en su sitio. La sonrisa del productor se borró de golpe al escuchar una indicación en el audífono; se levantó de la silla y fue hacia el operador de la cámara uno, que en ese momento enfocaba hacia ella. Ella disfrutaba, al fin iniciarían sus quince minutos de fama. Después de un rato de no saber lo que pasaba, se acercó a ella el conductor, le dijo que no podría aparecer en el programa: por más que modificaron la iluminación, le pusieron filtros a los lentes de las cámaras, modificar el ángulo de su rostro en las tomas, no pudieron eliminar el resplandor que despedían sus ojos.

 

Querido Diario

(Fragmentos del diario de Patricia)

Día 1:

Te dejaré tomar mi mano y hacer una red con nuestros dedos, cuando señales en la calle el árbol más hermoso y yo escuche que sus hojas me hablan en susurros de un futuro común para los dos.

Día 2:

Te dejaré tocar mi espalda a través del suéter cuando, en una tarde fría, mi piel pida a estremecimientos sentir el calor de tu mano extendida.

Día 3:

Te dejaré besarme cuando pronuncies el conjuro adecuado para desatar la magia atrapada en mis oídos.

Día 4:

Te dejaré lamer mi cuello cuando descubras el sabor favorito de mi lengua y me lo traigas convertido en hielo.

Día 5:

Te dejaré arrancarme de un tirón los blue jeans cuando adivines el color de mi ropa interior y seas capaz de convertir sus encajes en listones que cedan ante la destreza de tus dientes.

Día 6:

Te dejaré abrir mis piernas cuando me cuentes sin hablar tu secreto más oscuro, sólo con el diálogo de tus labios y los míos.

Día 7:

Te empaparás en mi vientre cuando te vuelvas indispensable para mis pensamientos. Sólo así sabrás lo que es habitar en el paraíso.

 

Ironías involuntarias

Queila vio a su marido con la amante. Caminaban de la mano por la banqueta de una colonia lejana. Los siguió hasta el semáforo, pero su esposo levantó la mano, se subieron a un taxi y desaparecieron entre el tráfico de las dos de la tarde.

Se quedó ahí parada, entre vendedores ambulantes, niños de la calle y transeúntes inocentes. No sabía si llorar, reír a carcajadas, o regresarse a la habitación del hotel de donde acababa de salir.

 

Deportes extremos

Debajo de la falda Rosalía esconde el premio para el explorador que venza los obstáculos del dolor con el que vive. No empieza con C de clítoris ni con V de vagina; empieza con A de aventura y tal vez con P.

Debajo de la falda Rosalía guarda una colección de lenguas, un manojo de dedos, y la memoria de gemidos en diferentes tonos.

Debajo de la falda Rosalía tiene una buena colección de orgasmos: cada tres noches llega un invitado que deja su foto autografiada en la pared de sus trofeos.

 


*Estos minicuentos fueron publicados en el libro Con las alas grandes, en 2014.

*En la foto: la hermosa fuente de la Plaza de España, en Sevilla.

Para decir adiós…

Hay días buenos para decir adiós. Días convenientes para despedirse, para continuar la vida sin ciertas cadenas. Hoy es uno de ellos: el cielo acumula agua en los lagrimales, la misma que esta mañana mis ojos sí convirtieron en tormenta.

Los días para decir adiós no suelen ser soleados, pero sí cálidos: así el viento se convierte en el par de brazos que la despedida esfumará del repertorio. Los días para decir adiós son irreversibles, más que los días para empezar; se quedan marcados en el calendario con tinta invisible para ojos ajenos, pero fluorescente para quien llevó a cabo la acción de desprenderse.

Los días para decir adiós son justo como hoy. Son esos que nos levantan los pies del suelo hacia direcciones y pupilas nuevas. Son días que borran el camino que vas dejando atrás e iluminan el sendero que aparece debajo de los pies mientras avanzas.

Los verdaderos días para decir adiós son caldo de cultivo para una despedida contundente, luminosa y sin retorno: como hoy.

 

Abecedario. Cuentos A-H #minificción

Leer: no para ser más cultos o parecer más inteligentes.

Leer para ser más humanos, o parecerlo.

MSI

 

Nadie sabe para quién trabaja

Por más que Aurora, de niña, amara los disfraces, su mamá no la dejaba usarlos; le parecían fantasías estúpidas. En las fiestas infantiles veía desfilar Cenicientas, bomberos, mariposas; lo más que podía hacer era pedir prestado un atuendo cuando su madre se iba, y no olvidarse de devolverlo unas cuantas horas antes de que la celebración terminara.

A los 22 años empezó a vestirse de policía, de enfermera, de mucama, claro, a escondidas; era adicta a saberse el centro de las miradas al caminar por la calle.

Un día su mamá tuvo un accidente, y murió. Cuando en la funeraria le pidieron que llevara una muda de ropa para vestirla, Aurora les entregó un vestido de princesa.

 

Tiempos mejores

Beatriz se mira en el espejo de la sala todas las noches. Con un plumón dibuja las nuevas arrugas sobre el cristal. A veces las marcas de su vida son trazos hacia arriba, como sonrisas; en ocasiones son líneas hacia abajo, o rectas, cuando termina la jornada sin emoción. Una mañana, mientras la luz del sol inunda la estancia, Beatriz se asoma al espejo. Lo que ve la deja atónita: es una obra de arte.

 

Obsesión Incendiaria

Carola tenía obsesión por las ollas. No le gustaba cocinar, pero las cacerolas, sartenes y comales le parecían utensilios de una belleza arrebatadora. Su favorita era la olla chifladora, le encantaba llenarla de agua, ponerla al fuego, esperar y al fin, escuchar el glorioso silbido de vapor. Su esposo la amenazó con irse si compraba una más, pero ella no pudo evitarlo y las escondió abajo de las camas de los niños, hasta que el mango de una parrilla la delató y el marido cumplió su promesa.

Carola, desesperada por la incomprensión del mundo hacia su mirada estética, encendió el horno y se metió dentro. Todos se enteraron cuando los bomberos determinaron la causa del incendio.

 

Una serie de eventos desafortunados

Damiana vivió siempre según el significado de su nombre, era salvaje, segura, dominante. Tal vez demasiado: no había hombre que no la deseara ni mujer que no sintiera por ella esos celos mortales que suelen sentir las mujeres y que en más de una ocasión se han podido constatar. Desde que tuvo uso de razón supo que sería modelo y que se convertiría en un icono de la belleza. Así fue durante más años de lo que cualquiera hubiera podido humanamente lograr. Hasta que un día el tacón roto provocó el tobillo doblado que dirigió al cuerpo hacia el ángulo equivocado del borde de la pasarela terminó con el encanto.

 

Fantasía inoportuna

El hijo le preguntó cómo meten a los niños en las mamás. Eunice guardó silencio unos segundos para pensar bien la respuesta, pero no contestó: se quedó distraída recordando el camino a su orgasmo de ayer.

 

Despertares Húmedos

Fabiola creía en los unicornios, en las sirenas y en los príncipes de sus libros infantiles. Cuando supo que eran seres imaginarios se puso muy triste. Ya de adulta, a pesar de sentirse defraudada, aprendió a vivir en la realidad. La otra noche soñó que se había convertido en sirena y su príncipe azul llegaba por ella para huir juntos cabalgando en un unicornio tornasol. Despertó. Al abrir los ojos se dio cuenta que el agua del mar todavía chorreaba por sus piernas.

 

Brillo

Genoveva perdió su trabajo, la abandonó el marido, metieron preso a su hijo, y de todas formas, estrena a diario un brillo en los ojos distinto: lo compra en infomerciales en las noches de insomnio.

 

Correr el riesgo

Sonrió al principio de la caída libre. El viento en las mejillas, en el cuello, rompiendo un poco los labios, las comisuras de la boca, provocando un dolor placentero. Por fin Helena había logrado el sueño de varias vidas; por fin sabía lo que piensan los pájaros en pleno vuelo. Nadie le dijo que las alas se usan bajo el propio riesgo. Y esa madrugada no se abrió su paracaídas.

 


*Estos cuentos forman parte del libro Con las alas grandes, que publiqué hace cuatro años con dos amigas-hermanas-cómplices: Ylianna Mercado y Fabiola Andrade.

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Libros para dar a desear: La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes #juevesdelibros

Una de mis maneras favoritas de compartir mis lecturas (algunas de ellas), es mediante los fragmentos y frases memorables que subrayé mientras leía. Creo que las palabras elegidas hablan no solo de la calidad literaria del autor, sino de la riqueza que hay en la interpretación de los lectores (no hay nada más interesante que leer un libro que alguien subrayó y anotó previamente).

Así que este #juevesdelibros les dejo mis subrayados de La muerte de Artemio Cruz, mi libro favorito (por mucho), de Carlos Fuentes, uno de los mejores escritores de mi país:


Soy este viejo con las facciones partidas por los cuadros desiguales del vidrio. Soy este ojo. Soy este ojo.

 Tengo la boca llena de centavos viejos.

 … una chica muy guapa y tú siempre tendrás buen ojo para eso, aunque tu edad te condene a imaginar las cosas más que a hacerlas…

 Pensarás que has hecho tantas cosas cobardes que el valor te resulta fácil.

 … y estarás aquí y no sabrás cuáles datos pasarán a tu biografía y cuáles serán callados, escondidos.

 Trató de esquivar la mirada y fijarse en ese charco de miel que inundaba el plato de su hija, pero sin querer regresaba las manos de la pareja en la mesa contigua y lograba evitar sus rostros, pero no las manos acariciadas.

… les dijo que podían explotar el azufre hasta bien entrado el siglo XXI, pero que no lo iban a explotar a él ni un solo minuto del siglo XX…

… desde entonces has vivido con la nostalgia del error geográfico…

… siempre pensó que la acción contamina y nos obliga a traicionarnos, cuando no la preside el pensamiento claro.

 Quizá las muertes ajenas son las que alargan nuestra vida…

 Un hombre alto, lleno de fuerza, con unos ojos verdes hipnóticos y un hablar cortante. Artemio Cruz.

 … no debía admitir más el recuerdo del pie tosco y fuerte que buscó el suyo durante la cena y le inundó el pecho de un sentimiento desconocido, indomable.

 … dejarán a las mujeres encargadas de las tierras malas y volverán a trabajar nuestras tierras fértiles.

La quería. Supo, al tocarla, que la quería.

 Ella caminó hacia las jaulas coloradas del patio: ese trino de los pajarillos. Una a una, mientras él la contemplaba sin moverse, fue abriendo las rejas pintadas. Un petirrojo se asomó y emprendió el vuelo. El cenzontle se resistía, acostumbrado a su agua y su alpiste. Ella lo posó sobre el dedo meñique, le besó un ala y lo lanzó al vuelo. Cerró los ojos cuando el último pájaro voló y dejó que este hombre la tomara, la encaminara a la biblioteca donde don Gamaliel esperaba, otra vez sin prisa.

 … puedo respirar lo que guste, entretenerme escogiendo los olores que el viento trae: Sí bosques otoñales, sí hojas quemadas, ah, sí ciruelos maduros, sí sí trópicos podridos, sí salinas duras, piñas abiertas con un tajo de machete, tabaco tendido a la sombra, humo de locomotoras, olas del mar abierto, pinos cubiertos de nieve, ah metal y guano…

 ¿Cómo te invocaré?

 Tú cerrarás los ojos, consciente de que tus párpados no son opacos, de que a pesar de que los cierras, la luz penetra hasta la retina…

 … porque darse cuenta debilita, nos convierte en víctimas cuando nos damos cuenta de que sólo nosotros nos daremos cuenta de las fuerzas que no nos consultarán, no nos tomarán en cuenta…

 … naciste, nacerás con la palma lisa, pero bastará que nazcas para que, a las pocas horas, esa superficie en blanco se llene de signos, de rayas, de anuncios: morirás con tus líneas densas, agotadas, pero bastará que mueras para que, a las pocas horas, toda huella de destino haya desaparecido de tus manos…

            la memoria es el deseo satisfecho:

            sobrevive con la memoria, antes que sea demasiado tarde,

            antes que el caos te impida recordar.

Cuando cerró los ojos, se dio cuenta de la infinidad amorosa de ese cuerpo joven abrazado al suyo: pensó que la vida entera no bastaría para recorrerlo y descubrirlo, para explorar esa geografía suave, ondulante, de accidentes negros, rosados.

El calor de los muslos se fundió en una sola llama.

Las uñas hicieron un ruido de gato entre las sábanas…

 Se forma una laguna entre las rocas y uno puede mirarse en el agua blanca. Allí me miraba y un día apareció tu cara junto a la mía. De noche, las estrellas se reflejaban en el mar. De día, se veía al sol arder.

 … la erección escapó a los dedos y despertó con ellos: los muslos se separaron temblando, llenos, y la carne erguida encontró la carne abierta y entró acariciada, rodeada del pulso ansioso, coronada de huevecillos jóvenes, apretada entre ese universo de piel blanda y amorosa…

             mientras en las calles sonó un cubetazo de agua sobre el polvo y los patos silvestres pasaron graznando junto al río y un chiflido anunció las cosas que nadie podría detener…

 … me dije que en ese mismo momento tenía que decidirme. Que si tú pasabas de largo, perdería toda mi vida. ¿Tú no?

 Y cómo le iba a fallar al maestro Sebastián, que la había enseñado las tres cosas que sabía: leer, escribir y odiar a los curas.

 … todo lo que es, todo su amor, está hundido en la carne de esa mujer que los contiene a los dos.

 Ese cuerpo no era de él: Regina le había dado otra posesión: lo había reclamado con cada caricia. No era de él. Era más de ella. Salvarlo para ella.

 Metió el cucharón en el caldo hirviente del menudo, pellizcó la cebolla, el chile en polvo, el orégano; masticó las tortillas norteñas, duras, frescas; las patas de cerdo. Estaba vivo.

Dicen que las células de la esponja no están unidas por nada y sin embargo las esponja está unida: eso dicen, eso recuerdo porque dicen que si se rasga violentamente a la esponja, la esponja hecha trizas vuelve a unirse, nunca pierde su unidad, busca la manera de agregar otra vez sus células dispersas, nunca muere, ah, nunca muere.

            -Es más fácil el odio, te digo. El amor es más difícil y exige más…

 Tú la pronunciarás: es tu palabra: y tu palabra es la mía; palabra de honor: palabra de hombre: palabra de rueda: palabra de molino: imprecación, propósito, saludo, proyecto de vida, filiación, recuerdo…

 Nacidos de la chingada, muertos en la chingada, vivos por pura chingadera: vientre y mortaja, escondidos en la chingada.

 Tú y yo, miembros de esa masonería: la orden de la chingada. Eres quien eres porque supiste chingar y no te dejaste chingar: cadena de la chingada que nos aprisiona a todos: eslabón arriba, eslabón abajo, unidos a todos los hijos de la chingada que nos precedieron y nos seguirán: heredarás la chingada desde arriba; la heredarás hacia abajo: eres hijo de los hijos de la chingada; serás padre de más hijos de la chingada: nuestra palabra, detrás de cada rostro, de cada signo de cada leperada…

 … con la chingada te llevas a toda madre, es tu cuatezón, tu carnal, tu manito, tu vieja, tu peor-es-nada: la chingada…

 Observó las facciones: quiso descubrir al mismo de siempre, porqie al limpiar de nuevo el vaho que empañaba el cristal, sintió sin saberlo -en esa hora temprana, de quehaceres insignificantes pero indispensables, de malestares gástricos y hambres indefinidas, de olores indeseados que rodeaban la vida inconsciente del sueño- que había pasado mucho tiempo sin que, mirándose todos los días al espejo de un baño, se viera.

 Bajó la mirada y vio esas manos morenas, de venas verdosas, prominentes que suplían el vigor y la impaciencia de otras edades.

 … ese cuerpo lúbrico, ese talle estrecho, esos muslos llenos, también llevaban escondidos en una célula ahora minúscula, el cáncer del tiempo. Maravilla efímera, ¿en qué se distinguiría, al cabo de los años, de este otro cuerpo que ahora la poseía? Cadáver al sol chorreando aceites y sudor, sudando su juventud rápida, perdida en un abrir y cerrar de ojos, capilaridad marchita, muslos que se ajarían con los partos y la pura, angustiosa permanencia sobre la tierra y sus rutinas elementales, siempre repetidas, exhaustas de originalidad. Abrió los ojos. La miró.

 … un viento invisible, sin localización en la tarde calurosa, se empeñaba en apagarle los fósforos…

… recordarás para recordar dentro del recuerdo…

            -Morir a manos de uno de los caudillos y no creer en ninguno de ellos.

… ese airecillo de sabelotodo de estos licenciadetes que nunca peleaban, que nada más hablaban mucho tiempo mientras ellos ganaban batallas.

 … como si una mujer muerta necesitara del recuerdo de un hombre vivo para seguir siendo algo más que un cuerpo devorado por los gusanos en un hoyo sin nombre, en un pueblo sin nombre.

 … aprenderás a frotar dos maderos hasta incendiarlos porque necesitarás arrojar una tea a la entrada de tu cueva y espantar a las bestias que no te distinguirán, que no diferenciarán tu carne de la carne de otras bestias…

 … decidirás, escogerás uno de los caminos, sacrificarás los demás: te sacrificarás al escoger, dejarás de ser todos los otros hombres que pudiste haber sido…

la memoria es el deseo satisfecho.

            hoy que tu vida y tu destino son la misma cosa.

… sólo ahora me doy cuenta de que siempre, toda la vida, había un movimiento imperceptible en los intestinos, todo el tiempo, un movimiento que sólo ahora reconozco porque de repente no lo siento: se ha detenido.

 Y tú sólo quisieras, al recostarte sobre la arena y escuchar la vihuela jarocha de los pescadores, sólo quisieras explicarle que los años pasados, hace 40, algo se rompió aquí, para que algo comenzara o para que algo, aún más nuevo, no empezara jamás.

Oh, ese dolor, ay esa punzada, ay, qué ganas tendrás de levantarte, correr, olvidar el dolor caminando, trabajando, gritando, ordenando: y no te dejarán, te tomarán de los brazos, te obligarán a quedarte quieto, te obligarán, físicamente, a seguir recordando, y tú no querrás, quieres, ay, no quieres: sólo habrás soñado días tuyos, no quieres saber de un día que es más tuyo que otro cualquiera, porque será el único que alguien viva por ti, el único que podrás recordar en nombre de alguien; un día corto, terror, un día de álamos blancos, Artemio, tu día también, tu vida también… ay…

 En un balcón estaba sentado en su mecedora un viejo con la bufanda amarrada alrededor de la cabeza. No los miró cuando pasaron y ellos no entendieron qué hacía allí: si esperaba el regreso de alguien o si aguardaba la salida del sol o qué. No los miró.

 Y cuando ya sabían todo eso, les faltaba aprender lo más difícil de todo, ganar la victoria más dura, que era la victoria sobre sí mismos, sobre sus costumbres y comodidades.

 Él trató de explicarle la alegría que da montar, sobre todo en la playa al amanecer, cuando el aire sabe a yodo y el norte se está aplacando pero todavía llueve ligero y la espuma que levantan los cascos se mezcla con la llovizna y uno va con el pecho desnudo y los labios llenos de sal.

 Tan rica, tan sensual, tan suntuosa era la posesión de estos objetos como la del dinero y los signos más evidentes de la plenitud. Ah, sí, qué gusto redondo, qué sensualidad de las cosas inanimadas, qué placer, qué goce aislado…

 … ah viejas… viejas impotentes… que han tenido todos… los objetos de la riqueza… y la cabeza… de la mediocridad… si al menos… hubieran comprendido para qué sirven… cómo se usan… estas cosas… ni eso…

             aceptarán tu testamento: la decencia que conquistaste para ellos, la decencia: le darán gracias al pelado Artemio Cruz porque los hizo gente respetable; le darán gracias porque no se conformó con vivir y morir en una choza de negros; le darán gracias porque salió a jugarse la vida: te justificarán porque ellos ya no tendrán tu justificación: ellos ya no podrán invocar las batallas y los jefes, como tú, y escudarse detrás de ellos para justificar la rapiña en nombre de la Revolución y el engrandecimiento propio en nombre del engrandecimiento de la Revolución…

            les legarás sus líderes ladrones, sus sindicatos sometidos, sus nuevos latifundios, sus inversiones americanas, sus obreros encarcelados, sus acaparadores y su gran prensa, sus braceros, sus granaderos y agentes secretos, sus depósitos en el extranjero, sus agiotistas engominados, sus diputados serviles, sus ministros lambiscones, sus fraccionamientos elegantes, sus aniversarios y sus conmemoraciones, sus pulgas y sus tortillas agusanadas, sus indios iletrados, sus trabajadores cesantes, sus montes rapados, sus hombres gordos armados de aqualungy acciones, sus hombres flacos armados de uñas: tengan su México: tengan su herencia;

 … tú serás ese niño que sale a la tierra, encuentra la tierra, sale de su origen, encuentra su destino, hoy que la muerte iguala el origen y el destino y entre los dos clava, a pesar de todo, el filo de la libertad:

(-Quisiera recordarte de pequeño. Te quise entonces, porque en la juventud una madre debe querer a todos sus hijos. De viejos sabemos mejor. No hay por qué querer a nadie sin razón. La sangre natural no es una razón. La única razón es la sangre amada sin razón.)

 Ahora tengo mi vida entera para acompañarme y dejar de ser vieja…

… La sangre se entiende sin necesidad de acercarse…

… se mordería las manos pálidas con rabia, porque en su pecho algo -los años, la memoria, el pasado que era toda su vida- le diría que aún existiría un margen de vida fuera de su siglo de recuerdos…

La mirada de la vieja, desprendida del rostro gastado, flotó como una ola de mármol sobre el líquido caluroso de la recámara.

 Vas a vivir… Vas a ser el punto de encuentro y la razón del orden universal… Tiene una razón tu cuerpo… Tiene una razón tu vida… Eres, serás, fuiste el universo encarnado… Para ti se encenderán las galaxias y se incendiará el sol… Para que tú ames y vivas y seas… Para que tú encuentres el secreto y mueras sin poder participarlo, porque sólo lo poseerás cuando tus ojos se cierren para siempre…


La muerte de Artemio Cruz. Carlos Fuentes. Publicado por primera vez en 1962.

Esta edición publicada por Penguin Random House Grupo Editorial, en México, 2016.

Homenaje al hombre que dije adiós #relato

Hace poco amé a un hombre de nariz monumental y corazón de acorazado. Amante de las brujas, su cuerpo calmo trasmutaba en milagro. Cuando lo abrazaba por la espalda y ponía un beso en el centro, justo en la línea vertical que desemboca en la cintura, de su piel extraía temperaturas propias de un lugar cercano al centro de la Tierra.

Este individuo que amé tiene un nombre que rima con generosidad, con pasión, con entrega absoluta. Yo sabía que en sus brazos podía andar a ciegas y no corría riesgo ni siquiera de un leve rasguño.

Pensé en él llegando a recogerme algo encabronado por el tráfico, pero feliz de ya al fin besarme; entrando a casa con los ojos sonrientes y en las manos un edredón nuevo o un poema recién escrito; hablando apasionadamente de una idea o defendiendo una convicción hasta con las ofrendas más inverosímiles.

¡Y cuando provocaba que mi ropa terminara en el suelo y me poseía más allá del cuerpo! Él me enseñó que algunas leyendas sí son reales; a desaparecer del mundo en dedos ajenos.

De él aprendí sobre mí, porque así como juntos podíamos ascender al lugar con más altitud de la gloria, también podíamos descender a la fosa abisal más profunda del infierno.

Este ejemplar del sexo masculino que adoré hace no mucho posee mi despedida más dulce y más punzante; mis recuerdos más deliciosos y los más terribles; mis temblores más gozosos y los más aterradores.

Hoy me acordé de él porque hallé un poco de sus cenizas en los restos de la hoguera donde hace no tanto tiempo ardimos juntos: cenizas con fragmentos de las palabras que no volveremos a pronunciar.

Selfie Mónica Soto Icaza en Zacatlán
Fotos de cuando la ficción se parece más a la realidad…

 

Ten cuidado con lo que deseas #cuento #ficción

“¡Aaaaaah! ¡Manueeeeeeelaaaaaaaaaa!”

Antes de descubrir en qué lugar iba a incorporarse, el Genio lanzó un grito entre orgásmico y furioso. Era la quinta vez en una semana que esa mujer le provocaba humillación pública. Se manifestó entre el humo que lo acompañaba cada vez que aparecía ante alguno de sus amos, y unas carcajadas agudas de quien se había convertido en su peor pesadilla: Manuela Portillo, hembra de belleza extraordinaria y clítoris alegre.

La primera vez que la vio se creyó afortunado: en sus 347 años de servicio como Genio de Lámpara Maravillosa no había visto jamás a una persona tan bella; pero de inmediato se dio cuenta que había sonreído demasiado pronto; al escuchar el primer deseo se supo perdido. De eso no había pasado tanto tiempo, pero para él parecía una eternidad.

–Hola, Gen, ¿cómo has estado?

Ahí estaba él: parado junto a un futón de rayas, con la entrepierna del pantalón morado de raso húmeda, y los ojos todavía un poco en blanco.

–Ya te dije que no hagas esto en horas hábiles, estaba dando una conferencia en el Congreso de Genios del Mundo Occidental, ¡y me hiciste eyacular frente a todos mis colegas!

–¿Y no te encanta? ¡A nadie puede molestarle un orgasmo a las cuatro de la tarde!

–¡A mí! ¡A mí me molesta! Bien sabes que a este pantalón todo se le nota.

–Eso te pasa por ridículo, por usar esa ropa horrenda y ese pantalón de hace mil años.

–Es mi ropa de trabajo, y estaba en un Congreso, al que, además, me hiciste abandonar.

Terminó de hablar y fue entonces que se hizo consciente del entorno. El aire tenía un ligero olor a sexo. Manuela estaba acostada en el futón, desnuda; se metía los dedos a la boca, uno por uno, y cada vez suspiraba con los ojos cerrados.

Conoció a Manuela un año antes; era nieta de su antigua dueña, quien le dejó la lámpara como única herencia. Cada vez que lo llamaba él volvía a rogarle lo mismo: su segundo deseo debía ser revertir el primero; hasta el placer más exquisito se vuelve hartazgo cuando es excesivo y a la fuerza.

–No, Gen, no quiero usar mi segundo deseo todavía. De todas formas ni siquiera sé dónde dejé tu lámpara.

–¿Qué? ¿Además la perdiste?

–Ya no la necesito…

–¿Sabes qué? Me voy. Tú sólo me haces perder el tiempo.

El Genio desapareció dejando el humo más denso y desagradable que tenía en su repertorio. Mientras viajaba en el vórtice de imágenes y sonidos regresó a su memoria el primer deseo de Manuela, y a pesar de lo mal que le caía, no pudo evitar la curva ascendente que se dibujó en las comisuras de sus labios: “Deseo… que cada vez que tenga un orgasmo, tú también tengas uno y vengas hasta donde yo esté”.

No hubiera podido imaginar que meses después peligraría su salud mental; creyó que al fin la vida le había hecho justicia y que su propio deseo sería realidad, cuando pronunció las palabras que serían su perdición: “¡Concedido!”


Este texto forma parte de mi libro Grab my pussy!, cuentos eróticos y algunos relatos de sexo explícito.

Manifiesto contra la sopa tibia #cuento

“Si el mesero llega en cuatro minutos le digo que sí”, pensó Susana después de escuchar a Federico pronunciar las consabidas y anticuadas, pero románticas palabras: “¡quieres ser mi novia?”

Para hacer honor a la verdad, Susana no estaba nada segura de que el amor que Fede le ofrecía era siquiera cercano al que ella quería en la vida, con eso de que su anterior novio era amoroso tan del tipo mediocre que parecía una sopa de cebolla fría: en vez de tragarse con tersura y deleite, terminaba apelmazado en el paladar.

Atinado como siempre, pero inoportuno como nunca, el mesero, con el nombre “Julián” prendido del uniforme marrón con beige, llegó justo a los 240 segundos a tomar la orden: la dama ensalada César con el aderezo aparte, el caballero una hamburguesa con tocino, nada perfecta para una primera cita.

Acto seguido, ella procedió a darle a Federico la respuesta positiva por culpa del mesero. Y digo por culpa, porque la historia de amor entre Susana y Federico, por más que iniciara un 14 de febrero, pronto se convirtió en una de esas malas coincidencias de la vida chocarrera que vivimos la mayoría de los mortales.

A pesar del vaticinio nefasto que implica dejarle el futuro sentimental a un golpe de suerte, sobre todo cuando está involucrado un mesero en la ecuación, meses después Federico se hallaba ante la disyuntiva de hacerle caso a su madre y al fin sentar cabeza, o continuar con sus breves y temporales aventuras.

Entonces sucedió que una tarde, sentado en el banco de un parque al Centro de la Ciudad, mientras observaba a un vendedor de algodones de azúcar preparar sus manjares, se dijo a sí mismo: “si el niño elige el algodón rosa, le doy a Susana el anillo de compromiso”, lo que hizo esa misma noche, después de que el escuincle eligiera el dulce casi rojo de tanto colorante, y de la única forma en que sabría que Susana le daría un “Sí” rotundo: en la cama mientras se abrazaban desnudos; todo lo mal que se llevaban sobre el suelo, lo contrarrestaban en el colchón, lo que, a final de cuentas, termina sin ser garantía.

Con el paso de los años la cotidianidad se impuso en Susana y Federico, así como las decisiones basadas en el lado de la escalera por la que subiría una viejita a la planta alta del centro comercial, el color de la corbata del siguiente señor que cruzara por la puerta o la cantidad de personas que se bajaran de un taxi, mismas que les cobraron la factura, algo así como cuando el atún fresco se pasa de cocción y en vez de ser un manjar se vuelve una bola seca, difícil de masticar: potencialmente delicioso, pero arruinado, y su siguiente éxito como pareja fue una firma en el documento de divorcio, donde se asentaba lo estéril de su matrimonio: no hubo ni propiedades qué negociar, ni hijos a consolar, y sus pocas pertenencias terminaron abandonadas por aquello de no conjurar desagradables recuerdos.

Después de varios sucesos en la vida de Susana y Federico, como el aumento en la graduación de sus anteojos, la aparición de algunas canas o el descubrimiento de nuevos platillos favoritos, una noche Susana estaba sentada frente a otro hombre con intenciones amorosas, en otro restaurante con meseros llamados Julián y uniformes beige con marrón. Cuando escuchó la pregunta que su interlocutor le hizo con la misma indiferencia con la que años atrás Federico lo hiciera, miró a su alrededor para buscar una señal, pero sólo se encontró con un plato extraordinario frente a ella, lo que la hizo pensar en que las decisiones son como la confección de un buen platillo: tienes una sola oportunidad para alcanzar la perfección y el fracaso.

Y antes de dar una respuesta positiva o negativa, se dio cuenta que desde ese momento se convertiría en alguien que lucha por el amor como vapor contra válvula de olla chifladora: no se escapa hasta que está bien caliente.

 


* Texto publicado en la revista El Gourmet de México, en febrero de 2018.

Ficciones culinarias #cuento

Las mejores historias de amor empiezan frente a un plato de comida. Puede ser una crema de almejas o una Kartoffelsuppe; una ensalada caprese, o unos sopes de frijoles con pollo cubiertos con salsa verde y espolvoreados de queso.

El inicio de la serie de anécdotas que ellos dos, a quienes llamaremos Helena y Paris, compartirían, sucedió en los contornos de una mesa cuadrada, mantel blanco, servilletas amarillas de tono elevado, los demás elementos necesarios para la degustación de los alimentos, dos copas grandes y profundas de cristal y una botella de vino tinto francés, el que a efectos de esta narración nombraremos “rompe hielos, quiebra miedos y crea mariposas en la panza”, porque en realidad a Helena no le encantaba Paris, pero después de unas cuantas horas con él y con los dedos sujetando el cuello del cristal que contenía el líquido rojo intenso, la persistencia en boca de sus lenguas se alargó hasta los confines de la ciudad, a donde ella lo llevó con el pretexto de entregarle el libro que le había prometido y olvidó en casa.

Una vez ahí intercambiaron ideas, objetos de papel y tinta, caricias en los territorios más sensibles de sus mapas corporales y un fetuccini cubierto de salsa de albahaca, aceite de oliva, ajo, piñones y parmesano, preparado entre los dos en medio de un ritual consistente en roce de pupilas, miradas en los poros y fuegos artificiales en el extremo de la pasta que permanecía en las comisuras de los labios unos segundos antes de desaparecer entre los dientes.

Esa noche, la primera del resto de sus días, transcurrió entre el sonido sutil de los carros que corrían por la avenida, brazos nuevos, suspiros frescos y sueños caramelizados, y terminó detrás de la taza del café arábigo humeante que el hombre configuró para Helena y detrás de la que sonreía, ofreciéndosela a la mujer que despertó por el aroma de la adrenalina y el recuerdo del sabor de los granos recién molidos en una pequeña cafetera automática, trofeo de su último viaje por otros rumbos más allá del océano, cerca de las estrellas.

Los atardeceres intensos y amaneceres en ocasiones con cúmulos nimbos, a veces con cirros, se multiplicaron en las manos entrelazadas de Helena y Paris. Lo extraño se fue haciendo conocido: aprendieron sus colores favoritos, que a ella le gustan los huevos rancheros al desayuno y él prefiere el jugo de zanahoria con naranja; que una jornada sin un ataque de risa es tiempo estéril, que los ostiones Kumamoto son capaces de esfumar dudas y provocar deseos.

Desde entonces, cada vez que una Helena y un Paris se sientan ante tenedores, cucharas y cuchillos y llevan a su boca ingredientes cotidianos convertidos en arte, el viento suspira satisfecho, y en las memorias del universo se escriben letras de ficciones compuestas de promesas. A fin de cuentas, cualquier pretexto es bueno para comer. Y para enamorarse.

 


*Cuento publicado en la revista El Gourmet de México. Noviembre de 2017.

 

Mónica Soto Icaza en revista El Gourmet de Noviembre 2017

El juez del 57, de Francisco de Icaza Reza #cuento #Homenaje

El juez de aquel pequeño poblado de Arkansas miraba distraído por la ventana hacia el lote de estacionamiento donde esa mañana había dejado su flamante automóvil Cadillac, de descomunales colas recargadas con cromo y luces de reversa en color ámbar, que alguien le había obsequiado con la negra intención de que él a su vez declarara culpable de homicidio al joven negro, de sobresaliente estatura, delgado y sonriente como si fuera talla en madera de ébano, proveniente de la tierra natal de sus ancestros, en el África meridional.

Hacía tres días que en Little Rock el ejército de la Guardia Nacional había forzado la entrada de estudiantes de piel oscura en las escuelas reservadas para alumnos de raza blanca. En medio de las revueltas que aquello originó, se perpetró el horrendo crimen de una señora de la más encumbrada sociedad, que fue encontrada en su recámara, amordazada y con visibles signos de lucha y violación, que al decir de los investigadores de la policía federal, culminó con el estrangulamiento de la infeliz mujer, por medio de un grueso cordón forrado de satín, que por aquellas épocas se utilizaba para afianzar las pesadas cortinas de pana y terciopelo, que se usaban en las mansiones dignas de mención por los tabloides especializados en las actividades privadas de las personas consideradas como de la aristocracia singular.

En el sitio del artero asesinato, descubrieron un fuste elaborado con cerdas de cola de elefante con el que supuestamente había sido lacerada la mujer. Aquello se consideró como prueba irrefutable de que el homicidio había sido perpetrado por un negro y en especial por aquel, el altivo comerciante en objetos de importación, a quien días antes se le había sorprendido en la mansión teatro del delito amenazando a la víctima porque se había negado a pagarle un servicio de decoración.

El juez, como casi todos los magistrados de esa región, eran miembros de la ahora repudiada secta del Ku klux klan, a quienes la situación les había venido casi a la medida, para solapar y a la vez justificar sus aviesos propósitos de declarar, de una vez por todas, la supremacía blanca en cada uno de los confines de la todavía atribulada región del sur en la Unión Americana.

La sala del juzgado, como era de suponerse, estaba abarrotada hasta el último de sus resquicios, el calor había sobrepasado ya los 40 grados y todos esperaban el veredicto del jurado, que el mismo juez había seleccionado y que para casi todos era ya un rutinario trámite burocrático, ant4es de condenar al acusado a morir en la horca construida en la plaza principal, y ante la encolerizada muchedumbre que afuera del recinto judicial se encontraba desquiciada profiriendo todo tipo de alaridos e insultos para el cruel asesino de color, cuya túnica bantú de llamativas grecas magenta y negro le hacía destacar su singular figura y extraña distinción.

Luego de escuchar la sentencia, los asistentes al juicio, tanto los de adentro como los de afuera, celebraron con gritos y balazos al aire el triunfo del bien sobre el mal, se abrazaron y se besaron para luego ser conminados a guardar silencio, pues las leyes del estado le conferían al acusado la prerrogativa de decir unas últimas palabras, antes de ser trasladado al llamado callejón de la muerte dentro de la cárcel municipal.

El esbelto representante de la raza Bantú, ahora condenado a muerte, sí tomó la prerrogativa de sus póstumas palabras y sobre el banquillo de acusado, se puso de pie, esperó al silencio absoluto que el juez había ordenado y que los fotógrafos de la prensa ahora aprovecharon para tomar miríadas de placas, iluminadas por bulbos desechables de inconel.

—Bien, dijo el negro con sorprendente serenidad y sin perder su extraña sonrisa. —Se me ha acusado, se me ha condenado y se piensa deshacerse de mí en la horca.

El defensor de oficio que se le había adjudicado aprovechó para tomarse un gran trago de ginebra de un ánfora que siempre cargaba en el bolsillo.

—Lo celebro y les felicito, había que encontrar al culpable y en mí recayó la culpa, solamente que hay un detalle que posiblemente se pasó por alto; el señor fiscal, como consta en las actas de este juicio, destacó la cobarde y artera violación sexual de la que fue objeto la señora Pinkerton y que yo como un chacal sin alma en su habitación llevé a cabo. Lo que no pensaron fue que para cometer una violación a una mujer, por necesidad el violador tiene que ser varón y yo para desgracia de su proceso judicial, soy también mujer.

Dicho lo anterior, dejó caer la túnica de grecas magenta y negro sobre el suelo, dejando a la vista de todos la ahora sí, admirable escultura africana de ébano, completamente desnuda y con la mirada perdida en la nada, con cierta sonrisa en los labios y entre ahora, más fotografías de la prensa especializada, de todos los diarios de la nación.

 


Autor: Francisco de Icaza Reza, quien dejó este plano terrenal el 14 de marzo de 2018. Sirva este texto como un homenaje al autor, talentoso escritor y mejor persona.

Este cuento apareció en la antología 60 minicuentos y un rebelde, de Amarillo Editores, publicado por mí en 2008.